Mi experiencia en Shandong

Pablo Cadahía se ha adentrado en la tradición milenaria de China y el papel que Shandong jugó en ello, así como la modernización del país, durante su participación en el Programa de Visitas para Jóvenes Sinólogos

Buenas, soy Pablo Cadahía, participante en la edición de este año del Programa de Visitas para Jóvenes Sinólogos en Shandong, organizado por el Ministerio de Cultura y Turismo de China y por el Gobierno de la provincia de Shandong. El programa transcurrió del 9 al 29 de septiembre en varias ciudades de esa provincia y contó con la presencia de aproximadamente 30 especialistas de más de 15 países, especialmente procedentes del Sur Global.

El seminario tenía como objetivo introducir a los participantes a la tradición milenaria de China y el papel que Shandong jugó en ello, así como la modernización del país. Para ello contamos con las ponencias de profesores de reconocido prestigio de la Universidad de Shandong, que nos hablaron de sus respectivas áreas de especialidad siempre de forma constructiva y entretenida.

A las charlas le acompañaron una serie de visitas a varias ciudades de la provincia en donde nos enseñaron lugares de referencia en la historia de China y de su modernización. Estas ciudades incluyeron a Jinan, Rizhao, Qingdao y Qufu.

Las visitas de estudio fueron tan numerosas que no puedo nombrarlas todas aquí, pero sí que me gustaría mencionar aquellas que despertaron mi interés o que guardaban una especial relación con mis áreas de investigación.

En primer lugar, me fascinó el Museo de Shandong por su colección de bronces de la Dinastía Zhou (1046 – 256 a.C) y por los bajorrelieves de tumbas de la Dinastía Han Oriental (25 – 220 d.C). La iconografía de estos últimos es una parte importante de mis investigaciones sobre la religión de China, Corea y Japón antes de la difusión del budismo en los tres países.

Aunque fue muy dura la subida, el paisaje y naturaleza que más me gustó en este viaje fue la visita al Monte Tai, una de las Cinco Montañas Sagradas de China y hogar de un antiguo templo taoísta que aún hoy en día sigue activo.

Durante el programa, tuvimos la oportunidad de visitar un yacimiento arqueológico neolítico de Jiaojia, localizado en la homónima aldea, donde se encuentran los restos de la cultura Dawenkou (4100 – 2600 a.C). Fue todo un privilegio teniendo en cuenta que solo muy excepcionalmente el Gobierno chino autoriza la entrada a yacimientos a ciudadanos extranjeros.

En relación con la modernización de China, me llamó especialmente la atención el viaje a un pequeño pueblo socialista cerca de Qingdao que se planificó y levantó por el Partido. Igualmente me fascinaron los abundantes rascacielos de diseño de las ciudades de Jinan y Qingdao.

Para mí fue especialmente importante la visita a Qufu, la ciudad donde nació el sabio Confucio. Allí pudimos visitar su templo y tumba y asistir al Festival Cultural Internacional de Confucio y a todas las ceremonias correspondientes. Puesto que en mi TFM traté este tema cuando investigué la huella del confucianismo en la China contemporánea, estoy muy contento de haber podido formar parte de estos eventos. En particular, me gustó mucho la importancia que en este festival se le concede a la alfabetización y a la educación a la hora de conceder un prestigioso galardón que busca premiar los esfuerzos internacionales que trabajan por ese objetivo.

Sobre el alojamiento, valoro muy positivamente la oportunidad que tuvimos de quedarnos durante una semana en el hotel del campus de Jinan de la Universidad de Shandong. Así pudimos experimentar cómo es la vida universitaria en China y hacernos una idea detallada de cómo sería estudiar en el país para aquellos que estamos considerando hacerlo en el futuro. Además, los hoteles en los que nos alojamos en las otras ciudades eran excelentes por su comodidad y servicios disponibles. Por supuesto, la comida siempre fue de gran calidad y se nos permitió probar la comida regional, como el marisco de Rizhao o Qingdao, célebres en el país por su sabor.

La organización de todo el programa estuvo siempre muy bien cuidada, y eso fue solo posible por el trabajo constante y desinteresado de los numerosos organizadores locales y voluntarios del seminario. Me gustaría darles las gracias por todos sus esfuerzos.

A lo largo del programa hice muy buenos amigos con los que comparto recuerdos inolvidables, además de los útiles intercambios de ideas que mantuvimos todos, de los que aprendí muchas cosas de utilidad para mi carrera académica y profesional.

En definitiva, puedo concluir que este programa de tres semanas fue una gran oportunidad para mi formación, por lo que agradezco a la Fundación Cátedra China y a la Embajada de China en España que contaran con mi participación. Sin duda, como mi primer viaje a China, esta fue una gran experiencia.