La inteligencia artificial ya puede redactar un primer borrador de un informe, resumir cientos de documentos, generar código, clasificar solicitudes de clientes, detectar anomalías en una cadena de producción o ayudar a decidir qué mercancías deben salir primero de un almacén. En muchos casos, estas herramientas no sustituyen por completo a la persona que realizaba el trabajo, pero sí modifican una parte de sus tareas.
Esta transformación plantea una cuestión que va más allá de la tecnología. Si cambian las tareas que realizan las personas, también pueden cambiar las competencias que necesitan las empresas, la formación que reciben los trabajadores, las ocupaciones que reconoce oficialmente un país y, finalmente, la manera en que funcionan sus servicios de empleo.
China empieza a incorporar esta cuestión de forma cada vez más explícita a su política laboral.
El 10 de octubre, el Ministerio de Recursos Humanos y Seguridad Social anunció que pondrá en marcha la Iniciativa para Promover el Empleo mediante la Adaptación al Desarrollo de la Inteligencia Artificial, dentro de un nuevo conjunto de medidas destinadas a apoyar el empleo durante el XV Plan Quinquenal, correspondiente al periodo 2026-2030.
La expresión, 适应人工智能发展促就业行动 (iniciativa para promover el empleo ante el desarrollo de la inteligencia artificial) contiene dos verbos: 适应 que significa adaptarse o ajustarse a una nueva situación, y 促就业 que significa promover el empleo. Con la elección de estas dos palabras dejan claro que no se habla únicamente de desarrollar inteligencia artificial, sino de adaptar también las políticas laborales a sus efectos.
Una nueva iniciativa, todavía sin un programa detallado
El anuncio fue realizado por el viceministro de Recursos Humanos y Seguridad Social, Li Zhong, durante una conferencia de prensa dedicada a las prioridades de empleo y seguridad social del XV Plan Quinquenal.
El Gobierno presentó varias líneas de actuación destinadas a estabilizar el empleo, mejorar los servicios públicos, reforzar la formación profesional y aumentar la protección de los trabajadores. Entre ellas, además de la iniciativa para adaptar el empleo al desarrollo de la inteligencia artificial, figuran también un plan de apoyo al empleo juvenil, medidas para mejorar la calidad del empleo flexible y de las nuevas formas de trabajo, nuevas actuaciones de formación profesional, programas destinados a los trabajadores migrantes y una ampliación de los servicios públicos de empleo.
Li Zhong señaló expresamente la necesidad de responder al impacto que tecnologías como la inteligencia artificial pueden tener sobre el mercado laboral y vinculó esta actuación a una idea que las autoridades han formulado como “promover que la tecnología avance de forma positiva y que el empleo evolucione hacia nuevas y mejores oportunidades”.
Por ahora, sin embargo, las fuentes oficiales consultadas no detallan un calendario independiente, presupuesto, número de beneficiarios o catálogo completo de medidas correspondiente a esta iniciativa concreta. No podemos, por tanto, describirla como un programa plenamente desplegado. Lo que sí sabemos es que China ha convertido la adaptación del empleo a la IA en una línea explícita de actuación de su política laboral.
La iniciativa no es nueva, comenzó con el XV Plan Quinquenal
El anuncio adquiere más sentido cuando se observa el documento que lo precede. En junio de 2026, el Consejo de Estado aprobó el Plan para la Implementación de la Estrategia de Prioridad al Empleo durante el XV Plan Quinquenal.
Ese documento ya incorporaba un apartado titulado “Adaptarse al desarrollo de la inteligencia artificial para promover el empleo y el emprendimiento”. Entre sus objetivos figuraban reforzar el efecto de la IA sobre la creación de empleo, explorar nuevas formas de colaboración entre personas y máquinas, aprovechar la inteligencia artificial en los servicios y las políticas de empleo y desarrollar mecanismos que permitan identificar con mayor antelación sus posibles riesgos laborales.
