La promulgación de la Ley Nº 15.345 en Brasil representa un hito fundamental en la evolución normativa global de la acupuntura. Este marco regulatorio emerge no solo como un estándar avanzado para América Latina, sino como un modelo de especial relevancia para España. Su diseño supera las limitaciones del fragmentado panorama europeo y se alinea con las tendencias más progresistas de Norteamérica y Oceanía, entre otras, ofreciendo una vía pragmática y equilibrada que España podría adoptar con gran beneficio.
Para comprender la relevancia del modelo brasileño, es esencial examinar el diverso panorama internacional. En Europa, persiste una profunda división: mientras países como Portugal y Malta han creado profesiones sanitarias autónomas reguladas por el estado, otros como Austria, Rumanía o Eslovaquia restringen la práctica exclusivamente a médicos. Un grupo significativo, que incluye a Croacia e Irlanda, mantiene la práctica en un vacío legal, generando inseguridad para profesionales y pacientes. En este contexto, destaca especialmente el caso del Reino Unido, donde la acupuntura opera bajo un sistema de autorregulación profesional voluntaria. Asociaciones como el British Acupuncture Council (BAcC) establecen estándares rigurosos, pero la falta de un marco estatal deja la profesión sin el reconocimiento y la protección plena que una ley podría otorgar. Este «limbo regulatorio» británico ejemplifica los riesgos de la inacción estatal, situación que Brasil ha decidido abordar de frente.
Fuera de Europa, los modelos son generalmente más integradores. En Estados Unidos (específicamente en California), la acupuntura está reconocida como «profesión de atención primaria de salud» desde 1978, con una junta reguladora específica y requisitos formativos rigurosos (3.000 horas). Canadá ha establecido marcos similares a nivel provincial, y Australia representa quizás el sistema más sofisticado, con un Sistema Nacional de Registro y Acreditación federal que integra la medicina china como profesión sanitaria de pleno derecho, incluyendo estándares educativos, requisitos de práctica continua y una supervisión estatal exhaustiva.
La Ley brasileña se posiciona inteligentemente, tomando lo mejor de diversos modelos internacionales y añadiendo innovaciones pragmáticas. Su primer gran acierto es el reconocimiento estatal explícito y unívoco (Art. 1), que otorga una seguridad jurídica de la que carecen sistemas como el británico. Al definir la acupuntura como un conjunto de técnicas con identidad propia (Art. 2), Brasil le confiere una legitimidad epistemológica similar al reconocimiento constitucional que Suiza ha otorgado a las terapias complementarias.
La disposición más distintiva e innovadora es la cláusula transitoria del Artículo 3, V. Esta reconoce el derecho a ejercer a quienes hayan practicado de forma demostrable e ininterrumpida durante al menos cinco años antes de la publicación de la ley. Este mecanismo resuelve con pragmatismo el desafío de la transición regulatoria, validando la experiencia histórica de miles de practicantes sin comprometer los estándares futuros. No existe un equivalente exacto en Europa; mientras el Reino Unido depende de la evaluación individual de sus asociaciones y Portugal implementó un sistema de puntos para la acreditación transitoria, Brasil opta por un criterio temporal claro y justo.
En cuanto al acceso profesional, Brasil establece múltiples vías (Art. 3, I-IV) que reflejan una visión integradora. Reconoce al profesional especializado a través de un título específico (similar a Portugal), valida títulos extranjeros y, crucialmente, permite a otros profesionales de la salud de nivel superior ejercer la acupuntura como especialización. Esta flexibilidad encuentra eco en países como Alemania, donde Heilpraktikers y médicos comparten la práctica, y supera la rigidez de los modelos de «restricción médica pura» del Este de Europa. Además, el Artículo 5 garantiza el uso de técnicas acupunturales aisladas por otros profesionales sanitarios previa formación, fomentando una colaboración interprofesional segura y regulada.
El alcance de competencias definido en el Artículo 4 es notablemente amplio y moderno. Atribuye al acupuntor responsabilidades que van desde la atención clínica directa hasta la organización de servicios, auditoría, consultoría y participación en programas de salud pública. Este perfil profesional integral sienta las bases para una futura integración en el sistema público de salud, un objetivo que países como el Reino Unido han perseguido de manera limitada (el NHS ofrece acupuntura principalmente para el manejo del dolor) y que sistemas como el australiano ya han logrado en mayor medida.
Para España, que actualmente se encuentra en una situación de ambigüedad regulatoria similar a la histórica del Reino Unido o la actual de Croacia, el modelo brasileño ofrece una hoja de ruta completa y adaptada.
- Solución al Vacío Legal: España carece de un marco específico, lo que genera inseguridad jurídica. La ley brasileña demuestra que es posible crear un marco claro que defina la profesión, sus requisitos y sus límites, acabando con décadas de incertidumbre.
- Reconocimiento de la Realidad Existente: Al igual que Brasil, España cuenta con un gran número de profesionales que ejercen desde hace años con formación diversa. La cláusula transitoria brasileña ofrece un modelo ético y práctico para reconocer esta experiencia, facilitando una transición ordenada hacia un sistema regulado.
- Integración en el SNS: El Artículo 4 brasileño, que encomienda a los acupuntores participar en programas de salud, establece un precedente directo para la integración de la acupuntura en el Sistema Nacional de Salud español. Esto permitiría pasar de un modelo puramente privado a uno complementario, mejorando el acceso de los ciudadanos a estas terapias, como ya ocurre de forma limitada en el NHS británico y de forma más amplia en la sanidad pública portuguesa.
- Armonización con la UE: Adoptar un modelo robusto como el brasileño posicionaría a España a la vanguardia regulatoria en Europa, facilitando en el futuro la movilidad profesional dentro de la UE y promoviendo la estandarización de la formación, un desafío pendiente en el continente.
Conclusiones
La regulación brasileña no copia servilmente un modelo extranjero, sino que sintetiza las mejores prácticas globales en un marco coherente. Toma la seguridad jurídica del reconocimiento estatal que falta en el Reino Unido, el pragmatismo de la transición que necesitan países con un historial de ejercicio no regulado, la exigencia de formación superior de los modelos portugués y australiano, y la visión de integración en la salud pública que guía las políticas más avanzadas.
Para España, adoptar un modelo inspirado en el brasileño representaría un avance histórico. Permitiría superar de una vez por todas la fragmentación y la inseguridad actuales, dignificando la profesión, protegiendo a los ciudadanos y sentando las bases para que la acupuntura, ejercida por profesionales cualificados y reconocidos, ocupe el lugar que le corresponde en el sistema sanitario español del siglo XXI. Brasil demuestra que, aprendiendo de los aciertos y errores de otros, es posible construir un sistema regulatorio propio, robusto, moderno y justo.


