China quiere crear una red de miles de especialistas para llevar la inteligencia artificial a las empresas

China ha invertido durante los últimos años grandes cantidades de recursos en desarrollar inteligencia artificial. El país dispone de modelos capaces de generar texto, imágenes o código, empresas tecnológicas que compiten en este mercado, centros de datos, servicios de computación en la nube y una creciente infraestructura destinada a entrenar y utilizar sistemas de IA.

Sin embargo, tener toda esa tecnología disponible no significa que las empresas sepan automáticamente cómo aprovecharla y ese es el problema que el Ministerio de Industria y Tecnología de la Información de China (MIIT) quiere abordar ahora.

El ministerio ha puesto en marcha una iniciativa para identificar y desarrollar una red nacional de proveedores especializados en ayudar a otras empresas a utilizar inteligencia artificial. El objetivo oficial es que este registro o grupo nacional reúna a más de 2.000 proveedores a finales de 2026 y al menos 3.000 en 2027. Esto no quiere decir que el Gobierno chino haya anunciado la creación directa de 3.000 nuevas empresas de IA. Lo que pretende es localizar compañías y organizaciones que ya ofrecen este tipo de servicios, impulsar el crecimiento de otras, mejorar sus capacidades y construir alrededor de ellas una red capaz de extender la aplicación de la inteligencia artificial por la economía.

Tener inteligencia artificial y saber utilizarla son dos cosas diferentes

La mejor forma de entender esta política es separar dos problemas. El primero consiste en desarrollar inteligencia artificial: crear modelos, entrenarlos con datos, disponer de chips suficientes y construir centros de datos capaces de proporcionar la potencia de cálculo necesaria. El segundo comienza después: conseguir que una empresa encuentre una utilidad concreta para esa tecnología y consiga incorporarla a su funcionamiento cotidiano.

Esta segunda parte suele ser bastante más complicada de lo que parece. Una compañía puede contratar acceso a un modelo de inteligencia artificial en cuestión de minutos, pero lo difícil suele ser intentar utilizarlo para algo realmente importante. Puede querer automatizar parte de su atención al cliente, analizar documentos, detectar problemas en una línea de producción, ayudar a sus empleados a encontrar información interna, optimizar rutas logísticas o crear un asistente que realice determinadas tareas. Para hacerlo tendrá que decidir qué modelo utilizar, comprobar si sus datos están preparados, conectar diferentes sistemas informáticos, establecer qué información puede consultar la IA, definir qué acciones puede realizar y controlar que todo funcione de forma segura.

Muchas empresas, especialmente las pequeñas y medianas, no cuentan con personal especializado capaz de hacer todo ese trabajo. Y ahí aparecen los proveedores que China quiere desarrollar.

Qué son los proveedores de servicios de aplicaciones de IA

El MIIT los denomina proveedores de servicios de aplicaciones de inteligencia artificial. Su función consiste, en términos sencillos, en ayudar a una organización a pasar de la pregunta «¿podríamos utilizar inteligencia artificial?» a disponer de una aplicación concreta que funcione dentro de la empresa.

Su trabajo puede comenzar antes incluso de elegir la tecnología. Primero necesitan comprender cómo funciona la compañía y detectar dónde puede tener sentido introducir inteligencia artificial. Después pueden analizar qué datos tiene disponibles, seleccionar un modelo adecuado, adaptarlo a las necesidades de la organización y conectarlo con el software que ya utiliza. También pueden desarrollar agentes de IA, formar a los trabajadores, mantener posteriormente las aplicaciones y establecer mecanismos de seguridad y control.

Un agente de inteligencia artificial, por ejemplo, es un sistema al que se le permite realizar una secuencia de tareas con cierto grado de autonomía. En lugar de limitarse a responder una pregunta como hace un chatbot convencional, puede consultar información, utilizar diferentes herramientas, completar varios pasos y ejecutar determinadas acciones. Introducir uno de estos agentes dentro de una empresa requiere decidir a qué información puede acceder, qué puede hacer por sí mismo, cuándo necesita autorización humana y cómo se supervisan sus decisiones.

Una figura que ya existió en otras grandes transformaciones tecnológicas

La aparición de estos intermediarios tiene precedentes en otras etapas de digitalización empresarial. Cuando las compañías comenzaron a instalar grandes programas de gestión, surgieron consultoras e integradores especializados en adaptar ese software a cada organización. Más adelante, con la expansión del cloud, aparecieron empresas capaces de ayudar a trasladar sistemas y datos a infraestructuras remotas y decidir qué servicios convenía utilizar.

Esta capa puede ser especialmente importante para las pymes. Una gran corporación puede contratar ingenieros especializados, crear un departamento propio de inteligencia artificial y experimentar durante meses con diferentes soluciones, pero para una empresa pequeña resulta mucho más difícil asumir ese coste. Poder contratar una solución ya probada, adaptarla y recibir apoyo para instalarla reduce considerablemente la barrera de entrada.

