Entre el aula y la fábrica: las alianzas de Pekín para llevar la investigación a la industria

En julio de 2026, Pekín creó diez alianzas que vinculan el sistema educativo con sectores estratégicos. Cada una cuenta con una secretaría propia y con mecanismos para recoger necesidades empresariales, organizar la formación y mantener la cooperación más allá de cada proyecto.

Durante mi segunda estancia en China, alguien me corrigió la forma de sostener una taza de té. Aquel gesto, que hasta entonces me había parecido insignificante, hizo que prestara atención a la temperatura del agua, a la elección de la taza y al modo de servir. Percibí un cuidado que no había sabido apreciar de la misma manera durante mi primer viaje, en 2023.

El té acompañó las comidas, las conversaciones y las visitas a empresas. Formaba parte de la acogida y de la relación con el invitado. Con el paso de los días entendí mejor el sentido de 以茶待客: recibir al invitado con té.

Regresé a China en 2026 para participar en el Seminar on Digital Economy and Capacity Building for SME Development in Central and Eastern European Countries, cuya organización académica corrió a cargo de la International Education School de Hebei University of Economics and Business (HUEB), universidad situada en Shijiazhuang.

Pude participar en este seminario gracias a la Fundación Cátedra China. A través de sus actividades de divulgación, encuentros institucionales y la difusión de seminarios e iniciativas como esta, facilita que profesionales e investigadores españoles conozcan China de primera mano y contribuye a estrechar las relaciones entre ambos países.

El programa combinó sesiones sobre digitalización, inteligencia artificial, infraestructuras y desarrollo empresarial con visitas a compañías y centros productivos. Desde los primeros días empecé a fijarme menos en cada tecnología que en las relaciones que hacían posible su uso.

En BAIC observamos la conexión entre diseño, fabricación, control de calidad y logística. En Shenhao Technology conocimos robots destinados a inspeccionar maquinaria ferroviaria, supervisar vías, limpiar paneles solares o controlar instalaciones a distancia.

Las visitas confirmaron que el producto visible es solo el resultado final de un trabajo previo. Para que una solución llegue a una fábrica o a una vía férrea hacen falta especialistas, investigación, financiación, ingeniería y un lugar donde probarla. Las alianzas anunciadas por Pekín en julio permiten observar cómo se organiza esa cooperación.

Un sector, una alianza

El 10 de julio se constituyeron diez alianzas que vinculan sectores prioritarios con el sistema educativo. Las integran inicialmente 59 instituciones de educación superior, 20 centros de investigación y 207 empresas, entre ellas empresas tractoras de sus respectivas cadenas de valor y compañías tecnológicas innovadoras.

Abarcan los circuitos integrados, la inteligencia artificial, la biomedicina y la salud, la energía verde, los instrumentos científicos avanzados, el sector espacial comercial, la fabricación inteligente, los robots de inteligencia encarnada, los vehículos inteligentes y conectados y la biotecnología aplicada a la mejora genética.

La fórmula 一产一盟, «un sector, una alianza», resume el criterio seguido. Cada alianza dispone de una secretaría propia. Según la Comisión Municipal de Educación, el objetivo es sustituir las colaboraciones puntuales, espontáneas y dispersas por una cooperación organizada y estable entre las instituciones educativas y el tejido productivo.

Las empresas podrán publicar sus necesidades de talento, investigación, desarrollo tecnológico y colaboración dentro de la plataforma municipal de transferencia de resultados científicos y tecnológicos. Las universidades y los centros de investigación incorporarán su oferta formativa, sus áreas de especialización y los resultados disponibles.

El plan de acción para 2026-2028 prevé laboratorios conjuntos, centros de formación y programas vinculados a proyectos reales. Las compañías podrán abrir laboratorios, líneas de producción e instalaciones piloto para la formación práctica de estudiantes. Sus profesionales participarán en el diseño de cursos y en la tutorización de proyectos, mientras profesores e investigadores universitarios colaborarán en actividades de desarrollo tecnológico dentro de las empresas.

