Nací en Jiaxing, en la provincia de Zhejiang, dijo Li Miao, cuando le pregunté la ciudad de nacimiento en clase. Lo dijo orgullosa. Y enseguida añadió, como si fuera un dato más: Allí se declaró la fundación del Partido Comunista de China (PCCh), profesora.
Li Miao fue mi estudiante. Es brillante, estudia economía internacional y habla tres idiomas, recita poesía en español y chino, se define como latinoamericanista y conoce la historia de China y de América Latina con la misma precisión. Era la estudiante más responsable de la clase. Cuidaba de todos. Y aunque nunca lo dijo, sabía que era una de las jóvenes del Partido.
Soy profesora venezolana. He vivido y estudiado en China desde 2018 con algunas pausas.
Otro día, conversando después de clase, me contó algo más. Su abuelo fue campesino en Zhejiang y no sabían leer, ni escribir. Le pregunté por sus padres y respondió que habían migrado a Shenzhen y trabajaron allí durante la Reforma y la Apertura y ambos hicieron muchos sacrificios para que ella pudiera estudiar en la universidad.
Pero la historia de Li Miao no es un caso aislado. No es la excepción que convirtió el sacrificio de sus abuelos en modernización y desarrollo para su país. Es, más bien, algo común. En China, hay millones de jóvenes como Li Miao en cada rincón del país, y todos ellos juntos son el rostro vivo del PCCh.
Un rostro que, en 105 años, ha logrado implementar lo que pocos partidos en el mundo pueden mostrar: un sistema de gobierno exitoso liderado por un Partido comunista que ha creado un modelo de desarrollo que sacó a 800 millones de personas de la pobreza y ha sido capaz de convertir a la nieta de un campesino analfabeto en una joven universitaria que habla tres idiomas y es capaz de recitar poesía latinoamericana.
Un sistema de gobierno liderado por un Partido que hoy cuenta con más de 100 millones 271 mil militantes. De ellos, más de 30 millones tienen menos de 35 años (una cifra que crece cada año), y las mujeres representan cerca del 30,9 % de la militancia, con una presencia cada vez mayor en puestos de liderazgo y formación académica.
Según el “Boletín Estadístico de la Militancia del Partido Comunista de China” 57 millones 786 mil miembros del PCCh tienen títulos universitarios o superiores, lo que representa el 57,6 % del total. Y entre su militantes, más de 2 millones 622 mil son jóvenes estudiantes.
Li Miao es una de ellas. Una de esos más de 2 millones de estudiantes que pertenecen a una generación de jóvenes, heredera de una civilización antigua, de un país en desarrollo y socialista que con gestas heroicas materializó la fundación de la República Popular China.
Una generación de jóvenes con la tarea de materializar la modernización socialista en 2035 y alcanzar la revitalización de China para convertirse en una gran sociedad socialista moderna para 2049.
Pero esta tarea debe cumplirse en un mundo donde el orden internacional se desmorona y se hunde en el caos. Es un mundo marcado por el fin de la era unipolar y el nacimiento de un nuevo orden multipolar, fragmentado y en disputa, que ya no se escribe en Occidente sino en Asia. En ese mundo, la disputa por controlar productos estratégicos como los chips, la inteligencia artificial, las finanzas, la robótica, las tierras raras, la soja, el gas, el petróleo, las armas y los fertilizantes determinará el siglo XXI.
En ese contexto, China propone un nuevo modelo de gobernanza global, plasmado en el Libro Blanco “Gobernanza global más justa y equitativa: Principios, propuestas y acciones de China”. Este documento presenta la Iniciativa de Gobernanza Global (GGI), basada en cinco principios rectores: igualdad soberana (todos los países son miembros iguales), Estado de derecho internacional (normas aplicadas de forma universal, no selectiva), multilateralismo (consultas amplias, contribución conjunta y beneficios compartidos), enfoque centrado en las personas (el bienestar de los pueblos como fin último) y acciones reales (convertir los principios en resultados concretos). La GGI busca construir un sistema de gobernanza global más justa, equitativa y eficaz, que responda a los desafíos actuales y futuros. Este documento lejos de ser una declaración burocrática, constituye una hoja de ruta que muestra a los países del Sur Global cómo construir colectivamente un nuevo sistema internacional donde el hegemonismo resulta inaceptable.
Finalmente, la historia de Li Miao no es solo la historia de una joven china. Es un ejemplo viviente del camino chino, y de lo que este camino ofrece a otras naciones del mundo en desarrollo: igualdad, soberanía, la promoción de un mundo multipolar y un nuevo tipo de relaciones internacionales, con un enfoque centrado en las personas y acciones reales para construir un futuro compartido y sostenible para la humanidad.
Li Miao significa “retoño”. Y ella es, exactamente, el brote de una semilla que su abuelo, un campesino analfabeto, sembró para que hoy es el sueño de la gran revitalización del pueblo chino pueda materializarse.


