Estados Unidos y China están envueltos en un nuevo cruce de medidas arancelarias y políticas proteccionistas después de que el Gobierno estadounidense haya prohibido la importación de nuevos robots avanzados y convertidores de energía, además de incluir a más de 40 empresas chinas en su lista negra. Asimismo, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de Estados Unidos está elaborando un borrador para prohibir la importación desde China de componentes electrónicos que puedan utilizarse en centros de datos.
Tras conocer estas medidas contra la tecnología china y reiterar sus llamamientos al diálogo, China anunció este miércoles que aplicará controles a la exportación de drones y prohibirá cualquier relación comercial con seis entidades estadounidenses. «China no tiene otra opción que adoptar las contramedidas necesarias en respuesta», defendió el Ministerio de Comercio chino después de las medidas impuestas por Estados Unidos.
La Administración de Donald Trump justifica estas políticas en la protección de la seguridad nacional, al considerar que estos equipos, al estar conectados a redes, podrían convertirse en una vía para el espionaje industrial o el sabotaje de infraestructuras críticas. Una justificación que, sin embargo, no comparten las empresas tecnológicas estadounidenses. A través de una carta firmada por una veintena de compañías, entre ellas algunas de las tecnológicas más importantes del país, advierten de que las restricciones a los modelos chinos de código abierto no fortalecen la seguridad nacional, sino que debilitan la competitividad de Estados Unidos.
Algunas de las medidas aprobadas afectan también a otros países, pero lo cierto es que China sigue siendo el principal perjudicado. Es el caso de la prohibición de importar nuevos robots humanoides. Aunque la medida no menciona expresamente al país asiático, la Comisión Federal de Comunicaciones ha bloqueado la homologación de nuevos modelos de robots móviles fabricados en el extranjero. Se trata de un mercado en el que las compañías chinas concentran la mayor parte de la producción mundial, con alrededor del 85 % de los despliegues internacionales. Es decir, las restricciones llegan en un momento en el que China ha consolidado su posición de liderazgo en el desarrollo de tecnologías vinculadas a la inteligencia artificial.
Esta nueva escalada de acusaciones y restricciones comerciales se produce a poco más de un mes de que el presidente de China, Xi Jinping, viaje a Estados Unidos invitado por Donald Trump. La cumbre tendrá lugar después de la visita del presidente estadounidense a China el pasado mes de mayo, en la que ambos líderes acordaron mantener y profundizar una relación estable entre ambas potencias.
No obstante, ese acercamiento parece haberse deteriorado en las últimas semanas. «Estas medidas violan gravemente el importante consenso alcanzado por los dos jefes de Estado y dañan seriamente los derechos e intereses legítimos de China», afirmó el Ministerio de Comercio chino en un comunicado. Con la vista puesta en la cumbre del 24 de septiembre, Beijing ha instado a Washington a retirar las restricciones y poner fin a sus «prácticas erróneas», al tiempo que ha advertido de que impondrá nuevas sanciones si Estados Unidos adopta más medidas contra el país asiático.


