En contraste con la China de aquel entonces, así como de la propia capital oficial Beijing, que conformaban un cosmos completamente separado del resto del globo, Shanghai en los años 20 del siglo pasado era una ciudad tremendamente cosmopolita. Se podía encontrar a individuos de toda procedencia, existiendo asimismo espacios donde países como Francia o Japón ejercían una tutela directa, llegando incluso a prohibir a los chinos autóctonos la entrada en determinados espacios, como los parques públicos. Esa mezcla de viajeros procedentes de todas partes llevó a una mayor transmisión de ideas desde el exterior, por ello no es casualidad que el 1 de julio de hace 105 años la ciudad fuese el lugar donde se conformase el Partido Comunista de China (PCCH) que en días posteriores (del 23 al 31 de julio) celebró su primer congreso con apenas una decena de asistentes.
Probablemente nadie creería que fuese posible lo que ocurrió este miércoles 1 de julio de 2026, en el que una caravana atravesó Beijing escoltada por 21 motocicletas para detenerse delante del Gran Palacio del Pueblo, dónde ocho militantes del PCCH fueron condecorados con la Medalla 1 de Julio por sus servicios a la nación por el secretario general de la formación Xi Jinping,
El país es gobernado desde 1949 por el que en 1921 era esa minúscula agrupación política de marxistas, que a día de hoy cuenta con 101 millones de miembros y es el partido político con mayor número de afiliados de todo el mundo. Desde 2024, ha superado al Partido Comunista de la Unión Soviética, su hermano mayor y referente en sus orígenes en cuanto a años en el poder.
Del mismo modo, actualmente China ya no es aquel gigante agrario y aislado subyugado por las potencias coloniales sino la primera economía del globo, caracterizada por su dinamismo y constante innovación con millones de personas viviendo ahora en las grandes ciudades, conformando la gran mayoría una gigantesca clase media, y la nación con el mayor ejército de la tierra, equipado con armas nucleares y con la tecnología de última generación. Un país con gran presencia internacional, siendo uno de los 5 miembros permanentes del consejo de seguridad de las Naciones Unidas y uno de los fundadores y valedores de organizaciones como la Organización de Cooperación de Shanghai o los BRICS+ desde donde se aboga por un mundo distinto al predominio occidental de los dos últimos siglos donde todas las naciones tengan su voz.
Xi afirmó este miércoles que el PCCH siempre se ha situado del lado correcto de la historia y del progreso de la civilización humana. No obstante, estos 105 años han sido una Larga Marcha en busca de un camino propio que ha tenido, no en pocas ocasiones, traspiés de los que el partido siempre ha sabido rectificar. Desde los años 30 en los que un entonces militante en ascenso llamado Mao Zedong abogó, en contra los postulados pro soviéticos de la facción dominante denominada los 28 Bolcheviques, por “Integrar el marxismo en la realidad china” al ser muy distintas la situación de la China de aquel entonces. Un país semicolonial y semifeudal, de la Europa en plena Revolución Industrial en la que Karl Marx formuló sus teorías, un planteamiento que sería confirmado en los años siguientes tras el éxito pírrico de la Larga Marcha protagonizada por las tropas de Mao huyendo por toda China hasta Yan`an, donde instauraron su cuartel general, y tras el Movimiento de Rectificación de inicios de los años 40 se confirmaría a Mao como presidente de la formación en el V Congreso de 1945 adoptándose el Pensamiento Mao Zedong como doctrina oficial. Cuatro años después, el PCCH lograría la victoria militar frente al Kuomintang, cuyos dirigentes se refugiaron en Taiwán, pronunciando Mao el 1 de Octubre de ese año en un discurso en la Plaza Tiananmen de Beijing la frase: “El pueblo chino se ha puesto en pie”, y anunciando la creación de la República Popular de China, que dura hasta nuestros días y que un año después, en octubre de 1950, se haría con el control del Tíbet, lo que supondría que por primera vez desde la caída de la última dinastía imperial de los Qing en 1911 todos los territorios del antiguo imperio, exceptuando Taiwán y Mongolia exterior así como partes de la actual Rusia, estaban bajo un único mando político.
