El pasado mes de abril tuve la suerte de ser invitado, a través de la Embajada de China en España y la Fundación Cátedra China, a participar como alumno en el Seminario sobre Cadenas Globales de Valor para Paises en Desarrollo (Global Value Chains for Developing Countries), organizado por la Academy for International Business Officials (AIBO), institución dependiente del Ministerio de Comercio de la República Popular China (MOFCOM).
No imaginaba que aquellos quince días iban a cambiar tan profundamente mi visión de China y del mundo. Siendo la primera vez que ciudadanos españoles participaban en un seminario organizado por AIBO, la responsabilidad y el privilegio eran dobles. Hoy, de vuelta en España, siento la necesidad de compartir esta experiencia y expresar mi más sincero agradecimiento.
Quiero empezar expresando mis agradecimientos al director de AIBO, el señor Wu Hao, así como al excelente equipo de coordinación formado por Evelyn, Sierra, Nikki y Darcy. Su profesionalidad, cercanía y constante disposición hicieron que la experiencia fuera no solo enriquecedora, sino también cómoda y memorable, todos estuvieron siempre pendientes de nosotros con una enorme sonrisa y una solución en cada momento que los necesitamos.
La organización del seminario fue impecable. Tal y como se recoge en el propio programa, AIBO no solo ofrece formación de alto nivel, sino también un entorno diseñado para facilitar el aprendizaje, la convivencia y el intercambio entre participantes.
El seminario reunió a participantes de países tan diversos como Moldavia, Armenia, Jordania, Nigeria, Gambia, Sudáfrica, Granada, Colombia, Puerto Rico… además de España. Esta diversidad convirtió el seminario en un verdadero espacio de intercambio, donde no sólo aprendimos de China, sino también unos de otros.
El contenido del curso fue extraordinariamente interesante y bien estructurado. A lo largo de dos semanas, con sesiones tanto en Beijing como en Jinan, tuvimos la oportunidad de profundizar en temas de enorme relevancia. Las cadenas de valor globales, entendidas como redes internacionales de producción donde cada país aporta valor en distintas fases del proceso productivo así como su impacto en los países en desarrollo. Nos hablaron de comercio, inversión, financiación, la industria 4.0 y la digitalización de los procesos exportadores, o la relación entre las cadenas de valor y el desarrollo sostenible.
Especialmente importante fue conocer de primera mano la Iniciativa de la Franja y la Ruta (Belt and Road Initiative), un proyecto geopolítico y económico de una envergadura que resulta difícil de asimilar desde la perspectiva occidental. China está tendiendo puentes literales y metafóricos hacia África, Oriente Medio, Asia Central y Sudamérica, dotando a países en vías de desarrollo de infraestructuras, financiación y acceso a mercados globales que por sí solos muy difícilmente habrían podido alcanzar. Es una forma de cooperación internacional muy distinta a la que conocemos en Europa.
Igualmente impresionante fue entender el funcionamiento de los planes quinquenales chinos. En un mundo occidental acostumbrado a la inmediatez y a la planificación a corto plazo, descubrir un sistema en el que cada sector, desde la educación hasta la industria, desde la política energética hasta el comercio exterior está pensado, coordinado y ejecutado con una visión de décadas es, cuanto menos, una lección de humildad. No es casualidad que China haya sacado de la pobreza a más de 800 millones de personas en apenas treinta años. Detrás de ese logro histórico hay planificación, disciplina, trabajo y una capacidad de aprendizaje colectivo hasta ahora nunca visto en la historia moderna.
Más allá del contenido formativo, la organización del seminario estuvo también acertada al incluir visitas turísticas. La visita a la Gran Muralla China fue agotadora, pero uno de esos momentos que emocionan y quedan grabados para siempre en la memoria. La visita al Museo del Partido Comunista de China fue igualmente impactante. Más allá de las posibles diferencias ideológicas, lo que transmite ese espacio es el relato de un pueblo que tomó las riendas de su propio destino y, con una coherencia estratégica sostenida durante décadas, logró transformar un país devastado en una de las mayores potencias del mundo. Es un relato que invita a la reflexión, independientemente de dónde se sitúe uno políticamente.
Jinan, la «Ciudad de los Manantiales», nos ofreció una perspectiva diferente, la de una ciudad moderna y dinámica que convive con más de 2.600 años de historia. Las visitas a empresas como Sinotruk, líder mundial en camiones pesados con presencia en más de 190 países, o al Parque Industrial de Comercio Internacional del distrito financiero de Jinan mostraron el músculo empresarial de una China que ya no es sólo «fábrica del mundo», sino un actor de primer orden en innovación, tecnología y marketing digital. Terminamos en Jinan con la visita al lago Daming, un espacio natural de una belleza indescriptible, que cerró esa estancia con la sensación de que China es también un país de una belleza paisajística y arquitectónica extraordinaria.
Vuelvo a España con una imagen de China muy diferente a la que tenía antes de marchar. La realidad que nos llega habitualmente a través de los medios es, cuanto menos, incompleta. La China que he conocido es un país de infraestructuras impresionantes, trenes seguros y de verdadera alta velocidad, majestuosos aeropuertos y ciudades planificadas con criterios de sostenibilidad y por supuesto, de una gente amable, trabajadora, humilde y enormemente orgullosa de su historia y de su proyecto de futuro.
Me ha sorprendido también la transparencia con la que China está dispuesta a compartir su modelo de desarrollo. Este seminario es un ejemplo perfecto de esa voluntad. Invitar a funcionarios y profesionales de todo el mundo para mostrarles lo que han hecho, cómo lo han hecho y hacia dónde van, sin complejos y con una generosidad admirable. No hay nada que ocultar cuando los resultados hablan por sí solos.
Quiero cerrar este pequeño artículo volviendo a expresar mi agradecimiento profundo y sincero al Ministerio de Comercio de la República Popular China (MOFCOM), a AIBO, a la Embajada China en España y a la Fundación Cátedra China por hacer posible esta experiencia. Una experiencia que, como decía al inicio, no sólo ha enriquecido mi formación profesional, sino que ha ampliado mi visión del mundo de una manera que ningún libro ni ninguna conferencia habrían podido lograr por sí solos.
A Wu Hao, Director de AIBO, mi más sincero respeto y admiración por el trabajo que hacen. A Evelyn, Sierra, Nikki y Darcy, mi gratitud más cálida, fueron mucho más que coordinadores, fueron los anfitriones perfectos de una experiencia inolvidable.
Regreso con el deseo firme de volver a China, de estrechar los lazos entre nuestros países y de contribuir, desde mi posición, a que las relaciones entre España y China sigan creciendo sobre la base del respeto mutuo, el conocimiento compartido y la cooperación. Porque después de haberla visto con mis propios ojos, estoy convencido de que China tiene mucho que enseñar al mundo, y de que el mundo tiene mucho que ganar mirando a China con atención y con mente abierta.
Termino con una de las primeras frases que leí en un cartel nada más llegar a AIBO, frase que desde el primer momento me hizo entender que China no era lo que yo pensaba: “Cooperación pacifica, apertura e inclusión, aprendizaje mutuo y beneficio mutuo”.
Xièxiè!! Muchas gracias!!


