La tecnología se sienta a la mesa de Xi y Trump: qué revela la cena de la Casa Blanca sobre la relación China-EE.UU.

La formulación utilizada por Xi fue la de “alargar la lista de cooperación y recortar la lista de cuestiones”. Pekín plantea así una relación en la que la competencia tecnológica no implique necesariamente el cierre de todos los espacios de colaboración.

La imagen de la cena de Estado celebrada el 24 de septiembre en la Casa Blanca ofreció una imagen que dice mucho sobre la actual relación entre China y Estados Unidos. Junto al presidente chino, Xi Jinping, el estadounidense Donald Trump y sus esposas se sentaron cuatro de los empresarios tecnológicos más importantes de Estados Unidos: Jensen Huang, de Nvidia, Lisa Su, de AMD, Tim Cook, de Apple y Elon Musk, de Tesla y SpaceX.

Además, entre los 39 dirigentes empresariales estadounidenses presentes en el banquete, 15 procedían del sector tecnológico: Mark Zuckerberg, de Meta, Jeff Bezos, fundador de Amazon, Michael Dell; Satya Nadella, de Microsoft, Sundar Pichai, de Google, Sam Altman y Greg Brockman, de OpenAI, además de representantes de empresas de la industria de los semiconductores como Qualcomm y Micron.

La relación económica entre China y Estados Unidos se está jugando cada vez más alrededor de la tecnología: quién puede vender determinados chips, dónde se fabrican los componentes, quién controla las materias primas críticas, qué empresas pueden operar en cada mercado y hasta qué punto pueden separarse unas cadenas de suministro construidas durante décadas.

Competidores, pero profundamente conectados

Durante los últimos años, Washington ha ampliado los controles sobre la exportación a China de determinados semiconductores avanzados y tecnologías relacionadas con la inteligencia artificial. Pekín, ante las restricciones, ha tenido que acelerar el desarrollo de capacidades nacionales en chips, modelos de inteligencia artificial, infraestructura informática y otras tecnologías consideradas estratégicas.

Sin embargo, ese proceso de reducción de dependencias convive con otra realidad: algunas de las mayores empresas tecnológicas estadounidenses mantienen importantes intereses en el mercado chino.

Nvidia representa probablemente uno de los ejemplos más visibles. Sus procesadores se encuentran en el centro de la infraestructura necesaria para entrenar y ejecutar los modelos de inteligencia artificial más avanzados. Estados Unidos ha limitado la venta a China de algunos de sus productos más potentes, mientras las empresas chinas desarrollan alternativas nacionales y Pekín intenta fortalecer su propia industria de semiconductores. Al mismo tiempo, Jensen Huang ha manifestado repetidamente la gran importancia que tiene el mercado chino para la industria tecnológica estadounidense.

Algo parecido ocurre con AMD, otro de los grandes diseñadores mundiales de chips. Apple mantiene una relación especialmente compleja con China, que sigue siendo al mismo tiempo un importante mercado de consumo y una pieza fundamental de la cadena de producción de la compañía. Tesla, por su parte, cuenta en Shanghai con su principal instalación de fabricación fuera de Estados Unidos.

Precisamente Elon Musk había realizado pocos días antes de la visita una valoración especialmente positiva de su experiencia en China. En una entrevista con CCTV destacó el papel del equipo chino en el éxito de la Gigafactoría de Tesla en Shanghai y elogió la capacidad industrial y manufacturera del país. También valoró positivamente el desarrollo de los modelos chinos de inteligencia artificial y consideró que China podría avanzar rápidamente para reducir algunas de sus actuales limitaciones en fabricación avanzada de semiconductores y litografía.

Musk fue también especialmente elogioso con Xi Jinping, a quien describió como “un gran líder”, y aseguró haber observado directamente el fuerte desarrollo experimentado por China durante su mandato. Sus palabras representan la opinión del empresario, pero resultan relevantes por el momento en el que fueron pronunciadas y por la particular posición de Musk: dirige Tesla, una compañía con importantes intereses industriales y comerciales en China, y al mismo tiempo SpaceX, una empresa estrechamente vinculada con sectores estratégicos estadounidenses.

Esto explica parte de la paradoja que rodea actualmente a las relaciones económicas entre ambos países. Los gobiernos intentan reducir determinadas vulnerabilidades consideradas estratégicas mientras muchas de sus grandes empresas continúan operando en un sistema económico profundamente interconectado.

La inteligencia artificial añade una nueva dimensión

La presencia de Nvidia y AMD en la mesa principal resulta especialmente significativa por el peso que ha adquirido la infraestructura de inteligencia artificial.

Los grandes modelos necesitan enormes cantidades de capacidad de cálculo y eso ha situado a los chips avanzados, los centros de datos, las redes eléctricas, los sistemas de refrigeración y las cadenas de suministro que los sostienen en el centro de la nueva economía de la IA.

China ocupa además diferentes posiciones dentro de esas cadenas: es uno de los mayores mercados tecnológicos del mundo, mantiene una importante capacidad industrial y manufacturera y desempeña un papel relevante en determinados materiales y procesos relacionados con la industria electrónica.

Por eso, la competencia tecnológica entre China y Estados Unidos no puede reducirse simplemente a la idea de dos sistemas completamente separados. Existen restricciones, controles y políticas de autonomía tecnológica, pero también empresas, proveedores y mercados que continúan conectando ambas economías.

