Nueva Delhi acoge este fin de semana la XVIII Cumbre de Líderes de los BRICS, en un momento marcado por la creciente fragmentación del escenario internacional, la escalada de las tensiones en Oriente Próximo y las dificultades que atraviesa el sistema multilateral. Bajo el lema “Construyendo para la resiliencia, la innovación, la cooperación y la sostenibilidad”, la reunión pondrá a prueba la capacidad de los BRICS para mantener una agenda común y reforzar su papel como plataforma de cooperación entre las economías emergentes y los países del Sur Global.
La cumbre reunirá a dirigentes de Asia, África, Oriente Medio y América Latina, entre ellos el presidente de China, Xi Jinping, el presidente ruso, Vladímir Putin, y el presidente iraní, Masoud Pezeshkian. La presencia de los principales líderes de los países fundadores vuelve a situar a los BRICS en el centro del debate sobre la evolución del orden internacional y sobre la necesidad de avanzar hacia un sistema de relaciones internacionales más representativo y basado en el multilateralismo.
China, actor central de los BRICS
La presencia de Xi Jinping constituye uno de los elementos políticos de mayor relevancia de esta cumbre. Tras confirmar el Ministerio de Asuntos Exteriores de China su participación, por invitación del primer ministro indio, Narendra Modi, la visita supone además el primer viaje del presidente chino a India en siete años y una nueva señal del progresivo acercamiento entre dos de las principales potencias asiáticas.
Pero la relevancia de China en esta cumbre va mucho más allá de su dimensión bilateral con India. China es uno de los cuatro países fundadores de los BRICS y su principal potencia económica, además de desempeñar un papel determinante en la expansión y consolidación de la organización. Desde su creación, Beijing ha defendido que los BRICS deben evolucionar desde un mecanismo de coordinación entre grandes economías emergentes hacia una plataforma más amplia de cooperación entre países en desarrollo.
Esta visión ha adquirido mayor importancia tras la ampliación del grupo. La incorporación de nuevos miembros y socios ha extendido el alcance de los BRICS por Asia, África, Oriente Medio y América Latina, reforzando su dimensión como espacio de cooperación del Sur Global. En este proceso, China ha desempeñado un papel especialmente activo en la promoción de la cooperación Sur-Sur, la financiación del desarrollo, la conectividad, la innovación tecnológica y la reforma de las instituciones internacionales.
La posición china parte de una premisa cada vez más presente en los debates internacionales: la estructura de gobernanza mundial debe reflejar mejor el peso demográfico y económico de los países emergentes y en desarrollo. Los BRICS constituyen, en este sentido, uno de los principales instrumentos para canalizar esa demanda de mayor representación sin plantearse necesariamente como una alianza de confrontación con otros bloques.
Una plataforma cada vez más relevante
La cumbre de Nueva Delhi llega en un contexto especialmente significativo para la organización. Desde su nacimiento en 2006, con Brasil, Rusia, India y China como miembros fundadores, los BRICS han ampliado progresivamente su composición y su ámbito de cooperación.
Su dimensión actual explica buena parte de su creciente influencia. Los países BRICS+ representan alrededor del 36% de la economía mundial y cerca de la mitad de la población del planeta, mientras que su peso en instituciones fundamentales de la arquitectura financiera internacional, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, continúa siendo sensiblemente inferior.
Esta diferencia entre el peso real de los países emergentes y su representación institucional se encuentra en el origen de una de las principales reivindicaciones de los BRICS: la reforma de la gobernanza económica y financiera internacional.
La organización cuenta, además, con instrumentos propios que han adquirido una creciente importancia. Entre ellos destaca el Nuevo Banco de Desarrollo (NDB), creado precisamente para financiar proyectos de infraestructura y desarrollo sostenible en los países miembros y otros países en desarrollo. A ello se suma la creciente cooperación financiera y económica impulsada desde Asia, donde China desempeña un papel central.
