La mayor compañía de refino del mundo sigue procesando millones de barriles de petróleo y acaba de aumentar su beneficio. Pero sus ventas de combustibles retroceden y la electrificación del transporte está cambiando las reglas de un negocio construido durante décadas alrededor de la gasolina y el diésel. Sinopec responde con una profunda reorganización y más de 30.000 millones de yuanes anuales para nuevas energías y materiales hasta 2030.
Sinopec ganó más dinero durante la primera mitad de 2026, pero al mismo tiempo procesó menos petróleo. El contraste resume bastante bien el momento que atraviesa una de las mayores compañías energéticas del mundo. Su beneficio neto aumentó un 19,3% interanual entre enero y junio, hasta 25.630 millones de yuanes, mientras el volumen de crudo procesado cayó un 5,6%, hasta 113,31 millones de toneladas. En el segundo trimestre, además, sus ventas domésticas de productos refinados descendieron un 18% respecto al primero. La compañía todavía es extraordinariamente rentable y el petróleo continúa siendo esencial para la economía china, pero el mercado alrededor del cual construyó buena parte de su tamaño está empezando a transformarse.
Durante años, el avance del vehículo eléctrico chino se ha explicado fundamentalmente desde el lado de los nuevos ganadores. BYD, CATL, los fabricantes de baterías, los proveedores de componentes o la expansión de la infraestructura de recarga permiten medir hasta dónde ha llegado la nueva industria. Sinopec ofrece ahora otra perspectiva igualmente importante: qué sucede con las empresas que abastecían al sistema anterior cuando una parte creciente de los automóviles deja de necesitar gasolina o reduce notablemente su consumo.
Una empresa construida alrededor de un mercado que está cambiando
China Petroleum & Chemical Corporation y su grupo matriz, conocidos internacionalmente como Sinopec, forman uno de los mayores complejos energéticos y petroquímicos del mundo. El propio grupo se define como la mayor compañía de refino del planeta y el principal proveedor chino de productos petrolíferos y petroquímicos. Su red supera las 30.000 estaciones de servicio y es la segunda mayor del mundo, a lo que se suma una red de más de 27.000 tiendas de conveniencia Easy Joy. Esa escala explica por qué cualquier cambio estructural en el consumo chino de combustibles afecta directamente a su modelo de negocio.
El problema no consiste en que los chinos hayan dejado de conducir. Consiste en que cada vez más kilómetros pueden recorrerse sin quemar gasolina o diésel.
Los últimos datos muestran la dimensión del cambio. Entre enero y julio de 2026 se vendieron en China 9,01 millones de vehículos de nueva energía, un 9,6% más que un año antes, y representaron ya el 51,2% de todos los automóviles nuevos vendidos. Solo en julio alcanzaron el 60,4% de las ventas, la primera vez que superaban ese umbral en los datos de la Asociación China de Fabricantes de Automóviles. El concepto chino de vehículo de nueva energía incluye eléctricos puros, híbridos enchufables y vehículos de pila de combustible, por lo que no todos eliminan completamente el consumo de gasolina. Aun así, en julio se vendieron más de un millón de eléctricos puros.
El efecto ya puede medirse en barriles. La Agencia Internacional de la Energía estima que la flota de vehículos eléctricos que circulaba por China evitó en 2025 un consumo de petróleo de aproximadamente un millón de barriles diarios, alrededor de un 15% de lo que habría demandado el transporte por carretera si esos desplazamientos se hubieran realizado exclusivamente con vehículos de combustión. La AIE prevé que el petróleo desplazado por los vehículos eléctricos chinos alcance unos 2,7 millones de barriles diarios en 2030 con las políticas actuales.
Para una compañía que vendió en 2025 alrededor de 3,6 millones de barriles diarios de gasolina y diésel, la tendencia no es secundaria. Reuters informó esta semana de que las ventas de combustibles de Sinopec han retrocedido hasta niveles de 2017, según una publicación vinculada al regulador de empresas estatales chino. Hou Qijun, presidente del grupo desde 2025, utilizó precisamente la expansión del automóvil eléctrico para explicar a los inversores por qué producir cada vez más gasolina y diésel ya no puede ser la respuesta automática de la compañía.
