Gobernar juntos el mundo que viene: de la confrontación a una comunidad de destino compartido

Por Marta Montoro Carrión, presidenta ejecutiva de la Fundación Cátedra China

Hay momentos en la historia en los que el mundo cambia de tal manera que las categorías con las que hemos interpretado durante décadas las relaciones internacionales dejan de ser suficientes. Creo que nos encontramos ante uno de esos momentos.

El equilibrio internacional está transformándose, aparecen nuevos centros de desarrollo y poder y, al mismo tiempo, las sociedades están cada vez más interconectadas. Los grandes desafíos de nuestro tiempo —la paz, el desarrollo, el cambio climático, la transformación tecnológica, la seguridad alimentaria, las desigualdades o las migraciones— han dejado de ser problemas que puedan resolver individualmente los Estados.

Ante esta realidad, la pregunta ya no puede ser solamente quién tiene más poder, sino algo mucho más importante: cómo vamos a gobernar juntos un mundo cada vez más interdependiente.

Hace un año, el presidente Xi Jinping propuso la Iniciativa para la Gobernanza Global, situando en el centro de la reflexión internacional la necesidad de construir un sistema de gobernanza más justo, equitativo, representativo y eficaz, basado en los principios de igualdad soberana, respeto al derecho internacional, multilateralismo, enfoque centrado en las personas y búsqueda de resultados reales.

Considero que esta iniciativa llega en un momento especialmente importante para el mundo y que España debe conocerla y participar en este debate.

Un mundo que ya no puede gobernarse desde la lógica de la suma cero

Para comprender la propuesta china es necesario acercarse también a su tradición histórica y a su particular manera de interpretar las relaciones entre los pueblos.

El concepto de Tianxia (天下), tradicionalmente traducido como «todo bajo el cielo», pertenece a un contexto histórico y filosófico determinado y no puede trasladarse mecánicamente al sistema internacional contemporáneo. Pero contiene una idea que resulta extraordinariamente sugerente en nuestro tiempo: vivimos en un espacio compartido y el bienestar de una parte de ese espacio no puede desvincularse completamente del bienestar de las demás.

Esta concepción nos permite cuestionar una de las ideas que durante demasiado tiempo ha condicionado las relaciones internacionales: que el mundo debe funcionar como un juego de suma cero, en el que la prosperidad de unos países necesariamente tiene que producir la pérdida de otros.

La realidad del siglo XXI demuestra lo contrario.

Si una región permanece permanentemente en la pobreza, sus consecuencias terminan afectando al conjunto. Si el desarrollo tecnológico se concentra exclusivamente en unos pocos países, aumentan las desigualdades. Si las crisis medioambientales no se afrontan conjuntamente, ningún país puede protegerse por sí solo. Y cuando una guerra destruye una sociedad, sus consecuencias atraviesan inevitablemente las fronteras.

Por eso debemos empezar a pensar de otra manera: el mundo prospera cuando todos tenemos la oportunidad de prosperar.

La gobernanza global del futuro no puede consistir en que unos pocos decidan y el resto simplemente acepte. Necesitamos instituciones internacionales capaces de reflejar mejor la realidad de un mundo plural y mecanismos de cooperación que permitan afrontar los problemas comunes desde la responsabilidad compartida.

La gobernanza global debe poner a las personas en el centro

Una de las cuestiones que más me interesa de la Iniciativa para la Gobernanza Global es precisamente su dimensión humana.

Hablar de gobernanza mundial puede parecer una cuestión reservada a presidentes, gobiernos y grandes organismos internacionales. Pero la gobernanza, en realidad, comienza mucho más cerca de las personas.

Comienza en las ciudades.

Comienza en los municipios.

Comienza allí donde los ciudadanos necesitan una vivienda, un empleo, un sistema de transporte eficaz, educación, sanidad, seguridad, espacios públicos de calidad o nuevas oportunidades para sus hijos.