Más que una estructura cerrada, los BRICS se están configurando como una red de cooperación política, económica y financiera cada vez más amplia, en la que las relaciones Sur-Sur adquieren un protagonismo creciente.
Comercio, desarrollo e innovación
La agenda de la cumbre estará marcada por cuestiones como el comercio, la financiación del desarrollo, la innovación tecnológica, la seguridad alimentaria y la reforma de las instituciones internacionales.
Durante la presidencia india, los países miembros han profundizado en esta agenda de cooperación. En agosto aprobaron el denominado “Consenso de Chennai”, orientado a impulsar la investigación y la innovación colaborativas en tecnologías emergentes entre los países en desarrollo. Ese mismo mes, los ministros de Comercio defendieron la preservación y revitalización del sistema multilateral de comercio, en un contexto marcado por las políticas arancelarias impulsadas por la Administración Trump.
Previamente, en junio, los ministros de Agricultura habían aprobado una declaración centrada en el fortalecimiento de la seguridad alimentaria y en las necesidades específicas de los países en desarrollo.
Todos estos ámbitos conectan directamente con algunas de las prioridades que China viene promoviendo en sus relaciones con el Sur Global: desarrollo, innovación, conectividad, seguridad alimentaria, reducción de la pobreza y cooperación tecnológica. Para Beijing, los BRICS pueden desempeñar un papel importante en la construcción de una arquitectura internacional en la que el desarrollo de los países emergentes deje de ocupar una posición secundaria.
India y China, dos centros de gravedad de la organización
La cumbre también permitirá observar la evolución de la relación entre India y China, dos de los principales centros de gravedad de los BRICS y dos de las grandes potencias asiáticas.
La participación de Xi Jinping en Nueva Delhi adquiere así una doble dimensión: por un lado, refuerza la agenda propia de los BRICS; por otro, ofrece una oportunidad para avanzar en la estabilización de las relaciones bilaterales entre ambos países.
La capacidad de China e India para encontrar espacios de cooperación será determinante para el futuro de la organización. Sus diferencias no impiden que compartan intereses en cuestiones como el desarrollo económico, la reforma de la gobernanza mundial, la cooperación Sur-Sur o la defensa de un sistema comercial multilateral.
En este sentido, la fortaleza de los BRICS no reside necesariamente en la uniformidad de sus posiciones, sino en su capacidad para articular intereses diversos alrededor de una agenda de cooperación común.
El reto de mantener una voz común
La reunión de Nueva Delhi se celebra, además, en un escenario internacional especialmente complejo. La evolución del conflicto en Oriente Próximo, las tensiones comerciales, la relación con Estados Unidos y las distintas posiciones de los países miembros ante las principales crisis internacionales pondrán a prueba la capacidad de los BRICS para proyectar una posición común.
Precisamente por ello, el principal resultado de la cumbre no tendrá que medirse únicamente por la capacidad de alcanzar acuerdos sobre cada una de las crisis internacionales, sino también por la posibilidad de consolidar un espacio de diálogo entre países con sistemas políticos, intereses económicos y posiciones geopolíticas diferentes.
Ese es uno de los elementos que explica la creciente importancia de los BRICS. Su expansión demuestra que existe una demanda de nuevos espacios de cooperación internacional y que una parte cada vez mayor del mundo reclama una gobernanza global más representativa.
En este proceso, China ocupa una posición central. Como miembro fundador, principal economía del grupo, gran potencia comercial y uno de los principales impulsores de la cooperación Sur-Sur, Beijing está contribuyendo a definir la evolución de los BRICS hacia una plataforma de mayor alcance.
La cumbre de Nueva Delhi será, por tanto, una nueva oportunidad para comprobar hasta qué punto los BRICS pueden convertir su creciente peso económico y demográfico en mayor capacidad de influencia política y capacidad efectiva para contribuir a la gobernanza global.
En un mundo marcado por la fragmentación, la cuestión ya no es únicamente qué posición adoptan los BRICS ante las crisis actuales, sino qué papel aspiran a desempeñar en la configuración del mundo que está emergiendo.