No todo se explica por el coche eléctrico
Atribuir todo el cambio al vehículo eléctrico sería, sin embargo, demasiado sencillo. La demanda de combustibles para carretera está siendo modificada simultáneamente por varias transformaciones.
La AIE señala que el consumo chino de gasolina y diésel permaneció prácticamente estable en 2025 pese al crecimiento de la economía. Además de la electrificación de los turismos, han aumentado los camiones eléctricos y los vehículos pesados alimentados por gas natural, mientras las mejoras de eficiencia reducen el combustible necesario para recorrer una misma distancia. La enorme red ferroviaria de alta velocidad también sustituye una parte de los desplazamientos por carretera y avión, y la actividad industrial, el mercado inmobiliario y las condiciones macroeconómicas influyen especialmente sobre el consumo de diésel.
El automóvil eléctrico es, por tanto, una de las fuerzas más estructurales del cambio, pero actúa junto a otras.
La propia dirección de Sinopec calcula ahora que el consumo chino de productos petrolíferos refinados podría disminuir alrededor de un 8% en 2026 después de una caída similar durante el primer semestre, por encima de la reducción del 4% al 5% que esperaba inicialmente. Sus responsables también consideran posible que el consumo total de petróleo de China alcanzara su máximo en 2025, una previsión empresarial que debe diferenciarse de otros escenarios existentes para el mercado chino.
Las previsiones no coinciden exactamente sobre el momento del pico. El instituto de investigación de CNPC, otra de las grandes petroleras estatales chinas, sitúa la demanda en una meseta entre 2025 y 2030. La propia Sinopec había estimado anteriormente que el máximo se produciría antes de 2027. Más importante que determinar un año concreto es observar que las principales compañías energéticas del país ya están incorporando a sus estrategias un escenario en el que el crecimiento de la gasolina y el diésel ha dejado de ser el motor que fue durante las últimas décadas.
Una reorganización para dejar de pensar solo en petróleo
Es en este contexto donde adquiere sentido la reorganización impulsada por Hou Qijun.
Sinopec ha denominado a la nueva etapa su “segunda iniciativa empresarial” o second entrepreneurship. En enero, la compañía presentó para el periodo del XV Plan Quinquenal una estructura estratégica que mantiene los recursos energéticos y las actividades de refino y química como base, pero coloca las nuevas energías, los nuevos materiales, los nuevos modelos de negocio y otras actividades emergentes como futuros motores de crecimiento. No se trata, por tanto, de abandonar el negocio tradicional, sino de ampliar progresivamente las fuentes de ingresos alrededor de él.
La transformación también está afectando a la organización interna. Los cinco antiguos departamentos centrados en exploración y producción, refino, química, comercialización de combustibles y finanzas se están reorganizando en cuatro grandes áreas construidas alrededor de cadenas de valor: petróleo, gas y nuevas energías; refino y nuevos materiales; clientes y cadena de suministro; y finanzas y nuevos negocios. La propia dirección explica que pretende convertirlas en verdaderos centros de creación de valor y darles más capacidad para reaccionar ante el mercado. Reuters interpreta este proceso como una de las mayores reorganizaciones recientes entre las petroleras estatales chinas.
La diferencia es importante. Sinopec no está incorporando simplemente un departamento de energías renovables a una estructura petrolera que permanece intacta. Está intentando reorganizar una empresa de enorme tamaño alrededor de un mercado energético que puede ser mucho más diverso.
Hou ha reconocido incluso un problema habitual en organizaciones de esa dimensión: la dificultad para reaccionar con suficiente rapidez cuando cambia el mercado. Su objetivo declarado es mejorar de manera sustancial la eficiencia operativa y la gobernanza hasta 2029.
