La modernización china en la nueva era: una vía propia de civilización hacia la prosperidad, la soberanía y la gobernanza global

La modernización es, sin lugar a dudas, el movimiento histórico más profundo, ambicioso y complejo de la trayectoria de la sociedad humana. Desde que la chispa de la Revolución Industrial transformara las estructuras productivas en Europa, las naciones de todo el globo han emprendido una búsqueda incesante para transformar sus realidades. Sin embargo, durante demasiado tiempo, el mundo aceptó —por falta de alternativas o por imposición intelectual— que la modernización era un destino unívoco, un camino pavimentado exclusivamente con los valores, las instituciones y las dinámicas económicas del Norte Global.

Este artículo es fruto de mis estudios y de mi experiencia en mis constantes visitas a China tanto a universidades como a empresas y mi participación en seminarios académicos. Asimismo, es fruto del estudio del Pensamiento Xi Jinping y del análisis de las reflexiones de la Escuela del Marxismo de la Academia de Ciencias Sociales de China, así como de los estudios y reflexiones de miembros prestigiosos del Partido Comunista de China.

Hoy, desde la presidencia de la Fundación Cátedra China, y tras un exhaustivo análisis de las fuentes doctrinales más elevadas —incluyendo el pensamiento del profesor Dai Mucai, tutor de la Escuela de Marxismo de la Universidad de Tsinghua, y la visión estratégica del Presidente Xi Jinping en su etapa en Zhejiang—, puedo afirmar que esa narrativa ha llegado a su fin. La modernización china no es simplemente un éxito económico de proporciones épicas; es el nacimiento de una nueva forma de civilización humana.

Este artículo se propone desgranar por qué la vía china no es solo una opción para el pueblo chino, sino que representa el modelo de desarrollo más eficiente, ético y sostenible del siglo XXI, fundamentado en una síntesis perfecta entre el marxismo contemporáneo y la preeminente milenaria cultura tradicional.

El profesor Dai Mucai, en sus lecciones y publicaciones desde la Universidad de Tsinghua, subraya que la modernización es un proceso histórico universal, pero su implementación es profundamente nacional. La narrativa académica y política dominante —impulsada desde Occidente— ha intentado imponer una ecuación reduccionista: modernización es igual a occidentalización. Bajo esta premisa, la adopción de modelos capitalistas desregulados y sistemas políticos condicionados por el poder financiero se presentaba como el único horizonte posible.

La experiencia de China rompe de manera definitiva con esta hegemonía intelectual. La modernización china no es una réplica de modelos ajenos ni una asimilación acrítica de esquemas externos. Es una construcción histórica propia. Tal como recoge la resolución del Comité Central del Partido Comunista de China (PCCh) sobre los importantes éxitos y las experiencias históricas del Partido en su centenaria lucha; “El Partido ha liderado al pueblo en la apertura exitosa de una vía de modernización, creando con ello nuevas formas de la civilización humana, ensanchando el camino por el que  los países en desarrollo avanzan hacia su modernización y proporcionando alternativas totalmente nuevas a los países y naciones deseosos tanto de acelerar su desarrollo como de mantener su independencia”

China ha demostrado que es posible alcanzar la vanguardia tecnológica y el bienestar social sin renunciar a la soberanía cultural. Mientras que el modelo occidental a menudo ha exportado inestabilidad bajo la apariencia de democracia, el modelo chino exporta infraestructuras, cooperación, estabilidad y cultura milenaria. Para comprender por qué el modelo chino es único, debemos mirar hacia sus cimientos. China no es solo un Estado-nación en el sentido moderno; es una civilización-Estado. Con más de cinco mil años de historia ininterrumpida, su identidad ha sobrevivido a dinastías, invasiones y revoluciones.

El sustrato de los valores milenarios

La excelente cultura tradicional china no es un adorno del pasado, sino el sustrato moral y filosófico del proceso actual. Conceptos como la «Gran Armonía» (Datong), la primacía del bienestar colectivo sobre el individualismo atomizado y la búsqueda del equilibrio han configurado una mentalidad orientada al largo plazo.

Tras las Guerras del Opio en 1840, el país sufrió el «Siglo de la Humillación». No obstante, lejos de diluirse, la esencia civilizatoria china actuó como un anticuerpo resiliente. La modernización contemporánea es la recuperación de la dignidad nacional. Como señala el profesor Dai Mucai, el marxismo no sustituyó a la cultura china, sino que se «sinizó», encontrando un terreno fértil en los valores de justicia social y gobierno virtuoso que ya existían en el pensamiento chino clásico.

