Quince robots T2 trabajan desde mayo en distintos puntos de Hangzhou para detectar determinadas infracciones, orientar a conductores y peatones y apoyar las tareas de la policía de tráfico. El proyecto forma parte de una tendencia más amplia en China: trasladar la robótica desde las demostraciones y los laboratorios hacia escenarios reales de servicios públicos.
En algunos cruces de Hangzhou, en la provincia oriental china de Zhejiang, parte de las tareas habituales de regulación del tráfico ya no recaen exclusivamente en agentes humanos. Desde mayo, 15 robots T2 desarrollados por la empresa tecnológica SUPCON Information trabajan en calles próximas al Lago del Oeste y otras zonas de la ciudad, donde observan el tráfico, realizan gestos de regulación, advierten de determinadas infracciones y responden a preguntas de los ciudadanos. El despliegue, que las autoridades locales han presentado como el primer equipo organizado de robots dedicado a estas funciones en China, constituye un ensayo de cómo incorporar sistemas robóticos a tareas públicas muy concretas sin convertirlos, al menos por ahora, en sustitutos completos de los agentes de tráfico.
El T2 tiene 1,88 metros de altura, pesa alrededor de 98 kilos y utiliza una base con ruedas en lugar de piernas. Incorpora cámaras, radar y sistemas de procesamiento que le permiten analizar lo que sucede a su alrededor e identificar comportamientos previamente definidos. Entre ellos se encuentran conductores de bicicletas eléctricas que circulan sin casco, vehículos de este tipo que transportan pasajeros, automóviles que rebasan la línea de detención de un semáforo o peatones que cruzan cuando la señal no lo permite. Una vez identificada una situación, el robot puede emitir una advertencia mediante voz y utilizar sus brazos articulados para reproducir algunos de los gestos empleados por los agentes de tráfico, coordinándolos además con los semáforos.
Su función, sin embargo, está delimitada. Los robots no tienen capacidad para detener personas y el piloto no los convierte en agentes de policía autónomos con todas sus atribuciones. El sistema está pensado principalmente para tareas repetitivas de observación, advertencia, regulación y asistencia. Los ciudadanos también pueden preguntarles por direcciones, aparcamiento o normas de tráfico y, si necesitan asistencia, utilizar una función que permite establecer contacto con la policía local. Los T2 pueden desplazarse de forma autónoma entre posiciones predeterminadas del cruce y, según SUPCON, funcionan habitualmente entre las siete de la mañana y las seis de la tarde, mientras una plataforma central permite a los equipos humanos supervisarlos y coordinarlos.
Esta delimitación resulta importante para interpretar el proyecto. Más que trasladar la autoridad policial completa a una máquina, Hangzhou está probando si determinadas funciones de presencia permanente en la calle pueden automatizarse. En ámbitos como el tráfico urbano existe un número elevado de comportamientos relativamente fáciles de definir y observar, pero que requieren atención continuada: comprobar si un motorista lleva casco, detectar si un vehículo ha superado una línea determinada o recordar a un peatón que debe esperar antes de cruzar. Es precisamente en ese tipo de tareas repetitivas donde el proyecto intenta comprobar si un sistema robótico puede complementar el trabajo humano.
Más de 170.000 avisos desde mayo, según SUPCON
Los primeros resultados difundidos son relevantes, aunque deben interpretarse teniendo en cuenta que proceden fundamentalmente de la propia empresa fabricante. SUPCON asegura que los 15 robots han realizado más de 170.000 advertencias relacionadas con conductas irregulares desde que comenzaron a operar y que acumulan más de 5.200 horas de servicio. La compañía contabiliza también más de 500 horas dedicadas específicamente a tareas de dirección del tráfico y más de 8.000 servicios de asistencia a ciudadanos.
SUPCON sostiene además que, en las zonas donde trabajan los robots, los casos mensuales de conducción sin casco y de vehículos que superan la línea de detención se han reducido en más de un 40%. Reuters, que informó sobre el despliegue tras visitar Hangzhou, señaló expresamente que la policía de tráfico de la ciudad no respondió a su petición de comentarios y que la agencia no pudo verificar de manera independiente esas cifras. Por tanto, el descenso comunicado debe entenderse como un resultado atribuido a SUPCON y no como una evaluación externa del programa.
La experiencia también está permitiendo identificar las limitaciones técnicas de trabajar fuera de un entorno controlado. Cámaras, sensores y radares deben funcionar durante muchas horas en calles con lluvia, altas temperaturas, luz solar intensa, tráfico cambiante y presencia constante de peatones y vehículos. SUPCON asegura haber realizado miles de horas de pruebas en zonas escolares, áreas turísticas, distritos comerciales y situaciones de tráfico intenso. La empresa afirma que la precisión de reconocimiento de determinadas infracciones supera el 90%, aunque reconoce que las condiciones ambientales pueden afectar a los sistemas de percepción.
De un piloto urbano a un posible despliegue mayor
Hangzhou tampoco es ya el único escenario de prueba. Según SUPCON, cerca de 50 robots de este tipo operan actualmente en aproximadamente ocho ciudades de tres provincias chinas y la compañía espera que el número se aproxime a las 200 unidades antes de que termine 2026. Se trata de una previsión empresarial, no de un programa nacional de despliegue confirmado, pero muestra que la siguiente fase del proyecto consiste precisamente en comprobar si el modelo puede repetirse en ciudades y entornos diferentes.
Ese salto desde una demostración tecnológica hacia un número creciente de escenarios reales es uno de los procesos que están marcando actualmente la evolución de la robótica china. La edición de 2026 de la World Robot Conference, que se celebra en Pekín del 19 al 23 de agosto, está poniendo especial énfasis precisamente en aplicaciones vinculadas a fabricación, logística, comercio, sanidad, asistencia y otros entornos de trabajo. Uno de los programas presentados este año, el Global Robot Application Exploration Program, pretende entregar robots humanoides, cuadrúpedos y manos robóticas ya producidos comercialmente a equipos de innovación para que puedan probarlos en situaciones reales.
El caso de Hangzhou permite observar esa misma lógica desde los servicios públicos. El interés no reside tanto en que un robot adopte la apariencia de un agente de tráfico como en comprobar si puede permanecer durante horas en un cruce, interpretar situaciones suficientemente definidas, interactuar con las personas y mantenerse conectado con una estructura humana de supervisión. La cuestión que está intentando resolver el piloto es más práctica que espectacular: determinar qué tareas urbanas pueden asumir ya los robots de forma fiable, cuáles siguen necesitando intervención humana y qué ocurre cuando estos sistemas abandonan el entorno controlado de una demostración para trabajar todos los días en una ciudad.


