Durante demasiado tiempo, en determinados países occidentales el debate sobre las medicinas tradicionales, complementarias e integrativas se ha planteado como si estuviéramos ante una discusión periférica dentro de las políticas sanitarias. La realidad internacional está demostrando precisamente lo contrario.
La Declaración de Nueva Delhi 2026 de los BRICS supone un nuevo paso en esta evolución al reconocer expresamente la creciente relevancia de la Traditional, Complementary and Integrative Medicine (TCIM) para fortalecer los sistemas sanitarios y contribuir a alcanzar la Cobertura Sanitaria Universal (Universal Health Coverage, UHC).
Así lo ha destacado el Ministry of Ayush del Gobierno de India, subrayando que este reconocimiento evidencia la importancia creciente de la TCIM dentro de la cooperación sanitaria mundial.
No estamos, por tanto, ante una cuestión terminológica ni ante una simple declaración de apoyo a las medicinas tradicionales. Estamos asistiendo a un cambio progresivo del paradigma internacional de salud.
De preservar la tradición a integrarla en los sistemas de salud
El elemento que considero especialmente relevante es el contexto en el que se produce este reconocimiento.
La medicina tradicional está dejando progresivamente de ser contemplada por los grandes organismos internacionales únicamente como un patrimonio histórico, cultural o antropológico que debe preservarse. El debate actual es mucho más ambicioso: cómo incorporar de manera segura, eficaz, regulada y basada en evidencia aquellas prácticas y conocimientos que puedan contribuir a mejorar los sistemas sanitarios.
Y esto implica hablar de regulación profesional, formación, investigación, evidencia científica, seguridad del paciente, estándares internacionales, digitalización, inteligencia artificial y cooperación entre diferentes sistemas médicos.
La referencia de la Declaración de Nueva Delhi a la Cobertura Sanitaria Universal resulta especialmente significativa porque sitúa la TCIM dentro de uno de los grandes objetivos de las políticas internacionales de salud.
El interrogante deja de ser, por tanto, si las medicinas tradicionales existen o si millones de personas las utilizan. La cuestión verdaderamente relevante pasa a ser cómo deben integrarse adecuadamente dentro de los sistemas de salud del siglo XXI.
Una tendencia internacional cada vez más difícil de ignorar
La Declaración de Nueva Delhi no aparece de manera aislada.
Se inserta en una evolución internacional mucho más amplia, en la que la Organización Mundial de la Salud ha situado la medicina tradicional dentro de su agenda global y ha aprobado su Estrategia Mundial de Medicina Tradicional 2025-2034.
Estamos hablando, además, de un movimiento que trasciende a un determinado país o modelo político.
China desarrolla desde hace décadas un sistema de integración de la medicina china dentro de su estructura sanitaria. India impulsa internacionalmente sus sistemas tradicionales a través del Ministry of Ayush. Otros Estados han desarrollado diferentes fórmulas de reconocimiento, regulación o integración.
Paralelamente, organizaciones internacionales profesionales y científicas llevan años trabajando para avanzar en investigación, estándares, formación y reconocimiento profesional.
Desde instituciones como la World Federation of Chinese Medicine Societies (WFCMS) y la World Federation of Acupuncture-Moxibustion Societies (WFAS) hemos podido comprobar directamente esta evolución.
También desde la Fundaciòn Europea de Medicina Tradicional, Complementaria e Integrativa (FEMTCI) venimos defendiendo desde hace años una posición muy clara: integrar no significa aceptar acríticamente; significa regular, investigar, evaluar y garantizar calidad y seguridad.
Europa no debería quedarse al margen
Aquí aparece una reflexión especialmente importante para España y para la Unión Europea.
Mientras una parte creciente de la comunidad internacional avanza hacia modelos de reconocimiento, investigación y regulación de las medicinas tradicionales, Europa corre el riesgo de mantener debates excesivamente condicionados por posiciones ideológicas contrapuestas.
Ni la aceptación acrítica ni la negación apriorística constituyen políticas sanitarias razonables.
La respuesta debe encontrarse en la ciencia, la regulación y la protección del paciente.
Precisamente por ello hemos defendido reiteradamente en España la necesidad de abordar seriamente la regulación de ámbitos como la Medicina Tradicional China y la Acupuntura, estableciendo requisitos adecuados de formación, acreditación profesional, buenas prácticas y seguridad.
