Como cada mes de marzo, tuvo lugar en Beijing el evento político llamado “Las Dos Sesiones”, el cual define el rumbo de la República Popular China. En dicha cumbre, la Asamblea Popular Nacional (órgano legislativo) y la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (órgano consultivo) se reunieron para deliberar y tomar decisiones.
Las dos sesiones tuvieron lugar entre los días 3 y 12 de marzo de 2026 y deliberaron sobre el desarrollo social y económico de China. Evidentemente, trataron el XV Plan Quinquenal, en donde se expone el modelo industrial, el desarrollo tecnológico y la protección ambiental en China.
Esta reunión anual ejerce un papel central en la gobernanza del país. Sus 5.000 delegados y miembros definen las metas económicas, aprueban los presupuestos y debaten las leyes y reformas a acometer, desde la regulación digital hasta la educación, los programas sociales y las políticas ambientales.
Evidentemente, “las dos sesiones” analizaron los desafíos a enfrentar por los distintos ministerios, gobiernos provinciales y entidades designadas para llevar a cabo esta tarea en colaboración con las empresas nacionales.
Mientras en Beijing se desarrollaban las mencionadas sesiones, los Estados Unidos -en un entorno internacional marcado por la confrontación- estaba inmerso en medio de una agresiva política de restricciones comerciales, de anunciar potenciales anexiones, así como de insultos a sus aliados tradicionales, tanto en América, como en Europa y Oriente Medio. Semanas antes, la administración estadounidense había ordenado la invasión de Venezuela, secuestrando a su presidente y comenzando a ejercer el control sobre los recursos naturales y empresas de hidrocarburos venezolanos. Por otra parte, a finales de febrero de 2026 -en connivencia con Israel- había encadenado una serie de ataques inesperados sobre la República Islámica de Irán.
Ante el caos diplomático mundial desencadenado, el Imperio del Centro se pronunció a favor del respeto a las tradicionales reglas del orden internacional. En Beijing, en cambio, se debatía en esos días el redoblar la inversión en investigación y desarrollo para reducir su dependencia de las importaciones más críticas.
El año 2026 se había iniciado con una escalada de tensiones planeada por el presidente de los EE.UU. y el Primer Ministro de Israel contra una larga serie de países, siendo de momento los más afectados Venezuela e Irán, aunque otros países de Oriente Medio -como Líbano, Palestina, Siria, los Emiratos Árabes- e incluso Turquía y varias naciones europeas también sentían amenazadas política- y económicamente ante un posible conflicto a gran escala.

El transporte y la informática son herramientas necesarias
para la venta del petróleo y el gas natural
Desde el 28 de febrero de 2026, las naciones de Oriente Medio se encuentran en medio de un conflicto bélico de graves repercusiones, el cual se ha iniciado…, pero no se vislumbra cuándo y cómo acabará. Por otra parte, a causa de las actuales incertidumbres a escala planetaria en los sectores militares, financieros, energéticos, agrícolas y de las comunicaciones de multitud de países, la búsqueda de una autosuficiencia tecnológica y alimentaria se ha convertido en un eje estratégico central de la política económica y de seguridad nacional en multitud de países.
En un contexto internacional -caracterizado por la intensificación de la violencia de los Estados Unidos e Israel sobre diversos países de Oriente Medio, así como de amenazas inaceptables a otras naciones, no es de extrañar que se haya producido una nueva fragmentación de las cadenas globales de suministro. Ya el año anterior los EE.UU. desestabilizaron el orden mundial mediante la subida de tasas arancelarias y la aplicación de restricciones comerciales y tecnológicas. Todo ello ha inducido al gobierno de la República Popular China a considerar su actual dependencia tecnológica como un elemento de peligrosa vulnerabilidad estructural en el futuro y por tanto, este riesgo debe ser minimizado.