Los primeros años de esa marcha en el poder no fueron menos difíciles. Al aislamiento internacional fruto de la ruptura completa con Occidente y del posterior enfrentamiento con su hasta entonces aliado soviético, se le unieron las divergencias en cuanto a que línea política seguir entre los sectores más radicales de la organización y los más pragmáticos, llevando los planteamientos más izquierdistas a catástrofes como la Gran Hambruna (1959-1962) causada por el fracaso del Gran Salto Adelante (1958-1959) y la Revolución Cultural (1966-1976). Tras el fallecimiento de Mao en 1976 y la caída en desgracia de los más radicales, se llegó a un consenso para aplicar las Cuatro Modernizaciones formuladas anteriormente por el pragmático primer ministro Zhou Enlai basadas en la agricultura, la industria, el ejército y la tecnología para superar el atraso económico bajo el liderazgo de Deng Xiaoping desde 1978. Implicó una normalización de las relaciones con el exterior y reformas económicas graduales que permitieron el libre mercado. Pese a las dificultades iniciales (una desigualdad entre distintas regiones y problemas medioambientales) las reformas dieron su fruto de fomentar el crecimiento económico y de lograr la mejora del nivel de vida de la población, al tiempo que, ante los cambios geopolíticos del final de la Guerra Fría, el PCCH conservó la dirección del rumbo político del país. Se opuso a implantar un sistema político de estilo occidental basándose en el planteamiento de Mao de que éste había sido en China “una montaña caída del cielo”. Al no poseer raíces en la cultura del país ni ser acorde a sus circunstancias (mayor tamaño, población y diferencias geográficas y étnicas que cualquier otro país europeo) cualquier intento de instaurarlo llevaría a su fracaso, teniendo en cuenta la desastrosa experiencia de la República de China (1912-1949), el cuál fue mantenido por Deng. Afirmó que “No existe un único modelo aplicable para todo el mundo”, rechazando así la propuesta de una “Quinta Modernización” que hubiese llevado a la instauración de un sistema occidentalizado. Los sucesores de Deng; Jiang Zemin (1989-2002) y Hu Jintao (2002-2012) mantuvieron ese planteamiento de continuar las reformas económicas, así como la apertura internacional y buscar un desarrollo cada vez más igualitario tratando de integrar a las nuevas clases emergentes en éste, al tiempo que rechazaron la adopción de otro sistema político.
El PCCH basa sus decisiones políticas no en doctrinas ideológicas sino en resultados tangibles y efectivos. Ejerce su poder en el tercer mayor país del mundo mediante una extensa burocracia en la que, siguiendo el ejemplo histórico de los mandarines de época imperial, se premia la buena gestión y se castiga la incompetencia, cómo ha quedado de manifiesto en las campañas anticorrupción del actual mandatario Xi que se han centrado no sólo en cazar “moscas” (funcionarios de bajo nivel) sino también “tigres” (altos cargos de la administración y del partido). Esto ha llevado a miles de individuos hasta entonces todo poderosos a prisión, y comparte la gobernanza de la nación con otros ocho partidos políticos, algunos de los cuáles son anteriores al PCCH y que tienen su presencia en la Asamblea Popular Nacional y la Conferencia Consultiva del Pueblo Chino. Comparten sugerencias y administran determinados sectores del país, buscándose, pese a las diferencias entre ellos, la cooperación basada en una “armonía” común para todos. Por otra parte, pese a la introducción de las reformas económicas y la promoción de la industria privada, el estado tiene en sus manos los sectores estratégicos. Hay quiénes afirman que hoy en día China es más capitalista que comunista, otros lo contrario, incluso hay quiénes consideran que el PCCH ideológicamente es más confuciano que marxista, si bien, lo cierto es que hasta el momento el partido no ha renunciado oficialmente al marxismo-leninismo ni tampoco ha cambiado su nombre a “Partido Socialdemócrata Chino” a diferencia de sus homólogos de Europa del Este.
