A propósito de Asheville: La discusión sobre el superávit comercial chino

La reunión de ministros de Finanzas y gobernadores de bancos centrales del G20 celebrada en Asheville (Carolina del Norte) los días 31 de agosto y 1 de septiembre concluyó sin comunicado conjunto. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, atribuyó el bloqueo a China, a la que señaló como el país con el mayor superávit por cuenta corriente del mundo y como el único participante que rechazaba el texto propuesto.

En su intervención inaugural, Bessent evitó mencionar expresamente a China y formuló el problema en términos más generales: tanto las economías deficitarias como las superavitarias tendrían interés en corregir desequilibrios excesivos y persistentes. La Administración estadounidense intenta trasladar una controversia que durante años se ha articulado fundamentalmente en términos bilaterales hacia una discusión sobre los efectos sistémicos del modelo chino sobre la economía mundial.

Washington pretende alinear una respuesta frente a las exportaciones chinas, pero es un escenario improbable teniendo en cuenta tanto las diferencias del comercio bilateral con China de cada país o bloque, como que la propia Administración Trump mantiene simultáneamente aranceles que afectan a varios de sus propios socios.  

No obstante, merece la pena profundizar en las claves del superávit comercial chino, de sus efectos, de las preocupaciones y respuestas de la UE, del caso de España, y de los elementos estructurales de la economía china.

  • Record del superávit comercial chino

El superávit chino de comercio bienes alcanzó en 2025 un máximo histórico cercano a 1,2 billones de dólares, aproximadamente un 20% más que el año anterior. Las exportaciones a Estados Unidos disminuyeron alrededor de un 20%, pero los envíos a África aumentaron un 26%, los destinados al Sudeste Asiático un 13% y los dirigidos a la Unión Europea un 8%. El ajuste bilateral con Estados Unidos, por tanto, se ha visto superado por una diversificación geográfica de los mercados de destino y por un proceso de re-routing a través de terceros Estados. Frente a la Unión Europea, el saldo favorable a China alcanzó los 360.600 millones de euros, un 15% más que en 2024. Los datos de 2026 no alteran sustancialmente esta tendencia.

Hay que tener en cuenta que en 2025, la economía china creció un 5,0%, mientras la producción industrial avanzó un 5,9%. Entre 2021 y 2024, la inversión manufacturera dirigida hacia semiconductores, baterías, vehículo eléctrico, energía solar o biotecnología, sectores asociados a las denominadas “nuevas fuerzas productivas de calidad”, fue posicionándose como destino prioritario del capital, y la exportación se ha posicionado como una vía de venta clave, tal y como demuestra el aumento de un 39% de la exportación de alta tecnología.

  • Efectos de las exportaciones chinas

Cuando se caracteriza el superávit chino en exportaciones como “China Shock 2.0” no se tienen en cuenta los beneficios para las economías importadoras. En un contexto inflacionista, las importaciones chinas permiten reducir los costes de insumos industriales, bienes de equipo, y productos finales, en beneficio tanto de los márgenes de las empresas como de las capacidades de compra de los consumidores finales.  Las exportaciones también han dado acceso a productos de alta tecnología, combinando bajo coste y alta tecnología. En lo que respecta a las tecnologías esenciales para la transición energética, concretamente la fotovoltaica, la eólica, el almacenamiento mediante baterías y el vehículo eléctrico, las exportaciones chinas son además fundamentales para la consecución de los objetivos de descarbonización.

Hay tres preocupaciones habitualmente expresadas respecto a las importaciones chinas: impacto en la seguridad económica; impacto en la base industrial; y distorsión de las reglas de competencia.

Centrándonos en el caso de la UE, las preocupaciones de seguridad económica deben evitar enfocarse exclusivamente en China, y tener en cuenta todas las dependencias de terceros Estados en bienes y servicios críticos. La solución en ningún caso debe consistir en cerrarse al comercio internacional, sino en combinar la apertura comercial con el desarrollo de capacidades en los Estados Miembros, como la Reserva Estratégica basada en las Capacidades Nacionales de Producción Industrial (RECAPI) que contempla España en el proyecto de ley de industria y autonomía estratégica.

Respecto a la erosión de la base industrial hay que partir de la constatación de un hecho: es lógica la preocupación de la UE cuando el motor tradicional de la economía de la UE, Alemania, experimenta una acusada caída tanto en empleo como en producción industrial, con caídas de cientos de miles y de doble dígito, respectivamente. No obstante, de cara a la atribución de responsabilidades, hay que diferenciar lo que se debe a una política industrial y a una estrategia empresarial deficiente, de lo que se debe a cuestiones estructurales de la economía china, a las que me referiré al final, o a distorsiones de las reglas de competencia, que nos lleva al último punto.

