El 28 de septiembre, como cada año en China y Corea del Sur, se celebra el nacimiento de Confucio lo que ocurrió en el 551 a. C. Coincidiendo con esta fecha en la actualidad, se celebra el Día del Maestro, por ser considerado el primer maestro de China.
Confucio es el pensador más influyente de la historia de toda Ásia, cuyas doctrinas morales, familiares y políticas dieron forma a las civilizaciones de China, Corea, Japón y Vietnam. Vivió durante el convulso período de Primaveras y Otoños (551 a. C. – 479 a. C.), una era de guerras feudales que lo impulsó a buscar una vía para restaurar la paz y la armonía social mediante la ética y la educación. Su nombre real era Kong Qiu (孔丘), aunque el más usado era el honorífico Kǒngzǐ (孔子) que significa literalmente «Maestro Kong» o «Gran Maestro Kong» (Fuzi / Zi significan «maestro» o «sabio» en chino clásico). Al escuchar el sonido «Kong-fu-zi», los jesuitas europeos lo transformaron fonéticamente en «Confucius», que derivó al español actual como Confucio.
Durante la Revolución Cultural de Mao Zedong, la figura de Confucio y su filosofía fueron perseguidas implacablemente, consideradas como el «viejo pensamiento» que mantenía a China en el atraso y la sumisión feudal. Sin embargo, en un giro histórico que define la política china contemporánea, el Partido Comunista de China (PCCh) bajo el liderazgo de Xi Jinping ha abrazado la herencia confuciana, fusionándola con el marxismo para crear una narrativa de legitimidad, estabilidad y orgullo nacional. Esta fusión, a menudo denominada por los teóricos del Partido como la «Segunda Integración» (la combinación del marxismo con la cultura tradicional china), ha transformado la forma en que el Estado se percibe a sí mismo y a su papel en el mundo.
Analicemos los elementos centrales del confucianismo que laten con fuerza en la cultura política de la China actual y, posteriormente, observaremos a través de citas directas cómo el pensamiento de Xi Jinping dialoga a través de los milenios con el del antiguo sabio.
1. Los elementos confucianos en la política actual del PCCh
El gobierno de la virtud (de) y el estado paternalista
El confucianismo sostiene que las leyes y los castigos son insuficientes para gobernar bien; el verdadero orden nace cuando los líderes actúan como ejemplos morales (el gobierno a través de la virtud o De). En la China actual, el PCCh no se presenta simplemente como una entidad administrativa, sino como el guardián moral y paternal de la nación. La inmensa campaña anticorrupción de Xi Jinping —que prometió cazar tanto a «tigres» (altos cargos) como a «moscas» (burócratas locales de menor calado)—, no se justifica únicamente en términos legales, sino como un proceso de purificación moral del Partido. A los cuadros dirigentes se les exige hoy una rectitud ética y una lealtad absoluta, emulando la figura del Junzi (el caballero o persona noble confuciana), que debe gobernar con integridad para que el pueblo lo siga naturalmente.
Armonía social (he) y la aversión al caos (luan)
Para Confucio, el objetivo supremo de la sociedad es la armonía (He), lograda cuando cada individuo cumple su rol dentro de una jerarquía social bien definida (gobernante-súbdito, padre-hijo, etc.). El mayor temor en el pensamiento tradicional chino es el Luan (el caos o la agitación). El PCCh ha adoptado esta primacía de la armonía colectiva por encima de los derechos individuales occidentales. Las políticas contemporáneas tienen como objetivo el mantenimiento de la estabilidad social (weiwen) y hunden sus raíces en la premisa confuciana de que el orden social es el requisito indispensable para la prosperidad. El individuo debe subordinar sus intereses al bienestar de la gran familia nacional (el Estado-Civilización), porque dicho individuo sabe y confía, en que el Estado le ayudará en todas las cuestiones principales, como un padre cuidaría de su familia: este es el pacto social chino conocido como el Mandato del Cielo. Lo que implica que los ciudadanos y el Estado han de cumplir cada uno con su parte.