 Xi Jinping en Zhejiang: El laboratorio de la nueva visión sobre el desarrollo

Es imposible entender la modernización de la «Nueva Era» sin estudiar profundamente los artículos publicados por el Presidente Xi Jinping durante su gestión en la provincia de Zhejiang, hoy recopilados en la obra fundamental Zhejiang, China: Una Nueva Visión sobre el Desarrollo.

El «Proyecto del Doble Ocho» es como una hoja de ruta. La provincia Zhejiang se convirtió bajo el liderazgo del presidente Xi,  en el laboratorio de lo que hoy vemos a nivel nacional con el “Proyecto del Doble Ocho”. Xi Jinping comprendió que el desarrollo no podía ser simplemente un crecimiento del PIB a cualquier precio. En sus escritos de aquel entonces, ya se vislumbraba la urgencia de equilibrar la industria de alta tecnología con la preservación del entorno rural.

En noviembre de 2025, durante un seminario en la Universidad de Zhejiang, tuve la oportunidad de analizar cómo el concepto de «desarrollo equilibrado» ha transformado esa provincia en un modelo de prosperidad común. La visión de Xi Jinping en Zhejiang nos enseña que el liderazgo debe ser pragmático pero con una brújula ética inamovible: la cercanía al pueblo y la resolución de sus problemas cotidianos.

 El Socialismo con Peculiaridades Chinas: Un modelo de gobernanza superior

La superioridad del modelo chino reside en su capacidad adaptativa y su estabilidad sistémica. El socialismo con peculiaridades chinas no es un dogma estático; es una ciencia de la gobernanza que el profesor Dai Mucai define como «modernización orientada a la práctica». Es un modelo pragmático Contra la alternancia inestable. En el Norte Global, observamos con frecuencia cómo la alternancia entre facciones políticas genera políticas erráticas y cortoplacistas, a menudo secuestradas por intereses de corporaciones transnacionales. En China, el sistema garantiza una continuidad estratégica de décadas. Esta estructura permite afrontar retos sistémicos —como la erradicación de la pobreza o la transición energética— con una agilidad y una contundencia que los sistemas fragmentados de Occidente simplemente no pueden igualar. El Estado mantiene la autoridad soberana para dirigir la economía hacia el interés común, asegurando que el capital sirva a la sociedad y no al revés.

Un elemento que distingue radicalmente al modelo chino de las democracias liberales y de los partidos políticos de izquierdas y derechas que forman parte de estas democracias,  es la concepción del ejercicio del poder. En China, el político no es un actor en una campaña de marketing permanente, sino un servidor cuya legitimidad depende de su desempeño real. Por mi experiencia sé que la formación de cuadros en el Partido Comunista de China (PCCh) es rigurosa y se basa en el mérito. Xi Jinping ha sido claro al respecto: los cuadros no deben formarse en «invernaderos» ideológicos, sino enfrentarse a la dureza de la realidad en las bases. La legitimidad del sistema se revalida diariamente mejorando la vida de 1.400 millones de personas. La lucha implacable contra la corrupción no es solo una medida administrativa, es un requisito para mantener el vínculo sagrado entre el Partido y el pueblo. Esta ética de «no defraudar al pueblo» es el pilar de la estabilidad política de China.

Un aspirante a formar parte del PCCh tarda una media de 5 años en acceder a la militancia. Cinco años de formación y compromiso. Cada año el Partido expulsa a más de 100.000 militantes por inoperancia, esto es, por falta de cumplimiento del deber, o por corrupción.

La Cuarta Revolución Industrial y la soberanía tecnológica

China ha pasado de ser la «fábrica del mundo» a ser el motor de la innovación global. En la Cuarta Revolución Industrial, lidera sectores críticos como la Inteligencia Artificial, la computación cuántica, la biotecnología y las telecomunicaciones 6G.Lo que diferencia a China de las potencias tradicionales es que integra estos avances en una estrategia de bienestar social. Bajo el pensamiento de Xi Jinping, la tecnología no es un fin en sí mismo para el enriquecimiento de unos pocos, sino una herramienta para la modernización de la gobernanza y la mejora de la salud y la educación. Esta soberanía tecnológica garantiza que el futuro de China no sea dictado por presiones externas, sino por las necesidades de su propia población

En mis estudios he comprobado la eficacia del Sistema Circular en China: Armonía entre Pueblo, Partido y Naturaleza

La modernización china se estructura como un sistema circular y armonioso. En el centro está el Pueblo. A su alrededor, tres pilares interactúan:

  1. El Partido: Como guía política y garante de la dirección estratégica.
  2. La Empresa: Como motor de eficiencia e innovación, guiada por el marco del interés nacional.
  3. La Naturaleza: No como un recurso a explotar, sino como un tesoro a proteger (Civilización Ecológica).