China quiere que las soluciones puedan repetirse

Otro elemento importante del programa del MIIT tiene que ver con la escala. Si cada empresa necesita desarrollar desde cero su propia aplicación de inteligencia artificial, la implantación será lenta y costosa. El ministerio quiere que los proveedores identifiquen problemas que se repiten en muchas compañías y desarrollen soluciones que después puedan utilizarse, con algunas modificaciones, en diferentes clientes.

Si una solución desarrollada para una empresa puede adaptarse posteriormente a veinte, cien o mil organizaciones, el coste disminuye y la tecnología puede extenderse mucho más deprisa.

El MIIT habla en este contexto de soluciones más estandarizadas, modulares y reutilizables. También utiliza una expresión china que puede traducirse aproximadamente como soluciones pequeñas, rápidas, ligeras y precisas. El objetivo es favorecer aplicaciones que resuelvan problemas concretos sin que cada implantación se convierta necesariamente en un proyecto tecnológico enorme.

El nuevo ingeniero que trabaja junto al cliente

Entre las medidas propuestas aparece además un perfil profesional que está ganando relevancia dentro de la inteligencia artificial empresarial: el Forward Deployed Engineer, normalmente conocido por sus siglas FDE.

El nombre puede parecer complejo, pero su función resulta bastante fácil de entender. Es un ingeniero que trabaja muy cerca del cliente, en ocasiones incluso integrado temporalmente en sus instalaciones o equipos, para conseguir que una tecnología pueda utilizarse realmente dentro de esa organización.

Un ingeniero tradicional puede desarrollar una herramienta pensada para muchos usuarios. Un FDE necesita comprender además cómo trabaja una empresa concreta, qué sistemas utiliza, dónde guarda sus datos y qué problema quiere resolver. Después adapta la tecnología, crea conexiones con otros programas y modifica la solución hasta conseguir que funcione en ese entorno específico.

Este tipo de profesional está adquiriendo importancia porque muchos proyectos de inteligencia artificial fallan precisamente en ese punto intermedio. La tecnología existe y funciona en una demostración, pero introducirla en una organización real obliga a enfrentarse a datos incompletos, sistemas antiguos, procesos empresariales complejos, cuestiones de seguridad y necesidades muy diferentes entre departamentos.

El MIIT anima expresamente a los proveedores chinos a desarrollar equipos de Forward Deployed Engineers, lo que muestra hasta qué punto la política comienza a prestar atención a esa última fase de la implantación.

También hacen falta capacidad de computación y dinero

Utilizar inteligencia artificial tiene además un coste. Los modelos necesitan ordenadores especializados y una considerable capacidad de cálculo para procesar las peticiones que reciben. Una gran compañía tecnológica puede disponer de esa infraestructura, pero una pyme normalmente tendrá que contratarla a través de un proveedor externo.

El programa chino contempla por ello mecanismos para facilitar el acceso a recursos de computación. Entre ellos aparecen los denominados compute vouchers, que podrían traducirse como vales de computación. Son ayudas que permiten a determinadas empresas reducir el coste de utilizar capacidad de cálculo disponible en centros de datos o plataformas especializadas.

La lógica es parecida a otras ayudas empresariales destinadas a facilitar la adopción tecnológica. En lugar de obligar a cada compañía a comprar servidores y procesadores especializados, se subvenciona parcialmente el acceso a una infraestructura compartida. China lleva años construyendo una red cada vez mayor de recursos de computación y ahora intenta que esa capacidad llegue también a las empresas que necesitan utilizarla.

Del laboratorio a millones de empresas

El programa contempla además apoyo a la formación, creación de grupos de proveedores que combinen diferentes capacidades y apertura de escenarios reales en los que probar aplicaciones. Las autoridades quieren facilitar que empresas especializadas en modelos, datos, software, computación e integración colaboren cuando una sola organización no pueda cubrir todas las necesidades de un proyecto.

También existe una dimensión internacional. El MIIT plantea apoyar a aquellos proveedores capaces de acompañar soluciones y proyectos chinos de inteligencia artificial en otros mercados, con referencias específicas a mecanismos de cooperación como la Iniciativa de la Franja y la Ruta, los BRICS o China-ASEAN.

Pero la transformación principal se producirá dentro de China. Después de varios años dedicados a construir modelos, infraestructura y capacidad de computación, el desafío consiste en trasladar todo ello a un tejido económico formado por millones de compañías muy diferentes entre sí.

Más que el anuncio de miles de nuevas compañías, esta nueva política representan el intento de organizar y ampliar una nueva industria de servicios alrededor de la implantación de inteligencia artificial. China ha dedicado una primera etapa a construir buena parte de la infraestructura tecnológica. Ahora comienza a ocuparse de un problema diferente y probablemente decisivo: cómo conseguir que esa tecnología llegue a millones de empresas y se convierta en una herramienta que realmente puedan utilizar.