Tanto la UE como EEUU hacen uso de instrumentos de financiación pública para la revitalización de su economía y el impulso de sectores estratégicos: es el caso del Inflation Reduction Act de la Administración Biden o el Chips Act de la Administración Trump, y por supuesto del NextGenerationUE de la UE. La razón por la que demuestran una enorme competencia exportadora sectores industriales chinos no puede achacarse únicamente a la existencia de ayudas públicas, porque también existen en EEUU o en la UE. Si vamos al caso notorio de los vehículos eléctricos, veremos como la clave es una combinación a largo plazo de inversión en I+D+i, puesta en marcha de proyectos piloto desde el sector público cuando aún no tenía tracción el sector privado, y facilitación del desarrollo industrial privado, incluyendo ayudas públicas. La visión estratégica y colaboración público-privada, que se puede rastrear desde los años 90, fue clave en el actual éxito del vehículo eléctrico chino y explica la mayor competitividad que está demostrando en los “vehículos de nueva energía”.

  • La deriva proteccionista, las alternativas para la UE, y el caso de España

Estados Unidos y la Unión Europea comparten crecientemente el diagnóstico sobre algunos de los efectos de la capacidad industrial china, pero difieren de manera notable en los instrumentos empleados. En la segunda Administración Trump, el arancel se ha consolidado como mecanismo principal de presión económica. Tras sucesivas treguas y modificaciones, el tipo efectivo medio aplicado a los bienes chinos se sitúa en torno al 30%, con niveles considerablemente superiores en sectores como el vehículo eléctrico, las baterías o la energía solar.

La Unión Europea ha seguido hasta ahora una estrategia más selectiva, basada en instrumentos de defensa comercial y negociación sectorial. En el caso del vehículo eléctrico, los derechos compensatorios adicionales oscilan entre el 7,8% y el 35,3%, según el fabricante, sobre el arancel general del 10%. En enero de 2026, la Comisión Europea publicó además orientaciones para que los productores chinos pudieran presentar compromisos relativos al precio, a los canales comerciales, a los mecanismos destinados a evitar compensaciones cruzadas o las futuras inversiones productivas en territorio europeo.

La UE debe evitar caer en una guerra comercial abierta y una estrategia de suma cero, y apostar en su lugar por: desarrollo de capacidades de producción mínimas dentro de los Estados Miembros; acuerdos de apertura del mercado chino a los productos de la UE; compromisos de inversiones industriales, de joint-ventures, de transferencia tecnológica y de generación de empleo local; y en precios mínimos y aranceles selectivos cuando esté justificado.

Los retos son innegables. En el caso de España, el desequilibrio en la balanza comercial es muy relevante, siendo las exportaciones chinas a España en 2025 de 50.250 millones de euros, y las exportaciones españolas a China en el mismo año, 7.972 millones de euros. La inclusión de España en la iniciativa china «Sharing the Great Market. Exporting to China«, es uno de los acuerdos para fomentar las exportaciones españolas a China, pero son las inversiones estratégicas industriales del gigante asiático en España las que llevan al optimismo a la relación económica bilateral. Las inversiones se centran en proyectos de energía renovable y de automoción, e incluyen joint ventures, mantenimiento y aumento de empleos industriales, desarrollo de modelos nacionales y potenciación de las capacidades en alta tecnología.

  • Retos y medidas para el desarrollo del consumo interno en China: la prestación de servicios básicos por lugar de residencia efectiva

Una de las claves a largo plazo para la relación comercial entre China y el resto del mundo es el desarrollo del consumo interno chino. Uno de los elementos que tradicionalmente han supuesto una mayor propensión al ahorro es la vinculación de la prestación de servicios sociales al tradicional sistema de registro de hogares (hùkǒu), afectando a la población urbana sin hukou local, que, conforme a los datos de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, engloba actualmente a más de 250 millones de personas, de las que unas 170 millones son migrantes de origen rural y sus familias. 

El 22 de mayo de 2026 se publicó el Dictamen del Consejo de Estado para la promoción de la prestación de servicios básicos en los lugares de residencia. Este hito, que responde a una transformación gradual del sistema, supone una base clave para la vincular al lugar de residencia habitual las plazas públicas en la educación obligatoria, el alquiler de vivienda pública, la participación en el sistema de seguridad social, la cobertura sanitaria básica, los servicios públicos básicos de empleo, y los servicios de protección mínima para menores, ancianos y personas con discapacidad. 

Con el desarrollo de este tipo de medidas, la economía china podrá basar su crecimiento en mayor medida en el consumo interno, potenciando en consecuencias las importaciones, será menos dependiente de las exportaciones y de la inversión, y permitirá, en definitiva, una relación comercial más equilibrada con otros Estados y bloques económicos.