En los últimos meses he escuchado con frecuencia el término 国潮 (Guócháo), que podría traducirse como “tendencia nacional”. Al profundizar un poco y navegar por las redes sociales, como 小红书 (red note), me he dado cuenta de que se trata de una tendencia mucho más extensa y profunda de lo que imaginaba en un primer momento, donde la sociedad china reivindica su propia identidad cultural. Es decir, no es una moda pasajera, sino la expresión visible de una confianza cultural renovada.
Después de varios viajes a China y meses viviendo en el país, he podido observar cómo ciertos símbolos nacionales forman parte de la vida cotidiana. Aquí es habitual ver personas vistiendo prendas con la bandera china no solo en ropa de deporte, como suele ser habitual en la mayoría de países, sino también en camisetas o abrigos, es decir, en prendas de uso diario. Una insignia que no solo se puede ver en el mundo textil , sino que desde hace años se ha convertido en un fenómeno cultural ligado a la adopción de la cultura china y el orgullo de país.
Las primeras manifestaciones de esta tendencia surgieron en el sector de la moda. Marcas locales empezaron a incorporar en sus diseños elementos tradicionales como dragones, tinta china, motivos imperiales, caracteres 汉字 (hànzì) o referencias al 汉服 (hànfú), la vestimenta tradicional china. Todo ello combinado con cortes modernos, moda urbana y estética contemporánea. La combinación de tradición y estética moderna conectó rápidamente con las nuevas generaciones, que empezaron a redescubrir su herencia cultural desde códigos visuales actuales..



Con el paso de los años, esta tendencia ha ido expandiéndose hacia prácticamente todos los ámbitos de la vida cotidiana. En la gastronomía, por ejemplo, muchas cadenas y marcas han recuperado recetas tradicionales, envases inspirados en la estética clásica china o campañas publicitarias centradas en el patrimonio cultural del país. En el entretenimiento ocurre algo similar: series, videojuegos, películas y música incorporan cada vez más referencias históricas y mitológicas nacionales, presentadas con una narrativa moderna y tecnológica.
Incluso en el ámbito educativo y artístico puede percibirse esta revalorización cultural. Museos, exposiciones y proyectos audiovisuales dirigidos al público joven utilizan formatos digitales y redes sociales para acercar la historia china a nuevas generaciones que buscan redescubrir sus raíces desde una perspectiva contemporánea. El orgullo cultural ya no se expresa únicamente desde el discurso institucional, sino también desde el consumo, el diseño y la vida diaria.
Parte del éxito del Guochao radica en que conecta perfectamente con el momento histórico que vive China. El crecimiento económico del país durante las últimas décadas ha generado una nueva confianza colectiva. Muchos jóvenes chinos han crecido viendo cómo China pasaba de ser “la fábrica del mundo” a convertirse en una potencia tecnológica, cultural y económica con influencia global. Esa transformación también ha modificado la percepción que tienen de sí mismos y de su cultura.
Por ello, cada vez menos jóvenes sienten la necesidad de mirar exclusivamente hacia Occidente como modelo aspiracional. En lugar de imitar tendencias extranjeras, buscan reinterpretar y modernizar elementos propios. En este sentido, el Guochao puede entenderse como una manifestación concreta de la “confianza cultural” defendida por China en los últimos años: la idea de que una civilización debe valorar sus propias tradiciones, fortalecer su identidad y desarrollar sus propios caminos hacia la modernidad sin perder sus raíces culturales.
Grandes multinacionales han entendido rápidamente el potencial comercial y simbólico de esta tendencia. Marcas internacionales como Adidas han lanzado colecciones inspiradas en la estética Guochao, incorporando caracteres chinos, símbolos del zodiaco, referencias al Año Nuevo Lunar o diseños basados en la iconografía tradicional. Estas colecciones no solo se venden en China, sino también en Europa, América y otros mercados asiáticos, exportando así una parte de la estética cultural china al resto del mundo.
Coincidiendo con el tercer aniversario de la Iniciativa para la Civilización Global propuesta por el presidente chino Xi Jinping, este fenómeno adquiere una dimensión aún más significativa. La iniciativa defiende el respeto a la diversidad de civilizaciones, el diálogo intercultural y la importancia de que cada país preserve su identidad cultural dentro de un mundo globalizado. Bajo esta perspectiva, el Guochao puede interpretarse como la expresión popular y cotidiana de esa visión: una sociedad que reafirma su cultura, recupera símbolos tradicionales y los proyecta hacia el futuro mediante nuevas formas de consumo, diseño y creatividad.
Lo que comenzó como una corriente de moda juvenil se ha convertido en una declaración cultural mucho más amplia. El Guochao no consiste simplemente en vestir ropa con detalles tradicionales o consumir productos con estética china. Es una manera de reafirmar identidad, pertenencia y orgullo cultural en un contexto globalizado donde durante mucho tiempo lo extranjero fue considerado sinónimo de modernidad.
En cierto modo, el fenómeno refleja una China que ya no busca únicamente integrarse en las tendencias globales, sino también crear las suyas propias. Una generación que no renuncia a la modernidad, pero que quiere construirla desde sus propias raíces.