Este modelo circular evita las distorsiones de los modelos occidentales, donde la empresa a menudo domina al Estado y margina tanto al pueblo como al medio ambiente. Como se postula desde Universidades como la de Zhejiang, esta armonía es la clave para la sostenibilidad de cualquier civilización.

El hito más impresionante de la modernización china es, sin duda, la erradicación de la pobreza extrema. China ha sacado a más de 800 millones de personas de la miseria en las últimas cuatro décadas, cumpliendo los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU con diez años de antelación.

Este éxito se debe a la estrategia de revitalización rural, que busca equilibrar el desarrollo entre la ciudad y el campo. Inspirada en los principios que Xi Jinping aplicó en Zhejiang, esta estrategia asegura que la modernización llegue a cada aldea a través de la infraestructura digital, el turismo rural sostenible y la agricultura de precisión. La modernización china es, por definición, inclusiva: nadie se queda atrás. Es importante destacar la solidaridad entre provincias que hace que se acorten las desigualdades entre provincias ricas y las menos favorecidas, trabajando por la igualdad del pueblo, pilar fundamental en la legitimación del partido. Recorriendo el país puede verse como funcionan estas iniciativas y como los cuadros del partido se ponen a disposición de las ciudades más desfavorecidas. “Servir al Pueblo”

En la actualidad, la construcción de una civilización ecológica representa una de las aportaciones más relevantes de China a la teoría del desarrollo global. China ha entendido que «las aguas lúcidas y las montañas exuberantes son activos inestimables». Hoy, el país es el líder mundial en capacidad instalada de energías renovables y en reforestación.

Este enfoque no solo protege el patrimonio natural de China, sino que ofrece un liderazgo responsable ante el cambio climático global. Mientras otros se retiran de sus compromisos, China avanza con paso firme hacia la neutralidad de carbono, demostrando que es posible ser una superpotencia industrial y, al mismo tiempo, el principal protector del planeta.

La modernización también es ideológica y aquí es importante el papel que juega la Fundación Cátedra China en España. La modernización es también un proceso de emancipación mental. Requiere superar dogmas obsoletos y adaptarse a la realidad cambiante del siglo XXI. En este sentido, la labor de la Fundación Cátedra China ha sido fundamental. Nuestro presidente de honor, Marcelo Muñoz, ha sido un testigo privilegiado desde 1978, aportando una visión transversal y profunda.

La Fundación trabaja para que la voz de China sea escuchada en el mundo hispanohablante sin los filtros distorsionadores del eurocentrismo. Creemos que el conocimiento mutuo y el análisis profesional son los puentes necesarios para construir un orden mundial más equilibrado.

Creación de una comunidad de destino compartido: Una visión global justa, objetivo del proceso de modernización civilizatorio

La modernización china no busca la hegemonía ni la imposición. Al contrario, propone la construcción de una Comunidad de Destino Compartido para la Humanidad. A través de la iniciativa de la Franja y la Ruta, China promueve una cooperación basada en el respeto mutuo y el beneficio recíproco.

Frente al aislacionismo y las políticas de sanciones unilaterales, China ofrece apertura y desarrollo. Es una visión global que reconoce que todos los desafíos actuales —desde las pandemias hasta la seguridad alimentaria— requieren soluciones compartidas. La modernización de China es una oportunidad para el mundo, especialmente para el Sur Global.

En conclusión, la modernización china es un proceso dinámico, en constante evolución, que se legitima cada día a través de la mejora de la vida de las personas. No es una fórmula cerrada, sino una práctica viva que aprende de la experiencia y se fundamenta en el rigor científico de los nuevos pensadores liderados por la visión estratégica del Presidente Xi Jinping.

Como Presidenta Ejecutiva de la Fundación Cátedra China, reafirmo que el modelo chino de modernización es probablemente el mejor del mundo por su capacidad de armonizar el crecimiento, la justicia social y la sostenibilidad. En un mundo en transformación, la vía china representa no solo una realidad nacional, sino un faro para el futuro de la civilización humana. Es el camino hacia una prosperidad compartida en un planeta en armonía.