A pesar del desorden en las relaciones internacionales mundiales, China buscará ampliar su influencia en el Sur Global mediante las diversas iniciativas de la Franja y la Ruta, así como por medio de la consolidación de la alianza de los países BRICS+. Una de sus principales metas es ampliar y diversificar sus vínculos comerciales y de cooperación tecnológica más allá de Occidente.
La apertura internacional selectiva constituye un componente clave de la estrategia externa de China en el contexto de un sistema internacional cada vez más fragmentado y peligroso. Frente al aumento de tensiones geopolíticas con las economías occidentales y ante la creciente politización del comercio y del empleo de las nuevas tecnologías, Pekín apuesta por una apertura pragmática, orientada a maximizar beneficios estratégicos y económicos. Su planteamiento consiste en aumentar su influencia y reducir sus vulnerabilidades, encaminando sus planes a ampliar su ya amplio margen de maniobra global.
- REDEFINIR PRIORIDADES EN UN ENTORNO CONVULSO
Visto el actual marco de la geopolítica mundial, el sueño de Xi Jinping -descrito en 2012- se encuentra en estos momentos en un contexto enredado, complicado y confuso. Se suele decir que, una vez fijada la meta, puede conseguirse; mas no siempre es así. Basta con mirar al pasado.
No olvidemos cómo era hace no mucho tiempo aquella República Popular China, cuando fue aceptada su adhesión a la ONU en 1971, en el club de naciones del mundo: una nación con una gran población, en su mayor parte agrícola y rural.
El poderoso imperio americano generaba por aquel entonces la cuarta parte del PIB mundial, mientras China aportaba escasamente un 2,7% a ese mismo PIB nominal. Fueron los acuerdos entre Mao y Nixon, secundados por Zhou Enlai y Henry Kissinger los que permitieron abrir las puertas del club de las naciones del mundo, hasta entonces cerradas[1].
Más de medio siglo más tarde, el peso de los EE.UU. en el tablero mundial sigue siendo enorme. En términos económicos, los EE.UU. representaban en 2025 el 26% de la economía global, en tanto China se situaba en torno al 17%.
Hoy, ambas naciones lideran al mundo, si bien la tasa de crecimiento económico de China (casi un 5% p.a.) supera claramente a la norteamericana (2,1% p.a.).
Sin embargo, el gobierno estadounidense sigue siendo el gendarme del planeta. Es quien más armas y bases militares tiene distribuidas por el mundo y quien sigue controlando las finanzas y los mercados monetarios mediante el uso del dólar.
El apoyo de Washington, D.C. a Taiwán, isla situada frente a las costas de Fujian y Xiamen, hacen de ésta una especie de portaviones que no se puede hundir. Mas China siempre ha mantenido: “Taiwán es parte de China”.
Por otra parte, vemos a los EE.UU. invadiendo y gobernando indirectamente en Venezuela, al tiempo que bombardea y ataca a Irán. No solamente pretende el gobierno de Trump hacerse con las reservas de petróleo y de otros minerales de estos países, sino al mismo tiempo pretende cerrarle el paso a China a adquirir los hidrocarburos de ambas naciones… y puede que no haya dos sin tres… pues la zona del estrecho de Ormuz -en donde se encuentran Arabia Saudita y Omán- es altamente inestable.
Seguramente, los EE.UU. seguirá aplicando la ley del más fuerte, desatada por Trump. Aspira a controlar -e incluso a poseer- Panamá o Groenlandia, con la idea de reducir -sino a erradicar- la navegación de buques chinos y rusos, bien por los océanos Pacífico y Atlántico, bien por la ruta polar ártica al norte de Siberia.
La OTAN se encuentra asimismo en aguas procelosas. Trump acaba de expresar una vez más en Ankara que los europeos son poco fiables y además deben aportar más. El holandés Mark Rutte, quien preside la organización, se está comportando como un verdadero lacayo al servicio de los americanos.
Por último, Israel y su presidente Netanyahu, aparecen como el único aliado de los EE.UU., si bien enormemente desprestigiados por su cruel genocidio y política de apartheid. Para los sionistas, sean de Israel, los EE.UU. o de terceros países, hacerse con las reservas de uranio de Irán facilitaría su meta de convertirse en el soñado gran Israel, desde el Nilo al Éufrates.
En este entorno convulso, no solamente China, sino otros países, deben de calibrar bien la política errática y agresiva de la Casa Blanca. Los conflictos abiertos no solamente se dan a nivel geográfico o de países, sino son patentes en otras áreas, como en la energía, la salud, las finanzas, la erradicación de la pobreza, la educación, el uso del espacio y de la tecnología punta…
A pesar de la enorme simbiosis entre las economías de los EE.UU. y China, se está dando una soterrada guerra entre ambas potencias, bien sea en aranceles, permisos de trabajo, espionaje político e industrial, guerra de subvenciones y precios e incluso hasta han ocurrido secuestros de directivos chinos. Y cabe la sospecha que hay mucho más entre bambalinas. De ahí que sea tan complejo diseñar un plan a cinco años, cuando tantas variables exógenas al mismo impactan directamente sobre el mismo.