Más de 30.000 millones de yuanes cada año para construir el siguiente negocio
El cambio empieza también a verse en la asignación de capital. Hou confirmó el 24 de agosto que Sinopec prevé dedicar aproximadamente el 20% de su inversión, más de 30.000 millones de yuanes anuales entre 2026 y 2030, a nuevas energías y nuevos materiales.
Eso supone más de 150.000 millones de yuanes durante cinco años si se mantiene el ritmo previsto.
El objetivo es amplio. Incluye hidrógeno, nuevos materiales químicos, almacenamiento energético y otras actividades que puedan aprovechar las capacidades industriales, financieras y tecnológicas existentes. Sinopec también ha identificado más de 30 grandes proyectos de innovación e industrialización hasta 2030, entre ellos tecnologías de combustible sostenible de aviación, desarrollo de petróleo de esquisto, reducción de costes de refino y nuevos productos químicos de mayor valor añadido.
Parte de esa transformación ya estaba en marcha antes de la actual reorganización. Sinopec ha desarrollado corredores de hidrógeno y contaba al cierre de 2024 con 142 estaciones de repostaje de hidrógeno y más de 10.000 instalaciones de recarga e intercambio de baterías. Durante 2025, el volumen de energía suministrada mediante recarga e intercambio aumentó un 182%, mientras las ventas de gas natural licuado para vehículos crecieron un 74%.
La compañía también desarrolla proyectos de hidrógeno verde en regiones como Ordos y Ulanqab, tecnologías de almacenamiento energético y materiales para baterías, mientras sus empresas químicas intentan avanzar desde productos básicos sometidos a una fuerte competencia hacia materiales especializados como POE, EVOH, fibras de carbono, películas ópticas y otros compuestos de mayor valor añadido. El combustible sostenible de aviación forma igualmente parte de esta estrategia: Sinopec posee experiencia industrial previa en biocombustible para aviación y Hou lo ha incluido entre las áreas que quiere desarrollar durante esta nueva etapa.
La estación de servicio puede ser uno de sus mayores activos
Hay una parte de esta transformación que puede verse de forma mucho más sencilla en la calle.
Durante décadas, una estación de Sinopec tenía una función económica fundamental: vender gasolina o diésel a los vehículos que pasaban por ella. Pero una red superior a 30.000 establecimientos también representa miles de localizaciones, conexiones eléctricas, espacios comerciales, clientes recurrentes, infraestructura logística y una marca conocida en prácticamente todo el país.
La pregunta es si esa red puede seguir siendo valiosa aunque cambie lo que necesita el automóvil.
Sinopec lleva años definiendo su evolución mediante la fórmula china “油气氢电服”, que puede traducirse como petróleo, gas, hidrógeno, electricidad y servicios. En la práctica significa transformar progresivamente determinadas gasolineras en centros energéticos donde puedan convivir el repostaje tradicional, gas natural, hidrógeno, recarga rápida, intercambio de baterías, generación fotovoltaica y servicios comerciales.
La lógica empresarial es clara. Un conductor eléctrico puede dejar de comprar gasolina a Sinopec y seguir siendo cliente de Sinopec si recarga allí su automóvil, utiliza sus servicios para el vehículo o compra en sus tiendas. La compañía intenta conservar la relación con el conductor aunque cambie la energía que mueve el automóvil.
Esto convierte a las estaciones de servicio en uno de los activos potencialmente más importantes de una petrolera durante la transición energética. Una empresa nueva de recarga tiene que conseguir suelo, conexiones eléctricas, tráfico de clientes y una red nacional. Sinopec ya dispone de buena parte de esa infraestructura. Su reto consiste en convertirla en una ventaja competitiva en mercados muy distintos al de los combustibles tradicionales.
El petróleo no desaparece: cambia lo que se hace con él
Nada de esto significa que China vaya a dejar de consumir petróleo.