La diferencia está en el momento en que comienza la cooperación. Las necesidades industriales entran antes en el trabajo académico, y estudiantes e investigadores acceden a entornos empresariales durante la formación y el desarrollo de las soluciones. La colaboración puede empezar cuando aún es posible orientar los proyectos hacia necesidades concretas.

Una estructura construida antes

Las alianzas se apoyan en un terreno ya preparado. Pekín concentra algunas de las principales universidades del país, institutos de la Academia China de Ciencias, grandes instalaciones científicas, compañías tecnológicas, fondos e instituciones dedicadas a la transferencia.

Buena parte de estos recursos se distribuye mediante el esquema de «tres ciudades científicas y un área». La Ciudad Científica de Zhongguancun reúne universidades, centros de investigación, compañías tecnológicas, incubadoras y servicios de transferencia. La de Huairou se ha desarrollado en torno a grandes instalaciones y proyectos científicos. La Ciudad Científica del Futuro acoge centros vinculados a sectores estratégicos. La zona demostrativa de agrupaciones industriales innovadoras, integrada por Beijing E-Town y el distrito de Shunyi, acoge empresas e instalaciones donde parte de los resultados procedentes de las tres ciudades científicas continúa su desarrollo.

Los equipos científicos encuentran en estos espacios servicios de transferencia, financiación e instalaciones industriales. También pueden trabajar con empresas capaces de continuar el desarrollo de sus resultados.

Según datos municipales, durante el primer trimestre de 2024 Pekín registró contratos tecnológicos por 209.090 millones de yuanes y contaba con 174 instituciones de transferencia. En Haidian, donde se encuentra el núcleo de Zhongguancun, 48 de los 141 proyectos incorporados a centros de validación conceptual ya habían completado su transferencia. Los mismos datos señalaban que Beijing E-Town había recibido más de 500 proyectos procedentes de las ciudades científicas y que sus empresas habían desarrollado más de 700 colaboraciones con universidades y centros de investigación.

Entre una publicación científica y una solución preparada para el mercado queda una etapa difícil de financiar. Es necesario comprobar que la idea funciona fuera del laboratorio, construir un prototipo y determinar si responde a una necesidad real. Algunas convocatorias académicas no cubren esta fase y muchos inversores consideran que el proyecto todavía se encuentra en un momento demasiado temprano.

Los centros de validación actúan precisamente en ese punto. Evalúan proyectos, facilitan recursos técnicos y preparan su transferencia. Su trabajo reduce la carga que supondría para cada equipo científico resolver por sí solo las cuestiones técnicas, jurídicas y empresariales asociadas al desarrollo de una solución.

La Beijing Academy of Artificial Intelligence, conocida como Zhiyuan, representa otra forma de organizar la cooperación. En 2018, la Comisión Municipal de Ciencia y Tecnología y el gobierno del distrito de Haidian impulsaron su constitución con el apoyo del Ministerio de Ciencia y Tecnología y del Gobierno municipal.

El proyecto reunió a la Universidad de Pekín, la Universidad de Tsinghua, la Academia China de Ciencias y empresas como Baidu, Megvii, Xiaomi o ByteDance. Zhiyuan puso en marcha plataformas abiertas, laboratorios conjuntos y programas de formación y captación de investigadores. Las autoridades públicas asumieron la definición de políticas, la creación del entorno y la prestación de servicios. Las empresas desempeñaron un papel central en su funcionamiento.

Zhiyuan no es una universidad, una empresa ni un organismo administrativo convencional. Su estructura permite que investigadores y compañías trabajen sobre una agenda común sin tener que crear un acuerdo distinto para cada actividad.

