El Embajador de Amistad con el Pueblo
Chino y presidente de honor de la Fundación Cátedra China fallece a los 91 años
en su casa de Madrid
Hay vidas que se miden por los años
vividos y otras por la huella que dejan. La de Marcelo Muñoz pertenece,
sin duda, a estas últimas.
Desde la austeridad luminosa de Jaraíz de
la Vera hasta el dinamismo vertiginoso de Pekín, Marcelo recorrió un camino que
no se puede medir en kilómetros. Se mide en ideas, en conversaciones, en
amistades construidas a lo largo de décadas y, sobre todo, en puentes tendidos
entre dos países y dos culturas.
A los 91 años, fallece en Madrid quien
dedicó buena parte de su vida a conocer China, comprenderla y acercarla a
España. Empresario, pensador, analista y divulgador incansable, fue pionero
de la presencia empresarial española en China y una de las voces españolas que
con mayor constancia y profundidad defendieron la necesidad de mirar a China
desde el conocimiento y el diálogo.
Fundador de Cátedra China y
presidente de honor de la Fundación Cátedra China, Marcelo Muñoz deja un
legado intelectual y humano difícil de igualar. Pero, por encima de sus cargos,
reconocimientos y publicaciones, deja algo todavía más valioso: una forma de
entender las relaciones entre los pueblos basada en la amistad, el respeto y la
voluntad de comprender al otro.
La trayectoria vital de Marcelo Muñoz
estuvo marcada desde muy joven por una profunda inquietud intelectual y por el
compromiso con su tiempo. Su formación con los Jesuitas, sus estudios de
Teología, Economía y Filosofía y su posterior especialización en economía
global, civilizaciones y análisis estratégico internacional alimentaron una
mirada abierta, humanista y crítica.
Su juventud estuvo también atravesada por
la actividad política y la oposición al franquismo. Aquella experiencia
consolidó en él una convicción que mantendría durante toda su vida: el
diálogo y el conocimiento son instrumentos esenciales para transformar la
realidad.
En 1978, cuando China iniciaba una nueva
etapa histórica con la política de Reforma y Apertura impulsada por Deng
Xiaoping, Marcelo Muñoz viajó por primera vez al país. Allí comprendió que
estaba asistiendo al comienzo de una de las grandes transformaciones de la
historia contemporánea.
Fue pionero entre los empresarios
españoles que apostaron por establecerse en China y abrir una oficina
comercial. A partir de entonces realizaría más de 140 viajes al país,
construyendo durante décadas una relación excepcional con China y con numerosas
de sus instituciones, universidades, centros de pensamiento y dirigentes.
No fue un visitante ocasional. China
se convirtió para él en una parte esencial de su vida.
Marcelo nunca quiso aproximarse a China
desde los estereotipos.
Su formación filosófica y humanista le
llevó a interesarse no solamente por la economía o por la evolución política
del país, sino por las raíces profundas de su civilización. Comprendió que para
interpretar la China contemporánea era necesario conocer también su cultura
tradicional, el pensamiento confuciano, su concepción de la sociedad y del
Estado y la evolución histórica que desembocó en el actual modelo de socialismo
con características chinas.
Defendió durante décadas la necesidad de
establecer un verdadero diálogo entre el pensamiento europeo y la tradición
intelectual china. No para sustituir una mirada por otra, sino para aprender
a comprender el mundo desde diferentes perspectivas.
Mantuvo una relación continuada con
instituciones y centros de pensamiento chinos, entre ellos la Academia de
Ciencias Sociales de China, la Academia del Marxismo y el Departamento
Internacional del Partido Comunista de China. En todos esos espacios llevó
siempre una mirada española propia, pero abierta a escuchar y comprender.
Marcelo estaba convencido de que la
transformación de China constituía uno de los grandes acontecimientos del siglo
XXI y de que España y Europa necesitaban conocer mejor esa realidad para poder
relacionarse con ella con inteligencia y altura de miras.
Por eso estudió y divulgó conceptos como
la gobernanza global, la paz, el multilateralismo y la Comunidad de Destino
Compartido para la Humanidad, convencido de que el futuro del mundo
exigiría más diálogo entre civilizaciones y menos confrontación basada en el
desconocimiento.
De esa convicción nació en 2012 Cátedra
China.
Marcelo entendió que España necesitaba un
espacio de conocimiento y diálogo sobre la China del siglo XXI, alejado de las
simplificaciones y capaz de reunir a personas procedentes de diferentes ámbitos
políticos, empresariales, académicos, diplomáticos y sociales.
El proyecto contó desde sus primeros
pasos con el impulso de personas como Kurt Grösch y Alfredo Melgar, y
fue creciendo hasta reunir a una amplia comunidad de expertos, académicos,
empresarios, diplomáticos y profesionales comprometidos con el conocimiento de
China.