Es importante aclarar que China no está anunciando de repente que la inteligencia artificial puede afectar al empleo. Esa posibilidad ya forma parte de su planificación para 2026-2030. La novedad del 10 de octubre consiste en que esa orientación general empieza a traducirse en una “acción” específica dentro de la agenda del Ministerio de Recursos Humanos y Seguridad Social.
La política, además, tiene una doble dirección: por una parte, se busca que la IA genere nuevas actividades, ocupaciones y oportunidades empresariales, y por otra, se contempla la necesidad de formar a los trabajadores, adaptar los servicios de empleo y vigilar los posibles efectos negativos sobre determinadas ocupaciones.
Un mercado laboral que no puede resumirse en una sola cifra
El anuncio llega en un momento en el que los principales indicadores agregados muestran una situación relativamente estable, pero con diferencias importantes entre colectivos.
Entre enero y septiembre de 2026 se contabilizaron 10,52 millones de nuevos empleos urbanos, equivalentes al 87,7% del objetivo previsto para el conjunto del año. La tasa media de desempleo urbano obtenida mediante encuesta fue del 5,2% durante los ocho primeros meses. Los dos indicadores miden cosas diferentes. Los “nuevos empleos urbanos” son una medida administrativa de las personas que acceden a un empleo en las ciudades durante el periodo. No equivalen al crecimiento neto del empleo total, porque no descuentan todas las salidas del mercado laboral ni representan por sí solos lo que ocurre en las zonas rurales. La tasa de desempleo urbano encuestado intenta medir, en cambio, qué proporción de la fuerza laboral urbana se encuentra desempleada en un determinado momento.
Las medias nacionales tampoco permiten hablar de un mercado laboral homogéneo. En agosto, por ejemplo, la tasa de desempleo entre los jóvenes de 16 a 24 años que no se encontraban estudiando se situaba en el 18,9%, mientras que entre los trabajadores de 30 a 59 años era considerablemente menor. A ello se suma la llegada de unos 12,7 millones de graduados universitarios en 2026, 480.000 más que el año anterior.
Por eso, hablar de los efectos de la IA sobre “el empleo en China” como si existiera una única realidad laboral resultaría engañoso. Sus consecuencias pueden ser distintas para un recién graduado, un operario industrial, un trabajador de una plataforma digital, un programador o un administrativo de mediana edad.
Nuevas profesiones y 50 millones de formaciones
Una de las herramientas con que China intenta seguir el ritmo de ese cambio es su catálogo oficial de profesiones, actualizado periódicamente.
En septiembre de 2026 se reconocieron 11 nuevas ocupaciones y 23 nuevos tipos de trabajo, entre ellos el técnico de aplicación de robots con inteligencia incorporada, el técnico de ingeniería de gemelos digitales o el modelador digital de productos industriales. El perfil de entrenador de inteligencia artificial ya figuraba antes en la clasificación, lo que refleja cómo el catálogo crece a medida que la digitalización genera funciones que hace pocos años ni siquiera existían como categoría. Durante el quinquenio se prevén más de 200 estándares profesionales nacionales nuevos o revisados, que sirven de base para diseñar formación, evaluación y certificación.
La formación es la segunda pilar de la estrategia.
El 10 de octubre se mencionó la iniciativa 技能照亮前程培训行动 («formación para que las competencias abran camino al futuro«), aunque esta medida tampoco nace ahora: el ministerio la puso en marcha en marzo de 2025 con horizonte hasta finales de 2027, combinando necesidades reales de contratación, formación, evaluación de competencias y colocación laboral, con prioridad en trabajadores migrantes rurales, graduados desempleados y colectivos con mayores dificultades.
Solo en la primera mitad de 2026 participaron más de 5,5 millones de personas en formación profesional subvencionada, con programas específicos en inteligencia artificial, fabricación avanzada, vehículos de nueva energía o atención a mayores. El objetivo para el quinquenio alcanza las 50 millones de participaciones y 40 millones de nuevas certificaciones, además de formación general en IA para trabajadores en activo, no solo para quienes entran ahora en el sistema educativo. Algunas provincias ya avanzan por su cuenta: Jiangsu ha fijado un mínimo de 200.000 formaciones anuales relacionadas con IA.
