El 21 de mayo es el Día Internacional del Té. Una efeméride que en Madrid se celebró con multitud de eventos, entre ellos un encuentro organizado por la Asociación Española de Cultura del Té y el Templo Budista Fo Guang Shan para poner en valor esta cultura milenaria y la ceremonia del té.
Al acto acudió el señor Borja Fanjul, concejal del Ayuntamiento de Madrid y Presidente del Pleno Municipal, quien saludo a las personas asistentes y agradeció la invitación del señor Lin Dong, presidente de la Asociación de la Cultura del Té y de la venerable monja Miao Duo, responsable del centro budista. Rafael de Mora y Carlos Bielsa, asesores expertos de la Fundación Cátedra China acudieron al evento.
Ya en 2005 el Foro Social Mundial reunido en Porto Alegre ( Brasil) recogió las preocupaciones de los pequeños productores y trabajadores del té, y en 2019 la Asamblea General de la ONU estableció el 21 de mayo como día de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO las técnicas tradicionales de cultivo, elaboración y rol social del té. Reconoció así la importancia mundial de esta planta, tras los trabajos del grupo intergubernamental de la FAO (NNUU), en apoyo a los pequeños productores como parte integral de la transformación de los sistemas agroalimentarios.
El té, además de ser la segunda bebida que se consume en el mundo, tras el agua, es más que una bebida. En China es uno de los pilares de su cultura milenaria. Representa la historia, la filosofía y espiritualidad de la vida cotidiana y de los rituales, del pueblo chino, símbolo de armonía y respeto, de unión y reflexión, habiendo traspasado épocas y generaciones, reuniendo a familiares, amigos y compañeros de cualquier ámbito social. Algo que enlaza con otra celebración global en esta fecha, el Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo.
Según la mitología china, el té fue descubierto hace casi cinco mil años por el emperador Shen Nong, el «Divino Granjero», dios de la Agricultura, mientras hervía agua y unas hojas cayeron al recipiente. La primera documentación sobre el té aparece entre los siglos II y III d.C. durante la Dinastía Han Oriental. Refieren que Shen Nong neutralizó con té numerosos venenos de hierbas que probó.
Durante las Dinastías Wei, Jin, y de los Reinos del Norte y del Sur (años 222-589 d. C.) comienza el cultivo artificial de árboles de té. Aparecen las gachas de té «mingzhou» que han permanecido hasta hoy con variedades similares en varias provincias del sur de China, conocidas como «lei cha».




El auge del té se produjo durante las Dinastías Sui y Tan (años 581-618 d.C ), cuando se extiende del ámbito de la corte y esta bebida es recibida con agrado por el pueblo, convirtiéndose en la bebida nacional. En este período es cuando el imperio japonés envía a China a estudiantes, monjes y funcionarios para que aprendiesen sobre el cultivo y la cultura del té.
También el té es muy valorado en la Medicina Tradicional China por sus propiedades medicinales, fomentando una vida saludable y equilibrada. Según su naturaleza (fría, neutra o caliente) sirve para equilibrar el Yin y el Yang, mejorar la digestión, drenar la humedad y promover la circulación de la energía vital, Qi. Actúa sobre el hígado y la vesícula biliar, disuelve toxinas y depura el organismo.
La República Popular China por su amplitud geográfica y diversidad climática tiene varias regiones productoras de té reconocidas mundialmente, como Fujian, Hunan, Zhejiang, Anhui, Jiangsu y Yunnan, entre otras.
Cada taza cuenta una historia y cada aroma una tradición. Incluso la preparación de la ceremonia del té ( chayi), la utilización de cada uno de los utensilios se realiza con esmero y dedicación, simbolizando una relación de amistad y deseos de salud y prosperidad.
No todos los tés son iguales en sabor ni se toman en los mismos momentos, algo parecido a nuestros vinos. Las condiciones naturales del terreno y las diversas costumbres locales han desarrollado varias categorías de té: desde la frescura de los tés verdes sin fermentar hasta los aromas intensos, a tierra y madera, y de madurez de los tés negros, pasando por los tés blancos, amarillos, oolong, rojos, que con añadido de diferentes procesamientos con aromas de flores nos permite hablar de más de dos mil variedades de aromas, colores y sabores.
Algunas de las denominaciones del té chino: Shifeng Longjing ( Pozo del Dragón-Shifeng); Mengding Langfei ( Consorte de la Orquidea de Mengding); Baihao Yinzhun ( Aguja de Plata); Huoshan Huangya ( Brote Amarillo de Huoshan); Enshi Yulu ( Rocio de Jade de Enshi); Pu’er Shu Cha ( Té Pu-erh maduro); Dianhong ( té negro de Yunnan); Qimen Hongcha ( té negro de Keemun).
En el mundo cada forma de preparar el té es una manera distinta de entender las comunidades, del matcha japonés al chai indio, del té blanco chino al rooibos sudafricano, de la menta marroquí a la yerba mate argentina. Y todas forman parte de nuestra Civilización Global como seres humanos.
La diversidad no es solo coexistir. Es aprender de los otros, la amistad entre los pueblos y las relaciones interculturales pueden empezar con algo tan sencillo como una taza de té.
En Madrid, en Chinatown Usera y en otros lugares de nuestra ciudad, generaciones jóvenes de la comunidad china y organizaciones como la Asociación de la Cultura del Té están recuperando y difundiendo la elaboración tradicional de esta bebida junto con nuevas experiencias gastronómicas asociadas a esta planta (pasteles, pastas, nuevos platos y condimentación de los mismos…).
He tenido la satisfacción de conocer esos lugares y disfrutar varias veces de tan maravillosa sensación.
¡Seguiremos aprendiendo más de esta cultura milenaria del té y de su expresión ceremonial de amistad y paz!


