Septiembre de 2026 marca un antes y un después en la historia del multilateralismo emergente. La 18ª Cumbre de los BRICS, celebrada en el Bharat Mandapam de Nueva Delhi, ha reunido a once miembros plenos y diez países socios bajo el lema «Construir para la Resiliencia, la Innovación, la Cooperación y la Sostenibilidad». Sin embargo, detrás de la retórica institucional se esconde una realidad insoslayable: esta cumbre no habría sido posible sin el papel vertebrador de China, que una vez más ha demostrado ser el motor indispensable de un bloque llamado a reconfigurar el tablero geopolítico del siglo XXI. Al mismo tiempo, la cumbre ha enterrado, al menos de momento, uno de los sueños más ambiciosos del bloque —la moneda común BRICS—, y ha consagrado una nueva forma de cooperación sanitaria y civilizatoria que trasciende lo puramente económico.
China: de fundador a arquitecto estratégico
El mecanismo BRICS no existiría sin la participación de China. Desde su impulso en la expansión del bloque hasta su liderazgo tecnológico y financiero actual, China ha sido el hilo conductor de una arquitectura que representa más de la mitad del PIB en paridad de poder adquisitivo del grupo ampliado.
En esta cumbre, la contribución china se articula en torno a la estrategia «POWER»: Principio (defensa de la Carta de la ONU), Apertura (respaldo al comercio multilateral), Win-Win (desarrollo y ODS como eje central), Engine/Motor (integración de la IA en salud, ciencia y educación) y Responsabilidad (coordinación entre las presidencias de India 2026 y China 2027).
En el plano práctico, China ha consolidado su liderazgo mediante la creación del Centro de Desarrollo y Cooperación en IA China-BRICS y el Centro de Investigación de Nuevas Fuerzas Productivas de Calidad, plataformas que buscan unificar estándares tecnológicos y evitar que el Sur Global quede marginado de la revolución digital. Además, planea construir un centro de aplicaciones de IA que integre a los BRICS, la ASEAN y la Liga Árabe, ampliando su influencia tecnológica más allá del propio bloque. A ello se suma el peso institucional del Nuevo Banco de Desarrollo (NBD), con sede en Shanghai, donde China ejerce una influencia proporcional a su aportación económica: aproximadamente el 70% del PIB nominal del grupo original y el 52% del PIB en PPA del BRICS+ expandido. Como afirmó el presidente Xi Jinping:
«Los países BRICS deben posicionarse firmemente del lado correcto de la historia y ser pioneros en la promoción del desarrollo innovador, el mantenimiento de la paz y la estabilidad, el fomento del aprendizaje mutuo entre civilizaciones, la reforma y la mejora de la gobernanza global, guiando el orden internacional hacia una dirección más justa y equitativa».


No menos relevante ha sido su papel como estabilizador regional. Las conversaciones a nivel de comandantes entre China e India en Arunachal Pradesh, la creación de nuevos puntos de encuentro fronterizos y el acuerdo de tratar las disputas bilaterales como un «no-tema» en las cumbres multilaterales, han sido condiciones indispensables para que Nueva Delhi acogiera esta cumbre sin vetos internos.
La Declaración de Chandigarh: un hito civilizatorio de alcance planetario
El logro que distingue a esta cumbre de cualquier encuentro anterior es la Declaración de Chandigarh (julio de 2026), la primera arquitectura institucional multilateral que otorga legitimidad científica y financiación pública a los sistemas médicos ancestrales del Sur Global.
Las cifras son elocuentes: entre 4.000 y 5.000 millones de personas en el Sur Global —aproximadamente el 80% de la población de los países en desarrollo—, recurren a alguna forma de medicina tradicional como primer recurso sanitario. En África subsahariana el porcentaje asciende al 85-90%; en el sudeste asiático supera el 75%; en América Latina, el 65-70%. En contraste, en Occidente el uso alcanza al 30-40% de la población —unos 350 a 450 millones—, que se van integrando en sistemas médicos ya consolidados.