La misma transformación que reduce su utilización en los automóviles está modificando la composición de la demanda. La AIE observa que, mientras el consumo chino de gasolina y diésel se ha estancado, continúa creciendo la utilización de petróleo como materia prima petroquímica para fabricar plásticos, fibras y otros productos. En 2024 y 2025, el aumento de estas materias primas explicó prácticamente todo el crecimiento neto de la demanda petrolera china, mientras el combustible de aviación fue el componente del transporte que mantuvo un crecimiento más claro.
Aviación, transporte pesado difícil de electrificar, petroquímica y numerosos procesos industriales seguirán necesitando hidrocarburos durante mucho tiempo. Incluso una Sinopec mucho más diversificada continuará explorando y produciendo petróleo y gas, reforzando reservas y modernizando sus refinerías.
Precisamente por eso su estrategia no consiste en sustituir una empresa petrolera por una empresa renovable. Consiste en hacer que una compañía construida alrededor de los hidrocarburos pueda obtener una proporción creciente de sus ingresos de otras formas de energía, materiales y servicios.
El nuevo negocio tampoco está garantizado
La escala de Sinopec ofrece ventajas importantes, pero no resuelve automáticamente la transformación.
En muchos de los mercados hacia los que ahora quiere desplazarse existen competidores privados especializados, estructuras de costes diferentes y ciclos tecnológicos mucho más rápidos. Los nuevos materiales exigen investigación y capacidad para identificar productos de alto valor antes de que se conviertan en otro mercado con exceso de capacidad. La recarga eléctrica presenta márgenes y modelos de utilización distintos a los de una gasolinera. El hidrógeno todavía necesita reducir costes y encontrar aplicaciones económicamente sostenibles a gran escala.
El problema ya resulta visible en la petroquímica. Durante el primer semestre de 2026, la división química de Sinopec continuó registrando pérdidas operativas, aunque mucho menores que un año antes, y su producción de etileno cayó un 15,5%. Reuters atribuye parte de la presión al exceso de capacidad existente en la industria y a la competencia de productores privados.
Convertir una refinería en una fábrica de productos químicos más avanzados tampoco garantiza automáticamente mejores márgenes si demasiadas empresas persiguen al mismo tiempo esos mercados.
Y esa puede ser una de las cuestiones económicas más interesantes de los próximos años: Sinopec dispone del capital, la infraestructura, los investigadores, las plantas industriales y la red comercial necesarios para intentar la transición, pero tendrá que demostrar que esas capacidades pueden convertirse en ventajas en sectores donde no disfruta necesariamente de la misma posición que en el refino.
Cuando el coche eléctrico empieza a transformar industrias que no fabrican coches
Durante la primera etapa del desarrollo del automóvil eléctrico chino, los cambios más visibles se encontraban dentro de la propia industria del automóvil. Aparecieron nuevos fabricantes, crecieron los productores de baterías, se multiplicaron los puntos de recarga y cambiaron las cadenas de suministro de componentes.
La siguiente fase permite observar efectos mucho más amplios.
Si millones de automóviles necesitan progresivamente menos gasolina, cambia la utilización de las refinerías, la economía de las estaciones de servicio y la demanda de determinados productos petrolíferos. También se modifica el mercado de componentes asociados al motor de combustión, parte del negocio de talleres y mantenimiento, las necesidades de importación de crudo respecto a un escenario sin electrificación y la distribución de inversiones dentro de las grandes compañías energéticas.
Sinopec es especialmente importante porque permite observar esa transformación desde dentro de una empresa que se encuentra exactamente en el centro del sistema energético anterior.
Sus resultados del primer semestre demuestran que ese sistema todavía puede generar enormes beneficios. Su reorganización demuestra algo diferente: que la propia compañía no considera suficiente confiar en que siga funcionando de la misma manera durante las próximas décadas.
La revolución china del vehículo eléctrico, por tanto, ya no puede medirse únicamente contando cuántos coches eléctricos vende China. También empieza a medirse observando lo que están haciendo las empresas que durante décadas vendieron el combustible que esos coches ya no necesitan.


