A sus 29 años, Ziyuan Peng —conocido artísticamente como Manuel de la China— representa una de las historias más singulares del actual panorama flamenco. Nacido en Nanjing, antigua capital de China y una de las ciudades históricas más importantes del país, abandonó una carrera profesional en informática para instalarse en Andalucía y dedicar su vida al estudio del cante flamenco tradicional. Su reciente segundo premio en el Concurso Talento Flamenco de Cante de la Fundación Cristina Heeren confirma una trayectoria que pocos habrían imaginado hace apenas unos años.
Pero reducir su historia a la de un chino que canta flamenco sería quedarse en la superficie. Su recorrido habla de identidad, memoria, tradición y de la sorprendente capacidad que tienen algunas expresiones culturales para atravesar continentes y encontrar nuevos guardianes lejos de su lugar de origen.
Nacer en Nanjing: una ciudad marcada por la historia
Para comprender a Manuel es necesario empezar por Nankín. Situada a orillas del río Yangtsé, fue capital de China en distintas etapas históricas y continúa ocupando un lugar especial en la memoria colectiva del país. La ciudad alberga el Memorial de las Víctimas de la Masacre de Nanjing, construido en el lugar donde fueron hallados restos de numerosas víctimas de los acontecimientos de diciembre de 1937. Desde 2014, además, China celebra cada 13 de diciembre una jornada nacional de recuerdo a las víctimas.
La referencia a este episodio histórico surge durante la conversación porque Manuel pertenece a una generación que creció escuchando hablar de aquellos acontecimientos. En China, la memoria histórica no se percibe únicamente como una cuestión académica; forma parte de la educación, de la identidad colectiva y del respeto hacia quienes vivieron antes.
Cuando se le plantea si esa sensibilidad pudo influir en su relación con el flamenco, reconoce que nunca había reflexionado sobre ello de forma consciente. Sin embargo, la pregunta le resulta sugerente. El flamenco tradicional también está construido sobre la memoria, la transmisión oral, dolor, pena y el respeto hacia las generaciones anteriores. Los viejos cantes conservan emociones, historias y formas de entender la vida que han pasado de unos artistas a otros durante décadas.
Quizá por eso Manuel siente una atracción especial por el flamenco más antiguo. No por nostalgia, sino porque percibe en él una autenticidad difícil de encontrar en otros ámbitos artísticos contemporáneos.
De la informática al flamenco
La vida de Ziyuan Peng parecía encaminarse inicialmente hacia un destino muy distinto.
Antes de convertirse en estudiante de flamenco cursó estudios superiores con doble especialización en informática y música. Tras abandonar China en la adolescencia, continuó su formación universitaria en Estados Unidos y realizó intercambios académicos en Inglaterra. Más tarde trabajó durante aproximadamente año y medio como informático en remoto.
La experiencia profesional le proporcionó estabilidad, pero no satisfacción. «Quería un cambio», explica.
Mientras trabajaba, el flamenco ya ocupaba una parte importante de su vida. Lo estudiaba intensamente después de la jornada laboral y cada vez sentía una atracción mayor por aquella música. Finalmente tomó una decisión que muchos considerarían arriesgada: abandonar una carrera tecnológica con buenas perspectivas para trasladarse a España con un visado de estudiante y formarse profesionalmente en flamenco.
La elección no fue improvisada. Durante meses estudió posibilidades, academias y programas formativos. Finalmente eligió Sevilla como punto de partida para una aventura que terminaría transformando completamente su vida.
El vídeo que cambió su destino
El origen de esa fascinación puede resumirse en un momento muy concreto. Un día descubrió un vídeo de Moraito Chico tocando por bulerías.
Por entonces apenas conocía el flamenco. No entendía el compás, los códigos ni la compleja arquitectura musical que sostiene este arte. Sin embargo, percibió algo que iba mucho más allá de la técnica.
Recuerda la emoción, la elegancia, la naturalidad y la libertad con la que el guitarrista jugaba con la música.
Aquella impresión inicial terminó convirtiéndose en una obsesión intelectual y artística.
Lo que comenzó como curiosidad se transformó en estudio. Lo que empezó como afición acabó convirtiéndose en una vocación.
Aprender desde la raíz
Al llegar a Andalucía su objetivo inicial era la guitarra flamenca. Sin embargo, después de varios años de formación descubrió que aquello que realmente le atraía era el cante.
El cambio no fue sencillo.
La guitarra permite aproximarse al flamenco desde una lógica musical relativamente universal. El cante exige algo diferente. Implica comprender expresiones, matices culturales, formas de comunicación y una sensibilidad profundamente vinculada a Andalucía.
«Hay que estar muy conectado con la cultura, con la forma de actuar y hablar, con todo», explica.
Lejos de intentar buscar atajos, optó por una inmersión completa. Escuchar, convivir, estudiar y aprender directamente de quienes habían heredado esa tradición.
Jerez, una escuela de vida
Esa búsqueda terminó llevándolo a Jerez de la Frontera.
Para muchos aficionados, Jerez representa uno de los grandes centros históricos del flamenco. Para Manuel se convirtió además en un hogar.
Ha vivido en distintos países y contextos culturales, pero asegura que nunca había encontrado un lugar donde las relaciones humanas fueran tan cercanas.
«En Jerez me dan mucho cariño y me acogen de una manera difícil de encontrar», afirma.
La ciudad no solo le permitió mejorar artísticamente. También le ofreció una integración humana que considera fundamental para comprender el flamenco desde dentro.
La búsqueda del cante antiguo
Si algo define la visión artística de Manuel es su fascinación por los grandes maestros históricos.
