Incendios forestales en China: Evolución y prevención con medidas tecnológicas y administrativas

Como medidas de prevención la estrategia de China se basa en la planificación, la vigilancia y la educación de la población

La evolución de los incendios forestales en China muestra una disminución significativa en el número de eventos y en la superficie afectada durante las últimas décadas, como resultado del fortalecimiento de las políticas de prevención y de la mejora en los sistemas de monitoreo y respuesta.

Uno de los incendios más devastadores de la historia del país ocurrió en 1987 en la región del Gran Khingan, en la provincia de Heilongjiang. Este incendio afectó aproximadamente 1,01 millones de hectáreas de bosque dentro del territorio chino (más de 1,7 millones de hectáreas si se considera la superficie total del incendio, incluida la zona fronteriza). El desastre causó la muerte de 211 personas, dejó 266 heridos, destruyó más de 10.000 viviendas, afectó a alrededor de 50.000 habitantes y provocó pérdidas económicas directas superiores a 500 millones de yuanes, además de pérdidas indirectas estimadas en 6.913 millones de yuanes. Este acontecimiento marcó un punto de inflexión en la política de gestión forestal del país y motivó importantes reformas en materia de prevención y control de incendios.

Durante las décadas siguientes, las estadísticas nacionales reflejaron una reducción progresiva de los incendios forestales. En 1999, China registró 6.874 incendios forestales, con una superficie total afectada de 134.437 hectáreas y una superficie de bosque dañada de 43.687 hectáreas.

Los avances han sido aún más notorios en los últimos años. De acuerdo con el Ministerio de Gestión de Emergencias de China, en 2025 ocurrieron únicamente 226 incendios forestales y de pastizales, la cifra más baja desde que existen registros oficiales. Estos incendios afectaron 4.971 hectáreas y ocasionaron dos víctimas mortales, lo que representa una disminución del 64,4 % en el número de incendios, del 87,4 % en la superficie afectada y del 88,2 % en el número de fallecidos respecto al promedio de los cinco años anteriores. Estos resultados reflejan la eficacia de las estrategias nacionales de prevención, vigilancia mediante satélites y drones, restricciones al uso del fuego y fortalecimiento de los equipos de respuesta rápida.

Como medidas de prevención la estrategia de China se basa en la planificación, la vigilancia y la educación de la población. Una de las principales medidas consiste en la identificación de zonas con alto riesgo de incendios mediante mapas de peligrosidad elaborados a partir de información climática, geográfica y de cobertura vegetal. Estos mapas permiten a las autoridades concentrar recursos humanos y materiales en las áreas más vulnerables.

Otra medida importante es el establecimiento de cortafuegos y franjas de protección alrededor de bosques, parques naturales y comunidades rurales. Estas barreras reducen la propagación de las llamas y facilitan el acceso de los equipos de emergencia. Asimismo, se realizan labores periódicas de limpieza del material vegetal seco, como hojas, ramas y arbustos, que actúan como combustible durante un incendio.

La regulación de las actividades humanas constituye otro elemento fundamental. Durante los períodos de mayor riesgo, las autoridades restringen el uso del fuego para actividades agrícolas, recreativas o industriales dentro de las zonas forestales. Además, se intensifican las inspecciones y patrullajes para prevenir incendios provocados por negligencia o acciones intencionadas.

La educación ambiental también desempeña un papel relevante. China ha incorporado diversas tecnologías avanzadas para mejorar la vigilancia y la respuesta ante incendios forestales. Una de las herramientas más importantes es el uso de satélites de observación terrestre que permiten detectar puntos de calor y anomalías térmicas en tiempo casi real. La información obtenida facilita la identificación temprana de incendios y permite movilizar rápidamente a los equipos de emergencia.

Los drones representan otra innovación destacada. Equipados con cámaras de alta resolución y sensores térmicos, pueden sobrevolar áreas de difícil acceso para localizar focos de incendio, evaluar la intensidad del fuego y transmitir información en tiempo real a los centros de control. Esto mejora la toma de decisiones y reduce el riesgo para el personal que trabaja en el terreno.

Asimismo, China emplea sistemas de vigilancia mediante cámaras inteligentes instaladas en torres de observación y puntos estratégicos. Estas cámaras utilizan algoritmos de inteligencia artificial capaces de identificar columnas de humo o llamas en sus primeras etapas, enviando alertas automáticas a las autoridades competentes.

La inteligencia artificial también se utiliza para analizar datos meteorológicos, como temperatura, humedad, velocidad del viento y precipitaciones. Mediante modelos predictivos, es posible estimar el nivel de riesgo de incendios en diferentes regiones y emitir alertas preventivas antes de que ocurra una emergencia. Este enfoque permite optimizar la distribución de recursos y mejorar la planificación operativa.

En el ámbito del combate directo contra el fuego, China dispone de vehículos especializados, helicópteros y aviones cisterna que descargan agua o retardantes sobre los incendios de gran magnitud. Además, se emplean sistemas de comunicación digital y plataformas de información geográfica (SIG), que facilitan la coordinación entre brigadas forestales, bomberos, autoridades locales y organismos nacionales de gestión de emergencias.

Para enfrentar estos retos, el país continúa invirtiendo en investigación científica y desarrollo tecnológico. Entre las líneas de trabajo destacan la mejora de los sistemas de inteligencia artificial, la incorporación de sensores ambientales conectados mediante Internet de las Cosas (IoT), el desarrollo de drones con mayor autonomía y el uso de modelos predictivos cada vez más precisos para anticipar situaciones de riesgo.

La experiencia de China demuestra que la lucha contra los incendios forestales requiere una estrategia integral en la que la prevención desempeña un papel prioritario. La combinación de políticas de gestión del territorio, educación ambiental, vigilancia permanente y tecnologías avanzadas como satélites, drones e inteligencia artificial ha permitido fortalecer la capacidad de detección temprana y respuesta ante emergencias. Aunque persisten desafíos asociados al cambio climático y al crecimiento urbano, el modelo chino constituye un ejemplo de cómo la innovación tecnológica puede contribuir significativamente a la protección de los ecosistemas, la seguridad de la población y la conservación de los recursos naturales.