Si bien, el PCCH ha obtenido grandes victorias a lo largo de su historia y ha sabido responder a los desafíos que se le han planteado hasta ahora con un enfoque muy pragmático, todavía queda una Larga Marcha por delante en los años venideros. La sociedad china ha cambiado al candor de las reformas económicas y de la evolución del mundo, y actualmente las nuevas generaciones están viviendo el que probablemente ha sido el mejor momento de la historia para ser chino, pese a que todavía siguen existiendo diferencias entre las provincias costeras donde se agrupa ese gran desarrollo, y regiones del interior en las que todavía en algunas partes no ha llegado ese progreso. Paralelamente, todavía hay voces en determinadas regiones periféricas que se niegan a aceptar el centralismo del gobierno chino como son Tíbet, Xinjiang o Hong Kong, lo que ha llevado a disturbios en el pasado que se han saldado con un resultado trágico en varias ocasiones. Está la constante “misión histórica” de la reunificación con Taiwan. Administrado por un gobierno paralelo, a la cuál se ha referido Xi en su discurso de este miércoles, ante la que las administraciones chinas desde Deng Xiaoping han abogado por copiar la fórmula Un país dos sistemas que logró la devolución de Hong Kong y de Macao a finales del siglo pasado, al tiempo que mediante una ofensiva diplomática han ido ganándose el reconocimiento de la gran mayoría de los estados que reconocían a la República de China, nombre oficial de Taiwán, en la que algunos sectores han optado por un pragmático acercamiento a la Madre Patria, como la actual presidenta del Kuomintang. A inicios de este año realizó un histórico viaje a Beijing reuniéndose con Xi. Asimismo, pese a que su presencia global es cada vez mayor, todavía hay regiones en las que tanto la población como la clase política miran con desconfianza hacia China y son reacias a profundizar los lazos, y el propio hegemón actual, los Estados Unidos de América, ha abogado desde 2017 por un cambio de estrategia hacia Beijing considerándolo su principal rival por la hegemonía global aumentando la presión económica y diplomática.
Pese a ello, China ha abogado por evitar, en la medida de lo posible, una confrontación abierta con Estados Unidos y con otras naciones, al mismo tiempo que los dirigentes occidentales no han llevado la presión al extremo, conscientes todos ellos de que al ser mutuamente independientes un empeoramiento o colapso de la otra parte probablemente causaría un efecto en cadena en la otra.
Todavía se plantean muchos interrogantes sobre el ascenso, o mejor dicho la vuelta de China (durante siglos el Imperio Chino fue la primera potencia global hasta ser destronado por las potencias occidentales en el siglo XIX aprovechando la industrialización) y su papel en el mundo, que se irán resolviendo a lo largo de este siglo. No obstante, pese a la enorme disparidad de discursos y visiones, lo que es indudable es que es necesario conocer este país, y al partido político que lo gobierna, que parten unos planteamientos completamente distintos a los de Occidente. Es fruto de un desarrollo histórico y filosófico paralelo debido a las enormes distancias y a los accidentes geográficos que separaban a ambos (no es casualidad de que Xi Jinping en el centenario del PCCH hace 5 años hablase de realizar una segunda “Integración del marxismo con la cultura tradicional china).
El pasado martes 30 de junio, se celebró en la embajada de la República Popular China en Madrid el 105 aniversario del PCCH con el Partido Comunista de España. Enrique Santiago y Jose Luis Centella, secretario general y presidente de la formación, respectivamente, anunciaron ante su anfitrión el embajador Yao Jing y una nutrida asistencia entre la que se encontraba el autor de este artículo la creación de un Instituto de Estudios Chinos, comprendiendo que hoy en día el eje del globo no pasa únicamente por el Atlántico, sino también, y cada vez con mayor peso, por el Indo Pacífico. Es en esta parte del mundo donde probablemente se llevarán a cabo las decisiones que marcaran el siglo actual y de las que seremos testigos.


