Li Qiang defiende en Wuzhen una inteligencia artificial al servicio de las personas y del desarrollo compartido

Por Susana García García-Tuñón

El primer ministro chino advierte de que la inteligencia artificial puede agravar las desigualdades entre países y defiende la cooperación internacional, la protección de la autonomía humana y un progreso tecnológico cuyos beneficios lleguen al conjunto de la sociedad.

El primer ministro de China, Li Qiang, ha defendido un modelo de desarrollo de la inteligencia artificial centrado en las personas, la cooperación internacional y la distribución equilibrada de los beneficios del progreso tecnológico. Durante su intervención en la inauguración de la Cumbre de Wuzhen de la Conferencia Mundial de Internet de 2026, celebrada el 3 de noviembre, advirtió de que los avances tecnológicos, pese a las extraordinarias oportunidades que ofrecen, también pueden ampliar las desigualdades existentes si no se adoptan medidas para garantizar un acceso más equitativo a sus beneficios.

El discurso abordó algunas de las principales cuestiones económicas, sociales y éticas que plantea la expansión de la inteligencia artificial. 

Dadas las diferencias de capacidad tecnológica entre países y la relación de dependencia excesiva que está surgiendoentre seres humanos y máquinas, Li Qiang defendió que la innovación debe estar acompañada de principios humanistas y mecanismos de cooperación que permitan aprovechar sus posibilidades pero sin dejar atrás a quienes disponen de menos recursos.

Su intervención situó estas preocupaciones dentro de la visión china de construir una comunidad de futuro compartido en el ciberespacio, una propuesta presentada por el presidente Xi Jinping en 2015 que vincula el desarrollo de internet con la cooperación internacional y la gobernanza compartida.

El efecto Mateo: el riesgo de que el progreso tecnológico aumente las desigualdades

Una de las reflexiones que considero más importantes del discurso fue la referencia al llamado “efecto Mateo”, un concepto utilizado en economía y sociología para describir cómo quienes parten de una posición más ventajosa pueden acceder más fácilmente a nuevas oportunidades, mientras que los que disponen de menos recursos suelen tener más dificultades para progresar.

El término fue popularizado por el sociólogo Robert K. Merton en 1968, al estudiar los mecanismos de reconocimiento dentro de la comunidad científica. Merton observó que los investigadores que ya gozaban de mayor prestigio tendían a recibir más reconocimiento por sus descubrimientos que otros científicos menos conocidos, incluso cuando sus aportaciones eran similares.

Con el tiempo, se ha aplicado a muchos otros campos, como la educación, la distribución de la riqueza y el acceso a las oportunidades económicas.

Li Qiang advirtió de que el desarrollo de la inteligencia artificial puede intensificar este fenómeno debido a las importantes diferencias existentes entre países en materia de infraestructuras, conocimientos especializados y recursos tecnológicos.

La capacidad de computación de alto rendimiento, los conjuntos de datos de calidad, los grandes modelos de inteligencia artificial y las redes avanzadas se están convirtiendo en recursos fundamentales para el desarrollo económico. Sin embargo, su disponibilidad sigue estando distribuida de forma desigual.

Los países que ya cuentan con estas capacidades pueden utilizarlas para nuevas investigaciones, mejorar la productividad de sus empresas y desarrollar aplicaciones tecnológicas cada vez más avanzadas. Esas ventajas pueden generar nuevos recursos que, a su vez, faciliten inversiones adicionales y amplíen las diferencias respecto a los países con menor capacidad tecnológica.

El primer ministro chino recordó que más de 2.000 millones de personas en el mundo todavía carecen de conexión a internet y señaló que las diferencias tecnológicas pueden convertirse en una nueva fuente de desigualdad internacional.

En su intervención planteó una pregunta que resume esta preocupación:

«¿Cómo podemos garantizar que los frutos del progreso tecnológico lleguen a todas las personas de la sociedad y que las nuevas tecnologías se conviertan en bienes públicos que beneficien al conjunto del mundo?».

La cuestión resulta especialmente importante porque el acceso a una tecnología no equivale necesariamente a disponer de capacidad para desarrollarla o aprovechar todas sus posibilidades.