Tras la congelación de activos a Rusia[2] en 2022 y en 2025 por parte de la Unión Europea -para apoyar a la Ucrania de Zelensky- ahora hay rumores de que este tipo de operaciones “de congelación de fondos”, podrían repetirse tanto en Oriente Medio como en Venezuela.
Tanto la Unión Europea como los EE.UU. han dejado de ser entre ellos mismos socios comerciales y financieros fiables. Por esta razón, es lógico y prudente que la segunda potencia mundial, la República Popular China -la actual fábrica del mundo- quiera llevarse bien con sus clientes y reduzca su riesgo con aquellos socios que no le merecen seguridad y confianza: básicamente las naciones occidentales capitaneadas por el presidente de los EE.UU.

El embudo de las prioridades determina la atención, el tiempo y los recursos a dedicar a lo más importante
Sin embargo, es en el hemisferio norte, en donde se encuentran la mayoría de los países occidentales de la OCDE y están sus principales socios comerciales, como son los EE.UU., la Unión Europea, Japón y Corea del Sur.
En resumen, un plan quinquenal a medio plazo es más estratégico que un presupuesto anual y, por tanto, en su perímetro de acción ha de abarcar otras variables y escenarios. En esta sección se ha intentado mostrar brevemente el entorno internacional en el que se encuentra inmerso el XV Plan Quinquenal de China, a desarrollar a lo largo de este lustro. Dicho entorno está lleno de riesgos, incertidumbres y desafíos. El reto está servido.
- DIVERSIFICACIÓN DE SUS VÍNCULOS COMERCIALES
Ante semejante panorama, Pekín plantea en este plan quinquenal avanzar en la diversificación de sus vínculos comerciales; reduciendo la dependencia del Imperio Celeste de los mercados occidentales.

Reducir el riesgo y explorar nuevas fuentes de ingresos
Desde hace varios lustros el Imperio Celeste se ha centrado en el fortalecimiento de las relaciones con socios del Sur Global. Mediante la ampliación de acuerdos regionales y multilaterales, estima China poder mitigar los riesgos asociados a sanciones, restricciones comerciales y desacoplamientos parciales.
Esta estrategia también favorece la internacionalización de empresas chinas y contribuye al uso de monedas locales en el amplio comercio bilateral con el Sur Global.
En conjunto, la apertura internacional selectiva refleja una adaptación estratégica de China a un entorno global más competitivo, agresivo e incierto.
Sin renunciar a la globalización, el país redefine sus prioridades externas para consolidar su influencia a escala mundial, asegura el acceso a mercados y tecnologías y se posiciona como un actor central en el desarrollo económico del Sur Global.Top of Form
- INICIATIVA DE LA FRANJA Y LA RUTA EN EL SUR GLOBAL
En este marco, la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR) sigue siendo el principal instrumento previsto para expandir la influencia china en el Sur Global. A través de inversiones en infraestructura, energía, transporte y conectividad digital, China fortalece sus vínculos con Asia, África, América Latina y Medio Oriente. En una etapa más reciente, la IFR ha evolucionado hacia proyectos de mayor calidad, sostenibilidad financiera y cooperación en sectores como la energía verde, la economía digital y la logística avanzada.
Entre los mercados de materias primas más apreciados se encuentran los Iberoamericanos. El primer socio comercial de Hispanoamérica son los Estados Unidos, destacando su relación con México. Sin embargo, el Imperio del Centro se ha convertido en el segundo socio comercial más importante con estos países, ofreciendo a cambio fundamentalmente manufacturas y la construcción de proyectos de infraestructuras vitales para el desarrollo económico y social de esta región.
La relevancia, de cara al futuro, de la ruta de la seda marítima tendrá su impacto en la construcción de nuevos proyectos portuarios y logísticos, así como en el desarrollo de centrales y redes energéticas. Serán obviamente necesarias nuevas infraestructuras de transporte terrestre para dar servicio de acceso a los puertos.
África es otro polo de fuerte atracción para China, dado que tanto los EE.UU. como Europa han ido cediendo terreno político y comercial en este continente. Geográficamente, China tiene un acceso más sencillo a los mercados de materias primas africanos. Se estima una población en torno al millón o millón y medio de chinos en África, principalmente en Sudáfrica y Angola.