La ausencia de regulación no elimina una práctica que ya existe. Simplemente dificulta establecer con claridad quién está adecuadamente formado, qué requisitos debe cumplir, cuáles son sus competencias y qué garantías deben exigirse.
Por ello, regular correctamente significa también proteger al ciudadano.
La evidencia científica también debe evolucionar
Existe además otro elemento que considero fundamental.
La integración de las medicinas tradicionales requiere incrementar considerablemente la investigación científica. Pero también exige reflexionar sobre las metodologías mediante las cuales generamos y evaluamos esa evidencia.
La inteligencia artificial, el análisis de grandes volúmenes de datos, la evidencia del mundo real (real-world evidence), los nuevos diseños de investigación y la medicina personalizada están abriendo posibilidades que hace pocos años eran difícilmente imaginables.
Esto puede resultar especialmente relevante para sistemas médicos caracterizados históricamente por una visión individualizada del paciente.
El reto consiste en conseguir que tradición, experiencia clínica, investigación científica y tecnología puedan dialogar, en lugar de situarlas artificialmente en compartimentos enfrentados.
La medicina del futuro probablemente será mucho más tecnológica, predictiva y personalizada, pero al mismo tiempo tendrá que recuperar una visión integral de la persona.
De la coexistencia a la cooperación
La expresión Traditional, Complementary and Integrative Medicine contiene en sí misma una evolución conceptual particularmente interesante.
Primero hablamos de medicinas tradicionales. Después de medicinas complementarias. Ahora hablamos cada vez más de medicina integrativa.
La diferencia es importante.
La integración no pretende sustituir la medicina convencional. Tampoco construir sistemas sanitarios paralelos. Busca determinar, mediante criterios científicos, clínicos y regulatorios, qué puede aportar cada enfoque al bienestar y a la salud de las personas.
En sociedades que afrontan envejecimiento poblacional, incremento de las enfermedades crónicas, presión creciente sobre el gasto sanitario y necesidad de reforzar la prevención, parece razonable investigar todas aquellas herramientas que puedan contribuir de manera segura y eficaz.
Hacia una gobernanza sanitaria verdaderamente global
Existe finalmente una dimensión geopolítica que tampoco deberíamos ignorar.
El reconocimiento de la TCIM dentro de la Declaración de Nueva Delhi 2026 de los BRICS demuestra que las prioridades internacionales de salud ya no se determinan exclusivamente desde los tradicionales centros occidentales de decisión.
El mundo es crecientemente multipolar y también lo está siendo la gobernanza sanitaria.
China, India y otras grandes economías emergentes están incorporando sus experiencias, conocimientos y prioridades a la construcción de la agenda global.
Esto no debería interpretarse en términos de confrontación entre Oriente y Occidente. Al contrario: representa una extraordinaria oportunidad para construir un multilateralismo sanitario más representativo, capaz de incorporar conocimientos procedentes de diferentes civilizaciones y someterlos al mismo tiempo a criterios contemporáneos de seguridad, calidad y evidencia.
Es precisamente esa cooperación la que necesitamos.
España tiene una oportunidad
España puede desempeñar un papel particularmente interesante en este proceso.
Por nuestra posición europea, nuestros vínculos históricos con América Latina y nuestras crecientes relaciones con Asia —muy especialmente con China— podemos actuar como puente para el diálogo científico, académico, sanitario e institucional.
Desde FEMTCI llevamos años trabajando precisamente en esa dirección, fortaleciendo las relaciones internacionales de la Medicina Tradicional China española, participando activamente en organizaciones mundiales y defendiendo una regulación seria de la profesión.
La evolución que estamos observando internacionalmente refuerza esta estrategia.
La Declaración de Nueva Delhi 2026 constituye un nuevo indicador de hacia dónde se está desplazando el debate mundial.
La cuestión ya no debería formularse como una elección entre medicina convencional y medicina tradicional.
La verdadera pregunta es mucho más interesante:
¿cómo podemos aprovechar todo el conocimiento disponible, venga de donde venga, para construir sistemas sanitarios más preventivos, personalizados, sostenibles y centrados en las personas?
Responder a esa pregunta con rigor científico, apertura intelectual y cooperación internacional será uno de los grandes retos de la salud global durante la próxima década.
Y Europa —y particularmente España— debería aspirar a participar activamente en su respuesta.


