Para la fotógrafa Carmenchu Alemán, viajar por primera vez a China ha supuesto mucho más que conocer un nuevo destino. Durante ocho días participó en la primera fase de la ‘Temporada Internacional de Fotografía de Anhui 2026’ y en el ‘Festival internacional de Fotografía de Anhui’, un encuentro internacional que reunió a alrededor de medio centenar de fotógrafos, la mayoría procedentes de distintas regiones de China y una veintena llegados de otros países. Alemán fue la única fotógrafa española y, a pesar del intenso programa, se quedó con ganas de descubrir más sobre la riqueza cultural y paisajística de Anhui.
Esta experiencia, hecha posible gracias a la Fundación Cátedra China y la coordinación de la Oficina Nacional de Turismo de China en Madrid, le permitió recorrer distintos enclaves de la región de Anhui, especialmente sus paisajes, ciudades históricas, espacios naturales, lugares vinculados a las tradiciones locales y, además, lo moderno de Hefei, la capital. Fue eso precisamente, esa variedad de lugares y la mezcla entre lo tradicional y lo moderno lo que más le sorprendió. «Esa mezcla entre lo tradicional y lo moderno es la espina dorsal de China», resume.
Durante el recorrido visitó también antiguos pueblos de pescadores, algunos de ellos situados en islas dentro de grandes lagos de agua dulce. Allí pudo observar cómo las autoridades están desarrollando nuevos espacios turísticos manteniendo, al mismo tiempo, buena parte de la arquitectura tradicional. «Respetan mucho la arquitectura tradicional, la mejoran y la actualizan, pero no cambian la estructura del pueblo», explica.




Visitó el pueblo antiguo de Sanhe en Hefei, el balneario de aguas termales de Lujiang y el proyecto de turismo científico, tecnológico e industrial de Changfeng. Unas visitas donde encontró una China que le ofrecía una enorme riqueza visual y humana, algo completamente distinto a lo que se conoce en España. «La información que nos llega de China es bastante limitada, o al menos la idea que yo tenía era muy limitada».
La región está atravesada por grandes ríos y cuenta con numerosas extensiones de agua dulce, lagos y zonas verdes. Uno de los grandes protagonistas es el Yangtsé, alrededor del cual se articula buena parte del paisaje de la zona que recorrieron. Entre los lugares visitados estuvo la montaña Jiuhua, una de las montañas sagradas del budismo en China. Sus formaciones graníticas, cubiertas de vegetación y rodeadas de nubes y niebla, ofrecieron a Alemán uno de los escenarios más llamativos del viaje.
En la parte alta se encuentra el templo Tiantai, mientras que en la base de las montañas se levanta una gran representación dorada de Dizang, de aproximadamente 100 metros de altura. «Al estar tan alto se crea una especie de microclima y se junta una gran cantidad de nubes y nieblas muy fantasmagóricas. Unido a esas grandes formaciones graníticas, la atmósfera es increíble», relata en conversación con Mundo Global.
Fotografiar la vida cotidiana
Más allá de los paisajes, el principal interés de Alemán estuvo en las personas. Su trabajo como fotógrafa documental se centra habitualmente en cómo las tradiciones y los rituales forman parte de la vida cotidiana, por lo que el viaje le permitió observar cómo esas mismas relaciones entre comunidad, tradición y territorio se manifiestan en China. «La adoración a las grandes piedras, que se llaman betilos, es también universal. Nos unen muchas más cosas de las que nos separan», sostiene.




Durante el viaje pudo comprobar también cómo las tradiciones siguen formando parte de la vida contemporánea. En las ciudades y pueblos históricos encontró a mujeres y niñas vestidas con trajes tradicionales de antiguas dinastías que acudían a estos lugares para hacerse fotografías.
Para Alemán, esas escenas evidencian que, pese a las enormes diferencias culturales y geográficas, existen comportamientos y aspiraciones compartidas. «Al final te das cuenta de que vivimos en un mundo global, porque el ser humano es igual. ¿Qué quieren las personas en China, en España, en Europa o en cualquier otro país? Lo único que quieren es ser felices», afirma.
El viaje le permitió acercarse a actividades tradicionales que todavía se mantienen en algunos lugares. Entre ellas, la fotógrafa destaca la visita a una antigua fábrica de té con más de 150 años de tradición.
También conoció una antigua almazara dedicada a la producción de aceite de colza, donde pudo observar un procedimiento tradicional de prensado. Las semillas se tostaban y calentaban antes de colocarse en una especie de capachos que se apilaban para posteriormente ser prensados y extraer el aceite.
Para Alemán, este tipo de lugares permiten observar de primera mano cómo las formas tradicionales de producción siguen coexistiendo con una sociedad profundamente tecnológica.



La necesidad de tender puentes
La participación de la fotógrafa en el encuentro fue posible gracias a la Fundación Cátedra China, cuya labor considera especialmente importante después de haber conocido el país de primera mano.
Considera que en España existe todavía un conocimiento limitado de China, especialmente desde el punto de vista cultural. Por eso, defiende la necesidad de generar espacios de encuentro que permitan acercarse al país más allá de las referencias habituales. «Es necesario conocer un país tan extraordinario, con tal cantidad de variaciones, con ese nivel tecnológico y, a la vez, con un pasado tan rico que se mezcla continuamente en el presente», señala.
Después de ocho días de recorrido, la fotógrafa regresa a España con cientos de imágenes y, sobre todo, con una visión más amplia de un país que reconoce que desconocía prácticamente por completo antes del viaje. Por eso, su intención es clara: contar a través de sus imágenes la grandeza de los paisajes chinos, pero también «la belleza de la gente común».


