“Ambos países deberían ser socios, no adversarios”. Fueron las primeras palabras que el presidente de China, Xi Jinping, pronunció nada más aterrizar en Washington este miércoles. Allí lo esperaban a pie de escalera su homólogo estadounidense, Donald Trump, junto a la primera dama, Melania Trump. Un gesto que Trump ha querido tener con Xi Jinping y su esposa Peng Liyuan, pues no es habitual que el presidente estadounidense reciba a sus invitados en el avión.
Un movimiento que marca la importancia de esta reunión, pues como declararon al reencontrarse pocos meses después de su último encuentro, ambos países y, ambos pueblos, “comparten una larga historia de relaciones amistosas y sus intereses están profundamente entrelazados”. Por ello, Xi Jinping, tras once años desde su última visita de estado a EEUU, afirmó que “lograr el renacimiento de la nación china y el resurgimiento de la grandeza estadounidense son perfectamente compatibles, se complementan y benefician al mundo”.
La importancia del encuentro se enfatiza, además, teniendo en cuenta la situación actual del orden internacional, donde la guerra en Oriente Próximo y Ucrania está tensionando cada vez más las relaciones internacionales, y donde el rápido desarrollo de la tecnología y, en concreto, la inteligencia artificial está marcando la competencia entre los principales países. De hecho, ahí se encuentra una de las principales diferencias que ambos dirigentes deberán abordar durante esta visita de Xi Jinping a Estados Unidos. Si bien China lleva meses defendiendo la seguridad de esta tecnología mediante la cooperación y la gobernanza multilateral, Estados Unidos aboga por combinar el desarrollo de la IA con mecanismos de seguridad y restricciones sobre determinadas tecnologías, especialmente con afección a China
No obstante, el terreno para avanzar en acuerdos y que los encuentros previstos no fracasen fue allanado por el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, y el viceprimer ministro chino, He Lifeng. Ambos mantuvieron a principio de semana un encuentro en Nueva York para acercar posturas de cara a la reunión que los presidentes mantendrán este jueves en la Casa Blanca.
La reunión recuperó algunas de las cuestiones que ya fueron abordadas durante el la reunión que ambos presidentes mantuvieron en Beijing en mayo. Entre ellas se encuentra la reducción de aranceles sobre productos no estratégicos y el compromiso chino de aumentar las compras de productos agrícolas estadounidenses. También permanecen sobre la mesa las diferencias en torno a los minerales críticos y las tierras raras, fundamentales para sectores como la automoción, los semiconductores y las tecnologías vinculadas al desarrollo de la inteligencia artificial.
De telón de fondo, además, se encuentra la guerra comercial que Donald Trump comenzó el pasado año contra China y que, tras varias negociaciones, suspendió hasta noviembre de 2026. Ahora, aunque Bessent anunció este miércoles que se había prorrogado hasta enero de 2027, ambos dirigentes deberán ratificar la prórroga, de tan solo dos meses sobre el plazo inicial.
Pero la voluntad de Xi Jinping está en el diálogo y la cooperación con Estados Unidos. Así lo ha ido reiterado en diversas ocasiones el Gobierno chino y lo reafirmó este miércoles ya en Estados Unidos el presidente chino. Descrito como “un año crucial” para las relaciones bilaterales de ambos países, Xi Jinping recordó que ambos deben “ceder en sus esfuerzos, promover la formación de una relación estable caracterizada por la cooperación como pilar fundamental, una competencia moderada, diferencias manejables y un futuro prometedor, y trazar un camino adecuado para que las dos grandes potencias coexistan en la nueva era”. Y, ante Trump, mostró su plena confianza en ello.
Aunque Taiwán, como ocurrió en mayo, será otro de los asuntos a tratar entre los dos presidentes, pues para el Gobierno chino es fundamental que Estados Unidos respete el principio de una sola china, pese a que Estados Unidos centre todos sus esfuerzos en que el ámbito económico centre las conversaciones.
Para lograr avances, y a pesar de los cambios en el orden internacional, apeló a la lógica histórica de la coexistencia pacífica entre China y Estados Unidos para incrementar las relaciones entre los dos países y, además, entre los diferentes actores y sectores estadounidenses. Porque como expresó, una buena relación entre ambas partes y lograr resultados en las reuniones programadas “mejorará el bienestar de los pueblos y brindará esperanza para la paz mundial”.