Entre sus referencias aparecen nombres esenciales como Manuel Torre, Terremoto, Tío Borrico o Niña de los Peines.
Lo que le atrae de ellos no es únicamente la calidad artística.
Percibe una relación especial entre el intérprete y aquello que canta. Considera que muchos de aquellos artistas expresaban emociones nacidas de una necesidad vital y no de exigencias comerciales o profesionales.
«Había más autenticidad», resume.
Su palo favorito es la soleá, considerada por muchos especialistas como uno de los pilares fundamentales del cante flamenco.
La describe como un espacio de expresión íntima, reflexiva y profunda. Un cante que conecta especialmente con su forma de ser: tranquila, paciente y observadora.
Ser extranjero en un arte profundamente local
Convertirse en cantaor ya es difícil.
Hacerlo siendo extranjero añade obstáculos adicionales.
Manuel reconoce que el flamenco es una disciplina extremadamente exigente y que ha tenido que superar barreras que otros artistas no enfrentan. Sin embargo, también destaca que en concursos y entornos profesionales ha encontrado respeto y valoración por su trabajo.
Durante su participación en el Concurso Talento Flamenco tuvo la sensación de ser juzgado exclusivamente por su nivel artístico y no por su procedencia.
Esa experiencia resultó especialmente significativa para alguien que ha dedicado años a estudiar una tradición cultural que no forma parte de su herencia familiar.
El reconocimiento de los maestros
Uno de los momentos más emocionantes de su reciente participación en el certamen llegó después de la entrega de premios.
Tras interpretar una bulería de Lebrija, tuvo ocasión de conversar con el cantaor José Valencia.
La escena tiene un significado especial porque Manuel siente una profunda admiración por la escuela lebrijana y había estudiado repertorio procedente de esa tradición.
Recibir comentarios positivos y observaciones de un artista al que respeta profundamente fue, según reconoce, uno de los recuerdos más valiosos de toda la experiencia.
Flamenco, identidad y autenticidad
La cuestión de la identidad aparece constantemente a lo largo de la conversación.
Quizá porque constituye uno de los puntos de encuentro más interesantes entre la cultura china y el flamenco.
En China existe un fuerte respeto hacia los antepasados, la historia y la continuidad cultural. En el flamenco tradicional también existe una enorme preocupación por preservar una identidad propia transmitida de generación en generación.
Manuel observa con cierta preocupación algunas transformaciones contemporáneas del flamenco. Considera que cada vez menos jóvenes se acercan al cante jondo y que el mercado favorece propuestas más accesibles o comerciales.
Sin embargo, no adopta una postura radical.
Reconoce el esfuerzo y la influencia positiva de muchos artistas en acercar el público más hacia elementos de flamenco, pero también ve la importancia de reconocer las raíces flamencas y expresiones jondas de flamenco
Manuel espera ver cambios que acerquen al público más a la esencia de flamenco
El problema de la apropiación cultural del flamenco en China y el resto del mundo
Uno de los temas que más le preocupa es la percepción internacional del flamenco.
Según explica, algunos espectáculos comercializados en China utilizan elementos visuales españoles sin representar realmente la complejidad artística del flamenco tradicional.
Como consecuencia, parte del público chino termina identificando esos productos con el flamenco auténtico.
Para Manuel, esta situación supone una pérdida cultural importante.
No porque rechace los espectáculos de gran formato, sino porque considera que millones de personas podrían descubrir una tradición artística extraordinaria y, sin embargo, reciben una versión simplificada del flamenco jondo.
Por eso uno de sus objetivos personales consiste en acercar el flamenco tradicional al público chino mediante actividades formativas, redes sociales y clases especializadas.
Construir un puente cultural entre China y España
Durante los últimos años ha comenzado a compartir materiales educativos y experiencias relacionadas con el flamenco en plataformas chinas.
También ha impartido cursos y ha recibido solicitudes de estudiantes interesados en comprender mejor la estructura del cante, especialmente desde el ámbito del baile.
Su intención no es exportar una versión adaptada del flamenco, sino transmitir aquello que ha aprendido en Andalucía de la manera más fiel posible.
Actúa, en cierto modo, como un puente entre dos culturas que a primera vista parecen lejanas, pero que comparten valores como el respeto por la tradición, la importancia de la memoria y la admiración hacia los maestros.
Mirando al futuro
El reciente premio obtenido en el Concurso Talento Flamenco llega acompañado de una beca de estudios valorada en 5.000 euros para continuar su formación en la Fundación Cristina Heeren.
Más allá del apoyo económico, Manuel destaca la posibilidad de convivir con artistas procedentes de distintos territorios flamencos y ampliar su visión de un arte que considera inagotable.
Su objetivo sigue siendo el mismo que lo llevó a abandonar la informática y cruzar medio mundo: seguir aprendiendo.
En una época dominada por la inmediatez, la historia de Ziyuan Peng resulta singular precisamente por lo contrario. No habla de éxito rápido ni de fama instantánea. Habla de paciencia, estudio y respeto.
De un joven nacido en Nankín que encontró en Jerez una segunda casa.
Para Manuel, el primer paso será siempre comprender el flamenco desde las raíces y escuchar con atención aquello que las sabias generaciones anteriores tienen que decir. Mientras tanto no destaca que en un futuro pueda explorar límites de esta música y hacer sus propias creaciones siempre respetando las tradiciones.
希望大家可以从我的故事中发现中国文化和西班牙文化的共同点,虽然我们的习俗各不相同,但归根结底,我们都是一样的人


