La nueva Guía de Pekín para la aplicación de la inteligencia artificial en el ámbito educativo introduce reglas diferentes según la edad, delimita usos de la IA y pone el foco en un riesgo que denomina 认知外包, “externalización cognitiva”. El documento muestra una nueva fase de la política educativa sobre inteligencia artificial: ya no se trata únicamente de introducir la tecnología, sino de decidir qué tareas puede asumir y cuáles deben seguir formando parte del aprendizaje humano.
Uno de los grandes errores que occidente ha cometido a la hora de estudiar las bondades y los defectos de la inteligencia artificial, y en general, de toda la tecnología, es generalizar. La IA es buena, es mala, ayuda, perjudica… y con ello, pretendemos gestionar la implantación de los avances desde la capa más superficial.
Hemos repetido hasta la saciedad que la planificación a largo plazo es una de las ventajas con las que China es capaz de adaptarse a cualquier cambio y, sobre todo, poder hacerlo desde la base. De todos los sectores que analizo a diario, creo que la educación es uno de los que más se beneficia de esta forma de actuar desde la raíz del problema y, además, sabemos que es uno de los pilares que sustenta a todos los demás.
Esta planificación a largo plazo permite además adaptarse a medida que ocurren los cambios o que se descubren problemas distintos que necesitan soluciones distintas y, en lugar de sacar nuevas leyes, normas o directrices, hacer pequeños ajustes que corrijan el rumbo marcado en lugar de empezar de cero cada vez.
Un niño de dos años, un alumno de primaria, un adolescente de 15 años y un estudiante universitario no deberían relacionarse de la misma manera con la inteligencia artificial. Tampoco es lo mismo utilizar un sistema para practicar pronunciación, pedirle que resuelva un problema matemático, encargarle la redacción completa de un trabajo o mantener durante horas una relación emocional con un personaje artificial.
Esta distinción es la base de la nueva Guía de Pekín para la aplicación de la inteligencia artificial en el ámbito educativo presentada oficialmente el 10 de septiembre durante la Feria Internacional de Comercio de Servicios de China, en la que se intenta ordenar el ecosistema educativo, partiendo de que la IA ya no es una tecnología experimental, sino una herramienta que empieza a introducirse en la enseñanza, el aprendizaje, la evaluación, la investigación y la gestión de los centros.
La filosofía se resume en tres cosas: adoptar activamente la inteligencia artificial, aplicar medidas según la edad y avanzar de manera prudente. Es decir, Pekín no plantea retirar la IA de las aulas, todo lo contrario, está ampliando su presencia, pero a medida que la amplía, también intenta determinar dónde debe detenerse.
Para mi, lo más destacable es que, a diferencia de occidente, no hablan de si un estudiante debe o no utilizar la IA, sino que dividen el problema en partes: qué IA, para quién, a qué edad, para hacer qué y bajo qué condiciones.
Una guía de Pekín, no una ley de toda China
Es importante aclarar desde el principio que este documento es una guía de aplicación elaborada bajo la supervisión de la Beijing Academy of Educational Sciences, dentro del ecosistema educativo municipal y en coordinación con la Beijing Municipal Education Commission. Durante el proceso de elaboración de la edición 2026, la propia Comisión Municipal y la Academia convocaron conjuntamente reuniones de expertos con representantes de colegios, formación profesional, universidades, administraciones educativas y centros de investigación.
No es, por tanto, una “ley china sobre IA en las escuelas” ni sus pautas deben extrapolarse automáticamente a todo el país. Tampoco debe confundirse con otras normas nacionales que sí tienen naturaleza regulatoria. Esta guía pretende orientar, ordenar y normalizar la aplicación educativa de la inteligencia artificial en Pekín dentro de un entramado jurídico más amplio sobre protección de datos, menores, ciberseguridad y servicios de inteligencia artificial.
Esto no quiere decir que Pekín actúe de manera independiente. En abril de 2026, el Ministerio de Educación, la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, el Ministerio de Industria y Tecnología de la Información, el Ministerio de Ciencia y Tecnología y la Administración Nacional de Datos publicaron conjuntamente el Plan de Acción “IA + Educación”.
El objetivo nacional para 2030 es que se haya establecido básicamente una integración profunda entre IA y educación, con educación en inteligencia artificial en todas las etapas, alfabetización general para la sociedad y transformaciones de la enseñanza, la investigación y la gestión educativa. El plan nacional también establece que la IA avance hacia las asignaturas básicas comunes de la universidad. La guía de Pekín debe entenderse siempre dentro de ese planteamiento nacional pero añade alguna peculiaridades que pueden ponerse a prueba antes de incluirlas en el mismo.
De la educación infantil al bachillerato: la misma IA no sirve para todos
Uno de los cambios más visibles de la edición de 2026 es aplicar, precisamente, políticas diferenciadas según la edad.
Para los niños de cero a tres años, la recomendación es especialmente restrictiva: no se aconseja el contacto directo con herramientas de IA, juguetes basados en IA ni contenidos generados por estos sistemas.
