Álvaro Leonardo: “Sin la Fundación Cátedra China, costaría mucho más que la sociedad española reconociera la importancia de nuestra relación histórica con China”

La vida de Abelardo Lafuente era desconocida en España. Sin embargo, en China, incluso estaban reconocidos sus edificios con placas conmemorativas en la ciudad

La vida de Abelardo Lafuente era desconocida en España. Sin embargo, en China, incluso estaban reconocidos sus edificios con placas conmemorativas en la ciudad. Y aunque algunas de ellas, desvela Álvaro Leonardo Pérez, estaban en edificios equivocados, fue lo que le permitió descubrir la vida del arquitecto español más importante de Asia que, ni siquiera instituciones españolas en Shanghai, conocían.

Ahora, cuando el Ayuntamiento de Fuentidueña de Tajo dedica a su vecino ilustre un paseo, el investigador que ha dado a conocer en España la trayectoria de Lafuente y le ha dedicado su tesis doctoral, pone en valor el trabajo de la Fundación Cátedra China, destacando su rol clave en esta historia. “Tenemos muchos más vínculos de lo que pensamos y sin instituciones como Cátedra China, costaría mucho más tiempo que se reconociera nuestra relación histórica”.

¿Cómo descubrió usted la figura de Abelardo Lafuente y qué fue lo que más le llamó la atención hasta el punto de dedicarle su tesis?

Fui a China en 2009 para trabajar y para vivir, pero no con la intención de hacer una tesis doctoral. De hecho, mi tesis doctoral es diferente al resto. En mi caso fue un encuentro completamente circunstancial y casual. Después de unos meses en Shanghai, donde empecé a trabajar casualmente vi un edificio que, por cómo era la fachada y la disposición de la entrada, me sorprendió mucho porque se parecía a los palacios del siglo XIX en España. Me llamó tanto la atención que me acerqué a ver la placa que había, y sorprendentemente ponía el nombre de Abelardo Lafuente, del que yo no había oído hablar nunca.

Pensé que sería conocido, pero al preguntar a la directora del Instituto Cervantes y a varios contactos que llevaban años en China, nadie sabía nada. Incluso en el Consulado lo veían inviable. Decidí empezar a investigar al darme cuenta de que, al año siguiente, en la Expo Universal de Shanghai, los recorridos arquitectónicos del Ayuntamiento solo mencionaban a un arquitecto extranjero. Pensé que Lafuente podía estar a esa misma altura. Tuve varios golpes de suerte, contacté con su familia en Madrid y recopilé suficiente información.

Unos meses después, antes de que empezara la expo, lo presenté al cónsul y al Cervantes para poder dar al menos una charla. Imagínate, cuando se lo dije al cónsul y le presenté documentación probando lo que había descubierto y que había encontrado algún edificio más, no daba crédito. Me preguntaron en qué libro salía, pero les decía que no había referencias. Todo el mundo se me quedaba mirando con cara de que estaba loco, pero se dieron cuenta de que había la suficiente información como para que yo pudiera dar una conferencia de una hora y presentarlo por primera vez. Me dieron la posibilidad en la Semana del Cervantes del Pabellón de España de la Expo Universal en septiembre de 2010.

Propuse organizar un recorrido en autobús para ver sus edificios y la respuesta fue abrumadora: acudieron casi 100 personas a la conferencia y acabamos organizando hasta 13 viajes en autobús, atrayendo principalmente a ciudadanos shanghaineses.

Yo me daba cuenta de que viviendo en Shanghái, siendo arquitecto y habiendo encontrado algo así, tenía que guardarme toda la documentación posible para poder hacer algo en un futuro. Pero no fue hasta 2015 o 2016, tras mudarme a Dubái, cuando decidí estructurarlo formalmente en una tesis doctoral asesorado por un catedrático en Madrid. Era la única forma de evitar que se perdiera o se distorsionara la información. Incluso yo fui el primero que escribió la entrada de Wikipedia de Abelardo en el año 2012.

La familia, que tenía documentación diseminada por diferentes casas y cajas, nunca había vivido en China y no era capaz de unir el puzle.

En China sí que conocían la figura de Abelardo, pero aquí en España no. Cuando habló con la familia, ¿qué sabían ellos?

