En diciembre del año pasado, tanto Estados Unidos como China publicaron sus estrategias de cooperación con América Latina para los próximos años: Estados Unidos, a través de su Estrategia de Seguridad Nacional (ESN), y China, mediante el Documento sobre la Política de China hacia América Latina y el Caribe, todo ello en el contexto de una disputa geopolítica por la región.
China cree en el multilateralismo como herramienta de cooperación con los países de América Latina. Al percibirse como un país del sur global, el gigante asiático identifica agendas comunes con los países de la región. Mientras que la estrategia de Estados Unidos es diametralmente opuesta: busca la presión y la dominación en sus relaciones diplomáticas con la región.
El documento sobre la Política de China hacia América Latina y el Caribe es el tercero que China publica sobre su manera de encarar las relaciones con América Latina. Los dos primeros documentos, difundidos en 2008 y 2016, respectivamente, tuvieron por nombre el “Libro blanco”; en ambas ediciones del libro se menciona el
papel estratégico de América Latina para el crecimiento económico chino; crecimiento edificado a través de una Cooperación Sur-Sur, con una agenda sin hegemonismos ni imposiciones, es decir, como bien se menciona en el documento publicado en 2025, colaborando con los países latinoamericanos de acuerdo con “sus realidades nacionales, fomentado la unidad y el auto fortalecimiento y participando en la gobernanza global”. Grosso modo, una relación en la que prevalezca el respeto mutuo y se busque la reciprocidad económica entre las partes.
En este último documento publicado, China plantea cinco programas de solidaridad con América Latina para construir un futuro compartido:
- Programa de solidaridad
- Programas de desarrollo
- Programa de civilizaciones
- Programa de la paz
- Programa de los pueblos
En todos estos programas, el común denominador es estrechar lazos de cooperación ampliamente, buscando una relación interinstitucional entre las distintas agencias gubernamentales, organismos empresariales y pueblos con un sentido estricto de soberanía. El documento hace énfasis en seguir impulsando la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR) como mecanismo principal de cooperación económica con América Latina, esto a través de una mayor cooperación financiera para el desarrollo de proyectos de infraestructura de gran calado; recordar que, en este sentido, los organismos financieros de China están ganando terreno frente a los de Occidente debido a las condiciones draconianas que exigen estos últimos para que los gobiernos puedan ser sujetos a crédito; una de esas condiciones es la modificación de su política económica, vulnerando la soberanía de los gobiernos.
Estados Unidos, a diferencia de China, que cuenta con la Iniciativa de la Franja y la Ruta, no tiene una estrategia específica orientada al combate de la pobreza en América Latina. Su ESN concibe sus relaciones con América Latina principalmente como un vínculo estratégico que le sirve en su intento de no decaer como el gran Hegemon. El objetivo de esta estrategia estadounidense es recuperar su influencia en la región; sin embargo, el documento no especifica con claridad cuáles serán los beneficios concretos para los países latinoamericanos ni cómo podrían verse favorecidos al cooperar con Estados Unidos.
China en su documento menciona la importancia de cooperar con América Latina en el desarrollo de inteligencia artificial, en tanto que en la ESN no se menciona. A su vez, China aborda el tema de la ciberseguridad (un asunto que Estados Unidos puede percibir como una amenaza potencial a sus intereses estratégicos).
Estados Unidos, por el contrario, no menciona concretamente en qué cooperará con América Latina en los próximos años, pero sí indica cómo: a través del soft power, del control militar y del desarrollo de una cadena de suministro favorable a la industrialización de la economía estadounidense.
Textualmente, en la ESN se apela a “recuperar nuestro hemisferio occidental”, es decir, el regreso a la doctrina Monroe, que algunos analistas llaman doctrina Monroe
2.0 o doctrina Donroe (la estrategia de política exterior del presidente Donald Trump para el continente americano). El uso del pronombre posesivo “nuestro” implica la apropiación de Estados Unidos de un espacio, en este caso, de América Latina, que asume como propio.
Estados Unidos reconoce que tiene un déficit de inversión en América Latina y que, junto con sus aliados, no ha establecido un plan conjunto para cooperar con los países del sur global, es decir, con los países en vías de desarrollo, la mayoría de ellos ubicados en América Latina, África y el sur de Asia, otorgando a potencias enemigas la posibilidad de expandir su poder en estas zonas de influencia (refiriéndose a China).
Vis-à-vis: La estrategia de Estados Unidos es una carta de rudas intenciones, donde hay una relación asimétrica en la que prevalece la ley del más fuerte, una relación vertical con sus “socios” latinoamericanos. Las dinámicas del siglo XX son diametralmente opuestas a las del siglo XXI. En el siglo XX, existía un componente ideológico que claramente influía en las relaciones entre los Estados. Hoy pesa más el componente económico que el ideológico, y América Latina, particularmente los países de la región sudamericana, por los réditos que ha obtenido de su relación con China, difícilmente tendrá una ruptura económico-comercial con este país.
Estados Unidos despertó tarde e intenta recuperar su influencia en América Latina mediante la coerción como herramienta diplomática. Veremos si lo logra, aunque difícilmente parece que lo logre.
Este artículo ha sido publicado previamente en: https://open.substack.com/pub/gerardotorresvaldes/p/vis-a-vis-las-estrategias-de- cooperacion?r=1289or&utm_campaign=post&utm_medium=web


