A las ocho de la mañana, cientos de estudiantes vestidos de rojo llenaban la pista de atletismo del campus de Tongzhou. En el centro, la bandera. Después, el himno nacional. Y, a partir de ahí, una palabra que iba a repetirse durante toda la ceremonia de inauguración del curso 2026-2027 de la Universidad de Renmin: la Larga Marcha.
Este año se cumplen 90 años de su finalización y su presencia en el acto no fue casual. La historia de aquella marcha sirvió como punto de partida para hablar del camino que ahora comienza para los nuevos estudiantes: un camino de esfuerzo, servicio y búsqueda de la verdad.
El pasado 6 de septiembre tuve la oportunidad de vivirlo junto a otros estudiantes internacionales. Como estudiante de chino en la Universidad de Renmin gracias a una beca del Chinese Scholarship Council (CSC) concedida gracias a la Fundación Cátedra China, pude asistir a una ceremonia que, más allá de dar la bienvenida al nuevo curso, permitió acercarse a algunos de los valores que la universidad quiere transmitir a sus alumnos.
La ceremonia tuvo lugar en el campus de Tongzhou, situado en el lado oriental de Beijing y todavía en proceso de construcción. Es el campus más reciente de Renmin, aunque muchos de sus edificios ya están en funcionamiento y muestran una universidad moderna y de gran calidad.
En la pista de atletismo se habían colocado cientos de sillas. Los estudiantes, todos con la camiseta roja oficial, esperaban el comienzo del acto. Tras las palabras de bienvenida de Zhang Donggang, secretario del PCCh en la universidad, llegó el izado de la bandera al son del himno nacional.
A partir de ahí, la ceremonia comenzó a dibujar una misma idea desde diferentes perspectivas: la historia marca un camino, pero ahora son los estudiantes quienes tienen que recorrer el suyo.
La propia historia de Renmin sirvió para introducir esa idea. Un grupo de estudiantes recitó un poema sobre los orígenes de la universidad, que nació como una escuela pública financiada por el PCCh en Yan’an, Shaanxi, antes de aumentar progresivamente su estatus hasta asentarse como universidad en Pekín en los años 50. Esa relación con el Partido se ha mantenido hasta el presente, y el PCCh sigue jugando un papel fundamental en la formación e inspiración de los futuros líderes de la sociedad china.

Precisamente Yan’an volvió a aparecer poco después, esta vez como puente entre pasado y futuro. Xiao Xia, hija del general del EPL Xiao Hua, autor de las letras de las canciones de la Cantata de la Larga Marcha (长征组歌), comparó el espíritu de aquella marcha con el que se espera de los nuevos estudiantes en el camino hacia el futuro. Como símbolo de esa continuidad, se entregó una bandera a un grupo de jóvenes considerados por la universidad herederos de ese espíritu.
La imagen encontró un reflejo especialmente claro en una estudiante de Administración Pública, representante de los alumnos de primero de carrera. Su ciudad natal es Yan’an, el lugar donde terminó la Larga Marcha. Si para su generación aquel lugar representa el final de un recorrido histórico, para los nuevos estudiantes Renmin representa ahora el comienzo de otro. El mensaje era sencillo: toca empezar a caminar y esforzarse.
Pero ese camino no se plantea únicamente dentro de las aulas.
Durante la ceremonia se entregaron certificados de honor a estudiantes que habían regresado del servicio militar o del programa de apoyo a la enseñanza. Algunos alumnos suspenden temporalmente sus estudios para enseñar o servir en el ejército en regiones del país que lo necesitan. Es otra forma de entender la función de Renmin en el desarrollo de la nación: estudiar, pero también poner ese conocimiento al servicio de la sociedad.
La experiencia de una estudiante de la Facultad de Económicas, representante de los estudios de máster, reforzó precisamente esta dimensión. Su intervención estuvo marcada por su experiencia en el EPL y en la protección de su patria.
Sin embargo, entre las referencias a la historia, la nación y el servicio apareció también una palabra mucho más universal: amor.
Una profesora de la Escuela de Artes Liberales habló de él como una fuente de vitalidad y creatividad, capaz de proporcionar la energía necesaria para recorrer el camino hacia el futuro y llegar más lejos. Pero también como una forma de mirar alrededor: quien ama y siente empatía puede ser más sensible a los problemas e involucrarse activamente en su solución. Su deseo para los estudiantes fue, por tanto, que mantuvieran un corazón dispuesto al amor y a la empatía para entender mejor el mundo.
Todas estas ideas terminaron convergiendo en el discurso del rector, Ma Huaide. Su mensaje recuperó uno de los principios fundamentales de la universidad: la lealtad hacia la nación y el cumplimiento de las expectativas del pueblo. Pero también recordó el lema de Renmin, 实事求是, buscar la verdad a partir de los hechos. No basta con adquirir conocimientos; estos deben tener una aplicación real en la sociedad.
Cuando finalmente Zhang Donggang tomó de nuevo la palabra para cerrar la ceremonia, el mensaje quedó completo. No solo estamos en una universidad gloriosa, afirmó, sino que también estamos escribiendo nuestra propia historia gloriosa. La esperanza es que los estudiantes puedan inspirar, definir la dirección de la lucha y trabajar duro para pulir sus habilidades.
Y quizá esa sea la mejor manera de entender lo ocurrido aquella calurosa mañana de septiembre.
La Larga Marcha aparecía en los poemas, en los discursos y en los símbolos de la ceremonia porque servía para conectar dos momentos muy diferentes: una historia que pertenece al pasado y un camino que acaba de comenzar. Noventa años después de su finalización, su espíritu volvía a aparecer en Renmin como referencia para una nueva generación de estudiantes.
Para quienes asistimos como estudiantes internacionales, fue también una primera oportunidad de acercarnos a la cultura universitaria de China y de entender qué espera la Universidad de Renmin de quienes comienzan ahora su propio recorrido.