La Declaración establece el Grupo de Expertos en Medicina Tradicional, Complementaria e Integrativa (TCIM) para validación científica de tratamientos ancestrales, y la Red de Centros de Excelencia en Bienestar Mental, coordinada por el instituto indio NIMHANS.
Es en la intersección entre medicina tradicional e inteligencia artificial donde el liderazgo chino se manifiesta con mayor contundencia. China ha desarrollado:
- Plataformas de diagnóstico por imagen y lengua asistidas por IA, entrenadas con millones de imágenes de pacientes.
- Sistemas de descubrimiento farmacológico computacional en instituciones como la Academia China de Ciencias Médicas Chinas y la Universidad de Medicina Tradicional China de Shanghai, que identifican compuestos activos en fórmulas herbales milenarias.
- Redes de datos clínicos federados para entrenar modelos predictivos sobre eficacia de tratamientos.
India, con su tradición ayurvédica, ya ha iniciado proyectos piloto de validación algorítmica en el AIIMS y el NIMHANS. Brasil aporta su etnobotánica amazónica; Etiopía preserva siglos de medicina tradicional africana; Indonesia contribuye con su medicina herbal jamu. China ha propuesto extender estas capacidades al bloque mediante centros conjuntos de IA aplicada a la medicina tradicional.
La relevancia geopolítica de Chandigarh trasciende lo sanitario: los BRICS rompen el monopolio epistemológico que Occidente ha ejercido durante dos siglos sobre qué constituye «ciencia médica válida». Es la materialización de lo que Xi Jinping definió como «ser pioneros en el fomento del aprendizaje mutuo entre civilizaciones».
La fractura geopolítica
La expansión del bloque —de 5 a 11 miembros plenos— ha aumentado drásticamente su peso económico, pero también ha diluido su cohesión política. Por primera vez, dos miembros plenos —Irán y los Emiratos Árabes Unidos—, se encuentran en lados opuestos de una conflagración armada, la guerra multidimensional entre Israel, Estados Unidos e Irán iniciada a principios de 2026. Mientras que en la cumbre de Río de Janeiro en 2025 el grupo pudo condenar de manera unánime los ataques contra territorio iraní, la realidad de 2026 es mucho más fragmentada. El alineamiento de los EAU y Arabia Saudita con posiciones cercanas a los intereses de seguridad occidentales impidió que las reuniones ministeriales de mayo de 2026 alcanzaran una declaración conjunta. Paralelamente, la oposición de Egipto y Etiopía a respaldar a Sudáfrica para un puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU bloqueó declaraciones institucionales previas, quebrando un consenso que el bloque original mantenía desde 2011.
India, como anfitriona, ha ejercido su «autonomía estratégica» para evitar que el bloque adquiera un sesgo puramente antioccidental, redactando fórmulas de consenso centradas en el derecho internacional y la seguridad de las vías marítimas globales —especialmente el Estrecho de Ormuz—, sin señalar directamente a los beligerantes. Como sintetizó Xi Jinping:
«China está dispuesta a colaborar con los miembros de los BRICS para desempeñar el papel que le corresponde en el logro de la paz y la tranquilidad en Oriente Medio y la región del Golfo».
El fracaso, momentáneo, de la moneda común
Uno de los debates más esperados era el destino de la moneda común BRICS, impulsada por el presidente ruso Vladímir Putin. La cumbre de Nueva Delhi ha enterrado o, postergado, esa posibilidad.
Las razones son convergentes. India y Brasil han rechazado categóricamente ceder soberanía monetaria, limitándose a promover monedas locales en acuerdos bilaterales. La amenaza de la administración Trump de imponer aranceles del 100% al 150% a cualquier nación que respalde alternativas al dólar ha sido decisiva, colocando a India en una posición de equilibrismo.
China ha actuado con prudencia calculada, priorizando no perder el control del renminbi ni desestabilizar las relaciones con Washington. Otros miembros temen que una desdolarización profunda los haga incómodamente dependientes del renminbi.
