Shenzhen, la ciencia ficción se hace realidad

Al sur de China, de este a u oeste, se extiende el río de las Perlas, menos conocido que sus hermanos mayores Amarillo y Azul, pero que ocupa el tercer lugar en cuanto a longitud entre los ríos de China. Es más conocido debido a que su delta, que desemboca en el mar del sur de China, se trata de la mayor zona metropolitana del mundo con grandes urbes como Hong Kong, Macao, Cantón y Shenzhen. Esta última es el más claro ejemplo de los cambios que ha vivido, y que sigue viviendo China en la actualidad.

A finales de los 70, cuando Deng Xiaoping se hace con las riendas del poder decidido a implementar las Cuatro Modernizaciones: la de la agricultura, la de la industria, la de la defensa del país y la de la tecnología, rehabilita a un alto cargo del partido llamado Xi Zhongxun (padre del actual presidente Xi Jinping) para que ejerza como secretario general del partido en la provincia de Cantón, la cual arrastraba unas condiciones económicas miserables fruto de la huida de miles de sus habitantes a los por aún entonces enclaves coloniales europeos de Hong Kong y Macao. Xi Zhongxun decidió aprovechar el clima favorable a la reforma de la economía para plantearle una idea a Deng; permitir la inversión extranjera en algunas localidades de la provincia aprovechando su posición estratégica junto a las dos ciudades coloniales. El líder reformista vio bien la idea, la cuál fue presentada y aprobada en el Consejo de Estado en 1979 dando lugar a la creación de cuatro Zonas Económicas Especiales (ZEE) al año siguiente. Dos de ellas se encontraban en Cantón, y la primera era Shenzhen, la cual recibió varias visitas por parte de Deng en los años siguientes para supervisar su desarrollo. La última visita fue en el Viaje al Sur de 1992, donde el veterano líder manifestó la necesidad de continuar con el experimento de apertura económica. Hoy en día una estatua de Deng en el parque Lianhuashan de la ciudad honra el papel que jugó en la creación de la actual megalópolis.

Como los cálculos de Xi padre previeron, la cercanía de este pueblo del condado de Bao´an a Hong Kong fue clave para recibir inversión del exterior ante el aumento de costes en la excolonia británica, mayormente de chinos de ultramar, y al mismo tiempo servir como espejo del desarrollo económico de cara al exterior. Tras el Viaje al Sur de Deng Xiaoping de 1992, el gobierno central autorizó al municipal a legislar en cuanto a política económica, lo que favoreció el desarrollo de las infraestructuras y la creación de empresas. Ello llevó a muchos chinos de otras provincias a instalarse en Shenzhen, fenómeno que sigue produciéndose, lo que se refleja en la curiosa mezcla idiomática de la urbe; el mandarín oficial, el cantonés propio de la región, y el hakka de los habitantes autóctonos, llevando a que el antiguo pueblo fuese progresivamente creciendo y absorbiendo otras localidades de la zona convirtiéndose en una ciudad – prefectura, pasando de 30.000 habitantes en los inicios de la reforma económica a, aproximadamente, 17 millones y medio en la actualidad (dejando por detrás a grandes megalópolis de Occidente como Nueva York, Londres o París). Esto le ha llevado a ocupar el puesto de la tercera ciudad más poblada de China, con un paisaje urbano salpicado de enormes rascacielos obra de compañías como Zaha Hadid Architects, Kohn Pedersen Fox o Foster + Partners.

La amplia presencia de compañías dedicadas a la electrónica en su área le ha llevado a Shenzhen a ser apodada como “el Silicon Valley chino”, algo que ha sido buscado por el gobierno municipal desde hace décadas. Para ello, en 2002 llego a un acuerdo con el Instituto de Tecnología de Harbin para crear un centro universitario adscrito al mismo en Shenzhen para formar a técnicos e investigadores en nuevas tecnologías dotándolo de buenas inversiones. Una de las muchas empresas que fueron fundadas en Shenzhen y que mantienen su sede en la ciudad es Huawei Technologies, fundada en 1987 por un hábil antiguo miembro del cuerpo de ingenieros del Ejército Popular de Liberación llamado Ren Zhengfei. Llegó a la ciudad en 1983 para trabajar en una compañía estatal para más adelante aplicar sus conocimientos de tecnología a un negocio, dedicando en un principio el negocio a distribuir productos de Hong Kong, hasta que en 1993 lanzó al mercado su propio switch digital telefónico y progresivamente extendiéndose al extranjero, lo que le ha llevado a convertirse en el segundo mayor fabricante de teléfonos móviles a nivel global sólo por detrás de Samsung.  Otra de las grandes compañías electrónicas que tiene su sede en esta urbe es Tencent; desarrollador de las aplicaciones de mensajería instantánea QQ y WeChat, las cuáles cuentan con millones de usuarios tanto en China como en el resto del mundo. Además de la presencia de empresas que ofrecen servicios relacionados con la tecnología, en el subdistrito de Huaqiangbei se encuentran miles de tiendas y proveedores de componentes electrónicos, gadgets y de dispositivos móviles, lo que le hace ser conocido como el mayor mercado electrónico del mundo, siendo muchos de estos productos ya de origen nacional, quedando atrás los tiempos en los que era conocido como un mercado de falsificaciones.