- AUTOSUFICIENCIA
Puede definirse la autosuficiencia como la capacidad de bastarse uno a sí mismo para satisfacer sus necesidades sin depender de terceros. Ejemplos de estrategias de autosuficiencia a escala nacional podrían ser las medidas llevadas a cabo en los sectores energético, de la alimentación o en las finanzas.
Un mayor grado de autosuficiencia denota una mayor independencia de terceros, mas este asunto no es tan sencillo de resolver en un mundo tan integrado. Es prácticamente imposible alcanzar la independencia total. Ni siquiera parece recomendable ser plenamente autónomo y desarrollar una economía completamente autárquica, pues aparte de carecer los países por lo general de algunos recursos, a veces su generación a nivel local conlleva altos costos, lo cual puede llevar a un estancamiento económico nacional.
La búsqueda de la autosuficiencia no implica un aislamiento total, sino una reducción selectiva de la dependencia externaen insumos, tecnologías y conocimientos considerados críticos para la estabilidad económica y la defensa nacional. En este marco, el Gran Dragón está promoviendo el desarrollo de cadenas de suministro internas más adaptables a la adversidad, la sustitución de importaciones de alto valor tecnológico y la protección del conocimiento estratégico frente a presiones externas.
Se muestran a continuación qué sectores recibirán especial atención a medio plazo en China.
| Principales sectores asociados a las nuevas fuerzas productivas | ||||
| 1 | Agricultura | 11 | Farmacéutica | |
| 2 | Automatización | 12 | IA | |
| 3 | Baterías | 13 | Ind. aeroespacial | |
| 4 | Big data | 14 | Nuevos materiales | |
| 5 | Biotecnología | 15 | Paneles solares | |
| 6 | Computación avanzada | 16 | Plataformas digitales | |
| 7 | Computación en la nube | 17 | Robótica | |
| 8 | Infraestructura digital | 18 | Salud | |
| 9 | Energías limpias y renovables | 19 | Semiconductores | |
| 10 | Fabricación inteligente | 20 | Telecomunicaciones | |
| 21 | Vehículos eléctricos | |||
Frente al entorno volátil y de inseguridad que está atravesando la economía mundial, el gobierno chino ha decidido redoblar la inversión en investigación y desarrollo (I+D)como herramienta clave para fortalecer su autonomía estratégica. Se estima que en 2025 la inversión en investigación y desarrollo (I+D) en China alcanzó el 2,8% del PIB, una de las tasas más altas del mundo. Esta apuesta se traduce en un aumento sostenido del gasto público y privado en ciencia, innovación y educación superior, así como en el respaldo directo a empresas nacionales consideradas estratégicas.
Podemos distinguir entre empresas privadas (la mayoría, especialmente multinacionales), públicas (propiedad total o parcial del Estado) y mixtas o de participación pública-privada. En resumen, una buena parte de la innovación tecnológica viene de empresas privadas, si bien el Estado regula, participa y financia los planes de desarrollo de muchas corporaciones y sectores estratégicos, sean éstos públicos o privados.
Así pues, muchas empresas “privadas” tienen en su estructura organizativa comités del Partido Comunista, con el fin de coordinar las actividades entre la empresa y el estado. Esta política permite a las corporaciones tener acceso a los fondos de financiación estatal y asegura la alineación de las corporaciones a los planes estratégicos nacionales.
La estrategia china de autosuficiencia tecnológica refleja una adaptación pragmática a un orden internacional más fragmentado, donde la innovación y el control tecnológico se están convirtiendo en factores determinantes del poder económico y político global. La idea china de apostar por la autosuficiencia parece también una meta muy difícil de lograr. En mi humilde opinión, la cooperación internacional es la vía más apropiada para vivir más establemente en un mundo multipolar.
- SEGURIDAD NACIONAL
Aunque la autosuficiencia tecnológica está estrechamente vinculada a una concepción amplia e integral de la seguridad nacional, el dominio de tecnologías estratégicas permite a China reducir su vulnerabilidad frente a sanciones, barreras arancelarias, embargos o disrupciones del comercio internacional. Al mismo tiempo, fortalece su autonomía decisoria y su capacidad de actuación soberana en un entorno geopolítico cada vez más competitivo.
