Xi’an: entre la China imperial y la recuperación de la tradición

Esa convivencia entre patrimonio histórico y cultura contemporánea fue una de las cosas que más me llamó la atención durante mi visita a esta ciudad, cuya historia llevaba años deseando conocer

Por Pablo Cadahía

En Xi’an, la historia de China no se limita a los museos ni a los monumentos. También aparece en las calles, donde jóvenes vestidas con atuendos inspirados en antiguas dinastías parecen trasladar el pasado al presente. Esa convivencia entre patrimonio histórico y cultura contemporánea fue una de las cosas que más me llamó la atención durante mi visita a esta ciudad, cuya historia llevaba años deseando conocer.

Mi estancia en la Universidad de Renmin de Beijing, donde estudio mandarín con una beca del Gobierno chino gracias al apoyo de la Fundación Cátedra China, me brindó la oportunidad de viajar a Xi’an durante las vacaciones del Día Nacional. El trayecto en tren de alta velocidad, desde la estación de Fengtai de Beijing hasta la estación norte de Xi’an, cubrió más de 1.200 kilómetros en aproximadamente cinco horas y cuarenta y cinco minutos. La comodidad del tren y la coordinación del personal ferroviario me sorprendieron, especialmente teniendo en cuenta el enorme volumen de desplazamientos que se produce durante estas fechas festivas.

El viaje tenía, además, un componente personal: había quedado con Xiangmin, un amigo de Chengdu al que conocí en 2019, durante mi intercambio universitario en Seúl. Volver a encontrarme con él después de tantos años me hizo recordar un dicho chino que expresa la alegría de reencontrarse con un viejo amigo lejos de casa (tāxiāng yù gùzhī, 他乡遇故知). Tras cenar juntos, paseamos por el casco histórico, iluminado alrededor de algunos de sus monumentos más representativos, como la Torre del Tambor, la Torre del Reloj y la muralla de la ciudad.

El poder del primer emperador

Uno de los principales motivos por los que llevaba tanto tiempo queriendo visitar Xi’an era el mausoleo de Qin Shi Huang, el primer emperador de China. Desde niño me había fascinado el ejército de terracota, por lo que contemplar el yacimiento con mis propios ojos fue una experiencia especialmente esperada.

Las figuras de los soldados, los carros ceremoniales de bronce, los acróbatas y los demás restos arqueológicos permiten aproximarse a la magnitud de este complejo funerario. La visita también me sorprendió por la calidad de su presentación museística, con explicaciones detalladas y un equilibrio entre los textos en chino y en inglés que facilita la comprensión de los hallazgos.

El conjunto ofrece una imagen extraordinaria del poder del primer emperador y de la importancia que se concedía a su figura incluso después de la muerte. Para alguien interesado desde hace años en la historia china, encontrarse ante estos vestigios supuso mucho más que contemplar un lugar conocido por fotografías y documentales: fue, sencillamente, cumplir una vieja aspiración.

Cuando la historia vuelve a las calles

Si el mausoleo permite acercarse al poder de la dinastía Qin, la Gran Pagoda del Ganso Salvaje remite a otro de los grandes periodos de la historia china: la dinastía Tang (618-907), considerada una de las épocas de mayor esplendor cultural del país.

La construcción original de la pagoda se remonta al año 648 y está vinculada al monje Xuanzang, que regresó de su viaje a la India con textos budistas. El espacio que la rodea es amplio y ordenado, y cuenta con un espectáculo de fuentes. Sin embargo, lo que más me llamó la atención fue la cantidad de chicas que paseaban vestidas con prendas inspiradas en la indumentaria de la dinastía Tang. Por momentos, daba la impresión de que éramos nosotros quienes habíamos viajado al pasado.

Esta escena puede relacionarse con el auge del hanfu (汉服), un movimiento en el que sus seguidores visten prendas inspiradas en las distintas dinastías chinas, y con la tendencia conocida como guochao (国潮), que reivindica elementos de la cultura nacional en ámbitos como la moda y el consumo. También guarda relación con la idea de confianza cultural (wénhuà zìxìn, 文化自信), presente en el discurso público chino.

La experiencia me hizo pensar en cómo el pasado puede seguir presente más allá de los espacios patrimoniales. En Xi’an, la historia no solo se contempla en los monumentos: también sirve de inspiración para quienes incorporan elementos de la vestimenta tradicional a su vida cotidiana. Entre las distintas referencias históricas, las de la dinastía Tang parecen ocupar un lugar especialmente destacado.

La jornada me permitió también reencontrarme con Begoña Martínez, historiadora especializada en la dinastía Tang y profesora de español en la Universidad de Xijing. Volver a verla después de nuestro último encuentro, en noviembre de 2022, fue una alegría añadida a una visita que ya tenía un significado especial por mi interés en la historia china.

China y las otras civilizaciones antiguas

El Museo de Historia de Shaanxi ofreció otra perspectiva sobre el pasado del país. En el pabellón dedicado a las dinastías Qin (221-206 a. C.) y Han (206 a. C.-220 d. C.), me llamaron especialmente la atención varios paneles que comparaban aspectos de la historia y la cultura chinas con los de otras civilizaciones antiguas, sobre todo la grecorromana.

Estas comparaciones invitaban a contemplar la historia china en relación con otras tradiciones culturales. También me hicieron pensar en la importancia que el diálogo entre civilizaciones ha adquirido en el discurso oficial del país, especialmente a través de la Iniciativa de Civilización Global. No obstante, la presencia de estos paneles no basta para establecer una relación directa entre su contenido y dicha iniciativa.

Había, además, una particularidad que me pareció significativa: todas las explicaciones estaban exclusivamente en chino, por lo que el contenido parecía dirigido principalmente al público nacional. Durante la visita aproveché para fotografiar piezas y espacios arqueológicos, al igual que había hecho en el mausoleo, con el propósito de reunir material gráfico de referencia para mis investigaciones sobre la antigua China.

Una ciudad a la que volver

Xi’an recibe a una enorme cantidad de visitantes durante las vacaciones del Día Nacional, y las aglomeraciones fueron una constante en algunos de los lugares que recorrimos. Según la cifra recogida en la crónica original, la ciudad recibió cerca de 19 millones de turistas durante ese periodo.

Pese a la afluencia, la ciudad me causó una impresión excelente. La antigua Chang’an reúne algunos de los episodios más fascinantes de la historia china: el poder unificador del primer emperador, el esplendor cultural de los Tang y el desarrollo de las rutas comerciales que conectaron China con otras regiones del mundo.

Pero lo que hace especialmente interesante a Xi’an es que ese legado no pertenece únicamente al pasado. Se conserva en sus monumentos y museos, pero también reaparece en las calles y en la manera en que parte de la sociedad se aproxima a su tradición cultural. Me marché con ganas de volver, convencido de que todavía me queda mucho por descubrir en una ciudad que permite contemplar, en un mismo viaje, distintas etapas de la historia de China y algunas de las formas en que siguen presentes en la actualidad.