El «terreno de juego» invisible: El papel de China en el Mundial de Fútbol 2026

Ante la imposibilidad de estar presentes por mérito deportivo, China ha optado por la estrategia de poder blando utilizando sus corporaciones

China no cuenta con jugadores en el terreno de juego sobre el césped de Estados Unidos, Canadá y México. Sin embargo, en el fútbol moderno los patrocinios corporativos son un termómetro de las tensiones geopolíticas. Es precisamente ahí donde China se vuelve el actor relevante del torneo.

De Sudáfrica a Norteamérica

La historia de China como sponsor comenzó con un tímido patrocinio en la Copa del Mundo de Sudáfrica 2010. El punto de inflexión llegó en Rusia 2018, donde siete compañías chinas como Wanda, Hisense y Vivo desembolsaron cerca de 835 millones de dólares, superando la inversión de las propias empresas locales. Cuatro años después, en Catar 2022 la cifra escaló hasta los 1100 millones de dólares con marcas Mengniu Dairy, Vivo, Hisense o Ganten, desplazando a las tradicionales firmas occidentales de un escaparate de alcance global.

Ante la imposibilidad de estar presentes por mérito deportivo, China ha optado por la estrategia de poder blando utilizando sus corporaciones.

En este Mundial 2026 la estrategia se ha sofisticado, dividiéndose en los dos niveles de patrocinio de la FIFA. El primer nivel son los socios con derechos globales en todas las competiciones.

Gigantes tecnológicos como Hisense controlan la infraestructura de Video Arbitraje VAR, garantizando que su logotipo aparezca en las pantallas cada vez que se revisa una jugada polémica. Por su parte, Lenovo proyecta la inteligencia artificial operativa y da soporte a las novedosas cámaras corporales que portan los árbitros.

En el segundo nivel están los patrocinadores que poseen los derechos exclusivos en el torneo. Aquí destaca el fabricante de productos lácteos Mengniu, que utiliza futbolistas como Lionel Messi y Kylian Mbappé como embajadores globales que aumentaron sus ingresos y su expansión fuera de las fronteras chinas.

Esta dinámica explica cómo China y Estados Unidos luchan por el control financiero del torneo en los FIFA partners o los ocho socios principales. Lenovo hace frente a dos fuertes marcas estadounidenses como son Coca-Cola y Visa; mientras en el segundo nivel Pekín compite con Washington que exhibe con marcas locales como Bank of America, McDonald ‘s, Lay´s y Verizon.

El motor detrás del “merchandising” y el reto logístico

El punto fuerte de China no se entiende sin su aparato comercial. La ciudad de Yiwu, en la provincia de Zhejiang, es uno de los principales centros mundiales de producción de artículos deportivos. De hecho, la Asociación de la Industria de Artículos Deportivos local calcula que desde sus fábricas concentra alrededor del 70% del mercado mundial de productos vinculados al torneo.

No obstante, coordinar un Mundial fragmentado geográficamente en tres sedes ha obligado a China a transformar su modelo operativo. Para sortear el reto logístico, las fábricas de Yiwu han adoptado una producción de lotes más reducidos, personalizados y bilingües que se adaptan a las normativas de cada región.

Esta maquinaria logística a tiempo real parte desde el puerto de Ningbo-Zhoushan, utilizando la ruta marítima más rápida hacia la costa Oeste de Norteamérica con el objetivo de garantizar que la mercancía esté en las ciudades sede al mismo tiempo que rueda el balón en cada uno de los 104 partidos. En otras palabras, es la sincronización de la logística Just in Time o justo a tiempo.

En definitiva, a diferencia de las ediciones de Sudáfrica, Rusia o Qatar, donde la huella de China ya era notable, el Mundial 2026 se disputa en el terreno de Estados Unidos. El Mundial se ha convertido en el reflejo de la guerra comercial estadounidense: mientras Washington exhibe su músculo de consumo y organización, Beijing responde con la omnipresencia de su tecnología, su logística y su capacidad de producción que hacen posible el mayor espectáculo del fútbol mundial.

Mientras que el gobierno de Estados Unidos impone restricciones y aranceles a las importaciones tecnológicas y manufactureras chinas, la FIFA como entidad privada multinacional, actúa como un caballo de Troya que introduce la tecnología y productos de Beijing en territorio estadounidense.