Marta Montoro. Presidenta Ejecutiva de la Fundación Cátedra China
El estío y un breve receso en la rutina diaria ofrecen la valiosa oportunidad de detener el pulso apresurado del trabajo habitual. Son días para mirar el horizonte con una perspectiva más panorámica, reposada y analítica. Desde esta pausa estival, he podido dedicar tiempo a la lectura reflexiva y al examen de la actualidad internacional, hilvanando algunas ideas fundamentales sobre cómo China estudia, piensa y actúa de un modo sustancialmente distinto al de las potencias occidentales. Entender esa idiosincrasia es clave para comprender el verdadero motor de su proceso de modernización, transformación y liderazgo global.
A medida que observamos el panorama internacional, resulta cada vez más evidente el agotamiento del discurso político partidista en Europa y en Occidente en general. Vivimos en un entorno donde la voracidad del capitalismo sin contrapesos y el desmedido poder corporativo están desplazando a las políticas orientadas al bien común y al ser humano.
1. La quiebra del modelo occidental y la política sin ser humano
Esta subordinación de los valores sociales y comunitarios a los intereses puramente económicos se manifiesta tanto en macroeventos globales —como hemos presenciado en los debates y dinámicas en torno al Mundial de fútbol— como en la gestión local de cada uno de nuestros países, donde la alienación ciudadana frente a la política es cada día más alarmante. A esto se le suman los lamentables y bochornosos casos de corrupción que salpican la vida pública occidental —con ejemplos patentes en nuestro propio entorno en España—, erosionando las instituciones y debilitando de forma severa la confianza en el sistema democrático.
2. Lecciones estivales: Revolución, perspectiva histórica y el refugio de los «Expertos Extranjeros»
Durante estas semanas he vuelto a sumergirme en la literatura para alimentar este análisis.
La lectura de Volver la vista atrás, de Juan Gabriel Vásquez, me ha aportado una profunda perspectiva sobre la complejidad de los procesos revolucionarios, desde la Revolución Cultural china hasta las dinámicas de la guerrilla en Colombia. En sus páginas resuena con fuerza aquella frase célebre de Vasili Grossman en Vida y destino:
«A veces los hombres que van juntos a la batalla se detestan más entre ellos que al enemigo común».
Esa desgarradora paradoja sobre el sectarismo interno y la lucha ideológica es indispensable para entender la fragilidad de las transformaciones políticas cuando se pierden de vista los objetivos colectivos y la cohesión.
En contraste con las turbulencias internas del pasado, también he dedicado tiempo a profundizar en la intrahistoria de los llamados «expertos extranjeros» en China: aquellos pioneros internacionales que vivieron en el histórico Hotel de la Amistad de Pekín. Estas crónicas conectan de inmediato con las vivencias que mi querido amigo Marcelo Muñoz me ha compartido a lo largo de los años sobre la China de los años 80. Asimismo, evocan la experiencia de Ramón María Calduch, quien supo transitar entre dos realidades paralelas: el cobijo del Hotel de la Amistad y el contacto directo con la «China callejera», comprendiendo la dureza y el temple del pueblo chino en el día a día de sus calles.
3. El ejemplo de Marcelo Muñoz: El socialismo con características chinas y la economía de suma no nula
Hablar de la comprensión del fenómeno chino en España exige reservar un espacio de honor para Marcelo Muñoz. Presidente de Honor vitalicio de nuestra Fundación, Marcelo es uno de los poquísimos observadores españoles que ha sabido evolucionar políticamente al mismo ritmo que lo hacía China. Siendo el nonagenario más moderno, lúcido y activista que conozco, su trayectoria desde la corriente marxista-leninista y el Pensamiento Mao Tse Tung le permitió entender de forma temprana que el socialismo con características chinas no era una categoría estática, sino una fórmula pragmática y dinámica.
Gracias a esa visión, China se ha consolidado como el gran motor de la modernización global, invirtiendo en la industrialización y el desarrollo infraestructural en todo el planeta. Frente a la concepción mercantilista tradicional, el pensamiento económico de China parte de la premisa de que la economía no es un juego de suma cero donde para que uno gane, otro debe perder. Al contrario: el verdadero desarrollo sostenible exige que para ganar, se deba propiciar que las demás naciones también prosperen.