Los países del ASEAN son vecinos cercanos y con mercados muy atractivos para China, nación que ostenta el privilegio de ser su principal socio comercial. Esta asociación de países está considerada como la quinta economía mundial.
Indudablemente, la Nueva Ruta de la Seda conlleva la firma de un inmenso número de contratos empresariales, de todo tipo, a ser firmados, puestos en marcha, ejecutados e incluso explotados en esta misma década.
Ni Europa ni los Estados Unidos han desarrollado algo similar para Oriente Medio, África e Iberoamérica. Mientras China sigue tejiendo alianzas con países y empresas del Sur Global, EE.UU. y la Unión Europea andan enzarzados en la guerra de Ucrania o intentando ver cómo frenan la llegada de emigrantes de Oriente Medio, Iberoamérica y África.
Tanto la UE como los EE.UU. están atravesando un mal momento político. Basta ver cuán desprestigiados están sus líderes, dando discursos incomprensibles, cuando no contradictorios y planteando medidas contraproducentes y perjudiciales para sus poblaciones.
Estamos a escasamente tres meses de las elecciones de medio término en EE.UU. Éstas tendrán lugar el 3 de noviembre de 2026. Mientras los EE.UU. se mantienen en un acoso continuo a diestra y siniestra, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, urge a los países medianos a unirse entre ellos.
Las relaciones internacionales futuras entre los principales bloques o civilizaciones del mundo se verán también afectadas hacia 2030 por otras variables, como serán la reindustrialización de sectores industriales enteros y la aparición de nuevas tecnologías.
Alvin Toffler, en su libro de 1979 titulado “La Tercera Ola”, ya vislumbraba -hace casi medio siglo- el rumbo que podría tomar la humanidad tras las etapas agrícola e industrial del pasado. Incluso -cuando se habla de la reindustrialización de los EE.UU.- lo que está en juego es la llegada de nuevas tecnologías, las cuales están no solamente marcando la regeneración de los clásicos modelos productivos hacia industrias limpias, digitales y descarbonizadas, sino que están apostando por amplificar la fuerza mental del ser humano.
La “modernización socialista”, es uno de los objetivos del desarrollo económico y social propuesto para el año 2035 y puede apreciarse cómo el XV Plan Quinquenal, contribuirá de forma determinante a alcanzarlo, por un lado, dentro de China y por otro principalmente en el Sur Global.
ACUERDOS DE COOPERACIÓN TECNOLÓGICA
Desde Pekín se propugna una política económica expansiva orientada a la autosuficiencia tecnológica, energías limpias y a la modernización industrial. En el XV Plan Quinquenal se definen objetivos de inversión descentralizados, al tiempo que se autorizan importes masivos para iniciativas específicas.
El gobierno impulsa asimismo acuerdos de cooperación tecnológica con países en desarrollo y economías emergentes, promoviendo la transferencia de capacidades, la formación de talento y el desarrollo conjunto de industrias estratégicas. Esta cooperación abarca áreas como las telecomunicaciones, energías renovables, inteligencia artificial y manufactura avanzada, reforzando las relaciones de interdependencia que trascienden el comercio tradicional.
Detrás del amplio desarrollo tecnológico se encuentra un enorme esfuerzo intelectual humano para trasladar a los ordenadores datos y algoritmos, capaces de -a través de su talento computacional- transformar nuestra sociedad mundial.
China y los EE.UU. compiten en este terreno desde perspectivas diferentes. Los inventores e invenciones procedentes de ambas naciones trabajan bajo reglas y fines distintos, si bien los científicos de ambas saben que las máquinas carecen de conciencia y no responden a emociones.
Mientras en los EE.UU. se prioriza el software de la IA a través de los oligopolios corporativos, en China se promociona la manufactura avanzada, la transición energética y el despliegue industrial masivo impulsado por el Estado.
Como señalan sobre la innovación los premios nobeles de economía de 2025 -Joel Mokyr, Philippe Aghen y Peter Howitt-, solamente un puñado de países y de empresas lideran el conocimiento tecnológico y su impacto sobre el desarrollo económico mundial.

El primer implante cerebral humano despierta dilemas éticos
Cabe, por tanto, pensar en la pluralidad de enfoques a dar a esta rápida evolución, en donde se atisba no solamente la “destrucción creativa” de procesos que devienen obsoletos, sino también se alerta del riego de las inteligencias presentes (AGI)[3] y por venir (superinteligencia /ASI)[4] las cuales seguramente operarán independientemente, más allá de la capacidad cognitiva humana y fuera de su control.
En el plazo de este quinquenio (2026-2030) se efectuarán inversiones masivas y se cerrarán alianzas estratégicas para asegurar la soberanía y el control hegemónico del futuro. Quienes no se preparen para participar en este delicado juego estratégico se convertirán irremisiblemente en vasallos de las naciones poseedoras de las nuevas tecnologías[5].