La Piedad Filial (Xiao) transformada en patriotismo
La piedra angular de la ética confuciana es la piedad filial (Xiao): el respeto absoluto y la devoción hacia los padres y los ancestros. El PCCh de Xi Jinping —asimilando completamente el pensamiento de Confucio—, ha extendido este concepto del ámbito familiar al ámbito estatal. En la retórica oficial contemporánea, la lealtad a la patria y al Partido se presenta como una extensión natural del amor y deber hacia la familia. Amar a la madre patria y apoyar al Estado se equiparan con el deber filial que mantiene unida la estructura moral de la sociedad.
El ideal de la «Gran Armonía» (Datong) en la política exterior
En el ámbito internacional, China recurre al concepto confuciano Datong (la Gran Armonía o la utopía social donde el mundo entero coopera pacíficamente) y el Tianxia (Todo bajo el cielo). La política exterior estrella de Xi Jinping, plasmada en el eslogan de construir una «Comunidad de futuro compartido para la humanidad» (人类命运共同体), es profundamente confuciana. Se presenta al mundo como una propuesta benevolente y pacífica de cooperación mutua (como la Iniciativa de la Franja y la Ruta), donde China actúa como una gran civilización estabilizadora en un mundo interconectado.
2. Diálogos a través del tiempo: Confucio y Xi Jinping
La adopción del confucianismo por parte del PCCh es una política de Estado completamente intencional. Xi Jinping cita a los pensadores clásicos chinos, y en particular a Confucio, con más frecuencia que cualquier otro líder del PCCh desde Mao. A continuación, se muestran paralelismos directos —a través de frases entrecomilladas—, que comparten el mismo significado y exponen cómo el líder actual adapta la antigua sabiduría a su manual de gobernanza.
A. Sobre el liderazgo por el ejemplo moral (la virtud)
Confucio:
«El que gobierna mediante su virtud es como la estrella polar, que permanece en su sitio mientras todas las demás estrellas le rinden homenaje» (Analectas, 2:1)
«Si te conduces con rectitud, ¿qué dificultad tendrás en gobernar? Si no puedes conducirte con rectitud, ¿cómo podrás corregir a los demás?». (Analectas, 13:13)
Xi Jinping:
«Para forjar hierro, uno mismo tiene que ser fuerte». (Discurso ante la prensa internacional, noviembre de 2012).
«Gobernar el país requiere que los funcionarios tengan una moral intachable. Debemos persistir en gobernar el país según la ley y, al mismo tiempo, según la virtud. El derecho es la moralidad escrita, y la moralidad es el derecho interno». (Sesión de estudio del Buró Político del Comité Central del PCCh, 2016).
Análisis: En ambos autores, la ley o el castigo son herramientas incompletas. El poder real de un líder o de un partido no emana exclusivamente de su aparato represivo, sino de su autoridad moral. Xi Jinping exige a sus cuadros que sean la «estrella polar» moderna: figuras de rectitud incorruptible para que las masas los sigan y confíen en el Estado.
B. Sobre el pueblo como base de la legitimidad (Minben)
Confucio y la tradición confuciana:
A la pregunta de su discípulo Zigong sobre qué es esencial en el gobierno, Confucio dijo: «comida suficiente, armas suficientes y la fe del pueblo. Si tuviera que renunciar a una, dejaría las armas; si a dos, dejaría la comida, pues… Desde la antigüedad, la muerte ha sido el destino de todos, pero si un pueblo no tiene fe en sus gobernantes, el Estado no puede sostenerse». (Analectas, 12:7)
Xi Jinping:
«El pueblo es el cielo, el pueblo es el Estado. Nuestro Partido echa sus raíces en el pueblo, su sangre fluye del pueblo y su fuerza proviene del pueblo. Perder la confianza de la gente sería el mayor peligro que podríamos enfrentar». (Discurso en el centenario de la fundación del PCCh, 2021).