Por eso China no es capitalista en el sentido occidental. China comprendió tempranamente que el capitalismo desenfrenado y las injerencias externas contribuyeron a su «siglo de humillación» y a sus devastadoras guerras civiles. Con la solidez institucional del Partido Comunista de China (PCCh) —con más de 105 años de historia acumulada—, la premisa fundamental del modelo chino es asegurar que la política sirva al pueblo, que la ciudadanía sea dueña de su destino y que el desarrollo económico esté al servicio del beneficio social.
Esta concepción del poder y la democracia me llevó a reflexionar sobre otra de mis lecturas de este verano: la obra de Joël Dicker, La muy catastrófica visita al zoo, donde se articula una lúcida disección del sistema democrático y de la toma de decisiones colectivas vista a través de la mirada de un singular grupo de «niños especiales».
4. Del Atlas 950 a la filosofía de Tianxia: La tecnología como respuesta política al aislamiento
En el plano del estudio de la gobernanza, un reciente artículo de Susana García —profesora universitaria y especialista en Inteligencia Artificial de nuestra Fundación— ha suscitado en mí una profunda reflexión sobre el modelo de modernización china. El trabajo de Susana analiza la presentación por parte de Huawei del Atlas 950 SuperPOD durante la World Artificial Intelligence Conference (WAIC) en Shanghái.
Para comprender el calado político de este anuncio, conviene entender primero qué representa este desarrollo desde la perspectiva técnica que aborda el artículo de Susana:
- La respuesta a las sanciones: Frente al liderazgo mundial de la estadounidense Nvidia y el estricto bloqueo impuesto por Estados Unidos para impedir que China acceda a los semiconductores más avanzados, Huawei ha cambiado la estrategia. Si no es posible contar con el chip individual más potente del mercado, la alternativa es diseñar una infraestructura capaz de conectar miles de chips propios para que actúen de forma sincronizada como una única supercomputadora.
- Del procesador al sistema integral: La arquitectura del Atlas 950 SuperPOD se articula en tres niveles clave: el procesador individual Ascend, la agrupación integrada de estos chips en Supernodos y, finalmente, el SuperPOD, una infraestructura masiva (de hasta 8.192 procesadores en 160 armarios) capaz de procesar volúmenes colosales de datos para entrenar inteligencia artificial.
- La superación del cuello de botella (UnifiedBus): El gran desafío de conectar miles de chips es evitar que el sistema pierda eficiencia mientras los procesadores esperan datos de otros. Huawei responde a esto mediante UnifiedBus, una red de interconexión de altísimo ancho de banda y latencia ultra reducida que permite a miles de chips acceder a la memoria común como si pertenecieran a la misma unidad.
- El ecosistema de software libre: Frente al entorno cerrado y dominante de Nvidia (CUDA), Huawei propone CANN, una arquitectura de software que está abriendo a la comunidad global de código abierto, sumando a miles de desarrolladores independientes.
Crecer ante la adversidad: Un modelo abierto e inclusivo
Aunque la contribución de Susana analiza con precisión este hito tecnológico, mi lectura como analista política me lleva a ir un paso más allá del hardware. Lo que late bajo esta solución técnica es una verdadera filosofía política de resiliencia, soberanía y cooperación.
Ante el cerco de sanciones, bloqueos y restricciones comerciales impuesto por Estados Unidos y secundado por Europa, cualquier otra potencia se habría visto arrastrada al estancamiento. China, por el contrario, convierte los obstáculos en un catalizador para la autosuficiencia. Su respuesta no ha sido el aislamiento mercantilista ni la creación de un monopolio exclusivo, sino la búsqueda de un modelo de desarrollo tecnológico abierto, cooperativo e inclusivo.
Frente a la lógica corporativa occidental —donde las grandes tecnológicas priman el beneficio económico privado, el control del mercado y el rédito bursátil por encima del bienestar social—, la estrategia china busca democratizar el progreso tecnológico. Al abrir las tripas de su software (CANN) al código abierto internacional, China desafía las restricciones oligopólicas occidentales y devuelve a la innovación tecnológica su verdadera función social: servir a la colectividad y al desarrollo compartido de los pueblos.