En paralelo, el Ministerio de Educación publicó en abril su Plan de Acción «Inteligencia Artificial + Educación», orientado a integrar la IA en el sistema educativo antes de 2030, y el catálogo universitario de 2026 incorporó nuevas especialidades como la inteligencia incorporada. Son piezas de distintos ministerios que responden al mismo problema: acortar la distancia entre lo que enseña el sistema educativo y lo que demanda una economía cada vez más automatizada.
La IA entra también en las oficinas de empleo
En junio, varios organismos aprobaron directrices para aplicar inteligencia artificial al sistema de recursos humanos y seguridad social, con escenarios que incluyen la creación de mapas de conocimientos profesionales, la generación de currículos, el emparejamiento entre candidatos y puestos, la orientación personalizada, entrevistas inteligentes y herramientas para analizar el impacto de la IA sobre ocupaciones concretas. El objetivo oficial es desarrollar unos 20 escenarios basados en grandes modelos en 2026, cincuenta itinerarios de alto valor en 2027 y extender el uso hacia 2030. En Fujian ya funcionan servicios que ayudan a redactar currículos, recomiendan puestos o responden consultas sobre políticas de empleo, con derivación a atención humana cuando procede.
Esta automatización abre preguntas sobre protección de datos, transparencia y discriminación algorítmica que las propias directrices oficiales reconocen, al exigir seguridad de datos, protección de la información personal, ética y fiabilidad algorítmica. Y en un terreno adyacente, el ministerio abrió a consulta pública apenas dos días antes del anuncio un proyecto de medidas para reforzar los derechos de los trabajadores de plataformas digitales, un colectivo cuyas condiciones laborales dependen cada vez más de algoritmos que asignan pedidos y tiempos. China ya había publicado en 2024 orientaciones sobre transparencia en las reglas algorítmicas de plataformas laborales.
Lo que está en juego
Durante años, la atención internacional sobre la estrategia china de IA se ha centrado en modelos, chips, robots e inversiones. La política laboral añade una capa distinta: intenta conectar la modernización tecnológica con formación, nuevas profesiones, servicios públicos y vigilancia de riesgos, acelerando el uso económico de la tecnología mientras adapta las instituciones que rodean al trabajo. Es pronto para evaluar si funcionará, y ninguna fuente oficial permite anticipar cuántos empleos desaparecerán ni qué colectivos soportarán el mayor peso de la transición.
Lo que sí empieza a quedar claro es que la inteligencia artificial ha dejado de ser para Pekín únicamente una cuestión de política tecnológica o industrial. También está entrando en el empleo, la universidad, la formación profesional y la protección laboral. El reto de los próximos años no será solo contar robots instalados o empresas que usan IA, sino observar qué partes del trabajo humano cambian, si las nuevas competencias llegan a quienes las necesitan y hasta qué punto el sistema consigue acompañar una transformación que ya está en marcha.
El otro lado de la estrategia china de inteligencia artificial
Durante los últimos años, buena parte de la atención internacional sobre la estrategia china de IA se ha concentrado en modelos, chips, centros de datos, robots, inversiones o empresas tecnológicas.
La política laboral añade otra capa. El XV Plan Quinquenal de empleo intenta conectar la modernización industrial y tecnológica con formación, nuevas profesiones, servicios públicos de empleo y mecanismos de seguimiento de los riesgos laborales. Al mismo tiempo, China pretende utilizar la propia inteligencia artificial para mejorar esos servicios.
Las dos direcciones pueden parecer contradictorias, pero forman parte del mismo proceso: acelerar la utilización económica de una tecnología y, al mismo tiempo, intentar adaptar las instituciones que rodean al trabajo. Lo que sí empieza a quedar claro es que la inteligencia artificial ha dejado de ser para China únicamente una cuestión de política tecnológica o industrial y también está entrando en la política de empleo, la formación profesional, la universidad, los servicios públicos y la protección laboral.