Ellos sabían que habían tenido un abuelo que fue arquitecto en China. Sabían que guardaban cosas que nadie había tenido el tiempo de leer porque nunca nadie había ido a China, y eran conscientes de que era algo muy difícil. De hecho, le mandaron un mail a una investigadora americana de Shanghái en el año 2001, preguntándole si había oído hablar de este señor. Esta señora, Tess Johnston, que lleva investigando el archivo de Shanghái 20 años y es una eminencia, les dijo que nunca había oído hablar de él, que le parecía imposible encontrar algo, y que solo si tenían un golpe de suerte o mucho Guanxi (contactos en China), quizás podían encontrar algo.

Al enterarme, decidí que yo sería ese golpe de suerte. Con los documentos en español de la familia y mi acceso a los archivos en Shanghái, logré ir uniendo las piezas.

Sobre la placa que vi en aquel primer paseo, resulta curioso porque el Ayuntamiento de Shanghai suele cometer errores en esas señalizaciones. Años después descubrí que ese edificio ni siquiera era de Abelardo Lafuente; la placa estaba en el edificio incorrecto. El verdadero Club Judío de Shanghái, construido por él y su socio estadounidense, estaba en la misma calle pero a unos 800 metros. Sin embargo, ese error fue el detonante de toda mi investigación.

Aquí en España nadie conoce la historia. Hay poco conocimiento de la historia entre China y España, aunque ahora empieza a haber un poquito más. Espero que esto sirva de mayor enlace todavía entre ambos países, con lo cual este homenaje en su pueblo natal lo agradezco mucho. Es un personaje muy importante para la cultura española en China.

Estos edificios de Lafuente tienen más de 100 años, están en calles importantes y no han desaparecido, probablemente por la singularidad de su arquitectura.

¿Qué significa para Fuentidueña de Tajo que se reconozca ahora la figura de Abelardo? ¿Es una forma de tender puentes entre España y China de una manera local?

Sí, creo que es una manera muy buena de tender puentes. El alcalde fue a China con la Fundación Cátedra China, junto a otros alcaldes de la Comunidad de Madrid. En aquel momento él no lo sabía, pero a su vuelta se puso a buscar en internet y se dio cuenta de que Abelardo era de su pueblo.

Es una oportunidad muy buena para Fuentidueña y también para la Comunidad de Madrid y Andalucía. Que un turista chino pueda ir a ver la «pequeña Alhambra» de Shanghai, que es la mansión de verano de Antonio Ramos, y después venir a Madrid o a Granada a ver el patrimonio español es un filón increíble. Pero aparte, para el pueblo, es importante que los chavales se den cuenta de que, por mucho que estén en un pueblo pequeño, con esfuerzo, perseverancia y trabajo se puede llegar a donde uno quiera.

¿Qué importancia tiene la Fundación Cátedra China en la recuperación y difusión de la figura de Abelardo?

Me parece muy positivo. Se necesitan más iniciativas como esta para que la gente en España entienda mejor China y se puedan producir más vínculos turísticos, comerciales y de trabajo. Si no llegan a suceder estas visitas y si no se explica lo que es China a la sociedad, costará mucho más tiempo encontrar lugares comunes de interés. Al final, la primera globalización la realizaron España y China hace 400 años. Tenemos muchos más vínculos de lo que pensamos y sin instituciones como Cátedra China, costaría mucho más tiempo que la sociedad española reconociera la importancia de nuestra relación histórica y actual.

¿Podemos considerar entonces que Abelardo fue un pionero en el intercambio cultural entre España y China

Sí, por supuesto. Él hizo muchos tipos de edificios y estilos, pero el más significativo es la reinterpretación del mudéjar español, ese estilo «neoárabe» mezclado con toques neoclásicos. Fue el que lo introdujo en la época de las concesiones internacionales. Allí competía con arquitectos ingleses, franceses, americanos y japoneses. Él nunca pudo construir en el Bund, por ejemplo, porque el Bund era británico y lo construían arquitectos británicos. Él se abrió camino introduciendo un estilo que no se veía por allí y los clientes le buscaban para ello.