Confucio y el Tianxia: La raíz filosófica de la política china
Esta forma de actuar ante las dificultades no es improvisada; responde a una continuidad cultural e histórica milenaria. Para comprender la política exterior, industrial y tecnológica de la China contemporánea es imprescindible acudir a la filosofía confuciana y al concepto geopolítico clásico de Tianxia (天下, «Todo bajo el cielo»).
| Concepto | Significado Filosófico | Aplicación en la Política y Tecnología China |
| Pensamiento Confuciano | Armonía social, primacía de lo colectivo y gobierno ético al servicio del pueblo (Minben). | Las decisiones estatales y tecnológicas se orientan al bien común social y no al beneficio privado corporativo. |
| Ideal de Tianxia | El mundo como una gran comunidad compartida sin fronteras de exclusión. | Desarrollo tecnológico inclusivo y abierto, cooperación multilateral y rechazo a los juegos de suma cero. |
Mientras que el pensamiento geopolítico occidental tiende a conceptualizar el mundo como un tablero de suma cero habitado por estados rivales en permanente confrontación, la cosmovisión china del Tianxia concibe el planeta como un espacio colectivo unificado. Bajo esta premisa, la ciencia y la tecnología no deben utilizarse como armas de chantaje ni como barreras de exclusión, sino como bienes comunes puestos al servicio de la humanidad.
La resiliencia de Huawei no es más que la traducción tecnológica de este principio ancestral: cuando se levantan muros para aislarla, la sabiduría política china encuentra, como el agua, nuevos cauces para seguir fluyendo y beneficiar al conjunto de «Todo bajo el cielo».
5. Geopolítica y futuro compartido: La metáfora del abuelo y el nieto
A nivel geopolítico internacional, la actitud actual de Estados Unidos evoca la figura de un abuelo temeroso que impone restricciones a su joven nieto por miedo a verse superado o por el temor de que el propio joven se haga daño en su crecimiento. China, encarnando a ese nieto de altas capacidades dentro de una comunidad internacional multilateral, se ve estimulada por esas mismas “barreras paternalistas» a avanzar de forma más rápida, metódica y autosuficiente. Este proceso de aprendizaje y superación terminará beneficiando al conjunto de la familia humana.
A este respecto, resulta sumamente ilustrador el reciente artículo publicado por Ramón María Calduch en Mundo Global, donde analiza y compara las visiones sobre el desarrollo de la Inteligencia Artificial y la tecnología entre la gobernanza propuesta por el presidente Xi Jinping y la doctrina expuesta por el Papa León XIV, subrayando la urgencia de situar el adelanto científico al servicio de la dignidad humana y del multilateralismo.
Un nuevo ciclo personal y colectivo: La política como compromiso vital
El pasado 26 de julio alcancé los 53 años. Llego a este hito personal con una profunda gratitud hacia la vida por las oportunidades brindadas, siempre sostenida por el afecto incondicional de mi familia y de mis amigos. Cumplir años en pleno receso estival invita a hacer balance, pero, sobre todo, a renovar la vocación de servicio público y la pasión por el pensamiento crítico.
Asumo este nuevo ciclo vital en un momento de enorme trascendencia institucional: en mi primer cumpleaños como Presidenta Ejecutiva de la Fundación Cátedra China, contando con el respaldo inestimable de mi bastón de apoyo y guía, Marcelo Muñoz, como nuestro Presidente de Honor vitalicio.
Esta responsabilidad no la concibo como un mero cargo representativo, sino como una trinchera intelectual y política desde la que debemos seguir construyendo puentes entre Occidente y China. En un momento histórico marcado por el repliegue geopolítico, la fragmentación y el auge de las narrativas de confrontación, el trabajo de la Cátedra China se vuelve más urgente que nunca. Nos corresponde articular un espacio de análisis riguroso, independiente y profundamente humano, capaz de desmontar los prejuicios que distorsionan la realidad del gigante asiático y de reivindicar una gobernanza global basada en la cooperación mutua.
Frente a la caducidad de las tácticas cortoplacistas que asfixian la política occidental, la tradición política china nos enseña el valor de la visión a largo plazo, el rigor analítico y la lealtad a los proyectos colectivos. La verdadera política no se agota en las urnas ni en la disputa partidista; la verdadera política es la capacidad de transformar las realidades de nuestros pueblos y garantizar que el desarrollo tecnológico y económico esté siempre al servicio de la dignidad humana.
Ese es el compromiso que renuevo al cumplir 53 años: poner todo mi esfuerzo, mi formación y mi convicción al servicio de este espacio de encuentro multilateral, sabedora de que la transformación del mundo solo será posible si somos capaces de entendernos.
Como sintetiza magistralmente la sabiduría popular china:
多个朋友多条路
(Duō ge péngyou duō tiáo lù)
«Muchos amigos, muchos caminos.»
Afrontamos el curso que viene con la determinación de seguir abriendo nuevos caminos, convencidos de que cuantos más aliados sumemos en la búsqueda del entendimiento global, más firme y ancho será el horizonte hacia el que caminamos.


