China: el dominio de las tierras raras y el poder geopolítico

El Gobierno chino ha entendido que estos recursos son un elemento geopolítico además de económico y, por ello, planificar su uso y la formación especializada de expertos para su explotación es una prioridad en la agenda gubernamental

En el año 1992, tras una visita a las instalaciones de tierras raras en Baotou, en Mongolia Interior, Deng Xiaoping comentó «Oriente Medio tiene petróleo; China tiene tierras raras». Esta afirmación resultó ser una visión estratégica profética, ya que, un cuarto de siglo después, China domina la producción mundial de tierras raras. Con esta declaración, Deng Xiaoping infería que, así como el petróleo impulsaba la economía industrial del siglo XX, las tierras raras serían el pilar de la tecnología del siglo XXI, además de un recurso imprescindible en la economía actual.

Bayan Obo, ubicado en Mongolia Interior, China, es el depósito de tierras raras más grande del mundo, con 35 millones de toneladas de tierras raras. Además, la gran mayoría de las tierras raras del mundo (el 80 % del mercado) provienen de China. Este supergigante yacimiento de hierro, niobio y tierras raras concentra el 80 % de las reservas de tierras raras de China y más del 30 % de tierras raras del mundo, siendo fundamental para la tecnología y la defensa mundial, ya que son componentes clave en productos esenciales en nuestra vida: teléfonos inteligentes, altavoces bluetooth, ordenadores, televisores, vehículos eléctricos, turbinas eólicas, paneles solares… No son solo fundamentales para los dispositivos tecnológicos, sino también para el ámbito de la defensa, ya que resultan imprescindibles en motores de aviones de combate, sistemas de guía de misiles, sistemas de defensa antimisiles, satélites espaciales y sistemas de comunicación.

Además de las reservas en Bayan Obo, se han encontrado 10,4 millones de toneladas de tierras raras en la mina de Maoniuping, en el condado de Mianning, provincia de Sichuan, lo cual supone un incremento de más del 300 % respecto a las reservas ya conocidas, de acuerdo con el Ministerio de Recursos Naturales de China. Además, en la provincia de Gansuha se han descubierto 51455 toneladas de antimonio, clave para retardar el fuego en plásticos y componentes electrónicos. El hallazgo refuerza la posición dominante de China en plena escalada de tensiones comerciales, geopolíticas y tecnológicas con Estados Unidos. Según datos oficiales, al cierre del XIV Plan Quinquenal (2021-2025), China ocupaba el primer lugar mundial en reservas de 14 minerales clave, entre ellos tierras raras, tungsteno, estaño, molibdeno, antimonio, galio, germanio, indio, fluorita y grafito. Como ya sabemos, China lidera el mapa de reservas de tierras raras; el segundo puesto lo ocupa Brasil, con 21 millones de toneladas; seguido de Australia, con 6,3 millones; Rusia, con 3,8 millones, y Vietnam, con 3,5 millones. Después se situarían Estados Unidos, con 1,9 millones; Groenlandia, con 1,5 millones; Tanzania, con 890 000; Sudáfrica, con 860 000, y Canadá, con 830000. Sin embargo, tener reservas no implica explotarlas y, en esto, China vuelve a ser el país dominante, ya que en 2025 produjo 270 000 toneladas, frente a las 51 000 de Estados Unidos, las 29 000 de Australia y las 22 000 de Myanmar.

Evidentemente, este dominio le da a Beijing una enorme influencia en todos los ámbitos, tanto en el económico como en el político, tecnológico, armamentístico y, por supuesto, en el geopolítico, como en las negociaciones con el presidente estadounidense Donald Trump. Esto, además de deberse a una geología favorable, es el resultado de una estrategia sostenida, planificada y ejecutada durante años. Este control integral le permite a China garantizar su propio desarrollo económico así como su independencia económica y geoestratégica, que es un factor crucial en las relaciones estratégicas internacionales. Sin embargo, esto no sería posible sin una política estatal coherente. El Gobierno chino ha entendido que estos recursos son un elemento geopolítico además de económico y, por ello, conocer las reservas, planificar su uso, asegurar su acceso, la innovación tecnológica y la formación especializada de expertos para su explotación han sido y siguen siendo una prioridad en la agenda gubernamental.

Lo cierto es que la enorme dependencia de China en esta materia ha generado vulnerabilidades en las cadenas de suministro de defensa y tecnología en Estados Unidos y en Europa, ya que China, al ser el mayor productor de tierras raras, puede usarlas como palanca diplomática. Dicha dependencia se ha reflejado en el pulso comercial entre Pekín y Washington. Así pues, el 9 de octubre de 2025, el

Ministerio de Comercio de China anunció bloqueos a la exportación de materiales de tierras raras a empresas con lazos militares con Estados Unidos. Esta norma también obliga a las empresas a obtener autorización gubernamental expresa para exportar estos materiales y exige licencias para productos fabricados fuera de China si contienen tierras raras de origen chino o son producidos utilizando tecnologías chinas. Esta medida también se adoptó en respuesta a la ampliación por parte de Estados Unidos de la lista de empresas chinas a las que se les niega el acceso a los chips semiconductores más avanzados de Estados Unidos. Esta estrategia política estadounidense de control para intentar proteger su ya escasa ventaja tecnológica contrasta claramente con la estrategia china, que se enfoca en la apertura comercial, en la que las tierras raras forman parte de un intercambio más amplio que sostiene la actividad industrial mundial.

Así pues, China garantiza los ingresos y la actividad económica mientras fortalece la interdependencia entre países. Además de ser un proveedor, se posiciona como socio en proyectos de inversión, infraestructuras y desarrollo industrial en distintas regiones. Esta red de relaciones consolida su posición como actor influyente en las relaciones internacionales y en la geopolítica, además de que refuerza la idea de que el acceso a los recursos se debe basar en la cooperación y no en la restricción. El modelo de socialismo chino se apoya en la idea de que el desarrollo económico tiene que ser compartido y, en lugar de aislarse, ha impulsado la integración en la economía internacional, sin ninguna intención de politizar este suministro.

Esta estrategia de China basada en la apertura y la cooperación, en lugar de en las represalias, está estrechamente relacionada con la filosofía confuciana, en la que se cimientan la mentalidad y la cultura china, que busca la paz y la estabilidad y siempre rechaza el enfrentamiento y el belicismo. A lo largo de milenios de historia, China ha construido su desarrollo sobre la estabilidad y el progreso interno, no sobre la confrontación permanente. Además, el socialismo con características chinas se centra en el bienestar general y diseña sus estrategias y objetivos a largo plazo, evitando los planes cortoplacistas que carecen de una perspectiva de futuro. Así pues, China ha adquirido un papel en el mundo más relevante que nunca y, sin duda, como afirma Marcelo Muñoz, presidente honorífico de la Fundación Cátedra China, embajador de Amistad con el Pueblo Chino y pionero en las relaciones bilaterales entre China y España, el siglo XXI es de China.