Cuando se constituyeron las diez alianzas, Pekín ya contaba con organizaciones capaces de evaluar proyectos, financiar su desarrollo y ponerlos en contacto con empresas. La iniciativa de julio amplía esa lógica y la aplica de forma simultánea a diez sectores.

Hefei, otra configuración

Hefei, capital de Anhui, muestra una configuración diferente en el ámbito de las tecnologías cuánticas. La ciudad alberga la Universidad de Ciencia y Tecnología de China, una de las instituciones centrales de este campo, y en torno a ella se ha formado un tejido de empresas dedicadas a las comunicaciones, la computación, la medición y los componentes cuánticos.

De acuerdo con las autoridades científicas de Anhui, en los tres años anteriores a noviembre de 2025 la transferencia de avances cuánticos había dado lugar a 21 empresas. Sesenta y siete desarrollos habían alcanzado la industrialización y Hefei reunía 93 compañías vinculadas a la cadena del sector.

El mapa institucional es diferente. Pekín reparte las funciones entre ciudades científicas, centros de transferencia y áreas industriales. Hefei ha concentrado buena parte del esfuerzo alrededor de un campo científico específico y de la universidad situada en el centro de ese ecosistema. En ambos lugares existen organizaciones que mantienen los proyectos en marcha cuando salen del laboratorio y necesitan financiación, empresas y espacios de prueba.

Quién responde por el proyecto

España dispone de universidades, organismos de investigación, centros tecnológicos, clústeres y empresas innovadoras. El problema aparece cuando una necesidad compartida debe convertirse en un proyecto, encontrar financiación y llegar a una prueba real. En ese punto, la responsabilidad suele repartirse entre organizaciones distintas.

Para una pequeña o mediana empresa, la situación resulta especialmente costosa. Puede reconocer un problema sin disponer de personal para localizar socios, preparar un proyecto tecnológico, negociar un piloto y seguir su ejecución. Las compañías con más recursos o con mejores contactos parten con ventaja.

A menudo tampoco está claro quién mantiene la responsabilidad cuando una investigación entra en la fase de transferencia, el prototipo debe probarse o la solución está preparada para implantarse. Un proyecto puede detenerse aunque existan el conocimiento, la necesidad y las organizaciones capaces de abordar el problema.

«Un reto, una alianza» partiría de un problema concreto y de una responsabilidad definida. Reuniría a la Administración competente con las universidades, los centros de investigación y las empresas necesarias para abordarlo. Una entidad con capacidad técnica y operativa asumiría la coordinación hasta la prueba y, cuando proceda, la adopción.

Esa continuidad distinguiría la propuesta de un convenio o una convocatoria. La entidad coordinadora seguiría respondiendo por el proyecto después del acuerdo inicial y de la realización del piloto, hasta comprobar que la solución funciona en un entorno real.

La propuesta exigiría una estructura ligera y finalista: identificar a quienes deben actuar, reunirlos alrededor de un reto delimitado y evitar que la responsabilidad se diluya cuando el proyecto cambia de fase.

Al terminar el seminario, acabé más interesado en esa continuidad que en las tecnologías consideradas por separado. Para España, «Un reto, una alianza» debería empezar por una regla sencilla: después de la firma, alguien debe seguir respondiendo hasta que la solución funcione en la práctica.

Este artículo nace de una experiencia que difícilmente habría podido construirse únicamente a través de documentos o estadísticas. Mi agradecimiento al Ministerio de Comercio de China, a Hebei University of Economics and Business, a la Fundación Cátedra China y a todas las personas que hicieron posible este seminario por ofrecer una oportunidad de aprendizaje basada en la observación, el diálogo y el intercambio de experiencias. En mi segundo viaje a China comprendí mucho más que el funcionamiento de un modelo de innovación; comprendí también el valor de conocer un país desde dentro, escuchando a quienes viven, trabajan e investigan en él. Confío en poder seguir participando en iniciativas como esta y en que contribuyan a fortalecer el conocimiento mutuo y las relaciones entre España y China.