Una pequeña empresa puede utilizar herramientas de inteligencia artificial para mejorar su actividad, pero difícilmente contará con los mismos recursos para investigar, formar profesionales o construir infraestructuras propias que una gran multinacional. De manera similar, un país puede incorporar aplicaciones desarrolladas en el extranjero sin disponer de las capacidades necesarias para participar plenamente en su desarrollo.

La preocupación expresada por Li Qiang pone de relieve que el progreso tecnológico, por sí solo, no garantiza una reducción de las desigualdades. Sus consecuencias dependerán también de las condiciones de acceso, las oportunidades de formación y las políticas que acompañen su implantación.

La inteligencia artificial debe ampliar las capacidades humanas

La dimensión humanista ocupó un lugar central en la intervención del primer ministro chino.

Li Qiang planteó que el desarrollo de internet y de la inteligencia artificial se encuentra ante una decisión fundamental: orientar la innovación hacia la supremacía tecnológica o situar a las personas en el centro de sus objetivos.

Según explicó, la creciente integración entre seres humanos y máquinas está transformando una relación que hace años se basaba en el uso de herramientas. Los sistemas inteligentes comienzan a realizar actividades que hasta hace poco requerían intervención humana, mientras que sus capacidades de aprendizaje, decisión y ejecución continúan ampliándose.

Esta evolución plantea nuevas preguntas sobre la autonomía de las personas y sobre el papel que deben desempeñar las máquinas en la sociedad.

«Internet y la inteligencia artificial deben ampliar las capacidades humanas y servir como instrumentos de liberación, no como sustitutos completos de las personas», afirmó.

Li Qiang defendió que, por muy avanzadas que lleguen a ser estas tecnologías, la capacidad humana de decisión y actuación debe continuar ocupando el lugar principal.

Este planteamiento tiene implicaciones que van más allá del crear nuevos productos tecnológicos. La tecnología afecta a la organización del trabajo, a los procesos educativos, a las relaciones sociales y a la manera en que las personas toman decisiones.

La reflexión de Li Qiang introduce así una distinción importante: el desarrollo tecnológico no debería medirse únicamente por el número de actividades que las máquinas son capaces de realizar, sino también por su contribución a ampliar las posibilidades de desarrollo de las personas.

La eficiencia no puede situarse por encima del bienestar humano

Otro de los aspectos destacados del discurso fue la necesidad de incorporar criterios éticos al funcionamiento de los algoritmos y los modelos de inteligencia artificial.

Li Qiang reconoció que estas tecnologías permiten mejorar la eficiencia en muchos campos, pero advirtió de que también pueden generar consecuencias negativas cuando su funcionamiento se orienta exclusivamente hacia la optimización de resultados.

Entre los ejemplos que mencionó figuran los trabajadores sometidos a sistemas algorítmicos que condicionan su actividad, la discriminación de precios basada en el análisis de datos personales y las burbujas informativas que limitan la diversidad de opiniones y conocimientos a los que acceden los ciudadanos.

Son situaciones en las que una tecnología puede cumplir eficazmente el objetivo para el que fue diseñada y, al mismo tiempo, plantear problemas de equidad, autonomía o bienestar.

El primer ministro defendió que la racionalidad instrumental, relacionada con la elección de los medios más eficaces para alcanzar determinados objetivos, debe avanzar junto a una racionalidad basada en valores, que permita reflexionar sobre esos objetivos y sus consecuencias.

«La tecnología no debe perseguir únicamente la eficiencia. Más importante todavía es que conserve una dimensión humanista y mantenga una orientación positiva», señaló.

Esta reflexión introduce una cuestión fundamental en el debate sobre inteligencia artificial. La capacidad de automatizar una actividad o mejorar su rendimiento no determina por sí sola si su aplicación resulta socialmente deseable.

Un sistema puede reducir costes y aumentar la productividad, pero también modificar las condiciones laborales o generar nuevas formas de dependencia. Del mismo modo, un algoritmo puede personalizar servicios con gran precisión y, al mismo tiempo, utilizar información personal de maneras que afecten a los derechos de los consumidores.

La propuesta defendida por Li Qiang consiste en acompañar la innovación tecnológica de principios que permitan mantener el bienestar humano como objetivo del desarrollo.

