Okuda lleva siete años instalado en Usera, un barrio madrileño, donde vive la comunidad china más grande de España, cuya diversidad cultural conecta directamente con su manera de entender el arte. Su identidad artística, explica, se ha formado viajando por el mundo y dejándose influir por las culturas con las que se ha cruzado, a lo largo de intervenciones en más de sesenta países. Por eso considera que representar a un distrito tan plural tenía todo el sentido para él, y que participar en la creación de un arco inspirado en la tradición china era una oportunidad especialmente significativa: no solo por representar a la comunidad china, sino por contribuir a construir una imagen compartida del barrio.
El proyecto propone una reinterpretación contemporánea de los tradicionales arcos chinos. En lugar de reproducir sus formas habituales, Okuda ha apostado por una estética futurista y colorista, reconocible en su obra, en la que dos dragones, símbolos de China, conviven con un oso, símbolo de Madrid. El resultado busca expresar la relación entre ambas culturas desde la armonía, el amor y la diversidad.
Una composición que ha ido evolucionando durante los dos años de desarrollo con las conversaciones e ideas aportadas por todos los implicados en la composición. Porque Okuda ha trabajado codo con codo con la comunidad china y con el distrito de Usera para lograr lo que pretende convertirse en un símbolo de Madrid y un nuevo elemento de unión entre China y la capital. En un principio se pensó únicamente en dos dragones, pero la incorporación del oso se reveló fundamental cuando el equipo entendió que el arco no debía representar solo a la comunidad china, sino la convivencia entre esta y la sociedad española. Esa idea se refuerza en el color: Okuda mantiene su habitual apuesta por equilibrar todo el círculo cromático con el blanco, el negro y los grises, una combinación que subraya la imagen de una China diversa y de un Madrid igualmente plural.
La obra incorpora, además, palabras como libertad, amor, Chinatown y Usera, realizadas en dorado junto al maestro Ren San, que trabajó con tinta china para integrarlas en el diseño. Estos elementos refuerzan un mensaje que el artista considera esencial: valorar la diversidad cultural como condición necesaria para la evolución humana. Su intención no es reproducir la tradición de manera literal, sino revisitarla y darle una lectura actual, accesible para cualquier persona, independientemente de sus conocimientos artísticos o culturales que permita acercar al público a China y sus valores.
Por ello, el trabajo con la comunidad china, cuenta Okuda, ha sido una parte fundamental y enriquecedora del proyecto. Esa implicación explica, a su juicio, que la población china haya asumido el arco como algo propio pero que, a su vez, logre conectar con públicos distintos.
De ese trabajo conjunto el artista se lleva también una lección sobre la cercanía entre culturas que, a menudo, se perciben como distantes. Muchas de las personas con las que ha colaborado se instalaron en España en los años setenta y han crecido junto al barrio desde entonces. Okuda subraya que son, en buena medida, personas muy integradas en la sociedad española, tras varias generaciones en el país, y concluye que no existen barreras entre las culturas. “No hay barreras entre las culturas; nos enriquecemos al conocer otras formas de ver el mundo”.Destaca, además, su seriedad y su precisión en el trabajo, cualidades que ya había observado en sus colaboraciones profesionales en China, incluso cuando tuvo que supervisar proyectos a distancia durante la pandemia.
Usera, un barrio vivo y diverso
Desde que llegó al distrito, Okuda ha visto cómo Usera se ha ido consolidando como un espacio de convivencia entre comunidades. También ha descubierto una intensa vida cultural y gastronómica, especialmente vinculada a la presencia de las comunidades china y latina.
Pero expresiones artístitcas como la inaugurada en Usera ayudan no solo al barrio a evolucionar sino que permite acercar otras culturas a vecinos y visitantes, lo que ayuda a derribar estereotipos o prejuicios hacia otras comunidades. Porque conocerse es la clave. Cuanto más se conoce, defiende, más abierta es la mirada y mejor se entiende uno a sí mismo. Por ello, el objetivo del arco no es atraer visitantes de manera indiscriminada, sino que la propia gente del barrio lo incorpore a su vida cotidiana y lo sienta como parte de su identidad.
Desde esa perspectiva, Okuda considera importante que el arte no se concentre exclusivamente en los museos o en las zonas más céntricas de las ciudades. Su trayectoria está ligada a espacios que quedan fuera de los circuitos culturales convencionales, como la calle o las fábricas abandonadas, y se siente más representado por esos entornos. Por eso defiende que la cultura llegue también a otros barrios y que quienes viven en ellos la perciban como propia.
Pero una de las peculiaridades de la creación del arco fue el hecho de hacerlo para la calle. Pero pese a todo ello, el artista espera que, dentro de diez o quince años, quienes se acerquen al arco sigan encontrando en él un motivo de emoción y reconocimiento, y que tanto la comunidad china como el resto de los vecinos continúen sintiéndolo como suyo.
El arco resume, en definitiva, una idea que atraviesa toda la trayectoria de Okuda: la identidad no es algo cerrado, sino una construcción que se enriquece con el contacto con los demás. En Usera, esa convicción toma forma en una estructura que combina dragones tradicionales, símbolos madrileños, colores contemporáneos y palabras compartidas. Más que un elemento decorativo, aspira a convertirse en un punto de encuentro para un barrio que encuentra en su diversidad una de sus mayores fortalezas.