La seguridad nacional se percibe como el conjunto de políticas, estrategias y acciones que adopta un Estado para proteger su soberanía, integridad territorial, población e intereses frente a amenazas internas y externas. Por tanto, este concepto supera el terreno militar, abarcando -entre otras- las metas económicas, tecnológicas, políticas y estratégicas nacionales.
Si comparamos a grandes rasgos la idea china de seguridad nacional con la de los EE.UU. y de la Unión Europea, vemos que existen claras diferencias de interpretación entre los tres bloques:
| Aspecto | China | EE.UU. | UE |
| Modelo | Estatal | Mixto (Estado y empresas) | Cooperativo |
| Prioridad | Autosuficiencia | Liderazgo global | Estabilidad |
| Tecnología | Control nacional | Innovación privada | Regulación |
| Dependencia externa | Reducir al mínimo | Aceptada si domina | Gestionada |
La importancia de los dos temas analizados en este artículo la estamos viendo desde que el presidente de los EE.UU. declaró el 2 de abril de 2025 su política arancelaria al resto del mundo. Simultáneamente, esta superpotencia es vista cada vez más como un imperio inestable camino de su bancarrota.
Desde la llegada de Donald Trump a su segunda presidencia de los EE.UU. el orden internacional se ha basado en el unilateralismo, el empleo de la amenaza y de la fuerza, la falta de consideración de las normas internacionales y de las instituciones multilaterales, así como en el menosprecio hacia la labor diplomática, los acuerdos de cooperación y el verdadero reconocimiento y entendimiento con los representantes de otros estados. Tras la toma estadounidense del control político en Venezuela, el mundo parece estar gobernado por piratas y corsarios, que aparecen allí en donde hay petróleo, tierras raras y otros recursos naturales, tan críticos en este siglo XXI.
Los europeos han estado bajo el manto y protección de los EE.UU. desde el final de la Segunda Guerra Mundial, terminada ya hace ochenta años. Quizás ya va siendo hora de que el Viejo Continente sea más autosuficientes e independiente.
Para un europeo resulta difícil concebir un mundo que no sea integrado e interdependiente; mientras que, para un estadounidense, es casi impensable un escenario global en el que EE. UU. no imponga su presencia militar, dada su capacidad de despliegue de fuerzas militares en prácticamente todos los rincones del planeta.
Paulatinamente se está abriendo una brecha entre los EE.UU. y la Unión Europea a causa de Ucrania, de Groenlandia, del apoyo norteamericano a las acciones impunes de Israel sobre Gaza, Líbano e Irán. Mientras la Casa Blanca propicia el desorden atlántico, las reglas del derecho internacional se hacen cada vez más irrelevantes, lo cual tiene un serio impacto sobre el uso de las rutas marítimas, la producción de alimentos, el precio de la gasolina en los cinco continentes.
El silencio guardado en Europa tras el sabotaje del proyecto energético Nordstream II en 2022 supuso la aceleración de la decadencia política y económica de la Unión Europea. Ésta se hizo, no solamente más dependiente de los EE.UU. en términos militares, sino también del petróleo estadounidense y del dólar y por tanto… de la Reserva Federal, ya que en el comercio internacional europeo se usa mayoritariamente la divisa de los EE.UU. para concertar los acuerdos económicos y comerciales. Las relaciones con Rusia se han ido asimismo deteriorando y en lugar de encontrarse Europa en un mundo cooperativo y estable bajo una política pacífica de vecindad, ha permitido que su principal socio americano le haya aplicado la vieja táctica de “divide y vencerás”. Así se ha enfrentado a su vecino natural, Rusia, cuya economía es y seguirá siendo complementaria a la europea.