Por eso considero que no podemos construir una verdadera gobernanza global sin escuchar a quienes gobiernan los territorios donde viven las personas.

La gobernanza internacional y la gobernanza local no son realidades separadas. Forman parte de un mismo sistema.

Los grandes acuerdos internacionales terminan teniendo consecuencias concretas en nuestras ciudades, y las experiencias de nuestras ciudades pueden aportar soluciones a los grandes desafíos globales.

Esta conexión entre lo global y lo local es, precisamente, una de las razones por las que considero tan importante el trabajo que estamos desarrollando desde la Fundación Cátedra China.

España y China: construir puentes en un mundo multilateral

España y China tienen ante sí una oportunidad extraordinaria para desarrollar una relación basada en el conocimiento mutuo, el diálogo y la cooperación.

Pero para ello debemos superar la polarización y determinadas simplificaciones que dificultan una comprensión objetiva de nuestras relaciones.

España es una sociedad plural y es legítimo que nuestros partidos políticos mantengan posiciones diferentes. Sin embargo, hay cuestiones estratégicas que deberían situarse por encima de las disputas políticas coyunturales.

La relación con China es una de ellas.

España necesita conocer mejor a China. China necesita conocer mejor a España. Y ambos países necesitamos canales de diálogo estables que permitan trabajar independientemente de los cambios de gobierno y de los ciclos electorales.

También debemos comprender que cooperación y competencia pueden coexistir.

España y China pueden competir en determinados ámbitos, tener posiciones diferentes en algunas cuestiones internacionales y, al mismo tiempo, desarrollar una cooperación extraordinariamente amplia.

Por eso considero que debemos abandonar las categorías excesivamente rígidas y entender la relación desde una perspectiva más madura: podemos ser competidores amigos, capaces de competir cuando sea necesario y cooperar cuando existan intereses comunes.

Esto es especialmente relevante para España en ámbitos como la inversión, la modernización industrial, la ciencia y la tecnología, la innovación, las energías limpias, las infraestructuras o las relaciones empresariales.

La cooperación no significa renunciar a nuestros intereses. Significa encontrar ámbitos en los que nuestros intereses puedan avanzar juntos.

Yantai: la gobernanza global empieza en las ciudades

La mejor manera de comprobar si una idea internacional tiene futuro es observar cómo se traduce en la realidad.

La semana pasada tuvimos esa oportunidad en Yantai, en la provincia de Shandong, durante el II Diálogo de Alcaldes España-China, coorganizado por la Fundación Cátedra China y la Asociación de Amistad del Pueblo Chino con el Extranjero, con la presencia de su presidente, Yang Wanming.

Más de cuarenta alcaldes y representantes públicos españoles y chinos participaron en este encuentro para conocerse, compartir experiencias y buscar nuevas vías de cooperación.

Yantai no podía ser un escenario más apropiado.

Nos encontrábamos en Shandong, tierra de Confucio, cuya filosofía otorgó una importancia fundamental a la responsabilidad, la armonía y las relaciones entre las personas.

Pero, sobre todo, estábamos ante un ejemplo concreto de cómo la cooperación internacional puede comenzar desde abajo.

Cuando los alcaldes españoles y chinos empezaron a hablar de sus ciudades, los grandes conceptos geopolíticos dejaron paso a cuestiones muy concretas.

Empleo.

Vivienda.

Transporte.

Educación.

Envejecimiento.

Transformación tecnológica.

Sostenibilidad.

Servicios públicos.

Los problemas locales son, en muchas ocasiones, problemas universales.

Y descubrimos algo todavía más importante: los ciudadanos españoles y chinos, pese a vivir en sociedades diferentes y a miles de kilómetros de distancia, comparten aspiraciones esenciales.

Quieren vivir en paz.

Quieren prosperidad.

Quieren un trabajo digno.

Quieren una vivienda.

Quieren buenos servicios públicos.