Asimismo, Shenzhen sirve como un reflejo de los pasos que está recorriendo, y que va a recorrer China, en los próximos años. Así lo evidencia la creación de un fondo de 10.000 millones de yuanes para la industria de la IA y la robótica por el gobierno municipal, que busca convertir a la urbe en una “ciudad inteligente” con un funcionamiento basado en la Inteligencia Artificial, iniciativa denominada “Smarter City, Better life”, siendo galardonada Shenzhen con el premio de Ciudad Inteligente del año en el Smart City Expo World Congress de 2024 por los éxitos cosechados en este ámbito. Un lugar donde se recogen esos avances es en el Museo de Ciencia y Tecnología de la Ciudad de Shenzhen, edificio de estilo futurista inaugurado el año pasado que cuenta con una gigantesca bandera china en su vestíbulo como muestra de orgullo por el progreso alcanzado. Uno de los aspectos más famosos de la ciudad es la existencia de espacios en los que los ciudadanos pueden pedir comida a determinados establecimientos por medio de drones, los cuáles tardan unos 10 minutos en llegar con su producto pudiendo ver los usuarios el recorrido del dron en tiempo real. Del mismo modo, hay drones que reparten a domicilio.

Shenzhen también es una de las pocas ciudades chinas donde operan los llamados robotaxis, vehículos dedicados al transporte de pasajeros que circulan de manera autónoma a base de IA. Van equipados con una cámara de 360 grados en la parte superior y varios sensores de movimiento que les permite circular y frenar sin sufrir accidentes, exigiendo a los pasajeros a cerrar las puertas del vehículo y a abrocharse los cinturones de seguridad para evitar cualquier problema de seguridad. También existen pequeños autobuses sin conductor, gratuitos y que también exigen a los usuarios que se abrochen el cinturón para poder operar, produciéndose éstos desde 2018.

Pero no todas las invenciones que se están llevando a cabo en Shenzhen se limitan al ámbito civil. En la ciudad tiene instalada su sede la empresa Logon Technology, la cual hace dos años desarrolló el RT-G, un robot de apariencia esférica que ha sido empleado en la ciudad costera de Wenzhou así como en la propia Shenzhen para labores de patrulla policial acompañado de agentes humanos. Se halla equipado con pistolas lanzaredes y gases lacrimógenos funcionando mediante inteligencia artificial y capaz de moverse por áreas inundadas y superficies difíciles gracias a sus ruedas todoterreno y hélices acuáticas.

Pero quién ha dado un enorme salto en el campo de la seguridad es la compañía Engine AI, también con base en Shenzhen y fundada en octubre de 2023, la cual a finales del año pasado presentó su modelo T-800. El que el nombre de este androide sea el mismo que el del que encarnó Arnold Schwarzenegger no es ninguna coincidencia pues, a diferencia de los RT-G, este modelo que funciona a base de una batería de litio tiene una apariencia y altura humanoides y es extremadamente ducho en el combate cuerpo a cuerpo, como ha mostrado algunos videos grabados por la compañía donde incluso Zhao Tongyang, CEO de esta, actúa como conejillo de indias equipado con protección para hacer frente a las habilidades de este modelo. Su comercialización ha comenzado este año y está oficialmente destinado a labores de rescate, manipulación de sustancias tóxicas, así como de patrulla y de logística pesada en conflictos armados, en virtud de lo cual ya ha sido visto por las calles de Shenzhen patrullando con otros agentes, así como encargándose de la regulación del tráfico.

Hace dos años Adrián Díaz Marro, consultor y hombre de negocios instalado desde hace dos décadas en China, y una de las voces más conocidas en las redes sociales en lo referente al país asiático, hacía una reflexión referente al rumbo que la producción y la invención está tomando en los últimos años: hemos pasado de descubrimientos que se superponían entre sí (por poner un ejemplo muy básico; del uso de piedras para defendernos en épocas prehistóricas a las que se unían al extremo de palos y se afilaban para ser empleadas como lanzas) a una época en la que se están realizando avances en diversos campos en distintos lugares de manera autónoma sin conexión entre sí, y de cómo Internet y la IA han revolucionado el desarrollo humano desbordando las barreras entre distintas fronteras haciendo realidad sucesos que hasta ahora creíamos como puramente ciencia ficción dejando obsoletas las realidades a las que nos hemos acostumbrado durante siglos.

Shenzhen es un claro ejemplo de esta nueva y desconocida realidad que vamos a afrontar más pronto que tarde y que no se va a limitar a China, pues en otros países los gobiernos han dado pasos en esa dirección poniendo a prueba vehículos autónomos o androides humanoides para tareas de seguridad ciudadana, y que constantemente parece estar en cambio.

La cuestión no es ya que mundo vamos a encontrarnos en 2040 o en 2035, sino ya en 2027 o en 2029 y cómo vamos a afrontar todos estos nuevos avances en tecnología. Mientras tanto Shenzhen sigue creciendo y reflejando el mundo en el que vivimos y en el que viviremos.