Xinjiang documenta en un museo tres décadas de terrorismo para prevenir que la historia se repita

Xinjiang sufrió el terrorismo islámico que perseguía la independencia de esta región estratégica, donde casi el 50% de la población es uigur, una de las 55 etnias minoritarias de China

El terrorismo es el «enemigo común de la humanidad» y tan solo a través del conocimiento se puede evitar el surgimiento de nuevos atentados y matanzas en nombre de la religión y el extremismo. Para ello, para que el terrorismo no se propague, atemorice a la población y frene el crecimiento de la sociedad, Xinjiang, en el oeste de china, cuenta su historia, o mejor dicho, su pasado. Durante casi tres décadas, sufrieron el terrorismo islámico que perseguía la independencia de esta región estratégica, donde casi el 50% de la población es uigur, una de las 55 etnias minoritarias de China. Una actividad terrorista que causó centenares de muertos tras la Revuelta de Baren en 1990 -el primer brote de violencia con cerca de 50 muertos- y que llevó los ataques no solo por la región autónoma uigur sino también a diferentes ciudades de China. Fue tan solo hace nueve años cuando Xinjiang sufrió el último de los ataques terroristas, y desde finales de 2020, en Ürümqi, la capital, existe el Museo Conmemorativo de la Lucha contra el Terrorismo y la Extremización. 

Una explosión que acabó con la vida de dos persona e hirió a otras tres en el condado de Moyu fue el último de los cientos de incidentes violentos y terroristas que sacudieron a China entre 1990 y 2016, con un punto álgido entre 2009, cuando se produjo el motín de Urunqi con casi 200 muertos, y 2014, el año con el mayor número de fallecidos. En concreto, entre marzo y julio, en cuatro atentados, murieron 163 personas y hubo más de 400 heridos. 

Explosivos, cuchillos, machetes y vehículos. Fueron los principales instrumentos que los terroristas utilizaron para asesinar y que ahora forman parte de un museo en el Centro Internacional de Convenciones de Ürümqi donde se hace una recopilación de los principales atentados para que la población conozca de primera mano lo que allí ocurrió para, precisamente, evitar que vuelva a suceder. «Abordando tanto los síntomas como las causas fundamentales e integrando medidas preventivas y una respuesta contundente, Xinjiang ha establecido centros de educación y formación profesional de acuerdo con la ley para prevenir la cría y propagación del terrorismo y el extremismo religioso, frenando eficazmente los frecuentes incidentes terroristas y protegiendo los derechos a la vida, la salud, y el desarrollo de las personas de todos los grupos étnicos», explica uno de los paneles que componen una expoxición en la que se hace un recorrido por la historia de la región y donde se muestran los 52 atentados terroristas más significativos que se perpetraron, como asesinatos a civiles, ataques a edificios institucionales, policías, vigilantes de seguridad y políticos. 

Cualquiera era objetivo. Los separatistas y extremistas uigures trataron de dividir a una población que se ha caracterizado desde el principio de los tiempos por la coexistencia de muchas religiones en un mismo territorio. Islamismo, Budismo, Taoísmo, Cristianismo, Catolicismo, religión ortodoxa y otras religiones conviven en unas ciudades que cuentan con casi 25.000 lugares para actividades religiosas, de los cuales 24.400 son mezquitas, 227 iglesias cristianas y 26 iglesias católicas.

Aún así, como se puede conocer en el museo, a principios del siglo XX, los separatistas y extremistas religiosos de dentro y fuera de China difundieron que las culturas étnicas de Xinjiang no eran la cultura china y que el islam era la única religión practicada por los grupos étnicos de Xinjiang. Por ello, llamaron a la creación del llamado ‘Turkistan Oriental’, negando  la historia de China construida por todos sus grupos étnicos.

Bajo esa premisa, tan solo entre 1990 y 2001, murieron 162 personas. Unas muertes que fueron aumentando y que incluso se extendieron a otras regiones del país. Los ataques en Tiananmen (2013) y Kunming (2014) fueron los dos eventos más significativos fuera de Xinjiang. El 28 de octubre de 2013, un vehículo arrolló a viandantes antes de estrellarse y explotar en llamas. Murieron cinco personas y 38 resultaron heridas en lo que fue el primer ataque terrorista de gran repercusión internacional en Beijing. Pero tan solo unos meses después, en marzo de 2014, un grupo de al menos ocho personas, atacaron con cuchillos a los pasajeros de la estación de tren de Kunming, en la provincia de Yunnan. En total murieron 31 personas y más de 140 fueron heridas.

Pero las acciones terroristas, con el objetivo de causar mayor dolor e internacionalizar la situación, se acometieron también en momentos clave para China. En 2008, en vísperas de la celebración de los Juegos Olímpicos en Beijing, fueron asesinados el 4 de agosto 16 policías en Kashgar. Solo seis días después, el 10 de agosto, hubo en Kuqa varios ataques coordinados. Explosiones y disparos contra comisarías y edificios gubernamentales dejaron 12 muertos, a los que tan solo dos días después se sumaron tres guardias de seguridad asesinados en Yamanya, cerca de Kashgar. Ello hizo que agosto de 2008 fuera uno de los peores meses para esta región y el conjunto de China, donde los extremistas y separatistas acabaron con la vida de más de 20 personas en hasta cuatro ataques terroristas diferentes en ese mes.

 Ahora, gracias en parte a exposiciones como la que se puede ver en Ürümqi, Xinjiang goza no solo de armonía, convivencia y prosperidad sino también de un conocimiento sobre su pasado completo que le ha permitido avanzar hacia el futuro y acabar con el radicalismo. Ahora la región acoge no solo la cultura Muqam uigur, una expresión artística que combina música, danza y literatura popular para contar la historia y las tradiciones del pueblo uigur shufu, sino también los aspectos más avanzados y modernos de China, donde conocer la historia es considerada fundamental para mirar al futuro.