Lo que sí avanza es el BRICS Bridge, arquitectura técnica para transacciones descentralizadas en monedas locales sin crear una moneda única. Paralelamente, China y Rusia impulsan la «Ruta de la Seda de Hielo» a través del Ártico para eludir el Estrecho de Ormuz y los corredores vulnerables a sanciones occidentales.
Los logros técnicos y operativos
Frente a la parálisis geopolítica, la cumbre ha traducido sus cuatro pilares en marcos operativos de rápida implementación:
- Resiliencia: Tests de resistencia al Acuerdo de Reservas de Contingencia (CRA) para verificar su capacidad de inyección de liquidez ante shocks económicos, y diseño de un Marco de Cooperación en la Cadena de Suministro de Logística para blindar el comercio del bloque.
- Innovación: Creación del Fondo de Innovación para Startups, desarrollo de la Red de Incubadoras BRICS y un Repositorio de Infraestructura Pública Digital (DPI) para compartir software de inclusión social y financiera.
- Cooperación: La histórica Declaración de Chandigarh
- Sostenibilidad: Adopción de los «Principios Voluntarios para la Infraestructura Urbana Resiliente al Clima» y principios unificados sobre redes inteligentes y almacenamiento energético.
Consecuencias para el orden geopolítico internacional
Las implicaciones de esta cumbre se proyectan en tres dimensiones fundamentales:
Primera: consolidación de un mecanismo de cobertura para el Sur Global. Los BRICS+ no son una alianza militar contrahegemónica, sino un mecanismo de cobertura que ofrece alternativas de financiación, rutas comerciales y marcos de cooperación que reducen la vulnerabilidad ante decisiones unilaterales de Washington. Los ejercicios navales conjuntos de enero de 2026 entre China, Rusia e Irán en aguas sudafricanas consolidan esta función protectora.
Segunda: transición hacia una multipolaridad gradual. El bloque crece económicamente el triple de rápido que el G7 (proyección a 2028). Como proclamó Xi Jinping:
«Trabajemos juntos para construir una comunidad de futuro compartido para la humanidad”, una visión que ya tiene infraestructura, financiación y calendario propio».
Tercera: el dilema de la asimetría china. El mismo peso que convierte a China en motor del bloque genera recelos. La dinámica interna descrita como «4+1» refleja la asimetría del poder chino. Mientras China, Rusia e Irán buscan un matiz contrahegemónico, India, Brasil y los EAU insisten en que el bloque debe ser «no occidental» en lugar de «antioccidental». Sin China, el mecanismo carece de masa crítica, porque con un exceso de influencia china, pierde legitimidad como foro verdaderamente multilateral.
Conclusión
La 18ª Cumbre de Nueva Delhi confirma que los BRICS+ han alcanzado su mayoría de edad. No como alternativa revolucionaria al orden occidental, sino como plataforma pragmática de resiliencia colectiva donde China ejerce un papel arquitectónico insustituible. La Declaración de Chandigarh demuestra que el bloque puede innovar más allá de la economía, llevando la IA al servicio de la salud de 4.000 millones de personas y la postergación de la moneda común prueba su adaptación realista; y la estrategia POWER garantiza continuidad institucional hacia la presidencia china de 2027.
Como sintetizó el presidente Xi Jinping:
«China está dispuesta a colaborar con los miembros de los BRICS para desempeñar el papel que le corresponde en el logro de la paz y la tranquilidad en Oriente Medio y la región del Golfo».
En un mundo sacudido por conflictos armados, amenazas arancelarias y la erosión del multilateralismo tradicional, esa plataforma —imperfecta, asimétrica y en construcción—, es hoy la única alternativa viable para que el Sur Global navegue la transición geopolítica sin tener que elegir bando. China sigue siendo el timonel de los países no occidentales que buscan mantener su soberanía política y económica frente al imperialismo dominante.


