China, Iberofonía y la construcción de un mundo compartido
Intervención de Marta Montoro Carrión
Presidenta Ejecutiva de la Fundación Cátedra China
Foro de Santander · 16 de octubre de 2026
Distinguidas autoridades, señoras y señores, queridos amigos:
Quiero comenzar agradeciendo a la Fundación Universitaria Iberoamericana y a la Universidad Europea del Atlántico la invitación a participar en este Foro y, especialmente, la posibilidad de compartir esta reflexión con representantes del mundo académico, cultural e institucional de China, España, Portugal y de los países que forman parte de ese amplio espacio humano y cultural que llamamos Iberofonía.
Para mí tiene un significado especial hablar hoy de lenguas, culturas y civilizaciones. Procedo de La Mancha, de Quintanar de la Orden, una tierra que puede parecer alejada de China geográficamente, pero no tanto si entendemos que llevamos con nosotros una identidad, una memoria, una lengua y una manera de mirar el mundo.
Desde mis orígenes manchegos hasta mi responsabilidad actual al frente de la Fundación Cátedra China, hay un hilo que permanece: conocer al otro no nos hace menos nosotros; nos hace más capaces de comprender quiénes somos y qué podemos construir juntos.
La idea que quisiera compartir hoy: la armonía no exige uniformidad.
No necesitamos ser iguales para entendernos ni compartir la misma historia para construir un futuro común. Necesitamos convertir nuestras diferencias en una fuente de conocimiento y cooperación.

China y la pregunta de cómo vivir juntos
Cuando hablamos de China en el siglo XXI hablamos de una gran potencia económica, tecnológica, científica y política. Pero comprenderla exige mirar también más allá de sus cifras y acercarnos a una civilización que durante miles de años ha reflexionado sobre cuestiones esenciales: cómo preservar la paz, gobernar sociedades complejas, convivir con la diversidad y contribuir al equilibrio del conjunto.
En esa tradición encontramos un concepto de enorme profundidad: 天下, Tianxia, literalmente, «todo bajo el cielo».
No creo que debamos trasladar mecánicamente un concepto de la China antigua a la realidad internacional del siglo XXI. Pero sí podemos encontrar en él una pregunta de extraordinaria actualidad: ¿cómo podemos vivir juntos en un mundo que compartimos?
El cambio climático, la inteligencia artificial, la energía, el comercio, la seguridad alimentaria o la investigación científica atraviesan las fronteras nacionales. Nuestra interdependencia es una realidad.
De ahí que en la visión contemporánea china haya adquirido importancia la idea de una Comunidad de Futuro Compartido para la Humanidad. Más allá de las distintas interpretaciones que pueda suscitar, contiene una cuestión esencial: podemos tener caminos diferentes y compartir desafíos y responsabilidades.
No significa recorrer el mismo camino, sino reconocer que caminamos sobre el mismo planeta.
La armonía como convivencia de las diferencias
Existe otro concepto de enorme importancia en la tradición china: 和, hé, la armonía. Y aquí encontramos una idea especialmente valiosa para nuestro tiempo.
La armonía no significa uniformidad.
La armonía puede entenderse como la capacidad de mantener diferentes elementos dentro de un espacio común sin que la diferencia se convierta necesariamente en conflicto.
Durante demasiado tiempo hemos mirado las relaciones internacionales desde categorías binarias: Oriente y Occidente, nosotros y ellos. Pero el siglo XXI nos exige una mirada más compleja: qué podemos aprender unos de otros sin dejar de ser quienes somos.
Y aquí adquiere especial relevancia la Iniciativa de Civilización Global, propuesta por el presidente Xi Jinping, que sitúa entre sus principios el respeto a la diversidad de civilizaciones, el reconocimiento de valores compartidos, la transmisión y renovación cultural y el intercambio y aprendizaje mutuo.
Podemos debatir sus planteamientos desde nuestras respectivas perspectivas. Pero ninguna civilización debería considerarse la medida de todas las demás.
China tiene mucho que aprender del mundo y el mundo tiene mucho que aprender de China. Dialogar no significa convencer al otro; significa estar dispuesto también a escucharle.
Las lenguas como puentes entre civilizaciones
Y aquí llegamos al núcleo de este Foro.
Si queremos hablar realmente de diálogo entre civilizaciones, tenemos que hablar necesariamente de lenguas. Una lengua no es únicamente información: contiene memoria, literatura, filosofía, historia y una determinada forma de interpretar la realidad.
Por eso defender la diversidad lingüística es también defender la diversidad cultural.
Y existe una oportunidad extraordinaria para poner en relación tres grandes espacios lingüísticos: el chino, el español y el portugués.
No se trata de sustituir unas lenguas por otras, sino de incorporar más voces al diálogo internacional.
El chino conecta con China; el portugués, con Europa, Brasil y África; y el español, con Europa, América Latina y África.
Por eso la Iberofonía no debe entenderse únicamente como una realidad lingüística. Es también una realidad cultural, intercontinental y humana.
España ocupa una posición singular por su dimensión europea, atlántica, mediterránea e iberoamericana; Portugal aporta una conexión extraordinaria con el mundo lusófono.
Y cuando estos espacios entran en contacto con China aparece una posibilidad de enorme interés: crear nuevas redes de conocimiento entre Asia, Europa, América Latina y África.
Macao: de experiencia histórica a plataforma de futuro
En esta conversación, Macao puede desempeñar un papel especialmente interesante.
Macao es China y, al mismo tiempo, conserva una experiencia histórica singular de encuentro entre China y el mundo portugués. El chino y el portugués conviven allí como lenguas oficiales, y esa realidad constituye una experiencia de contacto entre culturas que posee un valor que va mucho más allá de lo lingüístico.