La presencia en Washington de responsables de OpenAI, Microsoft, Google, Meta, Nvidia, AMD, Qualcomm o Micron muestra además que la inteligencia artificial ya no es únicamente una cuestión empresarial y se ha convertido también en una cuestión comercial, industrial y geopolítica.

Una presencia empresarial muy diferente a ambos lados de la mesa

Otro elemento llamó especialmente la atención durante la cena: la representación empresarial china no tuvo una presencia equivalente.

Xi estuvo acompañado principalmente por altos responsables del Gobierno chino, entre ellos el viceprimer ministro He Lifeng, principal interlocutor económico de Pekín en las negociaciones con Washington, el responsable de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, Zheng Shanjie, el ministro de Comercio, Wang Wentao y el ministro de Finanzas, Lan Fo’an.

La diferencia ofrece también una imagen de los distintos modelos de representación institucional. Mientras la delegación oficial china estuvo formada fundamentalmente por responsables políticos y económicos, la parte estadounidense situó a numerosos representantes de sus mayores empresas en un lugar destacado dentro de la visita, al contrario de lo que ocurrió en la visita de Trump a Pekín.

China propone mantener abierta la cooperación tecnológica

La presencia de los grandes empresarios tecnológicos estadounidenses coincidió además con una propuesta explícita de Pekín para mantener abiertos espacios de cooperación entre ambos países, también en algunas de las áreas donde la competencia es mayor.

Durante sus conversaciones con Trump, Xi reconoció que China y Estados Unidos compiten en inteligencia artificial, pero defendió que tienen “más razones para cooperar” en este ámbito. El presidente chino planteó mantener el diálogo bilateral sobre la IA, intercambiar posiciones sobre sus beneficios y riesgos y trabajar para evitar su uso indebido.

La propuesta encaja con una posición más amplia defendida por Pekín durante la visita. Xi aseguró que los intereses de China y Estados Unidos siguen profundamente interconectados y que existe espacio para la cooperación. También afirmó que China mantiene abierta su puerta a las empresas estadounidenses que quieran invertir y hacer negocios en el país, al tiempo que pidió un trato justo para las empresas chinas en Estados Unidos.

La formulación utilizada por Xi fue la de “alargar la lista de cooperación y recortar la lista de cuestiones”. Pekín plantea así una relación en la que la competencia tecnológica no implique necesariamente el cierre de todos los espacios de colaboración.

Esta posición resulta especialmente relevante en una cena en la que estaban presentes Nvidia, AMD, Apple, Tesla, Microsoft, Google, Meta y OpenAI. Muchas de estas empresas operan precisamente en los ámbitos donde resulta más difícil separar competencia y cooperación. Estados Unidos quiere proteger determinadas tecnologías consideradas estratégicas y China quiere reducir su dependencia de ellas, pero al mismo tiempo las tecnológicas estadounidenses quieren conservar acceso a uno de los mayores mercados tecnológicos del mundo y China continúa mostrando interés por la inversión y la actividad de esas empresas.

Cooperación y competencia al mismo tiempo

La escena de la cena debe interpretarse además dentro del nuevo marco político que ambos gobiernos están intentando construir para sus relaciones.

Durante las conversaciones celebradas el mismo 24 de septiembre, Xi volvió a referirse a la denominada relación China-Estados Unidos de “estabilidad estratégica constructiva”, acordada por ambos presidentes durante la visita de Trump a China en mayo. Según la formulación presentada por Pekín, el objetivo es mantener la cooperación como elemento principal, limitar la competencia, gestionar las diferencias y preservar la estabilidad de las relaciones.

Eso no elimina los importantes desacuerdos existentes entre ambos países ni implica que Washington y Pekín compartan necesariamente la misma interpretación de todos los elementos de esa relación. Pero ayuda a entender por qué las empresas tecnológicas pueden desempeñar un papel especialmente interesante.

Para compañías como Nvidia, AMD, Apple o Tesla, China no es solamente un competidor tecnológico o una cuestión de seguridad nacional. También es un mercado, una base industrial, una parte de sus cadenas de suministro o una fuente potencial de crecimiento.

Por eso, algunos de los actores empresariales situados en el centro de la competencia tecnológica tienen también importantes incentivos económicos para mantener abiertos determinados canales de comercio, inversión y cooperación.

La cena de la Casa Blanca no permite concluir que Estados Unidos vaya a modificar sus restricciones tecnológicas hacia China ni que vaya a desaparecer la competencia entre ambos países. Tampoco significa que las grandes empresas puedan determinar por sí mismas la política exterior estadounidense.

Pero sí proporciona una imagen especialmente clara del momento actual: China y Estados Unidos compiten por algunas de las tecnologías que definirán las próximas décadas mientras sus mayores empresas continúan dependiendo, en diferentes grados, de una relación económica que ninguno de los dos países ha desmantelado completamente.

Que Nvidia, AMD, Apple y Tesla ocuparan algunos de los lugares más destacados de la mesa no resuelve esa contradicción, pero sí le da visibilidad. Al mismo tiempo, el mensaje trasladado por Xi en Washington plantea que la competencia no tiene por qué conducir necesariamente al cierre de todos los espacios de comercio, inversión y cooperación tecnológica y que ambos países deben dialogar sobre los beneficios y riesgos de la tecnología para así evitar su uso indebido.