La batalla en este terreno tecnológico es el más delicado, pues la mayor parte de la humanidad podría verse sometida a las principales potencias, en un mundo cada vez menos libre a causa de las actuales políticas llamadas de “respeto a la seguridad y privacidad” del individuo.
Vivimos en una sociedad donde existe una enorme desinformación y resulta muy difícil de predecir si en seis meses habrá una crisis alimentaria o energética o si estaremos ante una nueva confrontación comercial o industrial.
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- NO RENUNCIAR A LA GLOBALIZACIÓN
El acceso de China al club del mundo es ya historia. Aquella humillada China de Mao se ha transformado en el líder absoluto de la globalización.
Cientos de instituciones políticas, empresariales y científicas chinas contribuyen a la planificación estatal. Parte de su apertura internacional selectiva está relacionada con otros programas no comentados, como la reforma educativa, el control de los mares y los polos, la carrera espacial o la adaptación a la IA a las industrias del futuro.
Sea cual sea la naturaleza y el nivel de los conflictos a lo largo de este quinquenio, cada nación –por su propio bien- debiera gestionarlos de manera constructiva.
A pesar de las numerosas dificultades y de la gran incertidumbre reinantes, cada país, grande o pequeño debe de gestionarse prudentemente a diario y sus gobiernos deberán tomar las medidas consideradas oportunas en beneficio de sus ciudadanos.
- ACTOR CENTRAL DEL SUR GLOBAL
Gracias a su creciente peso económico, político y tecnológico China se ha consolidado como uno de los principales actores del Sur Global. A través de la inversión en infraestructuras, el comercio y la financiación para el desarrollo, el Gran Dragón ha fortalecido sus vínculos con numerosos países de Asia, África y América La monumental Iniciativa de la Franja y la Ruta ha servido como instrumento clave para ampliar su influencia y fomentar la conectividad internacional.
Al mismo tiempo, China está promoviendo un orden internacional más multipolar y defendiendo una mayor representación de los países en desarrollo en las principales instituciones multilaterales, muchas de las cuales son de nuevo cuño, creadas para dar una mayor representación al Sur Global.
La participación activa de China en organismos -como los BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghái- refuerza este objetivo.
Indudablemente, su modelo de desarrollo y de cómo encauzar las relaciones internacionales es una brillante y clara alternativa al liderazgo occidental.
Vamos adentrándonos en un nuevo orden mundial. El XV Plan Quinquenal de China contribuirá probablemente, mediante su diplomacia, valiosa cultura e intercambios comerciales a aumentar su poder blando.
En paralelo, su cooperación tecnológica, energética, comercial y sanitaria habrá ampliado su presencia en el Sur Global[6].

Una idea aproximada del Sur Global
En resumen, China se proyecta como un actor central en la configuración del equilibrio geopolítico del siglo XXI.
[1] A pesar de ser China un socio fundador de la ONU en 1945, los Estados Unidos y sus aliados occidentales en la ONU, se negaron en 1950 a reconocer a la República Popular China como el gobierno legítimo de la nación China, ya que se habría otorgado a un gobierno comunista un poder de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
[2] Efectuada a través de la institución belga Euroclear, si bien no está claro en dónde se encuentran repartidos dichos fondos del Banco Central de Rusia, los cuales, según parece, ascienden a 300.000 millones de dólares. Éstos fueron inmovilizados indefinidamente por la Unión Europea a sus propios inversores europeos, que creían en la regla del respeto a la propiedad privada. Es muy probable que estos fondos no vuelvan a sus propietarios y se gasten “en la guerra y reconstrucción de Ucrania”, país bien conocido por su alto nivel de corrupción.
[3] La AGI sería autónoma y podría superar las capacidades cognitivas humanas en el plazo de tres años.
[4] Actualmente, esta superinteligencia artificial es un caso hipotético, en la cual están invirtiendo masivamente los laboratorios, sin haber sido de momento sus riesgos valorados y acotados. Los desafíos éticos y la seguridad existencial podrían no estar teniéndose en cuenta, quedando los intereses humanos al albur de las grandes corporaciones y estados o incluso siendo avasalladas nuestras propias mentes y valores por máquinas cognitivas muy superiores a los humanos, en áreas como la creatividad, el razonamiento y la resolución de problemas.
[5] No es lo mismo invertir en función de ganar poder y dinero, que hacerlo para mejorar la calidad de vida, así como la cohesión económica y social de la población a servir.
[6] Por razones históricas y geográficas, Rusia no es considerada como una nación del Sur Global sino como un actor muy relevante, junto con China, en la actual promoción de alianzas con los países emergentes.