Entre los tres y los seis años se permite una experiencia limitada, acompañada y supervisada por los padres, en ámbitos como música o artes visuales. Para el resto de escenarios no se recomienda su utilización. Además, aparece una frontera específica: los niños de esta edad no deben utilizar aplicaciones con sistemas antropomórficos de acompañamiento emocional, con el objetivo explícito de evitar la creación de dependencia.
En primaria, el planteamiento cambia gradualmente. No se recomienda que los alumnos utilicen por sí solos herramientas de IA, aunque pueden interactuar con ellas cuando el profesor las incorpora a la enseñanza. En los primeros cursos debe predominar la percepción y la experiencia, y en los superiores, la comprensión.
En secundaria, los estudiantes pueden comenzar una utilización exploratoria moderada acompañados por profesores o padres y ya en bachillerato la autonomía aumenta y de esta forma, con autorización del profesor pueden emplear IA en actividades de investigación y exploración relacionadas también con la comprensión de los principios tecnológicos que hay detrás de estas herramientas.
No se trata, por tanto, de una frontera binaria entre “IA permitida” e “IA prohibida”. La lógica es progresiva: contacto limitado, comprensión, exploración y, finalmente, una utilización más autónoma y crítica.
También es importante señalar que toda esta preocupación ya se recogía en la primera guía de Pekín, publicada en octubre de 2024, ya establecía cautelas para menores, recomendaba que los niños de menos de seis años limitaran su experiencia con IA a determinados ámbitos y advertía contra una dependencia excesiva de la IA. La edición 2026 afina mucho más los diferentes grados y categorías.
Un tutor de IA no es lo mismo que un compañero emocional
La referencia a las aplicaciones de acompañamiento emocional merece atención porque introduce una distinción que probablemente será cada vez más importante.
Un AI tutor puede explicar una ecuación, plantear ejercicios, corregir pronunciación o proporcionar feedback. Un AI companion está diseñado para algo diferente: mantener conversaciones prolongadas, simular rasgos personales, recordar interacciones y generar la sensación de una relación continuada.
China acaba de establecer también una frontera regulatoria nacional entre ambos fenómenos. Desde el 15 de julio de 2026 está en vigor el Reglamento provisional sobre servicios de interacción antropomórfica mediante inteligencia artificial, del que ya hablamos en este artículo. La norma se aplica a servicios que simulan personalidad, patrones de pensamiento o estilos de comunicación humanos para mantener interacciones emocionales continuadas. Y aclara expresamente que los servicios educativos, de preguntas y respuestas, asistentes de trabajo o herramientas de investigación quedan fuera de esa categoría cuando no existe esa interacción emocional continuada.
La diferencia es muy importante porque el riesgo que se intenta gobernar no es solo qué información proporciona una máquina, sino qué tipo de relación construye el menor con ella.
La guía 2026 introduce además tres categorías que permiten entender con bastante claridad el modelo de gobernanza: aplicaciones o usos no admisibles, uso limitado y uso alentado o recomendado.
No significa que Pekín haya elaborado una lista sencilla en la que una herramienta sea “rojo”, otra “verde” y otra herramienta “amarilla”. La clasificación se refiere fundamentalmente a usos, aplicaciones, productos y escenarios educativos, atendiendo al riesgo, la edad y la finalidad. Y por supuesto estas listas están concebidas para poder actualizarse.
En 2025, Pekín introdujo un marco conceptual que la edición 2026 mantiene y profundiza: orientación de valores – orientación de aplicación – vías de implementación – límites de aplicación.
Primero obliga a preguntarse cuál es el objetivo educativo y qué valores deben guiar la utilización de la tecnología. Después ampliar la mirada hacia los espacios en los que la IA puede aportar valor. A continuación identificar nuevas rutas para transformar realmente los procesos educativos y no limitarse a añadir una herramienta tecnológica. Finalmente, poner límites.
En 2025, este último componente ya se presentaba relacionado con límites políticos, éticos, científicos y educativos. En 2026, la dimensión de los límites se vuelve más operativa mediante las categorías de acceso prohibido, uso limitado y uso alentado.
Esta evolución es importante porque demuestra que Pekín está pasando de una política centrada en adoptar tecnología a otra preocupada también por gobernar la relación entre tecnología y aprendizaje.
Una de las ideas que atraviesa las nuevas orientaciones es evitar delegar en una herramienta de IA precisamente el proceso mental que el estudiante debería estar aprendiendo a realizar. La cuestión deja así de ser simplemente si un alumno utiliza inteligencia artificial y pasa a ser qué parte de su razonamiento está transfiriendo a la máquina. La guía no propone por ello una prohibición general, sino límites diferentes según la edad, la actividad y la competencia que se pretende desarrollar.
La guía no termina en el colegio
Otro aspecto que se pierde cuando la información se reduce a “Pekín limita la IA para los niños” es que el sistema abarca también educación profesional, universidad, educación permanente y, desde 2026, educación especial.
