La visita de Estado de la delegación encabezada por Donald Trump a Pekín el 14 de mayo de 2026, ha mostrado meridianamente quien es quien. Sabido es que siempre que hay cualquier cumbre entre diferentes países, cada cual lleva dos agendas: la que se va a dar a conocer en público (para consumo interno) y la estrictamente privada, que es la realmente más importante. En esta ocasión, no ha sido diferente.
Si analizamos las cuestiones diplomáticas y los gestos (pequeños y grandes), podremos acercarnos a los contenidos de las agendas privadas. De parte de las autoridades chinas, su diplomacia y protocolo fueron excelentes como ya se esperaba. El caso de Marco Rubio (Secretario de Estado) roza la tragicomedia: en principio no podía ir a China, porque se le había negado la entrada por su retórica sumamente hostil contra el gobierno de Beijing. Como Trump insistió en que se le dejara entrar, la contraparte china modificó el carácter chino de su apellido utilizando uno con la misma fonética, pero con semántica muy diferente, porque el carácter original no tenía ningún significado en particular por ser una transliteración neutra, pero fue reemplazado por otro con significados: ‘estúpido’, ‘torpe’, ‘grosero’ o ‘imprudente’. Está claro que China no acepta las faltas de respeto y sabe devolver el golpe en tiempo y forma.
Fue significativo que Xi Jinping no fuera a recibir a Trump a la escalinata del avión y también fue muy interesante observar que Xi saludó a la comitiva política, pero no a la empresarial y fue Trump quien de forma un tanto forzada quiso presentarles. Es también muy remarcable que la cuestión de Taiwán que, siempre se trata a puerta cerrada, fuera parte de la agenda pública y que Xi advirtiera seriamente sobre esa cuestión a micrófono abierto: realmente China está comenzando a levantar la voz.
Siguiendo con la delegación estadounidense, transformó un acto diplomático de primer orden en una lista de rudezas (antidiplomacia), difíciles de describir, a saber:
- La delegación estadounidense organizó la visita con poca antelación y de forma caótica. Como demuestra que la parte empresarial se añadió a la lista de pasajeros al final porque no estaba prevista su presencia y, en el último momento se amplió con el Director Ejecutivo de Nvidia.
- Xi y Trump estuvieron sentados juntos en una gran mesa antes de dar sus respectivos discursos. El primero en hacerlo fue Xi y mientras él estaba en el atril hablando, Trump se giró hacia el lado que Xi estaba ocupando para abrir una carpeta que Xi había dejado sobre la mesa. Tras pasar varias hojas (y no entender nada, porque estaría todo en chino), la cerró como si nada hubiera pasado. Me recordó a los estudiantes que el día del examen escudriñan las hojas de los vecinos.
- Trump fue invitado a los jardines de Zhongnanhai, complejo residencial y de oficinas que sirve como sede del gobierno central de la República Popular China. Y lo único que se le ocurrió hacer fue preguntar si algún otro líder extranjero había sido invitado a ese lugar, por ser el corazón gubernamental del país, y cuando Xi le contestó que habían invitado a Vladimir Putin antes que a él, Trump no supo disimular su contrariedad.
- Extremadamente torpe y rudo fue que todos los regalos que recibió la delegación estadounidense —incluyendo personal de seguridad y asesores—, fueron a la basura: teléfonos móviles, replicas de porcelanas de la dinastía Ming, Jades, pines, objetos de decoración, etc. La excusa fue que tal vez contuvieran equipos electrónicos de seguimiento y escucha. Ni que decir tiene, que este acto no se hizo muy a escondidas, mostrando una falta de respeto difícil de describir.
- Sólo un dato más. En la delegación estadounidense no hubo ni un solo diplomático de carrera, aunque sí hubo compañeros del partido, de los negocios y familiares; porque la familia es siempre lo primero. Un antiguo diplomático estadounidense decía que de las 182 embajadas que EE.UU. tiene por todo el mundo, en 119 no hay embajadores como tal.
Sobre los acuerdos comerciales
Trump, en su más puro estilo, no perdió el tiempo en presumir de haber conseguido grandes ventas en China con las que paliar la inflación en su país, que no deja de crecer incontroladamente. Veamos cómo fue:
El Espejismo de Boeing: ¿200, 750 o solo promesas?
El anuncio de la compra de aviones ha sido el punto más polémico de la cumbre. Mientras Trump afirmó ante la prensa en Pekín que China comprará 200 aviones Boeing con motores de General Electric —con la promesa de llegar a 750 ‘si hacen un buen trabajo’—, la letra pequeña cuenta otra historia.
- Analistas de The Times of India y Reuters señalan que la cifra de 200 aviones está muy por debajo de los 500 que se esperaban originalmente.
- El propio Trump admitió que el acuerdo fue ’más bien una declaración, pero creo que fue un compromiso’. En la práctica, muchos de estos 200 aviones podrían ser pedidos ya existentes que estaban bloqueados o ‘opciones de compra’ no vinculantes. Fuentes de aviación en Singapur sugieren que, de pedidos nuevos y firmes, la cifra podría ser tan baja como 20 o 30 unidades inmediatas, utilizando el resto de la cifra como moneda de cambio para futuras negociaciones sobre aranceles.
Sobre la compra de soja
China se comprometió a importar 25 millones de toneladas métricas de soja estadounidense al año de forma continuada durante tres años, que también afectarán a otros productos como el sorgo, la carne de cerdo y vacuno, el maíz, el trigo y el algodón. Estos ingresos van dirigidos a apaciguar el descontento que el sector agropecuario tiene con Trump pensando en las próximas elecciones. A cambio, los aranceles contra productos chinos se han rebajado un 10%.
