China continúa afianzando su posicionamiento en el mapa educativo mundial. Las conclusiones del informe PISA 2025, publicados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) tras evaluar a más de 760.000 estudiantes de 15 años en 91 países, sitúan a China entre los sistemas educativos con mejor rendimiento del mundo. Los resultados, obtenidos de las pruebas realizadas en Beijing, Shanghai, Jiangsu y Zhejiang, son muy superiores a la media de los países desarrollados en matemáticas, ciencias y lectura.
Convertirse en líder educativo es, precisamente, uno de los objetivos del Gobierno chino. Así lo detalló en la hoja de ruta que presentó el pasado año. Un proyecto educativo que busca forjar un robusto sistema educativo para 2035 con el fin de apoyar su esfuerzo de modernización vinculando directamente la formación escolar con la competitividad tecnológica del país.
Con más de 12.300 estudiantes evaluados en 374 centros educativos, la participación representa a cerca de 1,4 millones de jóvenes de 15 años. Los resultados consolidan la posición de China como una de las grandes referencias internacionales en educación, aunque el informe advierte de que pese a los buenos resultados se deben afrontar retos, especialmente en comprensión lectora y adaptación a un entorno educativo cada vez más digital, sobre todo con la rápida evolución de la inteligencia artificial. No obstante, ha sido este año cuando el Ministerio de Educación chino, como parte de su plan de evolución de la educación de cara a 2035, lanzó el programa AI+ Education, que impulsa la Inteligencia Artificial en todo el sistema educativo de forma integrada
Los resultados son el reflejo de un sistema que se estructura sobre la disciplina, el respeto a la figura del profesor y, además, a una gran inversión en educación por parte del Gobierno chino, superior al 4% del Producto Interior Bruto. A ello se suma que el Estado garantiza nueve años de escolarización básica gratuita y obligatoria, lo que asegura que la inmensa mayoría de la población reciba una formación común antes de enfrentarse a las pruebas que determinan el camino de los estudiantes.
En comparación con la edición de 2018, los alumnos han experimentado una amplia mejora en matemáticas, posicionándose en el primer puesto y marcando una diferencia de 149 puntos con la media de la OCDE. Un resultado fruto del programa educativo, estandarizado en todo el país, y la importancia del gaokao, el examen nacional de acceso a la universidad donde las matemáticas tienen un peso determinante. Antes de llegar a este examen, los estudiantes ya han superado el zhongkao, que determina a qué instituto pueden acceder y actúa como primer gran filtro del sistema a los 15 años.
En concreto, el 54% de los estudiantes chinos obtuvo los niveles más altos de competencia, frente al 8% de media de la OCDE. Además, el 96% de los alumnos alcanzó al menos el nivel básico de competencia en matemáticas, muy por encima del promedio global, situado en el 65%. Ningún otro sistema educativo alcanza una proporción similar, lo que confirma el elevado nivel de excelencia académica de los estudiantes chinos.
Es en lectura donde los estudiantes chinos obtienen peor resultado, retrocediendo en las estadísticas en comparación con la última edición del informe. El 93% de los estudiantes alcanzó el nivel mínimo de competencia y uno de cada diez logró situarse entre los mejores lectores. No obstante, es una proporción superior a la media internacional.
A pesar de todo ello, el informe detalla algunos desafíos a los que tiene que hacer frente el sistema educativo chino. Y es que entre 2018 y 2025, aumentó el porcentaje de alumnos con bajo rendimiento tanto en matemáticas como en lectura, al mismo tiempo que la distancia entre los estudiantes con mejores y peores resultados se amplió en matemáticas, aunque se redujo en comprensión lectora.
Más allá de los resultados académicos, PISA destaca que el origen socioeconómico influye menos en el rendimiento de los estudiantes de BSJZ que en la mayoría de los países desarrollados. La diferencia entre los alumnos de mayor y menor nivel socioeconómico es inferior a la media de la OCDE, lo que refleja una capacidad relativamente mayor del sistema para compensar las desigualdades de origen.
El informe también señala que un 14% de los estudiantes procedentes de entornos desfavorecidos logra situarse entre el 25% con mejores resultados en ciencias, un indicador de resiliencia académica ligeramente superior al promedio internacional.


