¿Levantar muros o tender puentes? Europa ante la encrucijada de su política comercial hacia China

Autora: Tang Qingzhi

Hace poco, Francia y Alemania enviaron una carta conjunta a la Comisión Europea en la que proponían establecer un mecanismo de emergencia comercial que pudiera activarse rápidamente. Posteriormente, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, señaló que las medidas restrictivas previstas contra China podrían extenderse, más allá de los vehículos híbridos a sectores como la industria química y la maquinaria industrial, y sugirió estudiar posibles medidas de salvaguardia, entre ellas, la imposición de cuotas de importación y aranceles.

Al mismo tiempo, la segunda reunión del mecanismo de consultas sobre comercio e inversión entre China y la Unión Europea, celebrada en Pekín, concluyó con un acuerdo sobre 16 resultados concretos. Entre ellos figuraban un entendimiento sobre el comercio de vehículos híbridos, el establecimiento de un diálogo en materia de controles de exportación y la cooperación en el ámbito de propiedad intelectual.

Por un lado, se preparan instrumentos restrictivos; por otro, se buscan consensos mediante el diálogo. Esta situación aparentemente contradictoria demuestra precisamente que Europa se encuentra ante una encrucijada: ¿responderá a sus preocupaciones en materia de competitividad mediante medidas restrictivas o aprovechará el potencial de complementariedad que ofrece la cooperación? La respuesta debería ser la segunda opción.

Desde la perspectiva de los consumidores, los precios asequibles de los productos chinos representan un beneficio real y tangible para las familias europeas. Según los datos del Banco Central Europeo, desde el segundo semestre de 2025, los precios de los productos importados de China han registrado descensos interanuales continuados, que todavía alcanzaban el 3,3 % en marzo de 2026, contribuyendo a una clara tendencia a la baja de la inflación de los bienes en la zona euro.

Un análisis de Goldman Sachs también señala que el efecto amortiguador que ejerce la oferta de productos chinos sobre la inflación de las economías desarrolladas resulta «especialmente evidente en el mercado europeo». Además, aproximadamente la mitad de las exportaciones chinas a Europa corresponde a bienes intermedios, que permiten a las empresas europeas reducir considerablemente los costes de fabricación. Parte de este ahorro se traslada posteriormente a los precios que pagan los consumidores.

En un contexto marcado por unos precios de la energía estructuralmente elevados y una presión creciente sobre el poder adquisitivo de las familias, carece de lógica considerar los productos importados de buena calidad y precios competitivos como un riesgo que debe restringirse. Limitar la entrada de productos chinos no incrementaría, en primer lugar, los costes de exportación de China, sino el coste de la vida de las familias europeas. Los principales perjudicados serían los consumidores y las empresas de los sectores industriales que utilian estos productos como insumos en sus procesos de producción.

Desde la perspectiva de los productores, la cooperación entre China y Europa, dos grandes potencias económicas e industriales, responde a los intereses fundamentales de ambas partes. China ha desarrollado importantes ventajas en términos de escala, tecnología y costes en las industrias verdes y en el sector de los vehículos de nueva energía.

Según los últimos datos oficiales chinos, la capacidad instalada de generación de energía eólica y solar de China representa actualmente alrededor de la mitad del total mundial; su capacidad de producción de módulos fotovoltaicos supone el 80,1 % del total mundial; y sus ventas de vehículos de nueva energía representan cerca del 60 % del mercado mundial, manteniendo durante once años consecutivos el primer puesto mundial tanto en producción como en ventas de este tipo de vehículos.

Europa, por su parte, cuenta con una sólida experiencia en diseño de marcas, ingeniería, normalización industrial y fabricación de equipos de alta gama. La cadena industrial integrada y la producción a gran escala de China permiten reducir los costes de la transición ecológica, mientras que los canales comerciales, la capacidad de investigación y desarrollo y la experiencia en gestión de Europa ofrecen amplias oportunidades para la cooperación.

