Dra. Luo Huiling (profesara de la Universidad Complutense de Madrid)
Una reflexión sobre las diferencias culturales, la memoria histórica y los límites del humor en las relaciones entre China y Occidente.
La reciente polémica suscitada por una broma de Kylian Mbappé relacionada con Mao Zedong ha generado malestar en China, también ha puesto de relieve las diferencias culturales que persisten en la comunicación entre Oriente y Occidente. Más allá del episodio, cabe preguntarse por qué ciertas expresiones pueden resultar ofensivas en otra cultura.
Desde una perspectiva intercultural, las palabras de Mbappé constituyen una imprudencia, aunque no necesariamente sea intencional para ofender. Reflejan una falta de sensibilidad hacia determinados valores históricos y culturales de la sociedad china. En un mundo cada vez más interconectado, especialmente para las figuras públicas de proyección internacional, desconocer estas diferencias puede tener consecuencias que trascienden ampliamente la intención inicial.
Mao Zedong: más allá de una figura política
Todas las culturas poseen sus propias sensibilidades, vinculadas a su historia, sus tradiciones y sus valores. Así como en las sociedades de tradición cristiana o musulmana determinadas cuestiones religiosas pueden suscitar reacciones intensas, en China existen sensibilidades relacionadas con la memoria histórica y el respeto hacia determinadas figuras del pasado. La tradición confuciana, profundamente arraigada en la cultura china, concede especial importancia al respeto a los mayores, a los antepasados y a quienes han contribuido al bienestar colectivo. Esto no implica excluirlos de la crítica, sino reconocer que la forma de referirse a ellos también tiene su importancia.
Desde esta perspectiva, para el pueblo chino, Mao Zedong representa mucho más que un dirigente político. Su figura está estrechamente vinculada a la historia contemporánea del país y, especialmente, a la fundación de la República Popular China en 1949. Además de líder revolucionario y estratega político y militar, fue también pensador, ensayista y poeta. Su legado trasciende, por tanto, el ámbito político y ocupa un lugar singular en la memoria histórica y cultural china.
Reconocer esta dimensión no significa ignorar los errores de algunas de sus políticas. La propia valoración oficial china de su trayectoria distingue entre sus contribuciones y sus equivocaciones, resumidas habitualmente en la conocida proporción del 70 % de méritos frente al 30 % de errores. Aunque esta apreciación no constituye una medición histórica objetiva ni es universalmente compartida, refleja la complejidad de su legado y de su valoración dentro de China.
Por ello, conviene establecer una distinción fundamental: una cosa es analizar críticamente la actuación de un personaje histórico y otra muy distinta es convertirlo en objeto de burla.
La crítica y la burla: una distinción necesaria
En cualquier sociedad, la reflexión crítica sobre los personajes históricos resulta necesaria. Mao Zedong, como cualquier otro dirigente político, puede ser estudiado desde diferentes perspectivas. La historia no puede construirse únicamente a partir de la admiración, del mismo modo que tampoco debería reducirse a la descalificación.
Sin embargo, la crítica y la burla no cumplen la misma función. La primera busca examinar o valorar determinados hechos y decisiones mediante argumentos. La segunda puede perseguir simplemente un efecto humorístico, sin atender necesariamente a la sensibilidad de quienes reciben el mensaje.
La sátira es también una forma de expresión crítica en unas sociedades. No obstante, cuando se dirige a figuras que ocupan un lugar especialmente significativo en la memoria colectiva de otro país, conviene considerar tanto la intención como el contexto y la recepción del mensaje.
El problema, por tanto, no consiste en afirmar que Mao Zedong no pueda ser criticado; lo que suscita rechazo entre muchos ciudadanos chinos es la percepción de que una figura de semejante relevancia histórica pueda ser tratada de manera frívola o despectiva. Lo que está mal, no es la crítica, sino la burla gratuita que prescinde del respeto y del conocimiento del otro.
A ello se añade una cuestión lingüística que merece atención. Palabras como «dictador», «líder», «dirigente» o «gobernante» poseen connotaciones diferentes según el idioma y el contexto discursivo en el que se emplean. En español, el término «dictador» tiene una carga política e histórica especialmente intensa, vinculada a experiencias concretas de autoritarismo y represión. En chino, las distintas expresiones utilizadas para caracterizar el liderazgo político tampoco son equivalentes entre sí, ni pueden trasladarse automáticamente de una lengua a otra sin considerar sus matices.
La reacción china y el creciente poder discursivo
La controversia también permite observar un cambio significativo en la posición de China dentro del escenario internacional. Durante las últimas décadas, el crecimiento económico, la expansión de sus relaciones exteriores y su creciente presencia en los espacios de comunicación global han contribuido a reforzar su capacidad para expresar y defender sus propias posiciones.
En este sentido, la reacción de sectores de la sociedad china puede interpretarse no solo como una respuesta emocional ante una expresión considerada ofensiva, sino también como una manifestación de la voluntad de hacer respetar determinadas sensibilidades culturales e históricas.
Existe un refrán español que resume bien esta actitud: «Quien calla, otorga». Cuando una comunidad considera que se ha producido una falta de respeto, guardar silencio puede interpretarse como una forma de aceptación o indiferencia. Expresar el descontento constituye, una manera de fijar una posición y hacer visible aquello que se considera importante.
Hace una o dos décadas, determinadas controversias internacionales podían recibir una respuesta más discreta o moderada por parte de China. En la actualidad, el país dispone de mayores recursos económicos, mediáticos y diplomáticos para proyectar sus posiciones y participar activamente en la construcción de los discursos internacionales.
La importancia de la sinceridad en las disculpas
Ante una controversia de estas características, las disculpas constituyen un primer paso importante para reparar el malestar generado. Su eficacia depende en gran medida de la sinceridad con la que se expresan y de la disposición a comprender las razones que han provocado la reacción.
En el ámbito del deporte profesional, donde las grandes figuras representan también importantes intereses comerciales, es inevitable que las controversias culturales tengan consecuencias económicas y reputacionales. El mercado chino, con millones de aficionados al fútbol europeo y español, posee una importancia considerable para clubes, competiciones y patrocinadores.
Por esta razón, las disculpas pueden responder a la necesidad de limitar los daños económicos. Sin embargo, reducirlas exclusivamente a una estrategia de gestión de crisis sería insuficiente. Una disculpa verdaderamente significativa no debería limitarse a un protocolo comunicativo. Su valor reside en reconocer que determinadas palabras pueden haber causado malestar, comprender por qué han sido recibidas de esa manera y mostrar una voluntad auténtica de evitar situaciones semejantes en el futuro. En este sentido, pedir perdón con respeto puede contribuir a restablecer la confianza.
Una oportunidad para fortalecer el entendimiento entre China y España
La polémica se produce en un momento especialmente favorable para las relaciones entre China y España, caracterizadas por una creciente cooperación económica, institucional y cultural. El fútbol español disfruta de una notable popularidad en China, y sus principales clubes cuentan con una amplia comunidad de seguidores. Sería lamentable que un episodio de imprudencia individual terminara proyectando una sombra innecesaria sobre unos vínculos construidos a lo largo de décadas.
Desde una perspectiva constructiva, la controversia puede convertirse en una oportunidad para reflexionar sobre la importancia de la sensibilidad cultural en la comunicación internacional. El verdadero diálogo intercultural se construye precisamente sobre la capacidad de mantener las diferencias sin convertirlas en desprecio o confrontación.
En definitiva, Mbappé ha cometido una imprudencia que merece ser reconocida y corregida. La mejor respuesta consiste en combinar la expresión del descontento con una disposición sincera a superar el malentendido.