Quieren que sus hijos tengan oportunidades.

Cuando ponemos al ser humano en el centro de la política, el diálogo deja de ser una cuestión abstracta.

Se convierte en una necesidad.

La diplomacia pública como nueva forma de gobernanza

El Diálogo de Alcaldes es también una expresión de la diplomacia pública que la Fundación Cátedra China viene desarrollando.

Creemos que las relaciones internacionales no pueden quedar limitadas a los gobiernos centrales. Las universidades, las empresas, las instituciones culturales, los municipios y la sociedad civil tienen también un papel esencial.

Una verdadera gobernanza global necesita más participación, más conocimiento y más diálogo.

Necesita escuchar a las grandes capitales, pero también a las ciudades pequeñas.

Necesita escuchar a los gobiernos, pero también a las empresas, las universidades y la sociedad civil.

Y necesita incorporar las experiencias locales al debate global.

Durante el Diálogo de Yantai tuvimos además la oportunidad de conocer mejor la realidad de los municipios chinos y su modelo de gobernanza dentro del marco del socialismo con características chinas.

Conocer no significa necesariamente compartir.

Significa comprender.

Y comprender es una condición imprescindible para construir respeto y cooperación.

Una apuesta personal por el diálogo

Mi compromiso con esta manera de entender las relaciones internacionales tiene también una raíz personal.

Nací en Quintanar de la Orden, un pequeño pueblo de España. Quizá por eso siempre he entendido que el mundo no está formado únicamente por grandes capitales, presidentes y estrategias geopolíticas. Está formado por pueblos, ciudades, familias y personas que quieren vivir mejor.

Por eso creo que los partidos políticos españoles deben ser capaces de superar la polarización cuando esta nos impide trabajar por aquello que realmente importa: el ser humano.

La política debe estar al servicio de las personas.

Y la gobernanza global también.

Desde la Fundación Cátedra China trabajamos para construir puentes entre España y China y para contribuir a la construcción de una comunidad de destino compartido para la humanidad.

Lo hacemos desde una perspectiva transversal e inclusiva, convencidos de que el diálogo no pertenece a un partido político ni a una ideología.

Pertenece a todos.

Gobernar juntos nuestro futuro

El mundo que heredarán nuestros hijos no estará definido únicamente por la capacidad militar, económica o tecnológica de una nación.

Estará definido por nuestra capacidad para cooperar.

La gran cuestión del siglo XXI no debería ser quién dominará el mundo, sino cómo vamos a gobernarlo juntos.

Necesitamos un multilateralismo verdadero, abierto e inclusivo, en el que ningún país quede permanentemente relegado y en el que las diferencias no sean utilizadas como una excusa para la confrontación.

Necesitamos una gobernanza global que sea capaz de responder a los grandes desafíos de nuestro tiempo y que, al mismo tiempo, tenga siempre presente que detrás de cada gran decisión internacional existen personas concretas.

La experiencia de Yantai me confirmó que esta aspiración no es una utopía.

Puede comenzar con algo tan sencillo como que un alcalde español se siente junto a un alcalde chino y descubra que, pese a vivir a miles de kilómetros de distancia y pertenecer a sistemas diferentes, ambos están intentando resolver problemas extraordinariamente parecidos.

Ahí comienza la verdadera cooperación.

Y ahí puede comenzar también una nueva forma de entender la gobernanza global.

La Iniciativa para la Gobernanza Global nos invita a pensar en un mundo en el que las decisiones internacionales no sean patrimonio de unos pocos, sino resultado de una cooperación más representativa, más equilibrada y más orientada al bienestar de las personas.

España y China tienen mucho que aportar a este proceso.

No estamos obligados a pensar igual.

Pero sí podemos aprender a trabajar juntos.

Porque el futuro no puede construirse desde la hegemonía de unos sobre otros.

El futuro debe construirse entre todos.

Este artículo ha sido publicado previamente en China Today