Titanes y otros seres mitológicos
La contraparte china no ha mostrado el más mínimo interés en los Titanes que acompañaban a Trump. Algunos ya tienen grandes negocios en China como Tesla y Apple (que no pueden perder) y otros buscar su particular ‘el dorado’, pero China conoce muy bien el juego capitalista y nadie juega como ellos. Así que no han sacado nada de China, ni siquiera los regalos que les han obligado a tirar a la basura.
Trump, tras ser consultado por las contrapartidas de ‘sus magníficos acuerdos’, contesta que se está pensando si bajar o no el porcentaje de aranceles a los productos chinos. Así que tenemos que creernos que los chinos firman acuerdos en piedra y que Trump deja sus compromisos en el aire…
Las Ganancias Materiales de China
Es un error pensar que China solo “gastó dinero”. En términos materiales y estratégicos, Xi Jinping obtuvo concesiones vitales que se han de calificar como una «victoria a largo plazo»:
- Reconocimiento de la «Estabilidad Constructiva»: China ha logrado que EE. UU. acepte este nuevo término marco, lo que implica que Washington reconoce el derecho de China a coexistir como potencia sin intentos activos de «cambio de régimen» o contención total.
- Relajación en Controles de Exportación: A cambio de la compra de aviones, se sospecha que EE. UU. permitirá a China acceder a ciertos componentes de aviación y semiconductores de «doble uso» que estaban bajo embargo estricto, como parte de la agenda privada.
- Seguridad Energética: China obtuvo garantías de que EE. UU. no interferirá en las rutas de suministro de petróleo en el Estrecho de Ormuz, a cambio de que China compre más petróleo estadounidense, así China diversifica su cartera de proveedores de petróleo.
La Postura sobre Irán y el Armamento Nuclear
Es verdad que China se ha alineado oficialmente con la postura de que Irán no debe poseer armamento nuclear. El comunicado oficial conjunto emitido por la Embajada de EE. UU. en Pekín el 15 de mayo de 2026, afirma explícitamente: «Ambos países acordaron que Irán nunca podrá tener un arma nuclear».
Desde una perspectiva no occidental, el interés de China es logístico. China es el mayor importador de energía del mundo. Un Irán nuclear podría iniciar una escalada nuclear por toda la zona lo que desestabilizaría todo Oriente Próximo, que podría provocar un conflicto regional que dispararía los precios del crudo y bloquearía las rutas marítimas. Xi prefiere un Irán estable y más que un Irán nuclearizado que sea utilizado por EE. UU. e Israel como excusa para intervenir militarmente de forma masiva.
Análisis de la Extensión y Profundidad del Encuentro
Parece evidente que la supuesta «Cruzada por la Democracia» que caracterizó a administraciones anteriores, ya ha sido enterrada, porque ahora es el tiempo del Realismo Transaccional. A EE. UU. ya no le importa mostrarse a cara descubierta con tal de salirse con sus planes. Pero es profundamente ingenuo pensar que sus problemas domésticos se pueden solucionar a golpe de macro ventas realizadas por un puñado de oligarcas del círculo cercano de Trump.
El mundo que emerge de Beijing este mayo de 2026 es uno donde las dos superpotencias han decidido «gestionar su enemistad» para evitar el colapso económico total, pero sin resolver ni una sola de las fricciones fundamentales.
Las Cuatro Estabilidades: ¿Un nuevo Yalta?
El punto central de la cumbre fue la propuesta de Xi de un «nuevo posicionamiento»: la Estabilidad Estratégica Constructiva. A través de medios como People’s Daily, Beijing ha articulado este concepto bajo cuatro pilares que merecen un análisis minucioso:
- Estabilidad Positiva: Cooperación como motor. No es solo «no pelear», es actuar juntos.
- Estabilidad Saludable: Competencia con límites. Beijing acepta que Washington quiera competir, pero exige que no sea una «caza de brujas» tecnológica.
- Estabilidad Constante: Diferencias manejables. Un reconocimiento tácito de que nunca estarán de acuerdo en todo.
- Estabilidad Duradera: Una paz previsible.
Desde la perspectiva del centro de pensamiento Centro para China y la Globalización (CCG), esto es una respuesta directa al «caos transaccional» de la administración Trump. China no quiere un trato de un solo día; quiere un marco que sobreviva a los tuits y a los cambios de humor de la Casa Blanca.
Conclusiones:
China ha dado una lección de diplomacia y saber hacer que la posiciona como un líder ético y moral en la comunidad internacional, generando admiración y respeto por partes iguales. EE. UU. se ha esforzado en mostrarse amable y respetuoso frente a Xi Jinping (el lobo se ha querido disfrazar de cordero), pero el cordero se ha especializado en cazar lobos y así Xi Jinping se lo ha explicado a Trump, dejando las cartas sobre la mesa; porque en la partida contra China, es China quien lleva las mejores cartas y los comodines que oculta Trump en su manga no sorprenden a nadie.
Analistas de distintos países consideran que esta reunión podría equipararse con la legendaria reunión de Yalta. Desde mi punto de vista, no es así, porque China no quiere apoderarse de una parte del planeta ni EE. UU. tiene otro objetivo que ser el primer imperio global de la historia, así que no dudo en que las tensiones seguirán creciendo, aunque las próximas elecciones de Medio Término serán el verdadero punto de inflexión de la política exterior de EE. UU.
Más allá de los comunicados públicos de sintonía, respeto y colaboración mutuamente constructiva que se anuncian, es evidente que sigue en pie lo que ya un diplomático chino narró hace más de 15 años, cuando hablando con su contraparte estadounidense, esta le dijo (con el característico tono de superioridad y desprecio): «nosotros no tenemos nada en común con ustedes», a lo que el diplomático chino contestó con una amplia sonrisa: «se equivoca, porque nos une fuertemente la desconfianza mutua».