Seguridad, confianza y responsabilidad tecnológica

El primer ministro chino también dedicó parte de su intervención a los riesgos derivados de la creciente integración entre los sistemas digitales y el mundo físico.

La expansión de las redes eléctricas inteligentes, las fábricas conectadas, los hogares automatizados y otros sistemas tecnológicos está creando nuevas oportunidades económicas y sociales, pero también aumenta la importancia de garantizar su seguridad.

Li Qiang mencionó los ciberataques, el robo de datos, las alucinaciones de los modelos de inteligencia artificial, la manipulación de información y las falsificaciones digitales como riesgos capaces de afectar a la estabilidad social y a la confianza de los ciudadanos.

Su planteamiento vincula la seguridad tecnológica con la protección de las personas y con la necesidad de mantener mecanismos eficaces de control sobre sistemas cada vez más complejos.

En este contexto, defendió una mayor cooperación internacional para prevenir el uso indebido de las tecnologías y reforzar la seguridad digital, al tiempo que expresó su oposición a una ampliación excesiva del concepto de seguridad nacional que termine levantando barreras a la cooperación tecnológica.

La posición expuesta combina así la necesidad de establecer garantías frente a los riesgos con la defensa de un entorno internacional abierto a la innovación y al intercambio de conocimientos.

La cooperación internacional como respuesta a la brecha tecnológica

La preocupación por el efecto Mateo conduce a una de las principales propuestas del discurso: reforzar la cooperación internacional para evitar que la inteligencia artificial amplíe las diferencias de desarrollo entre países.

Li Qiang defendió que las oportunidades generadas por las nuevas tecnologías deben alcanzar también a las economías que cuentan con menos recursos e infraestructuras.

En este sentido, expresó el compromiso de China de continuar promoviendo la innovación abierta, la transferencia tecnológica, el intercambio de conocimientos y la investigación conjunta.

También señaló que China apoyará a los países del Sur Global en el desarrollo de infraestructuras digitales, la formación de profesionales especializados y el fortalecimiento de sus capacidades tecnológicas, en el marco de la Iniciativa para el Desarrollo Global.

Estas propuestas responden a una cuestión importantísima para el futuro de la economía digital: la diferencia entre acceder a productos tecnológicos y disponer de capacidades propias para participar en su desarrollo.

La formación de profesionales, la investigación compartida y la disponibilidad de infraestructuras pueden contribuir a que un mayor número de países aproveche las oportunidades económicas y sociales de la inteligencia artificial.

La cooperación internacional adquiere, desde esta perspectiva, una dimensión que va más allá del intercambio comercial. Se relaciona también con la posibilidad de ampliar las capacidades tecnológicas de los países y favorecer una participación más equilibrada en el desarrollo de nuevas herramientas.

Li Qiang defendió igualmente el diálogo entre países con diferentes modelos de gobernanza digital y señaló que las discrepancias deberían abordarse mediante la coordinación y la cooperación, en lugar de intensificar las fricciones.

Su intervención presentó así la voluntad de China de participar en un sistema multilateral de gobernanza tecnológica basado en la consulta, la contribución conjunta y los beneficios compartidos.

Una visión del progreso tecnológico centrada en las personas

El discurso de Li Qiang en Wuzhen es también un ejemplo de cómo China entiende el desarrollo tecnológico dentro de una visión más amplia del progreso económico y social. La innovación no se presenta como un objetivo aislado, sino como una herramienta que debe contribuir al bienestar de las personas. Esto implica aprovechar las oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías, pero también prestar atención a las desigualdades, los riesgos y los problemas que pueden surgir con su implantación.

En este contexto, el primer ministro chino ha querido trasladar un mensaje de cooperación y responsabilidad compartida. China expresa su disposición a trabajar con otros países, compartir conocimientos y apoyar especialmente a aquellos que cuentan con menos recursos para desarrollar sus propias capacidades tecnológicas. Una voluntad de colaboración que refleja la importancia que Pekín concede a que los beneficios de la inteligencia artificial no queden concentrados en unos pocos, sino que puedan contribuir al desarrollo y al bienestar de toda la humanidad.