El impacto de TikTok, Instagram y X en la percepción de China

Analizar la información sobre China en las nuevas plataformas digitales como X, TikTok o Instagram fue el tema central de una mesa redonda organizada por la Fundación Cátedra China este miércoles. Durante el encuentro, protagonizado por Ángel Gallego y Alberto Ramiro, miembros del Claustro Junior de la Fundación, se destacó que gran parte de los jóvenes utiliza estas redes sociales para informarse, lo que influye en la forma en que se percibe la realidad del país asiático. Mientras algunas plataformas tienden a politizar más el debate, otras se basan en vídeos breves que muestran contenidos culturales, curiosidades o imágenes del país.

Ambos ponentes, en una mesa moderada por el adjunto a la presidencia de la Fundación Cátedra China, Fernando Morales, reflexionaron sobre el impacto de los algoritmos, la circulación de información y la polarización de discursos en plataformas digitales, así como sobre los retos que plantea la difusión de contenidos sobre China en el ecosistema digital actual.

Alberto Ramiro explicó cómo los algoritmos de las redes sociales determinan en gran medida el tipo de contenidos que consumen los usuarios. Según señaló, estas herramientas están diseñadas para mantener la atención del público, recomendando contenidos similares a aquellos con los que previamente han interactuado. Este funcionamiento, explicó, genera lo que se conoce como «burbujas informativas», en las que los usuarios tienden a consumir información procedente de fuentes y perspectivas similares. Como consecuencia, el debate público puede volverse más polarizado, especialmente en cuestiones geopolíticas.

Ramiro explicó que los algoritmos de las plataformas están diseñados para mantener al usuario el mayor tiempo posible dentro de la aplicación. Para ello, tienden a recomendar contenidos similares a aquellos con los que el usuario ha interactuado previamente. Según señaló, este mecanismo puede provocar que los usuarios vean cada vez menos contenidos distintos o perspectivas alternativas, lo que favorece la formación de «burbujas informativas» y refuerza ideas previas en lugar de ampliar el conocimiento sobre una realidad compleja.

Ambos coincidieron en señalar que el ascenso de China en las últimas décadas ha dado lugar a narrativas muy contrapuestas. Por un lado, existen visiones que presentan al país como un modelo de desarrollo y modernización; por otro, discursos que lo describen como una amenaza estratégica para Occidente. Esta divergencia, indicó, varía según el contexto geográfico: mientras en muchos países occidentales predomina una visión más crítica, en parte del denominado Sur Global China es percibida con mayor admiración por su desarrollo económico y su reducción de la pobreza.

No obstante, cada red social, explicaron, tiende a proyectar una imagen distinta del país. En plataformas como Instagram predominan contenidos centrados en paisajes, ciudades futuristas o elementos culturales, que ofrecen una imagen estética y atractiva de China. Por su parte, TikTok combina dos enfoques: contenidos culturales y virales junto a debates sobre seguridad y regulación.

Asimismo, durante la mesa redonda, se abordaron fenómenos emergentes en redes sociales, como la creciente fascinación por la cultura china entre algunos usuarios internacionales, comparable a otros fenómenos culturales globales como el interés por la cultura japonesa o coreana.

X y Substack: espacios para el debate y el análisis

Por su parte, Gallego destacó el papel de X como espacio central para el debate político y geopolítico sobre el país asiático. Con cientos de millones de usuarios, esta red social concentra una amplia variedad de actores (políticos y periodistas, universidades o centros de investigación) que participan en la discusión pública sobre las relaciones entre China y Occidente. Sin embargo, advirtió que el debate en esta plataforma suele estar fuertemente influido por perspectivas estadounidenses, lo que puede condicionar el enfoque del análisis en Europa.

Como alternativa para un análisis más reposado, Gallego recomendó Substack, una plataforma de boletines y publicaciones donde investigadores y analistas publican artículos extensos sobre política, economía o cultura china. Según explicó, este formato permite profundizar en cuestiones complejas y contextualizar mejor los debates.

También mencionó el creciente interés internacional por la red social china Xiaohongshu, conocida en inglés como RedNote, que ha empezado a atraer usuarios occidentales y a facilitar interacciones directas entre internautas chinos y extranjeros.

Tras exponer las principales diferencias entre el contenido de las diferentes redes sociales, durante sus intervenciones abordaron la circulación de noticias falsas o descontextualizadas, donde la falta de mediación o del tratamiento de un experto provoca, en muchas ocasiones, la proliferación y difusión masiva de contenidos breves y sin contexto que contribuye a difundir percepciones erróneas sobre China.

El desafío de la desinformación y la moderación en el entorno digital

La mesa redonda concluyó con una reflexión sobre el derecho de los ciudadanos a recibir información veraz y contrastada. Los participantes coincidieron en que, en un entorno mediático dominado por plataformas digitales y algoritmos, resulta fundamental fomentar el pensamiento crítico y el acceso a fuentes diversas para comprender con mayor profundidad la realidad de China y sus relaciones con el resto del mundo.

En este sentido, los ponentes coincidieron en que las redes sociales pueden servir como puerta de entrada para que muchos usuarios descubran aspectos de China, especialmente entre los jóvenes que se informan principalmente a través de estas plataformas. Sin embargo, advirtieron de que ese acceso no siempre se traduce en una comprensión profunda del país, ya que el formato de muchas publicaciones y la dinámica propia de las plataformas digitales tienden a fragmentar la información y a simplificar realidades complejas.

Durante el turno de preguntas, se profundizó en los desafíos específicos de la desinformación. Uno de los asistentes puso sobre la mesa un ejemplo: la construcción del falso relato sobre una supuesta «alianza» de China con países como Rusia, Irán o Venezuela. Este concepto, viralizado en plataformas como X, lleva a conclusiones erróneas cuando, ante un conflicto como el de Irán, se acusa a China de «debilidad» por no defender a un aliado. Pero la realidad es que China no tiene compromisos de defensa mutua con Irán, y su política exterior se basa en asociaciones estratégicas. El ejemplo ilustra cómo un relato falso, gestado y repetido durante años, termina condicionando la percepción de acontecimientos actuales.

Esta dinámica desinformativa se ve agravada por las propias limitaciones de las plataformas y sus algoritmos, que como se había señalado previamente, tienden a crear burbujas informativas que refuerzan ideas previas.

A este complejo escenario se suma el impacto de la inteligencia artificial en la formación de opinión. Se alertó sobre cómo distintos modelos de IA ofrecen respuestas contradictorias a preguntas objetivas, evidenciando sesgos según su origen.