Durante los últimos años, el concepto de de-risking se ha convertido en una de las expresiones más utilizadas para definir la política de la Unión Europea hacia China. Reducir riesgos sin llegar al desacoplamiento económico era la fórmula con la que Bruselas trataba de encontrar un difícil equilibrio entre dos realidades: China es al mismo tiempo un socio económico fundamental y un competidor en sectores estratégicos. Tres años después, una nueva expresión parece abrirse paso en el vocabulario comunitario: el “China shock”.
En su discurso sobre el estado de la Unión del pasado 16 de septiembre, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, calificó de insostenible el déficit comercial europeo con China y advirtió de que Europa estaría experimentando un segundo China shock, esta vez asociado al riesgo de desindustrialización. No estamos ante una cuestión menor. En 2025, la Unión exportó a China bienes por valor de 199.600 millones de euros e importó por 559.400 millones, generando un déficit cercano a los 360.000 millones: prácticamente mil millones de euros diarios.
El problema, sin embargo, difícilmente puede reducirse a una cifra. La naturaleza de los intercambios resulta igualmente significativa. Casi el 97 % de las importaciones europeas procedentes de China son productos manufacturados y más de la mitad corresponde a maquinaria y vehículos. China continúa siendo, además, el principal origen de las importaciones extracomunitarias.
La cuestión nos lleva inevitablemente a preguntarnos: ¿estamos asistiendo a un cambio de paradigma en las relaciones económicas entre China y la Unión Europea?
El de-risking nunca pretendió significar “decoupling”. Cuando la Comisión comenzó a desarrollar el concepto en 2023, insistió precisamente en que el objetivo era reducir determinadas dependencias críticas, manteniendo al mismo tiempo abierta una relación económica que, por su dimensión, hacía poco realista cualquier planteamiento de ruptura. La UE y China representan conjuntamente cerca del 30 % del comercio mundial de bienes y servicios y más de un tercio del PIB global.
Sin embargo, desde entonces han aumentado las fricciones. Bruselas señala la existencia de distorsiones derivadas de subvenciones, sobrecapacidad industrial y dificultades de acceso de las empresas europeas al mercado chino. Pekín, por su parte, rechaza estas acusaciones y considera que algunas medidas europeas encubren una creciente tendencia proteccionista. El conflicto sobre los vehículos eléctricos constituye probablemente su manifestación más visible, pero no la única: materias primas críticas, baterías, productos químicos, acero o tecnologías verdes forman parte de una discusión mucho más amplia sobre seguridad económica y autonomía industrial.
La actualidad de estos últimos días resulta especialmente reveladora. Según las informaciones conocidas, la UE estaría planteando incluso una limitación voluntaria de las exportaciones chinas de vehículos híbridos al mercado europeo. China ha respondido señalando que cualquier solución debe respetar las normas de la OMC y los principios de competencia leal. Mientras tanto, el comisario europeo de Comercio, Maroš Šefčovič, mantiene abierto el diálogo con Pekín con el objetivo de obtener avances concretos en octubre.
Europa tiene razones legítimas para protegerse frente a prácticas que puedan distorsionar la competencia y para evitar dependencias excesivas en sectores estratégicos. La autonomía estratégica difícilmente sería compatible con sustituir una dependencia energética por nuevas dependencias industriales o tecnológicas. Pero tampoco debería confundirse autonomía con aislamiento.
Existe, además, una paradoja particularmente europea. La transición verde exige acelerar la electrificación, desarrollar las energías renovables y reducir costes tecnológicos; precisamente algunos de los sectores en los que la capacidad productiva china puede contribuir a alcanzar esos objetivos. Proteger la industria europea y, simultáneamente, mantener una transición ecológica competitiva obliga por ello a encontrar equilibrios bastante más sofisticados que la simple imposición de nuevas barreras comerciales.
Quizá ahí se encuentre el verdadero significado que debería conservar el de-risking. La relación entre China y Europa no puede construirse únicamente desde la dependencia, pero tampoco exclusivamente desde la rivalidad. Competencia, protección y cooperación no son conceptos incompatibles.
La autonomía estratégica europea consiste precisamente en disponer de capacidad suficiente para decidir dónde competir, dónde protegerse y dónde cooperar. El desafío no es elegir entre China y Europa, sino construir una relación más equilibrada en la que apertura y reciprocidad puedan seguir formando parte de la misma ecuación.
Javier Porras Belarra
Doctor en Estudios Europeos. Profesor de Derecho de la Unión Europea, Derecho Internacional Público y RRII. Vicepresidente de la Fundación Cátedra China
Fuentes y referencias:
- Comisión Europea. (2026, 16 de septiembre). 2026 State of the Union Address by President von der Leyen. European Commission
- Comisión Europea, Directorate-General for Trade and Economic Security. (2026). EU trade relations with China. European Commission
- Eurostat. (2026, 10 de abril). Trade in goods with China in 2025. Eurostat News. European Commission – Eurostat
- Eurostat. (2026, 29 de junio). EU trade in rare earth elements increased in 2025. Eurostat News. European Commission – Eurostat
- Eurostat. (2026, agosto). EU trade with China – Latest developments. Statistics Explained. European Commission – Eurostat
- Eurostat. (2026, 26 de agosto). Top trade in goods partners in Q2 2026: US and China. Eurostat News. European Commission – Eurostat
- Reuters. (2026, 8 de septiembre). EU wants initial Chinese action on trade gap by early October.
- Reuters. (2026, 18 de septiembre). China says it will monitor EU moves on Chinese hybrid cars, opposes ‘voluntary limit’ on exports.
- Reuters. (2026, 22 de septiembre). China supports investment by its automakers in Europe, commerce minister says.
- Von der Leyen, U. (2023, 13 de septiembre). 2023 State of the Union Address. European Commission. European Commission Audiovisual Service