Cátedra China nunca quiso ser únicamente
un instrumento de relaciones económicas. Su propósito era más ambicioso: contribuir
a que España conociera mejor a China y a que la relación entre ambos países
pudiera construirse sobre bases sólidas de conocimiento, respeto y confianza.
En 2024, aquel proyecto evolucionó hacia
la Fundación Cátedra China, consolidando una institución destinada a
proyectar hacia el futuro la visión que Marcelo había defendido durante tantos
años.
Y quizá una de sus mayores preocupaciones
en los últimos tiempos fue precisamente esa: que su trabajo no terminara con
él. Por eso puso especial empeño en formar a nuevas generaciones y en impulsar
el Claustro Junior de la Fundación, convencido de que el entendimiento
entre España y China necesitaba nuevos protagonistas.
El reconocimiento de China a Marcelo
Muñoz alcanzó una de sus expresiones más significativas en octubre de 2024,
cuando recibió el título de Embajador de Amistad con el Pueblo Chino,
una de las máximas distinciones que China concede a personalidades extranjeras
por su contribución a la amistad entre los pueblos.
El reconocimiento fue entregado por Yang
Wanming, presidente de la Asociación del Pueblo Chino para la Amistad con
el Extranjero (CPAFFC), y posteriormente Marcelo fue recibido por el presidente
Xi Jinping.
Aquel momento tenía para él un
significado especial. No era solamente un reconocimiento a una trayectoria
profesional. Era el reconocimiento a décadas de trabajo dedicado a construir
una relación de amistad entre China y España.
Marcelo Muñoz compartió este honor con
figuras de extraordinaria relevancia internacional y se convirtió, junto a Juan
Antonio Samaranch, en uno de los españoles que han recibido esta
distinción.
Pero probablemente para Marcelo el
verdadero premio siempre había sido otro: haber conseguido que muchas
personas en España se acercaran a China con menos prejuicios y más
conocimiento.
Durante décadas, Marcelo Muñoz fue una
presencia habitual en medios de comunicación españoles y chinos. Participó en
conferencias, debates y programas de televisión y radio, escribió artículos y
publicó libros con una finalidad que mantuvo intacta hasta el final: explicar
China.
Entre sus obras destacan El enigma
chino, China 2050, La China del siglo XXI, China ha vuelto
para quedarse y Alternativas de China para el siglo XXI, publicada
en abril de 2024.
Su voz tenía una característica difícil
de encontrar: hablaba de China desde el conocimiento adquirido durante décadas,
pero también desde la pasión de quien había convertido aquella relación en una
parte inseparable de su propia vida.
Para Marcelo, China no era una
abstracción geopolítica. Eran las personas que había conocido, las
instituciones con las que había dialogado, las ciudades que había recorrido,
los amigos que había hecho y las generaciones a las que había visto crecer.
Por eso su relación con China fue, ante
todo, una relación humana.
Marcelo Muñoz perteneció a una generación
que aprendió a mirar el mundo cuando todavía parecía dividido en bloques y que
tuvo la oportunidad de asistir al nacimiento de un nuevo siglo.
Él eligió no contemplarlo desde la
distancia.
Viajó, estudió, preguntó, escuchó,
debatió y escribió. Y durante casi medio siglo mantuvo una misma convicción: España
necesitaba conocer a China para poder relacionarse con ella, y China necesitaba
encontrar en España un interlocutor amigo, abierto y dispuesto al diálogo.
En una época en la que resulta demasiado
fácil juzgar antes de conocer, su legado adquiere todavía mayor valor.
Marcelo Muñoz se va, pero no termina su
camino. Queda su obra, quedan sus libros, queda Cátedra China, queda la
Fundación que ayudó a construir y quedan, sobre todo, las personas a las que
enseñó que la amistad entre los pueblos comienza siempre por algo tan sencillo
y tan difícil como escuchar y comprender.
En la Fundación Cátedra China permanecerá
su pensamiento, pero también permanecerá su espíritu: conocer antes de
juzgar y dialogar antes de confrontar.
Marcelo solía resumir su manera de
entender la vida con una frase que hoy adquiere una dimensión especial:
«Remamos contra corriente, pero a
favor de la historia».
Durante muchos años remó contra
corriente.
Lo hizo con la serenidad de quien estaba
convencido de que la historia no se construye desde el miedo, sino desde la
comprensión; no desde la distancia, sino desde el encuentro.
Marcelo Muñoz deja hoy su corazón
repartido entre España y China, las dos tierras que quiso profundamente.
Y deja también una tarea para quienes
continuamos su camino: mantener abiertos los puentes que él comenzó a construir
cuando todavía eran muy pocos los que se atrevían a cruzarlos.
Hasta siempre, Marcelo.
Tu legado continúa.
