A TU SALUD MARCELO

y de Paquita, a quien quisiste tanto y tuviste presente hasta el final.

Que despedida tan bonita nos dedicaste, no dejaste de mostrar ese gesto tuyo, algo socarrón, de sonrisa en la boca y en los ojos. Un pelín duro de oído, eso sí, pero en cuanto subíamos un poco el tono, captabas todo.

Te despediste con palabras, poesía y música, un lujazo, y todo tan secillo, tan íntimo, tan entrañable. Nunca se sabe, pero no será fácil que vuelva a vivir un momento como ese.

Me has brindado la oportunidad de conocer a parte de tu familia, entre ellos a  Susan, madre mía, qué mujer, también de Jaraiz ella. Y ese hombre, Miguel, venido del otro lado del Atlántico, tu compañero inseparable en los últimos meses.

Y ahora, estás inscrito en los anales de la Historia Universal. No somos los españoles dados a cultivar la Historia, ni la nuestra ni la de nadie. Más bien parece que procuramos ignorarla, incluso contradecirla, la nuestra y la de otros. Pero la realidad y los hechos son muy tozudos, aunque muchos intenten falsear y desdibujarlos, recurriendo a falsedades  repetidas una y mil veces con el respaldo de vehículos  tecnológicos de desinformación.

La historia humana es muy dilatada, en el tiempo y en el espacio geográfico. Es verdad que podríamos extinguirnos o casi, dada la capacidad destructiva de ciertas armas. Pero es vedad también que los pobres y parias de la tierra hoy están en mejores condiciones que nunca antes para construir un mundo en paz y dosis de bienestar que alcance a todos.

Y tú te diste cuenta de todo ello. Primero viviste tu país, desgarrado por una terrible guerra civil, después sumido en una larga dictadura. Lo viste y viviste de primera mano. Te pusiste manos a la obra, quisiste emplear tu vida en mejorar la de todos, procurar un mundo mejor, e hiciste lo que pudiste, que no fué poco. Nos conocimos entonces.

Después descubriste China, la viviste de cerca, profundamente, viste sus transformaciones, algunas increíbles, entonces y ahora. Tanto hiciste que, aunque en nuestro propio país casi has pasado desapercibido hasta ahora, en China te han reconocido con el título extraordinario de Embajador de Amistad con el Pueblo Chino  (2024), ahí es nada.

Cuando te despediste de nosotros, lo hiciste en una lengua maravillosa, la lengua de Cervantes, el español hasta hace algún tiempo conocida como “castellano”, que junto con el portugués configura la Iberofonía, combinación de lenguas que encarna una de las civilizaciones humanas más longevas y mestizas del planeta, destinada a procurar ese destino compartido para la humanidad, en paz igualdad y bienestar que tanto ansiabas y que los que nos quedamos, intentaremos hacer  realidad lo antes posible. Nos dejas una buena herramienta para ello en Cátedra China.

Me gustaría darte un abrazo, pero a partir de ahora no será posible, así que

Brindo por ti, SALUD

Manuel Fernández, amigo y Asesor de Cátedra China