Un viaje por la cultura y la ceremonia del té chino

En torno al té no solo hay un ritual o hasta seis variedades diferentes, sino toda una liturgia que involucra no solo el tipo de té sino también los utensilios y el modo de preparación

En torno al té no solo hay un ritual o hasta seis variedades diferentes, sino toda una liturgia que involucra no solo el tipo de té que se debe beber en cada ocasión, sino también los utensilios y el modo de preparación de esta bebida milenaria. Con raíces que se remontan al año 5000 a. C. en la región de Yunnan, el té ha llegado a la actualidad como una de las bebidas chinas por excelencia.

Su descubrimiento se atribuye a Shennong, dios de la agricultura y figura fundadora de la Medicina Tradicional China. Shennong utilizaba el té como antídoto para neutralizar las toxinas de las hierbas venenosas que probaba a diario. Así lo explicó la maestra de té de la Asociación de la Cultura del Té en España y médica de Medicina Tradicional China, Taojing Lei, durante la conferencia ‘Un viaje por la cultura del té chino’, celebrada en la sede de la Fundación Cátedra China junto a la Asociación de la Cultura del Té en España.

Con el paso de los siglos, el té fue encontrando su lugar ceremonial. Durante la dinastía Tang (618-907) se consolidó como la bebida nacional de China. Incluso Japón envió a China a estudiantes, monjes y funcionarios para aprender la cultura, la escritura, la arquitectura y el arte del té de la dinastía Tang.

 Ya en las dinastías Song (960-1279) y Yuan (1271-1368), los monjes chinos crearon rituales como el banquete de té de Jing Shan (径山茶宴), basado en una técnica de preparación que detallaba el entorno, los utensilios y el procedimiento. Lo que al principio era un antídoto se fue convirtiendo, a lo largo de los años, en toda una ceremonia.

No obstante, fue el emperador Zhu Yuanzhang, fundador de la dinastía Ming, quien impulsó un cambio fundamental en el consumo del té. En 1391 abolió el denominado té de tributo, cuya elaboración era muy laboriosa, para favorecer la producción de té a granel, con el objetivo de aliviar la carga de trabajo del pueblo.

Durante la conferencia, la experta dio a conocer la función de los utensilios tradicionales, como la famosa tetera de barro Zisha (紫砂) o la taza de la equidad (公道杯, gōngdào bēi), diseñada para garantizar que la concentración del té sea homogénea al servir. Asimismo, se explicaron las seis grandes categorías de té, estableciendo un paralelismo con el mundo del vino:

  • Té verde: infusión fresca y sin fermentar, que comparte similitudes con un vino blanco fresco como el Sauvignon Blanc.
  • Té blanco: ligeramente fermentado y suave, comparable a un vino natural.
  • Té amarillo: de fermentación ligera y notas delicadas, similar a un Chardonnay sin paso por barrica.
  • Té oolong (azul-verdoso): parcialmente fermentado, destaca por su complejidad y aromas florales y frutales, equiparable a un vino rosado o a un blanco complejo como el Albariño.
  • Té rojo: de fermentación completa, intenso y dulce, con un carácter similar a los vinos tintos como el Merlot o el Cabernet Sauvignon. (Nota: en Occidente se conoce a menudo como «té negro», aunque el té negro chino es una categoría distinta.)
  • Té negro: postfermentado, con aromas a madera y tierra que recuerdan a vinos añejos como el Tempranillo.

La conferencia ofreció un viaje sobre una tradición que no solo ha perdurado durante milenios, sino que sigue en evolución, conectando la salud, la espiritualidad y el placer sensorial en cada taza.

Con iniciativas como esta, la Fundación Cátedra China continúa acercando la cultura china a España, tendiendo puentes al profundizar en las tradiciones y la historia de la cultura china.