La nueva arquitectura recibe el nombre de “1+5+2”.
Parte de una guía general y cinco ámbitos educativos: educación básica, formación profesional, educación superior, educación permanente y educación especial. A ellos se añaden dos componentes transversales: la educación general o alfabetización en inteligencia artificial y la ética y seguridad de la IA. La edición anterior funcionaba con un modelo “1+4”; la ampliación de 2026 incorpora específicamente educación especial y los dos módulos transversales.
En educación superior, el marco aborda tanto enseñanza como investigación. La guía de implementación universitaria de 2025 ya se definía por la combinación de normas de investigación y coordinación educativa, mientras que la edición general de 2026 vuelve a situar la investigación científica entre los procesos que deben integrarse sistemáticamente en la aplicación de IA.
La versión detallada difundida tras la publicación de 2026 incorpora además una regla especialmente significativa para estudiantes e investigadores: cuando utilicen IA en investigación deben declarar verazmente su utilización, respetar las normas académicas y evitar presentar contenido producido por IA como núcleo de una aportación innovadora propia.
Conviene, no obstante, distinguir esto de una supuesta prohibición nacional general de utilizar modelos generativos en investigación. No es lo que establece el marco. De hecho, la política nacional de 2026 pretende exactamente lo contrario: desarrollar agentes científicos, laboratorios inteligentes y herramientas de IA para acelerar la investigación y explorar nuevos paradigmas científicos.
De 2024 a 2026: tres años y tres fases distintas
La comparación entre las tres versiones permite comprender mejor qué está cambiando realmente. La edición de 2024 fue la primera y estableció seis grandes áreas, 29 escenarios y una serie de principios de utilización. Ya hablaba de privacidad, integridad académica, límites en trabajos y deberes, protección de menores, dependencia tecnológica y estableció desde el principio un mecanismo de actualización anual.
En 2025 llegó una segunda capa de sistematización. Se creó la arquitectura 1+4, con una guía general y documentos específicos para educación básica, formación profesional, universidad y educación permanente.
En 2026, la estructura pasa a 1+5+2, entra la educación especial, aparecen módulos específicos de alfabetización general y ética y seguridad, se profundiza la diferenciación por edades y se añaden las tres categorías de aplicaciones no admisibles, limitadas y alentadas. El propio Beijing Academy of Educational Sciences describe la evolución como el paso de exploraciones aisladas hacia una integración sistémica y de una lógica centrada en la capacidad tecnológica hacia otra centrada en su función educativa.
Por eso quizá sea más preciso decir que 2026 no inaugura la preocupación por los límites. La convierte en una arquitectura mucho más concreta de gobernanza.
Pekín como laboratorio de una estrategia nacional mucho mayor
Sería igualmente incorrecto interpretar estas restricciones como una señal de que China está frenando la introducción de IA en educación. Todo lo contrario: el movimiento nacional avanza en la dirección contraria.
El Plan de Acción “IA + Educación” de abril de 2026 establece la extensión de la enseñanza de inteligencia artificial durante todas las etapas, su incorporación a la formación universitaria general, el desarrollo de tutores y compañeros inteligentes, la utilización de sistemas de IA en preparación de clases, evaluación y administración, la creación de agentes para investigación científica y el desarrollo de infraestructura nacional de computación, datos y modelos educativos. El objetivo para 2030 es una transformación sistemática de los modelos de enseñanza, investigación y gobernanza.
Pekín está incluso más avanzado en algunos indicadores. Según los datos presentados por la Comisión Municipal de Educación en abril de 2026, al terminar 2025 el 87,7 % de las escuelas de la ciudad ya estaba cubierto por algún tipo de aplicación de IA, mientras la educación superior y profesional ofrecía 459 cursos generales relacionados con inteligencia artificial.
El plan educativo de Pekín para 2026-2030 establece como objetivo profundizar la incorporación de IA a todos los elementos, procesos y escenarios educativos.
Leídas conjuntamente, la estrategia nacional y la guía de Pekín muestran dos movimientos simultáneos.
En el plano nacional, China está acelerando la alfabetización en IA, su incorporación a la universidad, los asistentes educativos, la investigación basada en inteligencia artificial y la transformación de la enseñanza y la gestión.
Al mismo tiempo, Pekín está desarrollando un sistema cada vez más preciso para delimitar sus usos según la edad, el riesgo, la finalidad educativa y la capacidad que debe seguir desarrollando el alumno, y está intentando limitar la sustitución del pensamiento, la dependencia, determinadas relaciones emocionales entre menores y sistemas antropomórficos, los usos indiscriminados, los riesgos para la privacidad y aquellas aplicaciones que contradigan los objetivos del propio aprendizaje.
Se trata de una nueva fase en la gobernanza del uso educativo de la inteligencia artificial: ya no basta con decidir dónde introducirla. Hay que decidir también dónde debe detenerse.


