Del Gran Canal a los robots cuadrúpedos: crónica de un viaje entre la tradición y la modernización de China

Pablo Cadahía, miembro del Claustro Junior de la Fundación Cátedra China, conoció, junto a otros jóvenes europeos, el proceso de modernización e innovación que está viviendo China en un viaje organizado a Hangzhou y Beijing

Gracias a la colaboración entre la Academia China de Ciencias Sociales (CASS), la Universidad de Zhejiang y la Fundación Cátedra China, pude participar en el China-Europe Youth Dialogue 2025, celebrado entre el 12 y el 17 de noviembre en Hangzhou y Beijing. A lo largo de esos días, se organizaron diversas actividades destinadas a presentar a jóvenes europeos de distintos perfiles formativos y profesionales el proceso de modernización e innovación que está viviendo China, con especial atención a Hangzhou. Esta ciudad, capital de la próspera provincia de Zhejiang y antigua capital de los Song del Sur bajo el nombre de Lin’an, fue así el escenario de la primera parte del programa. Posteriormente, el encuentro se trasladó a la sede del CASS en Beijing, donde se celebró un foro de diálogo con jóvenes chinos en torno a temas de interés común en las relaciones entre China y Europa.

Durante la primera jornada del programa, tuvimos ocasión de visitar la sede de DEEP Robotics, una empresa fundada en 2017 que se ha especializado en el desarrollo de robots cuadrúpedos de gran resistencia, capaces de desplazarse con notable agilidad por terrenos irregulares. En los últimos años, esta firma tecnológica ha comenzado a apostar por el diseño de robots antropomorfos con capacidad de operar incluso en entornos húmedos. Uno de los aspectos más reveladores de la visita fue la posibilidad de interactuar directamente con los robots y observar de cerca sus capacidades.

Tras esa primera visita, nos llevaron a conocer la Westlake University, una institución privada e innovadora inaugurada recientemente, en 2018. Allí asistimos a una charla sobre investigaciones genéticas realizadas en colaboración con universidades de otros países, como Australia.

Más tarde visitamos el Zhejiang Financial College, donde participamos en un encuentro formal con los organizadores del programa y en debates sobre consumo sostenible, además de participar en un taller de té. El día terminó en el Museo Financiero, un espacio dedicado a la historia del dinero en China y el mundo que alberga más de 5000 objetos, algunos de ellos de enorme rareza, como monedas antiguas procedentes de los reinos griegos de Asia Central.

El segundo día comenzamos en el Centro de Innovación Científico y Tecnológico Global de la Universidad de Zhejiang, un campus moderno que abrió en 2019. Allí pudimos conocer en el área de interpretación proyectos sobre materiales avanzados y microchips, y tuve la impresión de estar en unas instalaciones diseñadas para estimular la creatividad científica. Por la tarde, visitamos un pueblo socialista de la era de Mao que conserva edificios originales y reconstruidos, lo que me permitió visualizar cómo era la vida rural durante la Revolución Cultural. Desde allí nos desplazamos al pueblo de Zhangwu, donde vivió el famoso artista polifacético del siglo XIX Wu Changshuo. El entorno tradicional, con arquitectura de las dinastías Ming y Qing, nos permitió conocer cómo habría sido la geografía humana de la zona durante la época imperial de China.

El sábado estuvo dedicado a explorar la historia y los monumentos de Hangzhou. Entramos en el Museo Nacional de la Seda, donde descubrimos antiguas prendas ropa de distintas dinastías, incluso se conservan fragmentos de épocas tan remotas como los Estados Combatientes. Una de las piezas más llamativas para mí fue la reconstrucción a tamaño real de un telar de seda de la dinastía Han. Después, nos ofrecieron tiempo libre para ver parte del Lago del Oeste, que fue durante cientos de años fuente inagotable de inspiración para poetas, artistas y pensadores chinos e incluso japoneses. Más tarde pasamos caminando por el tramo del Gran Canal que atraviesa Hangzhou. Esta obra monumental de la dinastía Sui fue eje esencial del desarrollo económico histórico de China y está inscrita como Patrimonio de la Humanidad en la UNESCO desde 2014.

El domingo por la mañana salimos en tren de alta velocidad hacia Beijing. El trayecto, de algo más de 1000 kilómetros cubiertos en unas cinco horas y media, ofrecía una visión panorámica del paisaje natural y humano de varias provincias. Uno de los aspectos que más impresionaba era la magnitud de las infraestructuras. Por ejemplo, se veían carreteras elevadas de múltiples carriles superpuestas unas sobre otras y, sorprendentemente, otra línea de tren o una autopista de alta velocidad construida en paralelo a la que utilizábamos, separada apenas por unos centenares de metros. Esta experiencia me permitió conocer la enorme importancia que las autoridades conceden a la inversión en infraestructura para el desarrollo del país.

El acto principal del China-Europe Youth Dialogue 2025 se celebró en la sede de la CASS, en pleno centro de Beijing. Participaron figuras destacadas como el vicepresidente de la institución y el ex viceprimer ministro de Polonia, Grzegorz Witold Kołodko. De España intervino Pablo Iglesias. Sus discursos subrayaron la importancia de fomentar una cooperación más estrecha entre Europa y China, y animaron a los jóvenes a implicarse de forma activa en este proceso.

Tras la inauguración, los participantes fuimos divididos en grupos por tema. A mí me correspondió el que trató el tema de “la juventud y las relaciones entre China y Europa”, y el debate tuvo lugar en la Academia de Marxismo de la CASS. La presencia de estudiantes chinos enriqueció muchísimo la conversación y dio lugar a un diálogo variado, sincero y constructivo. Después asistimos al acto de clausura, donde pude comprobar el talento y la preparación de muchos de los jóvenes europeos que participaron como moderadores o ponentes.

Mi breve estancia en Beijing fue quizás lo más impactante del viaje. La ciudad transmite solemnidad y grandeza. Sus avenidas infinitas, los edificios ministeriales, la arquitectura monumental y el patrimonio histórico muy bien conservado dan la sensación de estar en el corazón administrativo y cultural de una potencia mundial.

En cuanto a la organización, debo destacar el nivel de detalle, planificación y dedicación de los responsables del intercambio, así como la labor de los voluntarios que nos acompañaron en Hangzhou. Tanto los hoteles como los desplazamientos estuvieron muy bien gestionados, y pese a durar solo una semana, la experiencia fue lo suficientemente intensa como para ofrecer una imagen relativamente amplia y equilibrada de la tradición y la modernización de China.

Finalmente, me llevo un recuerdo excelente de mis compañeros europeos y chinos. Más allá de las visitas, lo más valioso fueron las conversaciones, la diversidad de perspectivas y la sensación de estar compartiendo ideas entre personas preparadas y motivadas. Este viaje me ha inspirado a buscar nuevas formas de contribuir al acercamiento entre China y Europa. Aunque es una tarea compleja y exigente, esta experiencia me ha demostrado que existe una nueva generación de jóvenes capaces de construir puentes y trabajar por un futuro más cooperativo entre ambas civilizaciones.