Análisis: El concepto confuciano de Minben (el pueblo como la raíz o base del Estado) es adoptado por Xi Jinping para justificar el monopolio del poder del PCCh. Así pues, el Partido existe por y para el pueblo. La legitimidad del PCCh no se valida a través de elecciones occidentales pluripartidistas, sino a través de que el gobierno cumpla con el «Mandato del Cielo»: satisfacer las necesidades del pueblo, erradicar la pobreza extrema y, en términos generales, aumentar día a día la calidad de vida del pueblo en todos los ámbitos.
C. Sobre la diplomacia, la diversidad y la convivencia pacífica
Confucio:
«El hombre noble busca la armonía sin uniformidad. El hombre inferior busca la uniformidad sin armonía». (Analectas, 13:23)
Xi Jinping:
«Debemos respetar la diversidad de las civilizaciones. En el mundo no hay dos hojas idénticas… Las civilizaciones son variadas, y esa diversidad exige la convivencia pacífica y el aprendizaje mutuo. Las naciones deben buscar la armonía sin uniformidad, respetando el camino de desarrollo que cada país haya elegido según sus propias condiciones». (Discurso en la sede de la UNESCO en París, 2014).
Análisis: Xi Jinping ha utilizado esta célebre cita de las Analectas en repetidas ocasiones para articular su política exterior y criticar claramente a Estados Unidos y Occidente. Para Xi, Occidente busca la uniformidad al tratar de imponer la democracia liberal a todos los países. En contraste, la visión de Beijing se presenta como confuciana: permite la armonía global aceptando que coexistan diferentes sistemas políticos y culturales, respetando la soberanía de cada Estado en una gran orquesta mundial.
D. Sobre la autocorrección y la disciplina interna
Confucio:
«Cuando veas a un hombre bueno, trata de imitarlo; cuando veas a uno malo, examínate a ti mismo». (Analectas, 4:17)
(Su discípulo principal, Zengzi, añadía): «Cada día me examino tres veces: ¿he sido desleal al actuar para los demás? ¿He faltado a la sinceridad en mi trato con amigos? ¿He fallado en dominar lo que se me ha enseñado?». (Analectas, 1:4)
Xi Jinping:
«Los miembros del Partido y los cuadros dirigentes deben nutrirse de la cultura tradicional excelente. Como decían los antiguos, deben examinarse a sí mismos tres veces al día. Deben mantener el asombro y el respeto, medir sus propios límites, ser estrictos en su autodisciplina, y rechazar la corrupción y la degeneración desde lo más profundo de sus mentes». (Instrucciones sobre la construcción ideológica y disciplinaria del Partido, 2018).
Análisis: La introspección y la autodisciplina son vitales para el perfeccionamiento del Junzi (caballero) confuciano. Xi Jinping transforma esta práctica filosófica individual en una obligación institucional. El examen diario es hoy en día el mecanismo psicológico e ideológico con el que el PCCh exige a sus más de 90 millones de miembros que se protejan contra las tentaciones de la corrupción.
Conclusión
La China actual no ha renunciado al marxismo, pero ha comprendido que una ideología importada de Europa en el siglo XIX no es suficiente para asentar el alma de una civilización milenaria. Al integrar el confucianismo en el núcleo de su discurso, el Partido Comunista bajo Xi Jinping ha forjado un patriotismo cultural sumamente efectivo y absolutamente ajustado a su civilización.
Al leer a ambos autores en paralelo, queda claro que Xi Jinping actúa en muchos aspectos como un caballero confuciano moderno. La virtud como requisito para liderar, la armonía como objetivo supremo, el pueblo como raíz que nutre al Estado y la búsqueda de un mundo diverso y pacíficamente ordenado, demuestran que la sabiduría de Confucio, nacida hace 2.500 años, sigue estando completamente viva en China en pleno siglo XXI. No ha existido a lo largo de la historia mundial ningún caso, ni siquiera, lejanamente comparable. Así pues, no es exagerado decir que Confucio es el arquitecto de China: de la antigua, de la actual y de la futura.