Esa experiencia puede proyectarse hacia el futuro.
China continental, Macao, Portugal, Brasil, los países africanos de lengua portuguesa, España y América Latina pueden formar parte de una red de cooperación que vaya más allá del comercio: educación, investigación, cultura, tecnología, ciudades, patrimonio y, sobre todo, conocimiento entre personas.
Macao podría convertirse así, todavía más, en una plataforma asiática de conexión entre China y el espacio iberófono.
No como un espacio frente a otros, sino como un puente hacia otros.
España y la Fundación Cátedra China
España puede aportar a esta conversación una función de conexión. No tenemos que hablar en nombre de América Latina ni de Portugal; cada sociedad tiene su propia voz. Pero sí podemos contribuir a que esas voces se encuentren.
Y aquí adquiere todo su sentido el trabajo de la Fundación Cátedra China, cuya responsabilidad tengo el honor de ejercer como Presidenta Ejecutiva.
Nuestra Fundación tiene una vocación clara: contribuir al conocimiento mutuo entre España y China, favorecer el diálogo y ayudar a comprender la China real del siglo XXI, más allá de estereotipos y simplificaciones.
Nuestra premisa: conocer antes de juzgar.
Pero el momento actual nos invita a dar un paso más: la relación entre España y China puede ampliarse hacia universidades, ciudades, empresas, investigadores, jóvenes e instituciones culturales.
Y dentro de esa evolución España puede desempeñar una función de conexión entre China y el espacio iberófono.
Desde la Fundación Cátedra China queremos contribuir a ello desde nuestra propia naturaleza: una institución de conocimiento, diálogo y entendimiento. No para sustituir a nadie ni construir un espacio contra otros, sino para construir un espacio con otros.
Santander, una ciudad abierta al mundo
Por eso tiene sentido que esta conversación tenga lugar aquí, en Santander.
España puede conectar universidades españolas, portuguesas y latinoamericanas con instituciones chinas, favorecer intercambios, establecer vínculos entre ciudades y desarrollar proyectos culturales. Y puede ayudar a las nuevas generaciones a descubrir que conocer al otro no significa renunciar a lo propio; significa enriquecerse.
Ésta es también una lección de La Mancha: cuando una identidad está arraigada, puede abrir la puerta al otro sin dejar de ser ella misma.
Y eso es lo que debería ocurrir también entre las civilizaciones.
Un mundo de múltiples voces
Si regresamos a la pregunta inicial —cómo construir un mundo compartido sin exigir que todos seamos iguales—, necesitamos tres palabras: diálogo, respeto y cooperación.
Diálogo entre Estados, civilizaciones, lenguas, universidades, ciudades y, sobre todo, personas.
No puede existir confianza sin conocimiento ni conocimiento sin voluntad de escuchar.
El mundo que está naciendo no puede ser un mundo de una sola voz. Tampoco puede ser un mundo en el que cada civilización viva encerrada en sí misma.
Necesitamos un multilateralismo capaz de incorporar la diversidad del mundo y una cultura internacional que entienda que las diferencias no son necesariamente una amenaza. Pueden ser una riqueza.
China puede aportar su experiencia histórica y su transformación contemporánea; España, su dimensión europea e iberoamericana; Portugal, su conexión con el mundo lusófono; y América Latina y África, una diversidad imprescindible para comprender el siglo XXI.
Entre todos podemos construir algo que ninguna potencia ni civilización puede construir por sí sola: un mundo capaz de convivir con su propia diversidad.
Conclusión
Señoras y señores:
Quisiera terminar regresando a la idea con la que comencé.
La armonía no exige uniformidad.
Podemos tener historias diferentes y compartir un futuro. Podemos hablar lenguas diferentes y entendernos. Podemos pertenecer a civilizaciones diferentes y respetarnos. Podemos tener experiencias diferentes y aprender unos de otros.
Desde la antigua reflexión sobre Tianxia, 天下, hasta la idea contemporánea de una Comunidad de Futuro Compartido para la Humanidad; desde 和, hé, hasta la Iniciativa de Civilización Global; desde el diálogo entre civilizaciones hasta la construcción de un multilateralismo capaz de escuchar más voces, hay una idea que atraviesa todo este recorrido: necesitamos conocernos para poder cooperar.
Ahí es donde España quiere estar.
Ahí es donde la Fundación Cátedra China quiere estar.
Ahí podemos hacer mucho más juntos: conectar universidades, acercar ciudades, impulsar el conocimiento, formar a nuestros jóvenes y convertir nuestras lenguas en instrumentos de encuentro.
Porque el futuro no pertenece a una sola civilización, ni a una sola lengua, ni a una sola manera de mirar el mundo.
El futuro pertenece a nuestra capacidad de escucharnos, comprendernos y construir juntos.
Ésta puede ser la gran enseñanza: la diversidad lingüística puede conectarnos, las diferencias culturales pueden ayudarnos a conocernos y las civilizaciones pueden aprender unas de otras.
Desde Quintanar de la Orden hasta Santander, desde España hasta China, desde el español y el portugués hasta el chino, los caminos pueden ser muy diferentes y, sin embargo, encontrarse.
Porque no necesitamos ser iguales para caminar juntos.
Necesitamos voluntad de conocernos, respeto, diálogo y confianza.
Ésa es, para mí, la verdadera armonía: hacer de nuestras diferencias un puente.
Muchas gracias.
谢谢大家!
Xièxie dàjiā! Obrigado