La cooperación entre ambas partes no supone una «concesión» de una a la otra, sino que responde a una complementariedad entre sus estructuras industriales, ventajas tecnológicas y costes de producción.

Un ejemplo concreto es el proyecto de inversión conjunta de CATL, empresa china líder en el sector de las baterías, y Stellantis, uno de los principales fabricantes de automóviles del mundo, por un importe aproximado de 4.100 millones de euros, para construir una fábrica de baterías de litio-ferrofosfato en España. Este proyecto ha contribuido significativamente a mejorar el suministro local de baterías en España y a impulsar la transición hacia la electrificación de la industria automovilística española.

Un responsable del Grupo Stellantis reconoció: «Nuestra cooperación con China demuestra claramente que podemos combinar la tecnología y la competitividad a escala mundial con la capacidad industrial europea para impulsar la modernización de la industria manufacturera y la transición ecológica».

Desde la perspectiva de la gobernanza nacional, el comercio con China está directamente relacionado con el empleo, los ingresos fiscales y el bienestar de la población.

En materia de empleo, según datos de Eurostat, el número de puestos de trabajo en la Unión Europea vinculados a las exportaciones hacia China pasó de aproximadamente 1,5 millones en 2010 a unos 3,5 millones en 2023. Las estadísticas del Ministerio de Comercio de China muestran que, a finales de 2024, cerca de 3.000 empresas chinas establecidas en Europa daban empelo a más de 260.000 trabajadores locales.

En cuanto a los ingresos fiscales, según los datos oficiales chinos, el déficit comercial de China frente a Europa en el sector servicios alcanzó los 48.300 millones de dólares en 2025. La Unión Europea fue la principal fuente del déficit chino en el comercio exterior de servicios, al representar el 41,6 % del total. Las exportaciones de servicios de alto valor añadido, como los servicios financieros y los relacionados con la propiedad intelectual, generan directamente ingresos sujetos a tributación en los países de origen.

Según estimaciones del Instituto de Estudios Europa-Asia, basadas en datos del Bundesbank alemán, los beneficios obtenidos por las empresas europeas en China alcanzaron aproximadamente los 30.000 millones de euros en 2024, de los cuales unos 12.000 millones regresaron a Europa en forma de dividendos, contribuyendo de manera efectiva a la rentabilidad de los accionistas y a la reinversión.

El objetivo de la gobernanza de un país es preservar el empleo y mejorar el bienestar de sus ciudadanos. El desarrollo de las relaciones comerciales con China contribuye directamente a estos objetivos. Por ello, Europa debería ampliar las oportunidades de cooperación en lugar de imponerse nuevas limitaciones. El proteccionismo difícilmente permitirá preservar los puestos de trabajo ni mantener los ingresos fiscales, y mucho menos mejorar la competitividad.

Desde la perspectiva de la comunidad de futuro compartido para la humanidad, China y Europa tienen mucho que ganar con la cooperación y mucho que perder con la confrontación.

El gran objetivo de construir una comunidad de futuro compartido para la humanidad consiste en crear un mundo de paz duradera, seguridad universal, prosperidad común, apertura e inclusión y con un entorno limpio y hermoso.

China y Europa, como dos grandes fuerzas, dos grandes mercados y dos grandes civilizaciones del mundo, deberían mantener una actitud de apertura, inclusión y confianza mutua, promover el desarrollo mediante la cooperación y la competencia leal en el marco de las normas y el orden internacionales, asumir las responsabilidades que les corresponden como grandes actores internacionales y convertirse en firmes defensores de la paz y la estabilidad mundiales.

El desarrollo de China ofrece a Europa un socio fiable y digno de confianza con el que avanzar conjuntamente en la transición ecológica y la modernización industrial, no un adversario.

Si Europa establece correctamente sus prioridades, lo único que perderá será un muro. Si las invierte, podría perder las oportunidades de toda una época.

Es mejor tender puentes que levantar muros. Solo mediante la cooperación podremos alcanzar beneficios compartidos.