Aconsejado por este catedrático, especialista en el siglo XIX, lo denomino estilo «neoárabe», porque es una reinterpretación suya en Asia. Lo increíble es llevar un estilo como ese al otro lado del mundo en aquella época, estando tan aislado de cualquier influencia española.

¿Cómo influyó la ciudad de Shanghai en la obra que levantó Abelardo Lafuente, porque los estilos entiendo que son completamente diferentes

A principios del siglo XX, Shanghai era una conjunción de gente occidental de muchos países, y cada uno en sus concesiones pedía los estilos que reconocían de sus países de origen. La arquitectura china no influía sobre la extranjera a principios de siglo. A partir de finales de los años 20 sí empezó a haber esa influencia, pero la desgracia fue que Abelardo falleció en 1931. El arquitecto húngaro del que hablábamos antes sí llegó a influenciar su arquitectura más moderna con estilo chino, pero Abelardo no llegó a eso.

Él fue a Estados Unidos cuando hubo una crisis en Shanghai, estuvo unos años en Los Ángeles, vio arquitectura moderna y, a su vuelta a Shanghái con 60 años, dio una conferencia sobre cómo iba a influenciar su viaje a Estados Unidos a la hora de proyectar sus próximos edificios. Decía que la ciudad tendría más espacios verdes y se construiría con mejores materiales para hacer edificios más altos. La desgracia fue que falleció al mes de esa conferencia, pero curiosamente Shanghai ha evolucionado hacia eso que él dijo.

¿Qué dificultades se encontró durante su investigación? ¿Cómo fue el proceso de llegar a los archivos en China y acceder a esta documentación?

Fue muy complicado. La documentación no está organizada, no escribes palabras clave y te aparece todo. Pasé año y medio yendo todos los sábados a una biblioteca en Xujiahui a leer periódicos página a página desde 1913 hasta 1931. Los periódicos no estaban escaneados, me dejaban los originales. Había fines de semana que pasaba 6 horas y no encontraba absolutamente nada, y otros en los que de repente había dos noticias.

Otra complicación es que el acceso a los Archivos de Construcción Urbana de Shanghai no está permitido al público general. Solo pude ir una vez gracias a que el cónsul me acompañó con su coche oficial y nos recibió el director del archivo. Me dieron fotocopiados los planos originales de un edificio de 1924, y me dijeron que no tenían nada más y que no podía investigar allí. Mi tesis entreabre puertas para que alguien siga investigando, pero tiene que ser alguien que esté en China, sepa chino y español, y cumpla el perfil estricto de estudiante de doctorado en arquitectura.

¿Y aquí en España qué fue lo que pudo encontrar de él?

Solo la documentación que guardaba la familia. El hijo de Abelardo Lafuente fue el conocidísimo historiador de arte español Enrique Lafuente Ferrari. Su padre le incentivó desde Shanghai a estudiar y aprender idiomas. De hecho, antes de hacer sus tratados sobre Goya y Zurbarán, Enrique fue crítico de arquitectura y comentaba edificios en revistas de Madrid usando las fotos que su padre le mandaba por carta.

También encontré la historia de Antonio Ramos, un granadino que fue propietario de más de siete salas de cine en Shanghai. Abelardo construyó o reformó varias de ellas. En 1926 Ramos volvió multimillonario a Madrid y construyó el cine Rialto en la Gran Vía, que sigue en pie hoy en día. Nadie en Madrid sabe que el cine Rialto está hecho con dinero ganado en China por el «rey del cine».

A nivel arquitectónico de Lafuente no hay nada en España. Él construyó en Shanghai pero también en Estados Unidos. La mansión de Abelardo Lafuente en estilo español está en Beverly Hills, frente a la Universidad de Los Ángeles (UCLA), y allí nadie tiene ni idea. También construyó en Tijuana, en Filipinas, en Hong Kong y en Cantón.

¿Cree que esta historia servirá para descubrir otras que aun desconocemos?

No es fácil. Resulta impactante contar que existe un vínculo arquitectónico entre la Alhambra y Shanghái. A veces de repente cuentas ese vínculo y te miran raro. Ojalá en la próxima década esa casa de Shanghai se pueda rehabilitar correctamente y utilizar como un lugar de encuentro entre ambas culturas.