En los siglos XIX y XX se pensaba que occidente era la civilización y la mayoría de los demás países constituían la barbarie. Hoy, quizás, entendemos mejor las interrelaciones entre aquellos imperios coloniales “avanzados” y los ahora llamados “el sur global”, conformado por estados independientes, antes considerados colonias, apenas industrializados, sin peso en el orden mundial y sometidos a las estructuras del poder occidental.
Mas hoy está claro que el continuo juego de fuerzas no es tanto entre “civilización” y “barbarie”, sino entre las naciones de relevancia tecnológica y financiera y aquellas condenadas a la hambruna, sobre todo si están poco desarrolladas, carecen de un fuerte ejército y son poseedoras de grandes riquezas naturales y estratégicas en su suelo y subsuelo.
El tradicional juego infantil del “Monopolio” no es más que un reflejo del practicado por “los mayores” en el tablero internacional. Los grandes banqueros y los empresarios de multinacionales participan año tras año en el fomento de nuevas guerras para comerse otra apetecible casilla o ficha. Si antes era “Ucrania”, esta vez se llama “Irán”. Mas esta vez estamos ante un país de gran relevancia histórica, miembro de los BRICS y, por tanto, no solamente socio de Rusia y China, sino también de Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, todos ellos grandes productores de petróleo y gas natural.

Mapa político de Oriente Medio
El ataque estadounidense a Venezuela en enero y el conflicto entre Israel y los Estados Unidos por un lado e Irán por otro, se ha extendido en marzo por todo Oriente Medio, si bien esta zona del planeta lleva décadas -sino un siglo- padeciendo una nefasta política exterior occidental. Muy probablemente, otros gobiernos de países productores de petróleo, como los de Nigeria, Venezuela, Irak, Kuwait y Brasil no verán con buenos ojos el cerco impuesto en el estrecho de Ormuz y el cierre de las rutas marítimas internacionales.
China y Rusia podrían encontrarse favorecidas al final de la actual crisis internacional. Mas los cambios posibles son bastante impredecibles. Tal vez Trump sea derrotado en las elecciones de noviembre o apartado antes de la presidencia por vía judicial. Asimismo, los vientos del cambio podrían soplar en dirección contraria y llevarnos al borde de una guerra de una escala desconocida. Por otra parte, China ya ha anunciado que no tolerará que se ponga en riesgo su abastecimiento energético.
Da la impresión de que, en estos momentos, nadie puede prever con certeza la profundidad de la crisis global que se avecina. Tanto Europa como la civilización hispana, si no trabajan por su autosuficiencia y seguridad, podrían verse subordinadas durante décadas a Washington, D. C., mientras en el mundo se va erosionando la confianza en el dólar.
Ambos desafíos – autosuficiencia y seguridad- pueden rápidamente extenderse como una mancha de aceite a todos los confines del mundo. Tanto occidente, como los países BRICS y los asociados a la ruta de la seda, se están viendo afectados, bien por los acontecimientos actuales, como por los posibles conflictos por venir, entre ellos la posible escasez de agua a corto plazo.
La escalada militar en torno al estrecho de Ormuz, está teniendo repercusiones en una amplia gama de sectores económicos, que van desde la alimentación y el agua a las telecomunicaciones y de la producción y distribución energética a las finanzas, por nombrar algunos ejemplos.
De forma breve y concisa, para conseguir un cierto grado de seguridad es preciso reducir las dependencias externas, aumentando la autosuficiencia. Mas vivimos en un mundo interdependiente y es bueno que aprendamos a pedir a algún vecino educadamente la sal o el huevo, cuando nos falte… y viceversa.
Europa e incluso los EE.UU. ya se han dado cuenta de cuán importante es afianzar su propia autosuficiencia tecnológica y seguridad nacional, mas aún les queda bastante camino por enmendar y recorrer.
La ya frágil Pax Americana y la reputación de sus principales estrategas se está desvaneciendo progresivamente, al tiempo que dos aliados, Rusia y China, -sin usar hasta este momento arma alguna- parecen entender mejor la actual coyuntura del cambio del orden mundial, ya inmerso en un claro proceso de ajuste y reorientación.


